Lucha de clases, guerra civil y la pequeña burguesía

La lucha de clases es una forma muy particular de lucha, ya que en su
esencia es una lucha enraizada en contradicciones antagónicas e
irreconciliables, es decir, que no se pueden resolver por vía de
negociaciones, o por la educación o concientización de los
explotadores, o cualquier otra forma de esperanza o ilusión. Quienes
así lo han honestamente pensado han terminado fusilados, o asesinados
de cualquier otra forma, y hasta crucificados. Si somos serios en el
estudio de la historia, y no queremos causar muertes innecesarias
sembrando falsas ilusiones en el pueblo, hay que hablar claro, sin
hacerles creer que siempre este proceso será principalmente pacífico.
Hay que enseñarles que si algo enseñan los tiempos vividos por la
humanidad, es que los conflictos o contradicciones sociales de
relevancia, tarde o temprano, se resuelven por la violencia o
represión, y no porque así lo quieran los revolucionarios, siempre
amantes de la paz, si no porque así lo imponen los explotadores, las
transnacionales, las oligarquías, y sus lacayos y ejecutores. La
historia enseña que nunca una clase social privilegiada, que ostente
el poder, ha entregado ese poder o sus privilegios, por las buenas,
porque tomó conciencia, o por sensibilidad social, siempre ha tenido
que ser obligada. Las clases explotadoras siempre recurren a la
violencia contra el pueblo sin la menor compasión o clemencia. Esa es
la enseñanza de la historia, y nadie podrá citar un caso en contrario,
porque no existe, lo demás es engaño. Así de sencillo.

Justamente, el motivo de estas modestas líneas es demostrar que la
lucha de clases es una verdadera guerra, aunque a veces, por períodos
generalmente no muy largos, la lucha transcurra por vías relativamente
pacífica, mientras las clases se reacomodan, buscan nuevas estrategia,
nuevos aliados, etc., en fin, tratan de variar su situación para
proseguir el combate. Es algo así como los armisticios. Sólo, son
pausas para la reanudación. Así que, no sembremos falsas ilusiones de
que los hechos de abril del 2002, o el paro petrolero, o luchas más
cruentas, volverán tan pronto la oposición tenga algo de fuerza para
intentarlas de nuevo, claro que volverán. Creer que esta será una
revolución eternamente pacífica es sembrar ilusiones, es creer en una
revolución con descuento, eso no existe. Que las luchas vuelvan es una
esperanza. Por qué es una esperanza, porque si no vuelven, es que no
avanzamos en la construcción del mundo nuevo, si no vuelven, es que
nuestros líderes nos han traicionados, y tarde o temprano el pueblo sí
volverá con nuevos y mejores líderes, porque los pueblos nunca se
rinden, y porque el capital, mientras exista, nunca dejará de
explotarlo. Entones, sólo destruyendo el capitalismo podremos avanzar
y tener paz.

Pero, volvamos a lo nuestro. Habíamos quedado en que la lucha de
clases es una verdadera guerra, y justamente no cualquier guerra, es
una guerra civil, aunque generalmente con injerencia internacional (el
capital si sabe de internacionalismo), en fin, es la guerra más
despiadada y cruenta que conoce la humanidad. Los poderosos y sus
ejecutores asesinan sin ninguna misericordia, niños y niñas, ancianos
y ancianas, y todo el que se atraviese, desaparecen a los que no
quieren ni que sean enterrados. Para ellos, todo es válido, la ley no
existe, bombardean pueblos enteros, fusilan al inocente que se rinda
sin venderse, y a veces al que se vende también, y lo más humanitario,
es usar la bomba sólo mata gente.

