Para el Comandante y Maestro Hugo Chávez, de un pequeño salta montes


Los que nacimos durante los años 70, recibimos la década de los 80 con grandes contradicciones. Vienen a mi mente aquellas protestas estudiantiles, donde muchos participábamos sin saber realmente porque lo hacíamos, solo se escuchaba que era por el pasaje estudiantil, y después de varios parabrisas rotos y alguno que otro autobús quemado, o camión de refresco vaciado, nos retirábamos a nuestros hogares.

En 1989, nos sorprendió un suceso que nunca habíamos vivido: solo veíamos como la población vaciaba los locales comerciales, mientras las fuerzas de seguridad del estado acribillaban a muchos de nuestros vecinos, por un pedazo de carne o algún artículo proveniente de almacenes y tiendas localizadas cerca de las comunidades populares. Culminó esta década preguntándonos ¿qué fue de los cadáveres que llevaban los camiones volteos que recorrían los barrios recogiendo a los muertos como producto de la instalación del toque de queda del 27 de febrero del 89? Solo se comentaba que los habían llevado a la peste, solo eso. Los medios de comunicación justificaron la represión argumentando que se trataba de hechos hamponiles y que el estado debía preservar los derechos patrimoniales ya que esto permitía consolidar la democracia.

En la década de los años 90 (ya habíamos dejado atrás la adolescencia), estábamos convertidos en jóvenes, muchachos con sueños, ideales y mucha esperanza, pero chocamos con la realidad presente; la mayoría de nosotros no pudimos entrar a la universidad ya que no había cupo, esto nos obligó a que nos insertáramos al mercado laboral, donde éramos explotados. Mi caso fue algo distinto: mi papá poseía un taller metalúrgico donde se fabricaban rejas, puertas, y estructuras metálicas, lo que nos permitió seguir formándonos, tal vez ya no a nivel universitario, pero sí a nivel técnico. Él nos inculcó desde pequeños, a mí y a mis hermanos, el tratar de ser autónomos económicamente y no depender de un patrón. Él era un motivador de la producción familiar.

A pesar de que a esta década se le llamó la década de la generación boba, habíamos jóvenes que no sabíamos que era eso de socialismo, marxismo, ni leninismo, pero dentro de nosotros ardía un clamor por la justicia, un dolor por la pobreza, y un desvelo por la igualdad. Ya recuerdo cuántas situaciones por defender lo que la mayoría llamaba lo indefendible; sólo éramos unos locos rebeldes, a quienes nos aplicaban la ley de vagos y maleantes. Cuántas veces nos repelió la policía por llevar con nosotros un libro del Che Guevara, que en muchos de los casos ni siquiera lo habíamos leído, solo lo utilizábamos como símbolo, y eso sí, las frases de Bolívar eran nuestro único alimento para seguir construyendo el sueño de un mundo mejor, sueños utópicos para muchos que nos desanimaban diciendo: este mundo no se puede cambiar y los poderosos son invencibles. Sin embargo nosotros soñábamos con cambiar este cochino sistema.

De pronto una madrugada del mes de febrero, del año 92, nos sorprendió el anuncio que unos militares se habían alzado para intentar ejecutar un golpe de estado, pero a medida que avanzaba el día, los voceros del gobierno de Carlos Andrés Pérez accedieron a los medios de comunicación y lograron tomar el control. De pronto en la televisión apareció un militar llamando a sus compañeros a rendirse, para evitar más derramamiento de sangre, pero además asumía la responsabilidad del movimiento MBR 200 y su célebre frase, Por Ahora.

En un primer momento desconfiábamos de estos militares, pero a medida que profundizábamos el análisis, nos llenábamos de emoción al saber que sí era posible intentar romper con el sistema político económico que nos dominaba, subyugaba, a la miseria y a la esclavitud.

Día a día aumentaban las ganas de formar grupos guerrilleros que pudiesen combatir a la injusticia, pero teníamos dos grandes debilidades: no contábamos con recursos y no teníamos formación política-ideológica, solo nos movía, las ganas de buscar la justicia, y mejorar las condiciones de nuestro pueblo. ¡Cuántos ancianos abandonados! ¡Cuántos niños maltratados en condición de calle! ¡Cuántas familias en proceso de desnutrición! Solo la droga y el alcohol dopaban esta realidad.

