Documento para el debate

El Socialismo Bolivariano del Siglo XXI

El presidente Hugo Chávez ha propuesto el Socialismo como la vía de desarrollo de la revolución bolivariana. Esta propuesta obliga necesariamente a un debate nacional sobre qué tipo de socialismo es el que se quiere para Venezuela, debate que tiene que considerar, necesariamente, el examen crítico de la experiencia socialista mundial.

La propuesta socialista ha sido, en términos históricos, bastante heterogénea en el mundo entero. Por ello es imprescindible saldar cuentas, en términos de reflexión crítica, con todo ese acumulado de luchas que tienen los movimientos populares por conquistar una sociedad alternativa al capitalismo. Con el presente trabajo intentamos exponer algunas de nuestras ideas en dicha dirección. Recordando que esta reflexión teórica ha sido producto de nuestra experiencia práctica de tres décadas de lucha revolucionaria en Venezuela. La lucha teórica sólo tiene sentido si se realiza a partir de un compromiso práctico con las luchas de los trabajadores y el pueblo en general.

REIVINDICAMOS A MARX Y SU PROPUESTA SOCIALISTA:

Reivindicamos la concepción que sobre el Socialismo expresaron originalmente Carlos Marx y Federico Engels. Esto lo hacemos sin caer en la pretensión teórica de querer resolver toda la problemática actual de la lucha de clases recurriendo exclusivamente a lo que escribieron los fundadores de la teoría socialista. El marxismo no es un dogma, sino una guía para la acción de la clase obrera, como lo dijeran ellos mismos en repetidas oportunidades, y en ese criterio es que nos ubicamos. El pensamiento de Marx no puede encasillarse en una disciplina específica. Su perspectiva teórica corresponde a una visión de totalidad sobre la realidad social, muy en sintonía con lo que hoy se conoce como el pensamiento complejo y la perspectiva transdisciplinaria [1] .

El marxismo surgió a mediados del siglo XIX como una crítica teórica a los nefastos resultados de la economía capitalista y como una propuesta de acción práctica para la clase obrera de Europa occidental. Marx estudió a la economía capitalista de la época, llegando a conclusiones que publicó en su obra maestra, El Capital, en 1867. Para Marx, el modo de producción capitalista, basado en la explotación del trabajo asalariado (obreros) por el capital (empresarios o burgueses) encerraba una contradicción fundamental entre el carácter social de la producción en las fábricas, y el carácter privado de la apropiación de la riqueza generada.

Mediante la plusvalía, que significa trabajo no remunerado, el capitalista se apropiaba de gran parte del trabajo de los obreros, considerado como “ganancias”, mientras los propios trabajadores apenas obtenían un salario que les permitía sobrevivir para seguir vendiendo su fuerza de trabajo. La causante de esta relación desigual era la propiedad privada sobre los medios de producción. Como los empresarios eran dueños del capital, de las fábricas, de la tecnología, y los trabajadores no eran dueños de nada, obligados a trabajar para poder subsistir, la supresión de la propiedad privada sobre las fábricas y el capital permitiría democratizar la actividad productiva.

La lucha política consciente de la clase obrera, organizada en partidos y sindicatos, permitiría alcanzar el poder mediante una revolución social y la instauración de lo que él llamó “dictadura del proletariado”.

Marx extrajo su concepción del Socialismo de la experiencia concreta que suministraba la lucha revolucionaria de los obreros europeos. Entendió al socialismo como el período de transición entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero muy débil aún [2] . La forma concreta que adoptaba ese período de transición la denominaba Dictadura del Proletariado [3] . Posteriormente, al acontecer la Comuna de París, en 1871, identificó a esa experiencia concreta con su propuesta de Dictadura del Proletariado, y así lo expuso en su obra “La Guerra Civil en Francia” [4] .

Federico Engels también consideró a la Comuna de París como una expresión política concreta de sus propuestas socialistas:

“Era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo, dentro de ella, la emancipación económica del trabajo” [5] .