En la guerra de clases, como las clases capitalistas se hallan
convencidas de que defienden la “civilización” contra la “barbarie” de
los tierruos, juzgan que les están permitidos todos los medios, aunque
sean medios al margen de la ley. La guerra civil es más cruenta que
cualquier guerra entre Estados, o cocodrilos del mismo pozo, entre
ellos se hacen armisticios, y respetan ciertas reglas, el llamado
“derecho de guerras”. La contrarrevolución coloca a las clases
explotadas, en rebelión contra el sistema “fuera de toda ley”, y por
eso se cree con derecho de actuar al margen de la ley. En la guerra de
clases no se reconoce derecho alguno. En ninguna parte del mundo en
una nación invadida se declararon los técnicos en huelga a la entrada
del invasor, como sí lo hicieron en PDVSA, ni dejan sin comida al
pueblo invadido, como aquí durante el llamado paro petrolero del
2002-2003. Es que las guerras entre estados son generalmente guerras
entre secciones del capital internacional y las clases posesoras, que
profesan una sola ética de clase, la mentira, el engaño y la
explotación. Veamos un ejemplo histórico. En 1917, la toma del poder
en Petrogrado en ese entonces la capital, fue rápida y sin casi
derramamiento de sangre. En Moscú, antigua capital (ambas las ciudades
más grandes e importantes de Rusia), la batalla callejera duró seis
días y fue muy dura. Encontrándose rodeados los revolucionarios, por
haber actuado en forma indecisa, el comandante del Kremlin, Berzin,
entrega la fortaleza, bajo promesa formal de que se respetará la vida
de sus hombres y después de habérsele certificado que “había quedado
restablecido el orden”. Un coronel opositor le dice: “¡Hola! ¿Todavía
estás vivo? Hay que matarte.” A la tropa y demás revolucionarios que
se encontraban allí, al amanecer se les ordena alinearse en uno de los
grandes patios del Kremlin, y una vez allí se les apunta bruscamente
con tres ametralladoras que se hallaban disimuladas. (relatado por uno
de los que se salvaron) “No pueden, sin embargo, imaginarse aquellos
hombres que los van a fusilar de aquella manera, sin juzgarlos, sin
motivo alguno, puesto que no habían combatido). Las tres
ametralladoras rompen el fuego, y su martilleo se mezcla con los
gritos de espanto, los gemidos de agonía y los sollozos. Esa masacre
no es un hecho aislado, es repetición histórica de la realizada en la
Comuna de París, en la guerra civil española, en el chile de Pinochet,
y de seguro muy parecida a la que quieren hacer con nosotros la gente
de bien de la oposición. Y de paso, cuando los revolucionarios ganan,
perdonan y sueltan a sus posibles asesinos, eso también ha pasado
repetitivamente en la historia, y pasó en la Rusia de 1917. Aquí lo
hicimos en abril del 2002, y ya sabemos que pasó después, lo mismo que
ha pasado, vuelven a asesinar aquí y allá también. También sabemos
los que le pasa a los revolucionarios que se rinden en combate, lo
mismo que le pasó al Ché.

En Conclusión: Las llamadas “LEYES DE GUERRA”, eso de respetar la vida
de los prisioneros, no desaparecerlos, no cortarle las manos, los
derechos humanos, la Convención de Viena, etc., NO SE APLICAN EN LAS
GUERRAS CIVILES. En esta guerra no existen los neutrales, ya lo dijo
Bush, el que no está con nosotros está contra nosotros, o algo así
(para EEUU como el capital no reconoce fronteras, el mundo es una
guerra civil), por eso actúan en todo el planeta como si fuera una
guerra civil, invaden, matan o secuestran a quien quieran), sin ir muy
lejos, preguntémosle a Obama por los derechos humanos en Guantánamo.

Para no hacerlo muy largo, ya cubiertos 2/3 del título, digamos
algunas líneas sobre cuál es el papel de la pequeña burguesía en esta
cruenta guerra que es la lucha de clases. No me refiero a tal o cual
persona proveniente de la llamada clase media (no por tratar de
mediar), o con ciertos medios económicos. Me refiero a la pequeña
burguesía en su conjunto, como clase social.

En Venezuela, la burguesía tiene poder ideológico sobre buena parte de
la pequeña burguesía, su influencia en sectores altos y medios se ve
en las elecciones internas de la oposición. Por mucho tiempo será
tarea pendiente aislar a la burguesía, reeducar ideológicamente a la
población. En Rusia, para seguir con ejemplos concretos, entre febrero
del 17 y octubre, durante la insurrección, la pequeña burguesía de las
ciudades, con los socialistas a la cabeza, se suma resueltamente a la
contrarrevolución. La pequeña burguesía le servía a la burguesía,
porque como clase aspira a ser nueva burguesía, y como clase social,
en las revoluciones sigue a quien ella cree va a ganar. Entonces, en
Rusia representaba a la burguesía porque no creyó que los pata en el
suelo con los bolcheviques al frente, pudieran alcanzar el poder, y
menos retenerlo. En Venezuela, la clase media ha tenido igual parecer,
hasta la finalización del llamado “paro petrolero”, pero se ha ido
convenciendo por experiencia propia, que no es así, por eso ahora, la
oposición trata de hacer creer, que la enfermedad del presidente puede
hacer variar la situación. Esa es una de las desventajas de dejar
recaer un proceso, más, en una personalidad que en un partido y una
clase. Nuestra tarea, demostrar lo contrario, que hay Chávez pa’ rato,
y que el partido cada vez es más fuerte y revolucionario, y que la
clase obrera y el pueblo tienen cada vez más conciencia de clase, pero
esto último es difícil con liderazgos político pequeño burgueses, que
creen que el partido es de su propiedad, y se reparten parcelas, que
combaten al control obrero como verdaderos burgueses, que no reconocen
sus errores y parecen pensar, “que perezca la revolución, pero que se
salve mi cuota de poder y mi reputación de infalible”. Esa dirigencia
impone grupos artificiales subordinados a ella, genera ausencia de
lucha ideológica libre y honesta, porque al igual que el candidato de
la oposición, no tienen con qué, y el debate pondría en evidencia sus
inconsecuencias; aplican el calificativo de enemigos de la revolución
a todos aquellos que osen criticar su corrupción, su nepotismo, sus
negocios con cabillas, etc.. He aquí lo que impide el llegar a los 10
millones de votos ahora mismo. No es que queramos la nacionalización
inmediata de toda la banca y toda la propiedad privada, quien ello
piense habrá leído mucho a Marx, Engels y Lenin, pero no los entendió
en absoluto, y se aferra a los comentarios superficiales de
doctrinólogos de la fantasía. Lo que queremos es que lo que se haga,
se haga con métodos revolucionarios, empoderando a las bases del
pueblo, a las bases del partido, a los Consejos Obreros y Comunales, y
no a los grupúsculos de la pequeña burguesía, sólo solidarios con sus
bolsillos e intereses particulares, que haya verdadera democracia y
debate interno, sin interferencia de los jefes de las instituciones,
sin hipocresía, sin proclamar “no a los grupos” mientras se impulsa el
de ellos. Queremos un pueblo y una militancia revolucionaria de
verdad, no un pueblo y una base revolucionaria con una dirigencia
pequeño burgués, que usan mucho la fraseología revolucionaria, pero
sus actos delatan que como los acusó El Ché, llevan la revolución sólo
en la boca.

