En defensa de Elizabeth, Néstor y otros

Crítica a los que critican a los que critican

Siempre he sido un ávido seguidor de las noticias del portal de Aporrea, no obstante, muy rara vez me "asomaba" a la sección de artículos de opinión. Ahora con la nueva presentación y el sistema de artículos "Opinión - Los más leídos" no he podido evitar enterarme de cómo anda la dinámica e interacción entre los articulistas. He observado recientemente una gran cantidad de escritos con respuestas y contra-respuestas entre los colaboradores de Aporrea.

Conozco por la práctica, es decir, por vivencias en distintos tipos de espacios (tales como: USB, UCV, UNIMET, el barrio de Baruta donde vivo, comunidades de Petare, el pueblo de mis abuelos en la Península de Paria -de pescadores y campesinos-, barrios y urbanizaciones de Valencia) la manera tradicional en que los simpatizantes de este proceso (psuvistas, comunistas, socialistas, anarquistas, bolivarianos, chavistas, progresistas, izquierdistas en general, simpatizantes por afecto u otros quizá medianamente simpatizantes), discuten en el día a día lo bueno y lo malo de lo que vamos viviendo en cada momento y lugar del país y hasta del mundo. Esta práctica de cuestionar lo que está mal siempre ha estado presente en los que por naturaleza han sido la antítesis de los clásicos conservadores de derecha caracterizados por su naturaleza reaccionaria. En este contexto comento:

1. En este espacio común de calle donde los bolivarianos debaten, criticar a Chávez como individuo es algo natural, primero porque nuestro presidente no es perfecto, comete desatinos y no por eso se le deja de apoyar, pero tampoco se dejan de conversar tales desatinos, aunque no siempre todos los analistas de calle tengan la razón sobre si alguna medida o comportamiento de Chávez constituya un desatino. Pero, ¡es que eso es normal! entiendan que justamente en medio de ese ejercicio de participar y vivir en discusión política es que el nivel de conciencia del ciudadano venezolano de hoy es desproporcionadamente (en cantidad -no agrego en calidad para que no constituya un menosprecio a los luchadores de otras décadas-) distinto al de la cuarta república. Me asombra ver cómo muchas personas colaboradoras de Aporrea, que se enfurecen porque alguien critica a Chávez, comienzan a poner en duda el "grado" o "nivel" de compromiso del que ha criticado, haciendo comentarios que insinúan que dicha persona es alguien cómoda o cómodo, que no ha luchado, que no ha sufrido, porque ellos mismos sí, o sólo Chávez sí, omitiendo de forma irresponsable el hecho de que no conocen y no pueden conocer los detalles de la vida de esas otras personas a quienes pretender juzgar moralmente porque se atreven a poner en este portal lo que hacemos en la práctica del día a día en cualquier rincón de Venezuela: criticar, confrontar ideas. Además, es importante hacer notar, que en el caso de que realmente la persona que critica fuese moralmente cuestionable, no tiene sentido enfocarnos en ese aspecto, cuando lo esencial es debatir la idea planteada, no tiene sentido tratar de restarle importancia a un idea a través del juicio moral a quien la plantea porque se deja de lado el fondo del asunto: la idea en sí misma.

2. Tengo amigas y amigos que trabajan en ministerios e instituciones del Estado, todos ellos verdaderos y verdaderas entusiastas de la labor que cumplen, según observo, en los pocos momentos que puedo compartir con ellos, debido a que su dedicación es a tiempo completo por este proceso (incluyendo sus fines de semana). He tenido la oportunidad en algunas ocasiones de conversar con varias de estas personas sobre las muy malas experiencias que he vivido en múltiples lugares con aspectos de la revolución que no están funcionando bien, al punto que reconozco que una de estas personas quedó impactada y aturdida por la cantidad de cosas que le conté. Su primera reacción fue la negación, luego me planteó que, de ser así, por qué no pensar en irnos del país, por lo que le pregunté: "¿Entonces piensas que todo está funcionando perfectamente?" Lo pensó y dijo que no, pero alegó que tampoco estábamos tan mal. Entonces me di cuenta de algo. El entorno de estas amigas y amigos es realmente optimista porque la mayoría de ellos y sus círculos están siempre trabajando y obteniendo logros, por tal motivo, se sorprenden al enterarse que en otros espacios las cosas estén muy mal y hasta se toman a mal que uno insista en hacerles saber esas cosas. Al final quedamos de acuerdo en que es importante admitir que las cosas no están bien para poder aspirar a que sí lo estén. Como es bien sabido, las discusiones políticas en persona, y más entre amigos, permiten una mejor comunicación que entre desconocidos a través de artículos de opinión, donde veo que algunos bolivarianos aporreadores, optimistas pero intolerantes, no admiten que alguien critique sin evitar agredir emocionalmente a sus propios camaradas.

3. Según mi impresión, existe un antes y un después en la cuestión de la autocrítica a través de un medio del Estado desde aquel fatídico día en que Chávez llamó en vivo al programa La Hojilla para "jalarle las orejas" a Mario Silva y a Luis Tascón por el cuidado que debíamos tener con la autocrítica pública. A esto debemos sumar la salida del aire del programa Dossier, desencadenada (según el hecho público) por un acto similar de autocrítica. Este punto es muy importante. Parece ser que Chávez como individuo no puede ser cuestionado en un medio masivo sin que la persona que cuestiona no sea víctima de alguna clase de agresión (a menos que se trate de un opositor, a quienes -como debe ser- se les respeta su libertad de opinión).

4. No se necesita decir groserías ni ofender de la manera tradicional para llevar a cabo un acto de agresión emocional contra alguien. Al leer algunos escritos que han dado origen a polémicas réplicas y contra-réplicas puedo notar que en casos distintos: Elizabeth y Néstor (por nombrar sólo estos casos entre otros) sus artículos originales no contenían alguna agresión personal ni ofensa a nadie en particular, ni siquiera aquel escrito de la compañera cuyo título fue lo que enardeció a algunos (que imagino no están acostumbrados a la crudeza del lenguaje con que se habla de política en la calle). Pero los que no estaban de acuerdo con las ideas de estos articulistas, respondieron con escritos que sí resultaron en agresiones emocionales personales directas a quienes escribieron, por lo que también a mí "me aporrearon". En el ejercicio de interpretación y análisis es difícil estar de acuerdo a cabalidad con el escrito de alguien, pero tal percepción no debería llevarnos a descalificar el 100% de las ideas expresadas y definitivamente no debe llevarnos a agredir.

5. Existe un proceso no consciente llamado mimetización, a través del cual tendemos a adoptar ademanes, entonaciones, gestos y hasta costumbres de las personas con las que compartimos en nuestras vidas. Observo que algunos bolivarianos han mimetizado del opositor común (ése con el que compartimos en el autobús, en casas de estudios, en el trabajo, en las reuniones familiares), la característica de reaccionar emocionalmente ante un planteamiento que no satisface nuestra posición afectiva. Dejar de lado el análisis racional de las ideas para reaccionar con las emociones es algo que siempre he cuestionado en la oposición que se niega a razonar sin caer en la descalificación personal de quienes les cuestionan políticamente. Ese comportamiento no lo debemos repetir nosotros. Un abrazo.


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