El Dinero, pasión y muerte

El dinero, si lo tienes te esclaviza, te subyuga, te enferma, te crees grande cuando te empequeñece, te deshumaniza, te materializa, te hace caer en bajas pasiones y te hace olvidar que eres humano y mortal y, si no lo tienes también; sólo que con algunas variantes que frustran en el afán de su desvalorizado valor. Nacer con él es una odisea, sin él una panacea pero, ambas se cubren de incertidumbre.

El dinero, pedazos de papel rueditas de metal, un jueguito mortal con el que debes coadyuvar, con él puedes adquirir: la mentira, la maldad, la falsedad, la destrucción, lo banal, lo vano, la miseria humana, en fin cuanto haga daño es de su accionar pero, la sociedad lo inventó y lo hizo primordial y sin él no puedes adquirir: tus derechos y tu paz, él te las roba, es un ladrón intangible e invisible y aunque lo guardes en los bancos, en un pedazo de papel o de forma virtual, te hará su esclavo igual.

Su historia arrastra una extensísima gama de grandes pasiones humanas de interminable dolor, que tras de acompasar un valor va en busca del primogénito poder y al cual le sirve de pedestal para posar su ara en el ascenso a la falsa deidad que profanará su propia realidad.

La humanidad lo ha adherido a la irrealidad de la vida, su indispensabilidad es una amarga pasión; con el dinero compras lo malo y compras lo bueno, te puede dar y quitar la vida, te da mucho pero, te exige más, nada con él es de gratis todo tiene un precio, porque sus satisfacciones se edifican en el sacrificio de ti, de tu seres más queridos y de la hermandad. La historia humana nos deja ver cuanto daño ha hecho desde la aparición de él y su encarnado poder, llave inseparable creada por el vil libre mercado.

Al aparecer sin fecha precisa en los albores del siglo VIII antes de Cristo, impacta y compacta su valor monetario de control y manipulación, que tasa con acentuado ventajismo el poder del rico sobre el desvalido; situación aún reinante en la cultura mundial. Muchos intentan justificarle como si perteneciese a lo imprescindible de la vida, aun por encima del aire, del agua y hasta de otros elementos de la naturaleza. Sus derivados metálicos como el oro y la plata todavía ocasionan grandes males en la humanidad debido al valor ficticio que ésta misma hoy por hoy le ha otorgado en su empeñado e in sosegado mercantilismo.

Una voracidad canibalita se ha apoderado de quienes empecinan su logro no para satisfacer las más elementales necesidades, sino para heñirle e idolatrarle, y hay quienes le poseen como gran botín exclusivo, y no le comparten ni aun con sus más cercanos deudos; muy a sabiendas de que no podrán gastarle en su finita vida. Las exuberancias y extravagancias rodean y exaltan el perfil del enfermizo ego humano labrado con los metales hurtados de la física y la química dándole valores erróneos, y lo más triste de esta realidad lo conforma la pasión desbocada de sus siervos.

Por otra parte, se han adecuado sistemáticos procesos sicológicos abrigados por una simienza inequívoca, imprecisa e inmoral, que coloca a la sociedad en una interminable lid dentro de la salvaje jungla modernística, inalcanzable para muchos como insoportable para todos y esa realidad la vivimos un mundo de ciegos, sordos e incavilantes deglutidos por el sortilegio de una obscura magia.

Que de historias podríamos contar de la tragedia humana vinculada a la avaricia del dinero, vidas perdidas, familias destrozadas, pueblos desaparecidos mas sin embargo, nos las han vendido como destinos imprevistos y sobre todo como castigos de la deidad religiosa; quien ha sido la que más partido y provecho ha sacado de toda esta triquiñuela de argucias sociales inventadas por lo tenaces amos del valor superfluo. Hoy día solo nos basta con ojear la prensa, oír la radio o ver la televisión para palpar la desgracia humana que se refleja en estos medios como collar de maldad decorado por las falsas perlas del todo poderoso dinero.