En nuestro partido, hay en buena parte, una dirigencia de ese tipo,
pequeño burguesa. Contamos con una sola mano los dirigentes fogueados
en la lucha de clases o que verdaderamente representan los intereses
del pueblo llano, fielmente, como lo hace el Comandante Chávez.

Que en una primera instancia de la revolución haya pasado e so en un
país petrolero, rentista, eso es en cierta forma entendible, ya que
siendo la pequeña burguesía una clase más leída o educada que la
mayoría del pueblo llano, siendo mucho más numerosa y avanzada que la
burguesía propiamente dicha, se cree llamada a dirigir la sociedad y a
dirigir y tutelar a la militancia de base, se creen infalibles (cuando
vean a alguno reconocer sus errores en público me avisan). Sólo
reconociendo los errores podemos corregirlos y evitar que otros los
cometan. Los errores son inevitables cuando los pueblos luchan, pero
los revolucionarios permanecen junto al pueblo, ven esos errores, los
explican, tratan de corregirlos y luchan persistentemente por el
triunfo de la conciencia de clase. Pero ya va siendo tiempo de renovar
ese liderazgo de iideología confusa, y de contraponer el realismo
frente a la fraseología “revolucionaria”. El socialismo de la pequeña
burguesía es un socialismo de “dirigentes”, liberal, confuso,
timorato, individualista, a veces utópico y a veces reaccionario. En
las clases medias y la dirigencia acomodada, la mentalidad
pequeñoburguesa tiende a disociar, sobre todo en política, la acción
de la palabra, y buena parte de nuestra dirigencia nacional y las
regionales, es buen ejemplo de ello. En el fondo, la pequeña burguesía
en cualquier parte de mundo, quisiera una república democrática, en la
que sea ella la clase dirigente, en la que se lleve adelante sin
trabas el desarrollo capitalista, para ellos disfrutar de él. Y para
ello cuentan con clarividentes ideólogos, que imaginan un desarrollo
por etapas, en las que sólo hay que esperar que lleguen una tras otra,
claro sin lucha de clases. Pero, la realidad de la revolución los
alcanzará, y su utopismo con que han soñado tantas veces se estrellará
contra la realidad dura y cruda. Porque los pueblos, acostumbrados a
vivir entre realidades duras, a padecer necesidades, endurecidos en la
lucha por la vida, junto a los verdaderos revolucionarios, forjados en
la escuela de la represión, saldrán adelante.

En definitiva, la pequeña burguesía, las llamadas clases medias,
siguen y seguirán a los más fuertes; cuando terminen de caer en cuenta
de que el pueblo, con la clase obrera y el partido revolucionario son
los más fuertes, irán tras ellos. El deber de la Oposición de
Izquierda dentro de partido, es poner en evidencia, desenmascarar y
condenar a la vergüenza eterna en la conciencia de la vanguardia
proletaria y de pueblo, de un modo implacable, el carácter de clase de
la pequeña burguesía y su dirigencia.

En las revoluciones, a los verdaderos revolucionarios sólo nos quedan
dos alternativas: vencer o morir. Claro, la pequeña burguesía tiene
más: saltar la talanquera, venderse, traicionar, negociar,
enriquecerse, irse de país, etc.. Entonces, ojo avizor con lo que
decimos y hacemos, ojo avizor con nuestra dirigencia infalible que no
admite errores ni críticas a no ser de nuestro Presidente, ojo avizor
con para qué nos preparamos, qué partido y qué dirigencia tenemos y/o
apoyamos. Luchemos por la reelección de Chávez y un partido
verdaderamente revolucionario. Organicémosno internamente, aunque sea
en forma cerrada. Profundicemos la Democracia Participativa y
Protagónica (PDPP).

¡Hasta la Victoria Siempre!


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