Venezuela

Con Chávez, pero más allá



Los sondeos de uno y otro signo apuntan a que Chávez obtendrá más del 50% en las presidenciales del 7 de octubre. Toda la oposición (más de una docena de organizaciones políticas neoliberales y conservadoras) ha confluido en una coalición.

El candidato de la oligarquía, Henrique Capriles, se viste de progresista, “viendo hacia la izquierda”, y defiende logros del chavismo como las misiones, los grandes programas sociales. Es un viraje muy significativo tras el fracaso de la estrategia desestabilizadora. El propio Capriles participó en el golpe de estado de 2001 que nombró brevemente Presidente de Venezuela al presidente de la patronal.
Avances y contradicciones

La gran popularidad de Chávez se debe a que su entrada en la escena política confluyó con una amplísima gama de movimientos sociales de base y con la indignación contra un status quo neoliberal y corrupto.

Desde las instituciones se ha refundado el marco político, con rupturas pero también con continuismos. Recuperando gran parte de los ingresos del petróleo, se han impulsado programas de redistribución de la riqueza (ahora Venezuela es el país menos desigual de América Latina) e inversiones sociales (reducción drástica de la pobreza, grandes mejoras en sanidad, educación, legislación laboral, pensiones, etc.).

Tras el inicio de un proceso que parecía ir siempre en auge, durante los últimos años algunos elementos están produciendo cierto desgaste, más allá de los efectos de la crisis económica –la respuesta a la cual incluye medidas antisociales como la subida del IVA o la congelación salarial.

El problema central del proceso apunta al burocratismo, a las tensiones entre la gente que se organiza desde la base y ciertos elementos burocráticos que ponen trabas a la radicalización y extensión de las conquistas sociales o incluso abrazan la corrupción para enriquecerse (la denostada boliburguesía).

Al proyecto bolivariano le ha acompañado un proceso revolucionario en términos de autoorganización desde abajo (en los centros de trabajo, ocupaciones de tierras, a nivel barrial, de medios de difusión comunitarios, etc.). Pero lo cierto es que las colectivizaciones y cooperativas tienen un peso insignificante en el conjunto de la economía venezolana, que sigue en manos de la poderosa burguesía parasitaria.

Y ante esta realidad, como señala la corriente chavista Marea Socialista, a pesar de la retórica radical se aplica una política de conciliación con importantes sectores empresariales. En un juego de suma cero, como es la distribución de la riqueza y la lucha de clases en un contexto de crisis, la contradicción está servida.

Asimismo, la cuestión clave del poder en los centros productivos nacionalizados o colectivizados se está decantando a favor de la burocracia estatal, en detrimento del control obrero y la democracia de base.

Estas contradicciones quedan plasmadas en la contienda electoral con una frase popular: “la elección del 7 de octubre la gana Chávez pero estamos muy mal en los estados y alcaldías”. Chávez personifica el proceso de cambio de modelo político, de mejoras sociales. Pero la erosión del voto chavista a nivel local, regional o parlamentario muestra la erosión de un proceso que, si no avanza, retrocede.

Podríamos ver el problema de la boliburguesía como la expresión de las contradicciones entre lo nuevo que no acaba de nacer (una sociedad socialista) y lo viejo que no acaba de morir (el burocratismo estatal y la propiedad privada de los medios de producción).

Los grandes avances del proceso vienen de la mano del fuerte empuje desde abajo. Las misiones se impulsan gracias a la organización popular; el golpe de Estado de 2001 lo pararon las masas en las calles; el paro patronal y el sabotaje petrolero sucumbieron por la acción de las y los trabajadores; las elecciones y el referéndum revocatorio de 2004 se ganaron gracias al activismo de millones de personas, etc.

Sin embargo, desde 2007 el burocratismo ha ido deteriorando buena parte de las emblemáticas misiones e incrementando la ineficiencia en la gestión pública.
Revolución dentro de la revolución

Ante la amenaza de magnicidio, Chávez llegó a afirmar que si era asesinado el pueblo sabía lo que debía hacer: tomar las fábricas, las tierras, los barrios, etc. Rosa Luxemburgo defendía que si se dan las condiciones para que se colectivice la economía y la sociedad, no hay que dar tiempo de maduración a ningún proceso, hay que apoyar e impulsar la revolución.

Hay sectores dentro del chavismo que defienden la idea de una revolución dentro de la revolución. Es decir, impulsar una radicalización democrática, con nuevas formas de autogobierno popular a todos los niveles, y extender las colectivizaciones bajo control obrero y campesino.

Tras las elecciones, la contienda seguirá. El proceso bolivariano ha despertado poderosas fuerzas sociales que todavía tienen mucha historia por escribir.

Pau Alarcón (@pau_latina_ment) es militante de En lucha / En lluita

Artículo publicado en el Periódico En lucha / Diari En lluita


http://enlucha.org/site/?q=node/17727

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