Me devolvería demasiado

Hace dos días me encontraba en un pueblito llamado Fort Lee en Nueva Jersey. Mi situación era desesperadamente famélica. Por alguna razón no había ingerido alimento alguno en todo el día. Ciego del hambre entre al primer restaurante que se me atravesó en el camino. El restaurante era tan pequeño como el pueblo en que me encontraba, aquella cajita de fósforo era acogedora, bellamente decorada. Una chica muy bella con una enorme sonrisa me atendió.

Pido rápidamente pan y aceite de oliva para amortiguar mientras llegaba la comida.

La chica al escucharme hablar me pregunta. “¿Tu eres Venezolano? “

A lo que le respondí afirmativamente. Ella se me presenta, me dice que se llama Lucía, y se pone a la orden. Todo iba muy bien, me parecía Hermosa, inteligente, me da su número de teléfono y me dice que tenía solamente un año viviendo en los Estados Unidos y me susurra que esta indocumentada. Repentinamente todo se arruinó cuando dijo.

“De seguro que viniste huyendo de ese loco que tenemos alla”

Yo traté de no decir nada, de no pararle bolas, pero ella insistía, ella quería que yo le parara, que le escuchara sus aburguesadas quejas, a pesar de mi indiferencia continuó.

“El país está hecho un asco, está destruido, nada funciona, imagínate que el metro está todo el tiempo atiborrado, porque no cuesta nada usarlo y Chacaito y Sabana Grande están lleno de haitianos”

Ante tanta idiotez me voltee, la mire directamente a los ojos y le dije:

Yo me vine huyendo de los locos que estaban antes. De Lusinchi y su me engañaron, de Carlos Andrés y su sierra nevada, de Carmelo Lauría y su frasecita “rasparon la hoya”. de Caldera y su moqueo al recibir a Bill Clinton, del robo a Recadi, del robo al Banco de los Trabajadores, de la matanza de Tazón, del sindicalista gritando que el miedo es libre.

En eso la chica intentaba irse y la agarre por el brazo y le dije quédate. tú empezaste esta vaina. Quédate si no armo un fucking peo en este sitio. Ella vio hacia los lados mientras yo mojaba el pan en aceite desesperadamente y continúe.

Me fui demasiado por el Caracazo, donde asesinaron a dos primos míos en Petare, Me fui demasiado por que ni la silla de ruedas en que yo andaba en esa época era mía, me fui por que no tenia donde dormir. Me fui por que un día me quedaba en casa de una amiga de la universidad que vivía Sabana Grande y otro me quedaba en la casa de la Amistad Venezolana Soviética en los Chaguaramos o me quedaba en el Observatorio o en el cementerio en casa del Gordo Francisco o en San Martín, en un edificio que estaba localizado al frente de la antigua sede de URD. Sí, me fui demasiado, por que nunca conocí el Este. Me fui demasiado por pobre, mulato y enfermo.

Y ahora mi bella criatura, quiero devolver demasiado, quiero volver por que extraño el Warairarepano, quiero volver demasiado por que extraño el clima de Caracas, extraño Mucuchíes y su neblina, extraño Barinas, a Falcón, Carora y Maturín. Quiero devolverme demasiado por que las playas aquí no tienes palmas de coco y por que el agua es fría como el hielo, quiero devolverme demasiado por que extraño a Chuao y a los Roques. Quiero devolverme demasiado por que allá estamos viviendo momentos intensos.

Quiero devolverme demasiado por que extraño a mi gente, por que estoy harto de vivir en un país que ejerce el asesinato, el genocidio y exterminio como una forma de vida, como una forma de hacer política y diplomacia.

Me quede viéndola un rato, Ella estaba completamente inmóvil y terminé diciéndole.

Si estuviéramos en Venezuela, te pediría una reina pepeada.

(*) Activista venezolano en Nueva York

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