Como resultado del análisis hecho sobre la experiencia particular de la Comuna de París [6] , Marx expuso en la obra ya citada las bases fundamentales sobre las que debería erigirse la sociedad socialista:

  • El antiguo Estado burgués centralizado debe dar paso a un régimen federativo basado en la autonomía local y regional. Este régimen, más que un Estado, venía siendo la negación del Estado, y preferían denominarlo comuna.

  • Las comunas locales, regionales y nacionales estarían conformadas por delegados electos por sufragio universal, responsables ante sus electores, revocables en todo momento, y obligados por el mandato imperativo de dichos electores.

  • Todos los que desempeñaran cargos públicos debían recibir salarios iguales a los salarios de los obreros.

  • La Comuna no era un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, con funciones ejecutivas y legislativas al mismo tiempo.

  • El ejército permanente y los cuerpos policiales eran sustituidos por el pueblo armado, por milicias populares organizadas en cada localidad.

  • Desaparecía el aparato burocrático estatal.

  • La producción en las fábricas se organizaba cooperativamente por los mismos obreros, sin necesidad de los patronos capitalistas, y las cooperativas unidas regularían la producción nacional mediante un plan común, que acabaría con la anarquía en la producción y con las crisis periódicas propias del capitalismo.

  • La Comuna, al destruir el poder del Estado, no destruía la unidad de la nación, sino que la organizaba mediante un poder popular basado en la autogestión local.

  • Todos los funcionarios públicos, incluso los jueces y los educadores, eran electos por sufragio universal.

  • Se establecía que con respecto al Estado, la religión era un asunto de incumbencia privada.

  • La educación se sustraía tanto del control de la iglesia como del control del Estado, quedando en manos de las comunidades organizadas (comunas).

  • La Comuna representaba el interés de los obreros, de los campesinos y demás capas sociales explotadas por el capitalismo. Igualmente representaba el interés de los pueblos del mundo que luchan contra la dominación del capital.

Marx entendía que las transformaciones políticas derivadas del poder de los obreros, lo que él llamó la reabsorción de la sociedad política en la sociedad civil, debían servir para extirpar las bases de la explotación capitalista, expropiando a los expropiadores, eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción. En otras palabras, y traducido a nuestra realidad, el poder del pueblo, al intentar resolver los problemas neurálgicos que afectan a los oprimidos, tiene necesariamente que atentar contra la propiedad burguesa.

ACTUALIDAD DE LA PROPUESTA MARXISTA.

El socialismo no es en modo alguno un modelo político más. El socialismo desarrollado a partir de las ideas de Carlos Marx implica una toma de partido con relación al sistema capitalista, y a la lucha de clases que en él se genera. El socialismo implica luchar por la superación de las relaciones de explotación implícitas en el control que la burguesía internacional mantiene sobre los medios de producción, sobre el capital y la tecnología en todo el mundo. El socialismo significa alcanzar la mayor democracia posible, la democracia de las grandes mayorías hoy oprimidas por el capitalismo. El socialismo es el poder del pueblo, como herramienta de lucha para su liberación. Muchas de las ideas de Marx sobre el socialismo están implícitas en las propuestas actuales de la democracia participativa y en el modelo de la economía social.

El socialismo marxista va más allá de las tesis keynesianas y socialdemócratas que se limitan a reconocer las desigualdades generadas por el capitalismo y a proponer que el Estado burgués actúe como redistribuidor de la riqueza. Ese camino lo recorrió la burguesía internacional a lo largo del siglo XX, y no pudo resolver lo fundamental de dichas desigualdades. El modelo neoliberal implantado en las últimas décadas del siglo XX, terminó de enterrar cualquier esperanza de que el capitalismo tuviera una alternativa reformista para el bienestar de los pueblos.

En el contexto actual de la globalización unipolar hegemonizada por los Estados Unidos, la propuesta socialista implica cuestionar el orden internacional y sus centros de poder (el G-7, las grandes multinacionales y los organismos multilaterales). Implica proponer un nuevo orden internacional basado en el respeto a la autodeterminación de las naciones. Implica superar el modelo económico basado en el afán de lucro, y construir una economía social, solidaria, basada en la cooperación de los trabajadores a nivel mundial. Implica construir bloques de países y de fuerzas sociales que enfrenten conjuntamente al centro de poder imperialista.

