Los consensos del liberalismo son el opio de los pueblos

La clave está en el movimiento participativo de masas y su conversión en poder popular.

A diferencia del movimiento popular que se levantó en el caracazo (1989) e incluso el que se movilizó el 13 de Abril de 2002, caracterizados por ser movimientos contundentes de fuerza, pero espontáneos; en los últimos años, el proceso de enorme participación social ha venido formando espacios de organización permanente; ejemplo de ello, son los mas de 40 mil consejos comunales formados en todo el país como consecuencia del proceso de conformación de los comités de tierra urbana y de salud; también se ha incrementado el movimiento de los sindicatos revolucionarios y los consejos de trabajadores que por medio de la lucha y de la corresponsabilidad con el gobierno nacional han logrado nacionalizar/ estatizar miles de unidades productivas, entre ellas, la columna vertebral de la economía del país, a saber: las industrias básicas, telecomunicaciones, electricidad, petróleo y petroquímica, y progresivamente el sector agrícola, faltando por poner al servicio del desarrollo nacional revolucionario a las universidades que siguen siendo los principales centros de investigación científico/tecnológico.

También se incrementó la participación/ organización de la mujer; se creó la misión Madres del Barrio y organizaciones feministas que han impulsado conciencia sobre la equidad entre los géneros; los estudiantes, los frentes campesinos, la incorporación y adiestramiento del pueblo en cuerpos milicianos entre otros han sido resultado de este proceso de participación popular.

Pero la potencia de este movimiento no ha alcanzado cualidades hegemónicas, porque la misma se ha enredado con la cultura liberal/burguesa, o en otras palabras, no tiene conciencia suficiente para quebrar los consensos del liberalismo, y por otro lado, las fuerzas populares participativas han sido confrontadas por las fuerzas reformistas (fuerzas beligerantes en las instituciones del estado burgués). Ambos fenómenos constituyen un reflejo heredado del pasado, de la cuarta república que no ha sido superado por completo y que empantana, golpea, detiene y entretiene el avance del movimiento popular participativo.

Los consensos del liberalismo son el opio de los pueblos.

La cultura liberal actúa como una droga en el metabolismo ascendente del poder popular encegueciéndolo, veamos: Es parte de la concepción liberal:

1. El consenso en el que el pueblo solo ejerce su soberanía a través del voto y por tanto solo debe movilizarse ampliamente en coyunturas electorales para delegar esta soberanía 8toma de decisiones a los representantes.

2. Que el monopolio de las decisiones (políticas, económicas, culturales y sociales) las tiene el funcionariado en las instituciones del estado burgués y solo estos proporcionan el bienestar social.

3. Solo los capitalistas y los gerentes pueden dirigir la economía, los trabajadores en el mejor de los casos solo se organizan en sindicatos para obtener beneficios laborales.

4. Lo personal no es político, por ende la opresión de las mujeres y la explotación del trabajo domestico no es algo que debe revisarse.

5. El poder popular es la organización micro y separada de representantes populares para organizar las peticiones a las instituciones; si la organización micro elabora los proyectos bajo los requerimientos de la burocracia, pueden acceder a manejar ciertos recursos. En todo caso, La última palabra es de la institución.

6. Las instituciones denominadas “poderes” son autónomos, no están supeditadas a la voluntad popular, incluyendo a las universidades.

Estos consensos entre otros son los que confunden el pensamiento revolucionario domesticándolo bajo formas: localistas, asistencialistas, voluntaristas, electoralistas, dogmaticas y pragmáticas inconsecuentes (separación de teoría y praxis), burocráticas, militaristas aventureras etc.

La ruptura de estos consensos vendrán de de la mano de la practica revolucionaria en la que juega un papel fundamental la acción del partido de la revolución.

La importancia de un verdadero partido de la revolución.

Los pueblos aprenden desigualmente, de diversas formas y en tiempos distintos; para lograr una voluntad nacional/ popular colectiva en torno a objetivos revolucionarios se hace necesaria una mediación política (educativa, activa cultural, comunicacional) realizada por un grupo organizado de miembros del partido revolucionario; organismo que a su vez se nutre del movimiento de masas, pues es parte de él.

Bolívar en la campaña libertadora hablaba de formar republicanos (hombres y mujeres formados bajo la moral y las luces); Lenin hablaba de los revolucionarios profesionales cuya tarea se sintetizaba en educar, organizar y movilizar; Ernesto Guevara de la Serna planteaba la formación de los cuadros (técnicos, militares y políticos); ya sea republicanos, revolucionarios profesionales, intelectuales orgánicos o cuadros, ha estado en las preocupaciones de las fuerzas revolucionarias la formación de una vanguardia que organizara las condiciones para la lucha por la revolución.

Antonio Gramsci profundizaba al respecto y afirmaba que “los rasgos característicos de la revolución proletaria no pueden encontrarse mas que en el partido de la clase obrera, el cual existe y se desarrolla en cuanto es la organización disciplinada de la voluntad de fundar un nuevo Estado, de la voluntad de dar una estructuración proletaria a la ordenación de las fuerzas físicas existentes y de poner las bases de la libertad popular”.

Pero ¿qué características y cual papel toma la vanguardia del pueblo en la construcción del socialismo?

Para Carlos Marx (Manifiesto Comunista) “Los comunistas (o la vanguardia) no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del pueblo. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario”. Solo se distinguen por las siguientes características:

1. En cada acción particular, reivindican los intereses de los trabajadores en su conjunto, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Agregamos: unifican las luchas del pueblo.

2. Teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario. Por ello son la parte más decidida. Agregamos: están armados con los planteamientos marxistas y lo desarrollan en cada análisis concreto de las contradicciones sociales.

3. El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios en general: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder.

El fermento de la conciencia de clase del proletariado implica enfrentar y derrotar progresivamente la cultura impuesta por la burguesía, para lo cual, como hemos expresado, se hace necesaria la practica revolucionaria (la lucha de las masas). En opinión de Lebowitz la conciencia revolucionaria no cae del cielo “hay un solo camino para engendrarla, y es a través de la propia actividad de los sujetos del cambio. Solo ejercitando las capacidades mentales y físicas referidas a todos los aspectos de la vida, las personas desarrollaran sus capacidades; producirán dentro de ellas capacidades especificas que les permitirán llevar a cabo nuevas actividades. El cambio simultáneo de las circunstancias y de si mismo (que Marx llamaba la práctica revolucionaria) es la forma en que construimos la nueva sociedad y los nuevos seres humanos”.

Si la actividad principal de los revolucionarios es mediar, orientar la práctica revolucionaria de las masas; la labor fundamental del partido en una situación revolucionaria es mediar en la asociación autentica revolucionaria de las organizaciones populares, que dará formas concretas de poder popular y de economía de la transición socialista. Mientras más voluntades sume el orden nuevo en crecimiento, mas personas harán parte decidida por el socialismo, más revolucionario se hará el Partido; Y mientras más revolucionario sea el partido más amplio será el campo de la construcción del poder popular y el socialismo.

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