Tal vez si hubiese existido algún grupo político de izquierda que nos hubiese reclutado y formado además de apoyarnos con recursos, nos hubiésemos conformado en guerrilla, a pesar que no comprendíamos eso de las relaciones y los medios de producción. Sabíamos que nuestro pueblo día a día moría de hambre y desidia. Tal vez fue mejor así. Tal vez, si hubiésemos tenido apoyo de alguna organización, nos hubiésemos sumido en una guerra civil, y quizás muchos hubiésemos muerto; aspecto que poco nos importaba, solo nos movía las ganas de ayudar a nuestro pueblo.

Comandante: al salir usted de la cárcel todo cambió. Los jóvenes rebeldes y locos de este pueblo, decidimos apoyarlo, y con todo el amor revolucionario fundamos sedes del partido MVR en cada localidad y en cada pueblo y todas esas ganas de luchar por nuestra patria las dirigimos a su candidatura y junto al pueblo venezolano y contra todo pronóstico, logramos la victoria; su victoria, Comandante.

El contexto social existente, impidió que gran parte de los quijotes revolucionarios formaran parte de su gobierno, debido a que la mayoría de nosotros no poseíamos títulos académicos permitiendo a la burguesía penetrar las estructuras del Estado. Sin embargo, a partir de allí, hemos vivido cada situación adversa con dignidad, disciplina y lealtad: situaciones como el deslave del 99, el golpe de estado del 2002 y el paro petrolero,

Comandante. Quiero que sepa que así como usted salió una noche y dejó a su familia y a sus hijos para ir tras de un ideal y un sueño, así hicimos muchos, algunos se quedaron en el camino. Otros se desviaron y otros, aún nos encontramos combatiendo, olvidándonos de nuestra vida personal para luchar a favor de la revolución. Ya hoy no sabemos hacer otra cosa que trabajar para ello.

A lo largo de estos trece años de lucha revolucionaria hemos dejado atrás nuestra juventud formando y preparándonos para el proceso revolucionario, siempre con el firme propósito de profundizar la revolución con la satisfacción de haber sido invictos en cada una de las batallas que la vida nos ha presentado.

Comandante, mi hermano, mi amigo, mi padre, usted nos ha enseñado tantas cosas y todas las ha hecho con su ejemplo, por eso hoy es digno de ser el padre y líder de esta revolución bolivariana que desarrollamos día a día, así como los granaderos venezolanos se sentían dignos al morir por el general Simón Bolívar, hoy nosotros estamos ansiosos de seguir la misma suerte.

Usted que es el hombre de las dificultades, hombre curtido en mil batallas, la vida le presenta un nuevo desafío del cual tenemos la firme certeza que saldrá victorioso. Por nuestra parte los locos revolucionario herederos de Bolívar, estamos dispuestos a seguir profundizando el proceso revolucionario y a enfrentar junto a usted rodilla en tierra, esta nueva contienda que el imperio inconstante del destino hoy nos muestra, dejando las críticas a un lado para consolidar la unidad revolucionaria. Y que no se equivoque la oligarquía venezolana si piensa que nos harán retroceder, y que se olviden si piensan que nos van aplicar el plan Chile o el Haití. Ya no somos los mismos tontos de los años 70 y 80. Nuestro pueblo se levantó y lo hizo para ser dueño de su destino. Este país hoy es un vivero de revolucionarios deseosos de ser y seguir los pasos del Comandante Chávez. Y es que Chávez somos todos. Chávez es el viejo, es el joven, es la niña, es la mujer. Chávez somos todos.

Usted nos da una nueva enseñanza y es la de luchar en contra de la muerte. Y no importa que nos vean llorar porque se llora cuando nos duele, porque se llora cuando se ama, pero ese dolor, ese sufrimiento y esas lágrimas nos fortalecen en el combate. Nos fortalecen en la unidad. Por nuestra parte, puede estar tranquilo y tener la firme convicción de que cumpliremos al pie de la letra cada una de sus órdenes, y cuente que a su regreso encontrará una patria más unida que nunca y el mapa político totalmente cubierto de rojo.

Nuestra revolución llegó para quedarse, y sepa Comandante que usted no ara en el mar; aquí está el fruto de sus sueños. Y la oligarquía que se prepare porque la profundización de la Revolución ya es un hecho.

Su pueblo lo ama y espera ansiosamente su regreso, para seguir combatiendo contra los hacedores de maldad. Y así como ayer fuimos invictos en Carabobo, así lo seremos mañana en todas las entidades de esta tierra bolivariana consolidando la victoria perfecta. ¡Su victoria, Comandante! Dios lo bendiga.

¡Patria Socialista!

¡Viviremos y venceremos!

¡Hasta la victoria siempre!


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