Autogestión y Cogestión

El desafío de la construcción de las nuevas formas de gestión socialistas (II)

En varias ocasiones hemos escuchado hablar al Comandante Chávez sobre el “Poder Obedencial”, como el nuevo paradigma para el ejercicio del poder en el marco del proceso de transformación socialista que intentamos llevar adelante en Venezuela. Esta concepción sobre el poder (que consideramos absolutamente coherente con la visión estratégica de construcción del proyecto histórico alternativo al orden social del Capital), se podría resumir también en la consigna popular de "mandar obedeciendo". Pero, en nuestra praxis política y organizativa cotidiana (y aquí nos referimos a niveles que van desde las estructuras organizativas comunales, hasta las nacionales), prevalecen las formas de dominación y ejercicio vertical del poder del orden que intentamos subvertir, y que podemos resumir en una frase: "obedecer a los que mandan". Entonces, ¿Como logramos ir construyendo y poniendo en práctica esta nueva forma de ejercicio del poder, sobre todo en la esfera política? ¿Cómo se "manda obedeciendo"?.

Sobre este punto nos vemos en la necesidad de traer al debate uno de los elementos centrales de las ideas de István Meszáros para la transición al socialismo (con el riesgo de hacer un uso abusivo de éstas en todo el desarrollo del texto): "La progresiva transferencia de la toma de decisiones a los productores libremente asociados", o la "participación sustantiva" del pueblo organizado en la esfera de las decisiones políticas. Está es la cuestión central en torno al debate sobre el poder, la corresponsabilidad política y la cogestión. La principal contradicción que debemos debatir y superar consiste en la "eliminación" que existe actualmente en el marco de las lógicas del ejercicio del poder del Capital, entre la esfera de la "reproducción material de la vida" (o como lo definimos en la primera entrega de este texto "la cotidianidad del pueblo"), y la esfera de las decisiones políticas. En otras palabras esto implicaría superar la "división social del trabajo político" heredada y actualmente hegemónica del orden de reproducción metabólica del Capital. Mandar obedeciendo no se puede reducir a escuchar las "demandas" de reivindicaciones sociales de los sectores populares o "consultar" su opinión al momento de la toma de decisiones (cuando esto se hace realmente). A este tipo de participación la podríamos llamarla "representativa" y "formal", y es practicada ampliamente en las estructuras organizativas y políticas del Capital, y además ha sido "idealizada" históricamente por los voceros del reformismo como el "grado máximo de participación" al que podemos aspirar. Y así la cuestión queda limitada a "nosotros participamos, ustedes participan, y ellos (otros) deciden".

La participación sustantiva y "esencial" a la debemos aspirar, es en el ámbito de la "dirección" política del proceso de transformaciones a todos los niveles, incluido el más elevado de estos, a fin de que ésta tenga una lógica “verdadera” y sea realmente "protagónica". Implica que el pueblo se convierta en "sujeto del poder político", siendo esta la única garantía para evitar las posibles desviaciones del rumbo "estratégico" debido a tendencias reformista, y hacer cada ves más "irreversible" el proceso de transformaciones. La perspectiva "radical" de construcción de un orden social alternativo al modo de reproducción metabólico del Capital, sólo será posible sí el pueblo tiene en sus manos "el timón del barco".

Ahora bien, ¿Como podemos avanzar de forma concreta para lograr la participación esencial y sustantiva que necesitamos en el marco del "desafío histórico" de la transición al socialismo del siglo XXI? Deberíamos comenzar con dos tareas muy concretas. La primera consiste en conformar un verdadero y amplio movimiento revolucionario “extragubernamental”, de "masas" y de "base", que incorpore en igualdad de condiciones y sin ningún tipo de subordinación política, a las expresiones legítimas del movimiento popular y la clase trabajadora organizadas, y los partidos que apoyan la revolución, constituyendo un espacio real de "dirección colectiva" del "timón" del proceso de transformaciones. Para esto se requiere del debate y la concepción de "nuevas" formas de organización política revolucionarias, en la que se reconozcan las diferentes expresiones de lucha y organización popular como los auténticos "sujetos y actores de las transformaciones políticas y económicas". Mantener la "típica" y desgastada división entre "clase dirigente y las bases dirigidas" que ha signado la conformación de los partidos de izquierda y las organizaciones de lucha de la clase trabajadora en la historia del movimiento revolucionario durante siglo XX, pone en serio riesgo la continuidad y profundización del proceso de transformaciones y la posibilidad de construir la alternativa socialista. La única "vanguardia" que puede y debe existir, tiene que ser colectiva y con el pueblo como sujeto protagónico. Sólo así se puede concretar la consigna de "mandar obedeciendo".

En su concepción inicial, el Gran Polo Patriótico representó una posibilidad de construcción de un espacio de esta naturaleza, pero la gigantesca coyuntura electoral que tuvo que afrontar, la escisión que sufrió entre "partidos" y "movimientos sociales", la falta de madurez y autonomía política de muchas organizaciones que fueron convocadas para su promoción (sin hablar de la enorme cantidad de "movimientos sociales" institucionalizados, con funcionarios medios como sus "voceros"), y la tendencia que siempre existe en la actual dirigencia política revolucionaria de cooptar y subordinar a las organizaciones populares, dio como resultado un presente de dispersión y parálisis. Creemos que sería de suma importancia retomar una iniciativa de esta naturaleza, que permita desarrollar la visión estratégica que originalmente planteó el Comandante Chávez para este instrumento.

La otra tarea fundamental, que de muchas formas está vinculada con la mencionada más arriba, consiste en que el gobierno “abra” espacios de “cogestión” y “corresponsabilidad política” a todos los niveles (desde los gobiernos locales, hasta el gobierno nacional), donde el movimiento popular pueda incidir directamente en el diseño, implementación, ejecución y evaluación permanente de las políticas, planes, programas y proyectos de la revolución en todos los ámbitos de la vida social y económica. Sí dejamos la definición de las políticas de la revolución exclusivamente en manos de los "expertos" de la tecno-burocracia, quiénes no se enfrentan cotidianamente a la tarea fundamental de "transformar la esfera de reproducción material de la vida" y a la construcción de un orden de reproducción social alternativo a la hegemonía del Capital, éstas carecerán de toda perspectiva revolucionaria y popular, y por el contrario pueden resultar profundamente "anti-populares". El "poder popular" (o el pueblo como sujeto de poder), no puede quedar restringido al ámbito comunal (Consejos Comunales o Comunas), esto implica seguir condenándolo a ser "beneficiario", receptor o un simple “ejecutor” de las políticas que "otros" (ajenos y desconocedores de la esfera cotidiana de la vida) "deciden" por él, estancándolo en un rol meramente reivindicativo y demandante, que le "impone" un duro "techo" para su desarrollo (y refuerza la lógica clientelar que caracteriza la relación pueblo-gobierno). Construir verdadero "poder popular", implica que el pueblo debe y tiene que asumirse como "sujeto político" y participar “sustantivamente” en todos los niveles de gobierno.

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@avejarana

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Juan Carlos Rodríguez


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