El Cristianismo, el Socialismo y la Revolución Bolivariana: mezcla explosiva (I)

Los evangelios siempre han sido libros subversivos. Su práctica fiel por parte del cristiano auténtico (Martín Luther King, Monseñor Romero, sacerdote Camilo Torres y muchos más) ocasiona en él cambios radicales, revolucionarios sobre su visión cosmopolita y los valores que deben estar sustentadas las relaciones humanas, colocando al humano por encima de las costumbres, intereses y bienes materiales, siempre en búsqueda de su liberación y la de sus congéneres. Palabras revolucionarias del evangelio cuando Jesús, el nazareno, ante una interrogante de un practicante judío, específicamente un maestro de la ley, quien le pregunta “¿Qué mandamiento es el primero de todos?, Jesús responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos” (Mc 12: 31). De una manera magistral resume lo que debe ser la esencia de la fe cristiana. Ideas subversivas, incisivas y certeras, que incluso pueden hacer que el creyente muera por esa verdad.

Es por ello que a la época anterior a la Reforma liderada por Martín Lutero (1522) y posterior a las primeras comunidades cristianas, solamente algunos privilegiados podían realizar lecturas de los libros sagrados, el clero. La Iglesia, en esos tiempos, cuidaba celosamente que ningún ojo laico (aquél, obviamente, que fuera alfabeto) tuviese la fortuna de llegar a las páginas de los evangelios. Esto para evitar que ese lector descubriera grandes verdades de las palabras del Nazareno que, al compararlas con las enormes contradicciones que había en las prácticas “cristianas”, especialmente ejercidas por las autoridades de la Iglesia en esa época, pudiese transformarse en un denunciante o “profeta” - en el sentido bíblico de la palabra. El poeta Khalil Gibrán logra exponer magistralmente estas ideas en su obra “Espíritus Rebeldes” (1903), prohibida y quemada en la plaza de Beirut por el gobierno Otomano y por la iglesia católica Maronita por considerar que el libro era “peligroso, revolucionario y venenoso para la juventud”.

 Los que están viviendo el proceso revolucionario con autenticidad en los diferentes sectores de la vida nacional, desde un consejo comunal hasta en los espacios laborales del alto gobierno, han constatado lo difícil que es la práctica de los valores del socialismo, al igual que del cristianismo. Implica realizar incontables sacrificios, eliminar de sus acciones el egoísmo propio, donde predomine “el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos” (Lc, 22:24), pensar en colectivo y no de forma individual, siempre con el fin de la búsqueda del bien común. Todo esto se resume en una palabra que significa más que un sentimiento, el Amor. El amor a los demás que debe tener todo revolucionario, así como el cristiano que sabe de las duras palabras de su maestro “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8: 34), implicando el sacrificio de su propia vida. Pero también para aquellos (as) venezolanos (as) que han descubierto que este proceso es una continuación de la lucha y los ideales del Libertador Bolívar, el cual expresó: “El que abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y gana cuanto le consagra”.

De allí surge la fuerza que tiene el Presidente Chávez, indiscutible líder de este proceso revolucionario. Su visión, pensamientos y acciones se basan en su confesa fe cristiana, en el amor que tiene al prójimo y las enseñanzas del nazareno. Fe sincera y auténtica, alimentada por el evangelio, adobada con la teología de la liberación, la cual intenta responder a la cuestión de cómo ser cristiano en un continente oprimido, y a preguntas como "¿Cómo conseguir que la fe no sea alienante sino liberadora?". Hecho resaltante y no fortuito es que la Teología de la liberación se consideró peligrosa para el Vaticano, el cual, en 1985 impuso silencio al sacerdote franciscano brasileño Leonardo Boff, uno de sus fundadores. Pero no solamente la teoría y praxis del presidente Chávez se basa en su fe religiosa, sino que se ha alimentado de sus estudios y lecturas en el campo del bolivarianismo, socialismo y marxismo. Ha sacado su práctica cristiana de la caridad ejercida en los templos y la ha transformado en políticas de Estado, conduciéndolas con elementos científicos del marxismo/socialismo para hacer que “El Sistema de Gobierno más perfecto, es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política” (Simón Bolívar, 1819). Premisa que quiso desarrollar nuestro Libertador Bolívar en estas tierras sudamericanas, que incluso perdió todo por la libertad y por la liberación del yugo español de estas tierras suramericanas.

Por otra parte, el proceso revolucionario y Bolivariano que vive nuestro país tiene aspectos particulares muy importantes: ha sido un proceso pacífico y democrático, por lo que ha ocasionado cambios graduales y lentos pero efectivos. Pero hay otro aspecto de este proceso que le ha sido vital: no se ha encerrado en dogmas del marxismo, a prácticas ortodoxas de esta doctrina que fue una de las principales causas de la caída del Estado comunista de la Unión soviética (1991).

Efectivamente, nuestro proceso, sumergido en una dinámica tropical de innumerables hechos en estos 13 años, conducido y olfateado por nuestro presidente, no se ha asfixiado en los rígidos enunciados de las doctrina marxista-socialista. Todo lo contrario, no desdeñando lo esencial de ellas, se ha alimentado de nuestra idiosincrasia, nuestros valores, nuestros potenciales y nuestras visiones (incluso cristiana) que tenemos del mundo material. Posiblemente esto sea la causa que muchos estudiosos del marxismo no comprendan del todo este proceso revolucionario. Ni mucho menos del socialismo del siglo XXI. Estas numerosas visiones y corrientes que se entremezclan en los lideres y el pueblo bolivariano en este proceso revolucionario, han hecho pensar a numerosos intelectuales que estas características del proceso pudiesen dar debilidad al mismo, pero más bien, ha sido la fortaleza. Ha sido permeable y flexible, permitiendo la comunión de todas estas vivencias y visiones, fortaleciendo un imaginario de país que cada día se está consolidando más, a pesar de las contradicciones.

Será por ello, analógicamente hablando, que las mayorías de los pobres, incluyendo a los apóstoles, pobres y marginados de la sociedad judía en que vivía Jesús, se identificaron con él y su mensaje, creyeron en él y lo siguieron, mientras que los grandes poderes económicos, religiosos y políticos, no solamente no creyeron, sino que conspiraron para eliminarlo. Así también, las mayorías del pueblo venezolano, los pobres y marginados, e incluso del pueblo latinoamericano, se identifican con Hugo Chávez y con el proceso revolucionario. No solamente porque le ha aportado soluciones a sus problemas materiales inmersos en la miseria, sino que les ha dado esperanzas, dignidad en sus vidas y ha contribuido a que se vean y se descubran que forman parte de una misma comunidad, país y/o continente con una visión integradora y liberadora. La historia del evangelio ha sido una serie constante de hechos de (in)justicia y liberación/sumisión de los oprimidos, mucho más en Latinoamérica.

Además, es muy difícil que el mensaje liberador del evangelio, así como el proceso Bolivariano, sea comprendido por los ricos y/o oligarcas, tal como la sucedió al joven rico cuando le planteó a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo:… “Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”. El hombre le contestó: “Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: “Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme. Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste” (Lc 18: 18). Sin comentarios.

Finalmente, solo queda decir con seguridad que este pueblo que busca su liberación, su destino, no va a permitir que le quiten las esperanzas encontradas, seguirá luchando junto con su líder, Hugo Chávez y los futuros que vendrán de este proceso, porque tal como lo dijo Bolívar: “El pueblo que combate con fe, al fin triunfará”. 

 Profesor UCV

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