Autocrítica para la victoria

En pocas semanas estaremos convocados a protagonizar con nuestra participación electoral la contienda por la Presidencia, en unas condiciones que desde cualquiera de las encuestas disponibles permiten vislumbrar la ratificación del Presidente Chávez y la Revolución Bolivariana. Sin embargo, y como ha quedado demostrado en anteriores comicios, el peor enemigo que confronta la opción electoral revolucionaria está en sus propias prácticas. Comenzaré un acercamiento a algunas de estas prácticas -estrechamente relacionadas entre sí- que en su superación permitirán impulsar una victoria revolucionaria.

1. Triunfalismo: Si bien comienzo señalando que todo apunta hacia un nuevo triunfo del Presidente Chávez, ello no debe asumirse como algo definitivo e inevitable. El 7 de octubre nada importarán las tendencias o encuestas, sólo valdrán los votos ejercidos. Lo demás será apenas artificio y si se quiere, historia. Votar el lo único que conducirá al triunfo. Así de fácil.

2. Indisciplina: las fuerzas contrarias a la Revolución han demostrado una ordenada conducta al expresarse electoralmente en contra del Presidente Chávez o de sus aliados políticos en otros cargos de elección popular, disciplina que no se ha observado en las fuerzas de izquierda. Si, en las elecciones presidenciales hay mayor participación electoral, pero no se deben obviar los altibajos que han caracterizado al proyecto revolucionario en anteriores comicios. Recordemos la derrota en el referendo que habría reformado nuestra Constitucional Nacional y la reciente pérdida de muchos escaños en la Asamblea Nacional y aprendamos de ellas.

3. Abtencionismo: La sumatoria de la disciplina en el ejercicio del voto opositor y la indisciplina del voto revolucionario ha traído como resultado que la mayor carga de la abstención afecte al proyecto bolivariano. Esto no es una posibilidad o una estimación, es una realidad: el histórico comicial de los últimos años lo confirma.

4. Ruptura histórica. Por imposición, una característica de la cultura venezolana fue la desconexión con nuestras raíces, consecuencia de la larga colonización a la que estuvo sometida la conciencia colectiva y profundizada por la imposición de una cultura de lo efímero. Aún a pesar de los grandes esfuerzos por rescatar nuestra memoria histórica, hoy es moneda común el que algunos sectores tiendan a ver a lo social desligados de un sentido de proceso, imponiéndose la inmediatez como criterio de una “verdad” irreflexiva, caldo de cultivo de la manipulación.

5. Ausencia de crítica. La imposición del (des)orden liberal se caracteriza por su permanente intento de imponer un pensamiento único para el cual basta que algo sea “nuevo”  para que sea “bueno”, jugando a una falta de crítica que oculta peligrosamente la historia. Basta comentarle a algunos jóvenes que hace sólo 25 años miles de familias comían perrarina ante la imposibilidad de acceder a otro alimento o que muchos estudiantes fueron asesinados por exigir derechos que hoy son tan cotidianos como el del pasaje estudiantil: su cara de incredulidad les comprobará mi afirmación.

6. Voto juvenil. Si, se ha hecho un trabajo formativo orientado a las nuevas generaciones y se han alcanzado importantes logros, pero no ha sido suficiente. Ello lo demuestra el que un importante sector de estas edades siga estando entre los más propensos a ser coaptado por el candidato presidencial opositor. Recordemos que se trata de jóvenes que han crecido conociendo sólo a la Venezuela que renació en 1998 y a Hugo Chávez como Jefe de Estado. Lamentablemente no serán pocos los que votarán por un candidato distinto manipulados por la novedad que dice representar.

Que estas breves ideas sirvan para confirmar lo mucho que hemos hecho, pero también para mostrar lo mucho que resta por hacer. Y cuenten con ello, seguiremos haciéndolo en Revolución.

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