Enterremos la historia oficial

Desenterremos la historia velada

La historia como disciplina científica que estudia y analiza el pasado de la sociedad, a lo largo del tiempo, ha sido manipulada por las clases dominantes, quienes han sido manipulada por las clases dominantes , quienes han presentado una visión sesgada de la realidad social, acorde a sus intereses sociales, políticos, económicos y culturales.

Esa manipulación del pasado y del presente lo que pretende es reforzar la noción de que la historia es el producto de las acciones de las élites, de las grandes personalidades, restando o negando el papel fundamental de las masas en las conducción de su destino.

Por otra parte, la historia representada por las clases dominantes niega que el motor fundamental del cambio social, del movimiento de la sociedad sea la lucha de clases, y esta lucha confronta a explotadores y explotados.

La historia en ese sentido se ha convertido en un instrumento para legitimar al statu quo, ocultando los acontecimientos y hechos que plasman las contradicciones en el seno de la sociedad, justificando las grandes desigualdades sociales, la violación de derechos humanos, la explotación, el racismo y la injusticia.

De modo que la historia oficial en nuestro país ha jugado un papel importante en esa dirección, desde la época colonial hasta nuestros días. Así se observa por ejemplo, la poca referencia de los pueblos aborígenes y el aporte de la sociedad afrovenezolana, en los textos escolares. Y esto es así porque la cultura dominante ha impuesto la visión eurocéntrica.

Con la llegada de los españoles, el conquistador pretendió mostrar a los indígenas como seres sin alma, como bestias. Bajo ese pretexto, en nombre de Dios y de la Iglesia Católica, cometieron uno de los genocidios más atroces de la historia, con el objeto de apropiarse de su riqueza y de su fuerza de trabajo, incluso para muchos historiadores es con la llegada de Cristóbal Colón, con que se inicia la historia de América.

La historia oficial tampoco ha registrado, porque no le interesa que se conozca, las sucesivas rebeliones de negros e indios. Le interesa mostrar una visión de una América resignada, de pueblos fáciles de domesticar, pero América vivió, y continúa, en rebelión, y eso no le interesa a la historia oficial mostrarlo ni registrarlo.

Personajes como Tupac Amaru, Tupac Katari, Terepaima, Cayaurima, Guaicaipuro, el negro Miguel, José Leonardo Chirinos, entre otros, no tienen cabida en su narrativa, mucho menos narran la historia de los pueblos guerreros. Recordemos que los líderes sin la presencia del pueblo, se ahogan en sus ideas y esfuerzos.

Esta historia con su cosmovisión, con su ímpetu hegemónico, no discrimina la época ni el tiempo histórico. Su enfoque es válido tanto para el pasado como para el presente. A los tiranos los presentan como héroes, tal como sucedió con Juan Vicente Gómez, a quien se le develó un busto en Maracay, y a su inauguración asistieron destacados historiadores entre otros, Manuel Caballero, Elías Pino Iturrieta y el dramaturgo José Ignacio Cabrujas, se sumaron a este coro celestial.

Estos mismos connotados historiadores, son los que han pretendido hacernos creer que Rómulo Betancourt es el artífice de la democracia en Venezuela. Tal aseveración es una gran falacia. Existe otra historia, la historia de las luchas del pueblo que hay que reivindicar, y que escribiremos en sucesivos artículos.




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