Capital, la más abstracta palabra y con vulgaridad social que asota las bases del humanismo, él sustenta: explotación, plusvalía; redimensión del valor + valor que multiplica al infinito por % las interminables sucesiones, y, al igual que el dinero, producto donde se acumula el esfuerzo del trabajo no hecho por el capital, pero que sí, le devenga rédito antisocial para capitalizar el capital; entonces, se fragua la mentira de su antivalor con apariencia productiva, con una inclinada balanza favorable siempre hacia el dinero que promulga más capital.

En los remotos tiempos del hombre, la audacia nacía del hambre, necesidad; valor pensar, sobrevivir, satisfacer hoy, mañana otro día igual, pero distinto no acumulable, libre sin cadenas, ni siquiera del valor de la presa; hoy la presa es la humanidad “civilizada” cazada por si misma envuelta, enmarañada en la jungla de la postmodernidad, y su dragón lanza llamas “EL CAPITAL” que convierte al sujeto en su objeto, lo individualiza y lo emerge en la dubitación para hacerlo dual en los criterios del valor.

Viajando un poco hasta la moralidad, encontramos que hasta la filosofía moderna se disculpa de su complicidad de los antivalores, y con eso de la adaptación evolutiva se disfraza la horroricidad humana por el valor, el dinero el y capital. El Fetichismo, vieja y nueva mordaza de la vieja y nueva sociedad, ayer cumpliendo su mal rol endilgado en el obscurantismo, hoy abierto en su ídem mal rol también y del cuello de la sorprendente nueva sociedad y encubierta por los estratégicos procesos de la psicología colectiva, que mutila los conceptos y preceptos de una sociología versa y adversa a las realidades sociológicas; nos involucra en el engaño de un sistema lineal homogéneo, negando por una parte su realidad y por otra su verdadera negación.

Volviendo a la actualidad, sopesando lo histórico como un enganche entre ayer y hoy, podemos vislumbrar un cúmulo ayer y un cúmulo hoy de la misma desgracia humana atrapada sobre manera espacial por el in benemérito dinero.

La humanidad se horrorizaría si pusiese al descubierto las fatales estadísticas de muerte, que han sido ocasionadas en la historia del orbe social, por dar valor al antivalor dinero.

Las grandes malas pasiones enceguecen, nos conducen a insospechables irrealidades, que por lo general desvirtúan lo que solemos calificar como destino; y a veces con una prolongada durabilidad, otras medianas y las de peor resultante, las súbitas; que son de una feroz mortalidad por concebirse en la más extrema ambición del fatídico valor dinero.

Muerte, una ley natural como la vida pero, que ambas dependen una de la otra y sus valores incalculables mas, sin embargo, han sido absorbidas por el valor dinero; necesitas de él para nacer e igual para morir, realismo mercantil como fuente del dinero, su única diferencia: al nacer celebras, al morir conmemoras.

La valorización ha escapado de su realidad y en especial la humana, y el antivalor supera sus criterios; mas la mercantilización aunada al fetichismo, le repliega a segundo plano; por ejemplo: una casa, un carro, unas tierras, unas joyas etcéteras, o es decir; cualquier ambición está valoricamente muy por encima del valor humano y su falta o usurpación se puede y se cobra con la vida, esta valorización es pechada a las llamadas clases sociales divisorias del compendio que forja a una sociedad, y aunque sus leyes (maniqueístas) simulan una protección, al final no dejan de ser mas que eso.

Producir interminables, frías y caudalosas riquezas, es una euforia prescrita en la pasión y muerte por el dinero y su aliado poder, es un espejismo visual en el oasis de una civilización que no logra vencer los antivalores antepuestos con errada barbarie de convivencia. Se dice a manera de justificación normática, que el hombre, valga el término genérico; es como la cucaracha, es decir, se adapta a cualquier circunstancia, mas ello incluye la desvalorización influida por la raza, credo o ideología que prevalezca o desmerezca a una categoría preestablecida de tales normas, y en fin serán éstas distribuidas por el azar del llamado sino, las que determinen el presente y futuro construido en la base de su genética del pasado tanto humano como social, y así, se juega en la ruleta Rusa del capitalismo, sus antivalores y su instrumento esencial denominado DINERO

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