|
Una revisión histórica de la literatura utópica nos lleva a las utopías de la ilustración y las utopías del Siglo XIX. Estas estuvieron centradas en problemas filosóficos y religiosos principalmente, y fue en el Siglo XIX cuando proliferaron obras relacionadas con el nacimiento del movimiento socialista. Arribando al Siglo XX nos encontramos con una literatura utópica poco nutrida. Las utopías publicadas después de 1900 son generalmente versiones pálidas y muy elaboradas de obras anteriores.
Y como quiera que la literatura sobre el Socialismo del Siglo XXI todavía no está escrita, solo existen ensayos, tenemos la obligación de releer, teniendo en cuenta que el panorama de las utopías del Siglo XX es poco esplenderoso y es en éste Siglo cuando surge con gran ímpetu lo que conocemos como literatura antiutópica.
Una típica obra antiutópica es aquella que se desarrolla en medio de una sociedad que se proclama como perfecta. Es decir, la sociedad en la cual tiene lugar el relato es tenida por sus dirigentes y habitantes como inmejorable, esto es, con la excepción de algunos pocos personajes (o uno solo) que representa una voz de disidencia. Es a través de este personaje que el autor nos habla. Para comprender y comparar la realidad actual, es bueno observar algunos aspectos claves de los modelos sociales planteados en otras épocas, a través de ejemplos provenientes de cuatro novelas. Son dos épocas distintas, por el tipo de obras, en la primera es bueno acudir a dos obras clásicas: Utopía, de Tomás Moro, publicada en 1516, y La Ciudad del Sol, de Tomasso Campanella, publicada en el año 1623. En cuanto a la segunda época hay que acudir a las siguientes obras: Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, publicada en 1932, y Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, de George Orwell, publicada en 1949.
La lectura de las dos primeras obras demuestra que la intención es mantener el sistema utópico inmutado e inmutable, de hacer todo lo posible por mantener su estabilidad. Y en las dos restantes también se ve la lucha por mantener su estabilidad. De esta manera se nos pone en evidencia que uno de los postulados de la sociedad utópica es la estabilidad. La estabilidad del sistema debe ser defendida con tenacidad y cualquier elem,ento peligroso que la amenace ha de ser eliminado. Otro punto que caracteriza a las cuatro obras, es que la sociedad está basada en la comunidad, en el amor por la patria y la colectividad.
Al leer las cuatro obras, podemos apreciar que en Utopía y la Ciudad el Sol, la preocupación por el individuo es nula y en Un Mundo Feliz y Mil Novecientos Ochenta y Cuatros es inmensa, el centro de todo el texto es el drama del personaje dotado de ciertos rasgos individuales que tienen que luchar contra un colectivo inmenso y todopoderoso. Vemos cuán diferente es la sociedad desde el punto de vista del colectivo y desde el punto de vista del individuo.
Es conveniente preguntarnos ahora por qué los autores de las dos primeras obras se olvidan de la persona como individuo mientras que Orwell y Huxley lo convierten en centro de atención. Buscaremos la respuesta en el momento histórico que vivimos como puntales en construir el Socialismo del Siglo XXI, donde no hay manual ni cartilla, solo la voluntad y esperanzas de que nuestros descendientes vivan en un mundo mejor. En democracia social, de Derecho y de Justicia.
Articulo leido aproximadamente 885 veces
|