Columna El Paisano, extraído del Diario La Razón

Chávez y la batalla por el II Plan Socialista de la Nacion

El Presidente Chávez libra hoy una nueva batalla en su dilatada carrera de guerrero justiciero.  Antes de ir a someterse a una nueva intervención quirúrgica en Cuba Socialista nos habló del desafió de continuar y profundizar la revolución que se ha convertido en el faro del socialismo mundial.  La revolución Bolivariana nos dijo, es indetenible. Unidad, dedicación, disciplina revolucionaria y amor por el pueblo para continuar el trabajo rebelde hasta su retorno.  Así lo haremos camarada, jefe y amigo.

La construcción participativa del II Plan Socialista ha refrescado, vigorizado y potenciado el espíritu revolucionario de millones de venezolanos y venezolanas que ya han hecho suyo el modelo de democracia participativa y protagónica, expresión política del sistema de gobierno del socialismo del siglo XXI. Estos hombres y mujeres han encontrado en las asambleas, reuniones, conferencias, en los debates, el camino para soñar de manera compartida la sociedad venezolana para los próximos seis años. De las discusiones emergen ratificaciones de rumbo, apoyo a medidas, propuestas para insistir en muchos de los rumbos ya iniciados, pero también demandas de transformación que involucran a cinco de los seis vértices más importantes de la revolución: es decir al Estado, el Gobierno, los Partido que apoyan el proceso, el Poder Popular, las Organizaciones Sociales y los medios de comunicación tanto públicos como privados.

El Estado tiene que desmontar su funcionamiento a partir de instituciones con larga tradición burocrática, para abrirle paso al nuevo modelo de Estado Comunal. El II Plan Socialista ratifica el camino de la participación protagónica de todos y todas no sólo para el diseño de políticas públicas sino para su ejecución, acompañamiento y contraloría social. Cada Plan de Gobierno comunal, municipal, estadal y nacional debería ser construido, ejecutado, supervisado y coevaluado por y con la gente.

El Gobierno, como lo ha señalado el Presidente Chávez, debe elevar la eficacia en su gestión para poder responder a las crecientes demandas sociales, a la par que se salda la enorme deuda social heredada. Debe hacerse una reingieneria que remodele el comportamiento de los funcionarios a todos los niveles, con el objetivo de ganar aún más capacidad, disposición y entrega con los temas, causas y problemas de los ciudadanos.

El ámbito partidista debe repensarse cada cierto tiempo. Así como el MVR fue la herramienta para acoger al movimiento aluvional alrededor del Presidente Chávez bajo el ideario de país soberano, al PSUV, además de la asunción de estas definiciones y tareas, le correspondió una etapa de reconceptualizaciones estructurales asociadas al rumbo socialista. Se trataba de decantar, sin dejar de ser un Partido de masas, en una nueva coyuntura que demandaba una profunda transformación partidaria. En el presente no se trata de un nuevo nombre para el instrumento (o instrumentos) de la revolución, sino de novedosas formas de funcionamiento y de relación con el resto de la sociedad que garanticen el cumplimiento del mandato de unidad, unidad, unidad en la diversidad. El o los Partidos de la revolución deberían construir espacios de debate permanente, con equipos de sistematización y de investigación intelectual que garanticen una permanente sintonía entre el entorno y el ideario político. Por supuesto esto demanda una cultura socialista democrática que constituye el elemento de mayor potencia transformadora en nuestra revolución. Pero también debería acompañar más la función de gobierno, desde la contraloría social. La mayoría de los cuadros del partido, en la nueva etapa, deberían vincularse a experiencias concretas de construcción del nuevo Estado Comunal. El papel de pensar los grandes temas de la revolución como tipo de partido, modelos de relación Gobierno-Poder Popular, carácter de la revolución, superación del modelo rentista, entre otros, deberían ser temas de agenda partidaria en la nueva coyuntura.

Y por supuesto, sin olvidar que también le corresponde a la ciudadanía transformar su apuesta electoral revolucionario en un compromiso cotidiano con unas formas solidarias de construir la patria. No se trata simplemente de que el gobierno, el Estado y los partidos ahonden en su comportamiento revolucionario, sino de que se encuentren al tiempo con un mayor compromiso de la ciudadanía, encontrándose ambos en la mutua exigencia.

El Poder Popular está llamado a ser el correaje de construcción de un nuevo modelo de Estado Comunal. En este sentido debe elevar su eficacia en el diseño, ejecución, seguimiento y valoración de proyectos de inversión, pero también trabajar mucho en la construcción de nuevas relaciones entre ciudadanos que prefiguren desde abajo una sociedad cada día más igualitaria, justa y libertaria.

Las Organizaciones Sociales deberían en este período madurar sus procesos internos, convirtiéndose en autenticas expresiones de vanguardia democrática y de autonomía económica. La idea de movimiento social tiene un fuerte legado de las formas organizativas autónomas, de carácter federativo que asumían como principio modelos de autogestión que le permitieran prefigurar un mundo distinto. Mucho se ha criticado la cooptación de los movimientos sociales por parte del Estado, cuando en realidad lo que ha evidenciado este proceso es una profunda debilidad organizativa y financiera de organizaciones que están llamadas a ser alternativas en todos los planos. Los movimientos sociales de masas, como el campesino, estudiantil y obrero deben estar alineados políticamente con la propuesta de transformación social, pero autónomos en el plano económico para establecer una relación más proactiva con las instituciones de gobierno. Se debe erradicar las practicas de pequeñas “células” que se erigen como movimientos sociales cuyas letras muchas veces superan la cantidad de miembros que tienen; ésta es una práctica que en algunos casos resulta útil para acceder a financiamientos públicos pero que desdibuja a los reales y potentes movimientos sociales. 

Estas son sólo algunas ideas sueltas que formulo en la perspectiva participativa de construcción de nuestro destino plasmado en el II Plan Socialista de la Nación. Seguiremos trabajando, cada uno desde nuestro frente de batalla en la profundización revolucionaria.

 

*El autor es el Director de la Revista COMUNA: Pensamiento critico en la revolución

@Luis_Bonilla_M   [email protected]              Facebook: Luis Bonilla Molina


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Luis Bonilla Molina (*)

Doctor en Educación. Escritor. Director revista COMUNA: pensamiento critico en la revolución. Presidente del Centro Internacional Miranda (CIM). Presidente de la Sociedad Venezolana de Educación Comparada.

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