Nuestras vedettes

En honor al revolucionario guayanes Gervasio Coronado Gómez

Además del profundo amor a la causa del pueblo y su voluntad de darlo todo por la causa de la revolución, quienes militan en esta o cualquiera revolución popular antiimperialista y socialista deben y tienen que estar dotado de una profunda humildad en su conducta política y personal que los identifica con ese rasgo fundamental de la gente sencilla de los pueblos y les permita servir, con todo desprendimiento, en el lugar y con el objetivo que la revolución les señale, sin recibir nada a cambio, que no sea la satisfacción de haber cumplido fielmente con su deber de revolucionario.

Eso no solo viene del camarada Hugo Chávez Frías dirigiendo esta revolución bolivariana y socialista, sino que nos viene de más lejos: de Gual y España, de Miranda y Josefa Camejo, de Bolívar y Sucre, de Zamora, de Pío Tamayo, de Gustavo Machado y Jesús Farías, de Malaver y Pasquier, Alberto Lovera, Fabricio Ojeda, Argimiro, Gabaldon, Jorge Rodríguez y tantos patriotas y revolucionarios venezolanos que dieron su libertad y su vida a la causa de un pueblo con extrema y heroica humildad, convencidos que sus sacrificios serian abonos que fertilizaría las conciencias de un pueblo que nunca dejaría de luchar por su emancipación, Soberanía, Independencia y Justicia Social.

Evidentemente se trata de contextos históricos diferentes, situación de poder popular diferentes y por ende, formas de lucha distintas, pero sigue siendo esencial a cualquier proceso revolucionario la existencia de estas cualidades y virtudes revolucionarias, no solo para conducir acertadamente al pueblo al combate contra sus enemigos y alcanzar victorias sino también para servir de modelos de conducta cívica y política que referencien el modelo de ciudadanos, de sociedad y de gobierno que requiere el pueblo para construir su futuro porque, más allá de las leyes y los discursos de los dirigentes y gobernantes, la referencia fundamental de los pueblos es y seguirá siendo, la conducta moralmente intachable y heroica de quienes se ganan con su ejemplo el honor de dirigir al pueblo en su revolución.

Debemos reconocer de una vez por todas que asumir, interiorizar y reflejar en nuestra acción política, que esta revolución bolivariana y socialista se encuentra en una fase inicial de Transición al Socialismo, en la cual no solo se reflejan la persistencia del viejo Estado Democrático-burgués de democracia elitista y poder del capital nacional e internacional y algunas incipientes expresiones de un Estado Democrático y Social de Derecho y Justicia, con el gobierno y la economía bajo dirección de fuerzas populares y revolucionarias; sino también de una sociedad profundamente dominada por los valores éticos y existenciales de la burguesía, frente a la cual se encuentran viejos y nuevos modelos de construcción de una nueva solidad basada en los mejores valores de la sociedad tradicional venezolana y las que vienen siendo incorporadas por la propuesta socialista que confluyen en los partidos y demás organizaciones sociales que concurren con sus ideas y propuestas a esta revolución.

En ese río de ideas, visiones, proyectos y prácticas políticas de las fuerzas del cambio revolucionario están presente individuos y grupos, de los más diversos orígenes sociales, historias personales y políticas e intereses de clases que adaptan sus expresiones públicas de ideas y posiciones políticas a lo que se considera las posiciones “oficiales” del chavismo sobre diversos temas, pugnando alcanzar, en los distintos ámbitos de la revolución, posiciones de Poder, por elección popular o por designación; oportunidad en que manifiestan con clara expresión los cobijados intereses personales y de clases que llevan ocultos bajo el ropaje de una camisa roja, la amistad con un influyente dirigente del partido o el gobierno o, la gestión populista al frente del organismo o cargo que han alcanzado.,

De esto estos especímenes de la actual dirección del gobierno y el PSUV, las más visibles pero no menos peligrosas, son las VEDETTES, suerte de figurines de televisión con discursos radicales que compiten con los anclas televisivos y las primeras figuras de las telenovelas en los espacios noticiosos de los medios del Capital e, incluso, del Estado y los alternativos, no cumpliendo el revolucionario deber informar al pueblo de sus proyectos y ejecutorias de gobierno o del cargo de representación que ostentan o, para recibir del pueblo sus quejas y aspiraciones individuales y colectivas, sino para realizar una desbordante y obscena publicidad personal que raya en lo ridículo-narciso y que no puede tener otro propósito que promover, por encima de la revolución, el gobierno y partido, un proyecto personal o de un grupo faccioso o mafioso, que tiene como propósito ulteriormente confrontar el desarrollo de la revolución, acumulando fuerza a partir de esa misma revolución o, en el más benigno de los casos, satisfacer sus aires de grandeza de una personalidad con enanismo intelectual y raquitismo revolucionario.

Haciendo un uso perverso de los recursos públicos, aprovechando las liberalidades de la ley o, triangulando tales recursos mediante el apoyo de “contratistas” que generosamente disponen de las ganancias de sus contratos para financiar campañas publicitarias de promoción personalistas de estas VEDETTES, inundan los espacios mediáticos con toda suerte de ridículas fanfarrias, sonrisas Colgate, abrazos y besos a matronas y carajitos y obras insignificantes con imágenes manipuladas, que edulcuran el rostro de los personajes y agigantan sus escenarios publicitados, imitando a oscuros personajes de la contra-revolución que, como los Salas en Carabobo, Rosales en el Zulia, López en Chacao, y Ledezma en Caracas, extienden sus menguados podere, a través de una cámara y un micrófono, reiterando sus mentiras y miedos de siempre para manipular al pueblo desorientado.

Aunque para éstas elecciones se tomaron medidas ejemplarizantes con el narcisismo político y los traidores proyectos personales, todavía quedan VEDETTES de ésta revolución que deben ser extirpadas del cuerpo político de la revolución, mediante la voluntad política del PSUV y su líder, Hugo Chávez y la aprobación de las Leyes Inexorables contra la corrupción y la traición, legadas por nuestro Libertador Simón Bolívar.


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