El deber ser

Cuando el pueblo revolucionario, despierta al son del sincretismo que: la democracia, el consenso público y la participación de todos, ejercen en beneficio de la Sociedad Venezolana, se logra generar una idiosincrasia que se niega a infringir: la tolerancia, el respeto y la buena fe entre sus habitantes. Para nadie es un secreto, que vivimos dentro de una disyuntiva ecosocial, que aunque se privilegia del modelo político bolivariano, depende del interés desinteresado de la ciudadanía en fomentar diariamente su praxis.

No es menos cierto, que el planeta Tierra es un sagrado hábitat de vida que alberga todo lo irremplazable que nos rodea. El Ser Vivo, ha sido capaz de canjear esa belleza natural por: dinero, armas y drogas. Las épicas batallas emancipadoras de los próceres, el agente naranja vietnamita, la atroz deforestación de la Amazonía y las minas terrestres neogranadinas, nos demostraron que cualquier motivo, razón y circunstancia que justificara el profanar lo "verde" de la Naturaleza, fue el gran aliento de la terquedad del Hombre en perecer de lo ajeno.

Es fundamental, que el discernir de las personas adentradas en las calles del Libertador, aprenda de los errores ecocidas del pasado y aflore la adopción de un estilo de vida que promueva la sana interacción: Hombre-Medio. Lo afirmamos, pues aunque el Ministerio del Poder Popular para el Ambiente (Minamb), intenta erradicar la indiferencia ecológica suscitada, es vital que cada uno de nosotros asuma el compromiso de: valorar, respetar y denunciar a quienes trasgredan lo genuino de la biodiversidad criolla.

En la actualidad, hemos visto como esa sincronía en dilucidar un hecho ilícito ambiental, llamar a un organismo público que haga proceder la denuncia y la aplicación del castigo judicial a los responsables, es una audacia “verde” que favorece a todos. La activación de la línea telefónica 0 800 26243683, para disminuir los índices de impunidad medioambiental que acontecen en Venezuela, ha sido una gran estrategia comunicacional del Minamb, para que los individuos que sospechen, presencien o sean cómplices de un delito en su localidad, llamen oportunamente y le expliquen al operador sobre la situación presentada.

Rescatar a una cría de manatí, presa de las redes pesqueras en aguas de la Bahía “El Tablazo” en el estado Zulia. Salvar a un par de Caimanes, que vivían en cautiverio en el patio de una casa en el estado Carabobo. Alzar el vuelo del Cóndor andino, gracias al inicio de un programa de reproducción en el estado Mérida. Decomisar 22 aves silvestres por el tráfico ilegal de fauna en el aeropuerto “Simón Bolívar”. Todas esas econoticias, son alegres realidades que evitan el llanto de la “Pachamama”, pero a su vez, nos deja entrever la problemática socio-cultural latente en territorio venezolano.

Saber que el hecho de apartar al manatí de su manada, lo deja expuesto en un 99%, a cualquier otro depredador marino que por el instinto de supervivencia, se lo llevará a sus entrañas. Reconocer que detrás del rescate de esos caimanes, se esconde una gran fauna exótica en el patio de muchas familias venezolanas. Asumir que el precio a pagar por cortarle las alas a quienes pretendían llevarse la “mercancía” fuera del país, será la venganza irracional de los cazadores del arca ecocida, en multiplicar la ganancia perdida a costa de la sangre de sus balas.

Creemos que cualquier especie de fauna, prefiere un minuto de plena libertad en su hábitat natural de vida, que pasar la vida entera enjaulado por el capricho de quien lo esclaviza. No importa, si es un: ave, mamífero, anfibio o reptil; todos merecen el respeto a sus ecosistemas y a no perecer por el abuso del Hombre, quien se autodefine como: el gran hijo bastardo de la Naturaleza.

No es correcto que las personas se “encariñen” con la fauna silvestre, pues eso acrecienta el tráfico ilegal de sus ejemplares a escala global. Pese a lo que muchos creen, esa infame atracción de la gente por domesticar lo ajeno, viene tras presenciar documentales ecológicos en la TV, en los que sus productores tienden a irrumpir de forma abusiva la territorialidad natural ajena, sólo para obtener esa inicua grabación de video, que les haga obtener más dinero ecocida a cambio de vender el “show pseudo-realista”, a los medios audiovisuales que esperan los más altos niveles de audiencia, invadiendo la pureza de los: bosques, las selvas y los manglares, que son los principales testigos de la crueldad que rentabilizan en letras rojas.

