¡Épale compatriota, Usted no es gerente ni jefe o jefa, Usted es un trabajador o trabajadora más, que debe facilitar el ejercicio del Poder Popular!

Así como la persona que atiende el teléfono, el torno, la fresadora, la soldadora, o la que sirve el café, es decir, que tiene una responsabilidad en una organización, Usted compatriota, que es designado o designada para ocupar una posición de dirección en una empresa o finca recuperada por el gobierno, tiene las suyas, y entre ellas la más importante: facilitar el ejercicio del Poder Popular. El lugar que se ocupe debe ser asumido con humildad.

La aseveración del primer párrafo la hacemos porque en las visitas realizadas a algunas empresas recuperadas por el gobierno revolucionario para participar en asambleas de trabajadores, nos hemos encontrado con compatriotas (presidentes, gerentes, directores, coordinadores, jefes pues) que andan con guardaespaldas, que no se vinculan con las trabajadoras y los trabajadores, que desconocen los procesos de producción. Esto le está haciendo mucho daño a la Revolución.

Es la visión elitista "del gerente", de quien llega para ser jefe, para mandar, para adquirir privilegios personales, olvidando que en socialismo todos somos trabajadores y trabajadoras. Cuando a alguien se le designa para una responsabilidad de dirección tiene el deber de llegar preguntando por el Consejo de Trabajadores y Trabajadoras y pidiendo su incorporación. Y si no existe tal organización inmediatamente debe impulsarla, dando preponderancia a la formación política e ideológica, porque el Consejo de Trabajadores y Trabajadoras es la instancia que facilita la real participación y protagonismo de los trabajadores en la gestión de la empresa.

Para que el socialismo sustituya desde la raíz al capitalismo, para que sus valores, ideas, principios, espíritu y razones socialistas se conviertan en la fuerza motora y hegemónica de la sociedad, hay que dar una incesante e incansable lucha personal contra sentimientos como el odio y la venganza; contra el egoísmo, la envidia, la vanidad, la arrogancia, la falta de solidaridad y de cooperación. El esfuerzo por la conquista de nuevos valores debe, a su vez, convertirse en un proceso de aprendizaje colectivo permanente para que el cambio sea también colectivo.

Otros aspectos, entre muchos más, que hemos podido notar en esas visitas son las siguientes:

  1. Se continúa con la práctica perversa de clasificar a los trabajadores y las trabajadoras de forma piramidal, usando la misma simbología capitalista: presidente, gerente, directores, administrativos, coordinadores, jefes, obreros.
  2. A cada nivel de la pirámide se asignan salarios diferentes, mayores en la cúspide y menores en la base, incluso con privilegios salariales para los directivos, como gastos de representación, bonos, viáticos, asignación de vehículos, etc., como si el vivir bien les fuera exclusivo.
  3. Los que ocupan la puntica de la cúspide también tienen los mejores espacios de trabajo, buenos aires, mejores escritorios y sillas, potentes computadoras, baños personales y personalizados.

Este tipo de práctica para nada convierte el trabajo en emancipador, por el contrario, legitima el modelo que queremos erradicar. Una parte de los trabajadores y las trabajadoras, ante esa realidad, tienden a desarrollar una especie de "venganza" a través del saboteo, el daño a equipos, al robo, etc. De esa manera se reproduce un círculo indetenible que explica, en parte, la baja productividad del trabajo y las paupérrimas condiciones técnicas y físicas de las plantas. Si agregamos a tal cuadro la carencia de un proceso sostenido de formación política e ideológica, la tretas desmovilizadoras con escuálidos incrementos salariales, los favoritismos sindicales, la asignación de obras a sólo amigos o familiares, el nepotismo, el despido a quienes asumen posiciones críticas, se hace evidente lo difícil que es la conquista del socialismo.

Pero también nos encontramos con trabajadoras y trabajadores que han asumido su tarea tanto en lo político e ideológico como en lo técnico, gracias a ellos las empresas funcionan.

Tiene que llegar el día en el que al frente de las empresas recuperadas o de las que se están constituyendo esté un verdadero trabajador o trabajadora elegido o elegida por las propias bases de las empresas. Tiene que llegar el día en el que una campesina o un campesino sea el o la responsable de FONDAS, de las oficinas estadales del Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras o de cualquier otro. Tiene que llegar el día en el cual, trabajadores como Chávez, sean los ministros y ministras. ¡Ese día debemos apurarlo!

¡Todo el Poder para los trabajadores y las trabajadoras, para las campesinas y los campesinos, para las organizaciones comunitarias, en fin, para el pueblo organizado!

¡Ahora es el tiempo del pueblo!

* Diputado PSUV/AN - Portuguesa

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