La revolución y su arquitectura no van en el mismo tren

La revolución bolivariana por ser atípica necesita también un tratamiento y una comprensión especial, para entender lo que ocurre, dentro y fuera, asimilar las críticas y los ataques, que precisamente por ser un movimiento promotor de cambios, no escapa a la apreciación de los perfeccionistas, de los fanáticos y de quienes se resisten a acepar los cambios como parte de la historia y de la dinámica social, que constantemente va generando nuevos códigos y en consecuencia nuevas formas de ver al mundo y su cambiante realidad.

Quienes sin apasionamiento observamos los hechos, con la óptica de las experiencias vividas y con la carga ideológica que han significado las discusiones en el campo de la izquierda desde los años 70, no podemos menos que acusar algunas inquietudes frente a prácticas que ya deberían estar bien lejos del campo revolucionario, por las experiencias que han dejado a través de la historia, que para bien o para mal debemos tener presentes a la hora de tomar decisiones o emitir opiniones.

Esta revolución, precisamente por ser única, se ha convertido en ejemplo y esperanza para los pueblos del continente y del mundo, que luchan por su libertad. Así como Cuba, demostró al mundo que contra Estados Unidos y su fuerza imperial, si se puede, a través de una forma de lucha que en su tiempo tuvo vigencia y efectos positivos, los venezolanos también aunque con una forma diferente, hemos demostrado que si se puede contra el imperio y de eso el pueblo que ha vencido a la perversión mediática, que ha desmontado los  planes de la CIA, Mossad y demás agencias criminales internacionales, tiene una amplia experiencia y convicción, que acaba de ratificar con su contundente victoria del 7 O, contra la irresponsable y asquerosa guerra sucia, en busca de la confrontación civil montada desde el norte por sus "Tanques pensantes", que se han quedado como tanques humeantes, fundidos, frente a la inteligencia de nuestros colectivos.

La victoria aplastante e indiscutible del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, así lo demuestra. Esa victoria que pudo ser de mayor contundencia, nos debe servir para revisar la historia y corregir errores que pudieran tener a corto o mediano plazo, costos políticos irreversibles.

Una de la principales grietas que debemos restañar en la revolución, es la negación del discurso a la hora de tomar ciertas decisiones. En la elección de candidatos a gobernadores, el discurso de la participación protagónica, ha sido dejado de lado, para que la asuma únicamente la cúpula partidista y eso aunque parezca insignificante, es peligroso y reiteramos no se puede despachar como ñapa en bodega. La voz de los aliados de Gran Polo Patriótico y de todas las organizaciones populares, tiene que ser oída a la hora de escoger los liderazgos regionales, porque de lo contrario estamos dando armas al enemigo, para que monte su matriz de opinión estereotipada, que va a tocar a quienes dentro del movimiento revolucionario, tienen poca consistencia ideológica y no es eso lo que necesitamos para consolidar esta experiencia, que como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en su momento, es una esperanza, no solo para los venezolanos, sino para los pueblos del mundo en píe de lucha, por la legítima libertad y soberanía.

A ese ensayo de la URSS le hizo mucho daño, la concepción maniqueista de "blanco o negro". "Eres pro Moscú o eres traidor"; un producto del estalinismo, que no aceptaba sugerencias, mucho menos críticas, porque había que decir amén a cuanto dijera el Kremlin. Ese error es reconocido hoy día por quienes no hemos renunciado a los postulados del marxismo leninismo y mucho menos a la aspiración de una sociedad comunista, como expresión máxima del socialismo.

Por eso nos preocupa lo que está tomando cuerpo dentro del PSUV, donde un sector de sus dirigentes pretende convertirlo, por la fuerza del poder en partido único y eso es una grave desviación. El partido único nace producto de las luchas, de la discusión, de la corrección de rumbos, de los aciertos y de la fortaleza de la fragua para templar el acero.

La revolución requiere que seamos consecuentes con el discurso. La irreverencia en la discusión no quiere decir desconocer  principios ni liderazgos. La discusión tiene que ser abierta y transparente y no puede haber listas negras para descalificar a quienes difieren de una opción. La revolución no puede ser personalizada, porque se corre el riesgo de crear las vacas sagradas, como en los partidos de la IV República, lo cual les llevó a descalabro más grande, después de 40 años de partidocracia.

Incluso el término chavismo o chavecismo, por ser emocional, debe ser sustituido por el de revolución, porque la revolución es el producto de las nuevas enseñanzas que en el día a día va generando los "poderes creadores del pueblo". El Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, es el Comandante y líder indiscutible de la revolución, pero un proyecto de país, de vida colectiva, debe estar más allá del nombre de un hombre.

El empoderamiento del pueblo no puede ser simplemente de tinta y papel, tiene que darse en la realidad y para eso debemos avanzar en la práctica comunal, rompiendo con las barreras, que gobiernos regionales y locales oponen a la voluntad popular, porque  sus representantes no quieren perder espacios de poder y eso lo hacen en nombre del chavismo y si se te ocurre reclamar ya saltaste la talanquera, eres traidor y vas a la lista negra.

A riesgo de que nos tilden de promotores del chavismo sin Chávez, nos preguntamos: ¿Que habría pasado en Cuba, si se hubiesen encajonado en el "fidelismo o castrismo"? Fidel se apartó del poder y la revolución continúa y el Partido Comunista en Cuba, no escoge candidatos a cargos de elección popular, porque eso es potestad de la comunidad organizada. Entonces para ser consecuentes sigamos ese ejemplo, porque a nuestra humilde manera de ver las cosas, la revolución y su arquitectura no van en el mismo tren.

Periodista * 

CNP 2414   [email protected]   [email protected]


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