Hay que admitir que en esos programas de TV, el televidente podría observar el rol aleccionador que se infunde al promover el respeto por los derechos de los animales, así como advertir que no deben ser manipulados o amenazados en la libertad de sus ecosistemas. El gran problema, es que muchas personas confunden esa: admiración, curiosidad o incredulidad de ver la majestuosidad de los animales a full color, con el capricho de anhelar obtener uno de esos ejemplares, ya sea para: complacer al hijo, fastidiar al vecino o presumir el egocentrismo ecocida a toda la Humanidad.

Esa irracionalidad que violenta la integridad de los animales, es auspiciada por las perversas publicidades que los canales de TV por suscripción, transmiten antes, durante y después del documental ecológico, que sus ingenuos usuarios contemplan desde la parsimonia del hogar. Si por las repetitivas pausas comerciales, cada 3 minutos te dicen que “debes comprar tal cosa”, luego que “debes tener aquello”, después que “sólo pagas la inicial y será tuyo” y al cabo de unos segundos, observas otra vez las peripecias de ese genuino animal en la TV.

Por desgracia, mucha gente en su inicua forma de pensar, se autopregunta ¿Y si comprara ese animalito? Esa conducta ecocida de obtener algo de alguien tan pronto como sea posible, es una triste realidad que se asocia con todos los antivalores personalistas que nos destruyen a diario. Si a usted le gusta ver a las especies de fauna en su entorno natural, puede seguir viendo: documentales, películas y materiales audiovisuales que se hallan gratuitamente en la Internet y que le harán respetarlos y cuidarlos de sus agresores. No debes asistir a eventos públicos, como “Circos”, “Corridas de Toros” o “Zoológicos”, que se lucran a cambio de exhibir la pureza que no les pertenece.

Paralelamente, los medios privados venezolanos de TV, transmiten programas infantiles, como: comiquitas, series animadas e historietas, en las que se personifican a los animales de forma: belicista, violenta y perversa. Vemos como entre las caricaturas “gringas” y el “animé” asiático, se proyecta: la guerra, la venganza y el odio infundado. Muchos padres, confían en que sus hijos vean esos contenidos, porque se visualizan en horario “Todo Usuario”, ya sea en lo diurno o vespertino de la parrilla de programación que presentan. Pero, si usted realmente observa los episodios, verá como instan al “desquite” irracional, disfrazado en: robots, superhéroes, villanos y elfos.

Por el contrario, en los canales de TV que forman parte del Sistema Nacional de Medios Públicos venezolanos, se transmiten a diario programas infantiles didácticos, que respetan la vida de los animales y llevan el mensaje ecológico a los niños. Cabe destacar, que la mayoría de esos contenidos son de Producción Nacional Independiente (PNI) y representan una propuesta bien intencionada para quienes los observan. Es abismal la diferencia entre la nociva programación de los medios privados y el valor educativo en la programación de los medios públicos. Usted podría sintonizar la oferta audiovisual de ambos medios y sacar sus propias conclusiones.

En Venezuela, existe un marco legal que ampara a la biodiversidad, al Medio Ambiente y a los recursos naturales. En anteriores artículos, hemos señalado como la “Ley Penal del Ambiente”, la “Ley para la Protección de la Fauna Doméstica, Libre y en Cautiverio” o la “Ley de Gestión de la Diversidad Biológica”, son instrumentos legales que apoyan un contexto ecojurídico entre los deberes y derechos de la ciudadanía en pro de salvaguardar al planeta Tierra. Si usted adquiere especies en peligro de extinción, contamina las playas con basura o construye un local en áreas verdes protegidas, será multado con una gran cantidad de unidades tributarias, que no sólo le dejará un registro penal por los daños ocasionados, sino que lo expondrá públicamente como un delincuente.

Es de vital importancia, que los venezolanos se edifiquen como agentes se cambios positivos en la interacción Hombre-Medio, para que “el deber ser” ecológico, prevalezca en Venezuela y más allá de las fronteras. A continuación, le indicamos un par de links, que le serán de usufructo para conocer las leyes descritas y el mecanismo legal que le permitirá denunciar los delitos medioambientales.

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http://goo.gl/kaQs6

http://goo.gl/ZLz65

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