EL SOCIALISMO RUSO FRACASÓ Y DEFORMÓ LAS TESIS MARXISTAS:

El socialismo que se consolidó en la URSS luego de la Revolución Bolchevique en 1917, incorporó elementos que no figuraban en el programa socialista propuesto por Marx en el siglo XIX, a la vez que excluyó aspectos vitales del mismo. Uno de esos aspectos es el papel del Partido dentro del proceso revolucionario. V.I. Lenin introdujo en el marxismo tesis que no sólo no tenían ningún tipo de continuidad con el pensamiento de Marx, sino que se oponían directamente a los criterios marxistas relacionados con el desarrollo del movimiento obrero. Lenin pensaba que la conciencia socialista era introducida en el proletariado por la intelectualidad burguesa (concepción que expuso en su famosa obra “¿Qué Hacer?”) [7] :

“Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata [8] . Esta sólo podía ser traída desde fuera. La historia de todos los países atestigua que por sus solas fuerzas la clase obrera no puede llegar más que a la conciencia tradeunionista [9] , es decir, a la convicción de que hay que unirse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno tales leyes necesarias a los obreros, etc. En cuanto a la doctrina socialista, ha nacido de teorías filosóficas, históricas, económicas, elaboradas por los representantes cultivados de las clases pudientes, por los intelectuales. Los mismos fundadores del socialismo científico contemporáneo, Marx y Engels, son por su situación social intelectuales burgueses. También en Rusia la doctrina socialdemócrata surgió absolutamente independiente del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, como el resultado natural del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas” [10] .

Para justificar esa opinión, Lenin se apoyó en Carlos Kaustky, quien fuera posteriormente un célebre renegado de las ideas revolucionarias marxistas:

“Pero el socialismo y la lucha de clases surgen juntos, aunque de premisas diferentes; no se derivan el uno del otro. La conciencia socialista moderna solo puede surgir de profundos conocimientos científicos ... Pero el portador de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa ... De modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido dentro de ella espontáneamente” [11] .

A partir de esta tesis kautskyana, Lenin desarrolló su concepción de “partido de vanguardia”, integrado por “revolucionarios profesionales”, predestinado a dirigir a los obreros y al pueblo en general durante el proceso revolucionario. Esta propuesta de Lenin no tenía relación alguna con lo planteado por Marx, quien siempre dejó claro que la emancipación de la clase obrera sólo podía darse por obra de la propia clase obrera (idea expresada por Marx en el Manifiesto Inaugural de la Primera Internacional de Trabajadores):

“Hemos formulado la divisa de nuestro combate cuando la creación de la Internacional: la emancipación de la clase obrera será obra de la clase obrera misma. En consecuencia, nosotros no podemos hacer causa común con personas que declaran abiertamente que los obreros son demasiado incultos para liberarse a sí mismos, y que deben ser liberados desde arriba, es decir, por los grandes y pequeños burgueses filántropos”[12].

Marx nunca propuso un partido único, de “vanguardia”. Para Marx, el concepto de partido comunista se refería a todas las tendencias obreras que luchaban por emanciparse del capitalismo (fácilmente comprobable con una revisión de todos sus textos fundamentales).

Las ideas de Lenin, en cambio, terminaron justificando a un aparato de especialistas, el partido de vanguardia, que terminó sustituyendo a la clase en la lucha contra el capitalismo. Según la teoría leninista, la vanguardia del proletariado, el partido integrado por los especialistas poseedores de la teoría “científica”, eran quienes podían determinar el rumbo correcto de la lucha de clases. A partir de allí, la revolución ya no se construía en las calles, como hizo Marx cuando teorizó sobre la Comuna de París, sino que se elaboraba previamente en las oficinas del partido. Y los obreros quedaban reducidos a simples seguidores de las directrices del partido [13] .

Otra tesis introducida por los soviéticos en el marxismo fue la construcción de un “Estado Socialista”. Marx había propuesto la extinción del Estado burgués, no la construcción de otro Estado (el mismo Lenin, antes de la revolución, lo reconoció en su obra sobre el Estado [14] ). El poder de los trabajadores a través de su organización desde la base sería una nueva forma de organización social (Marx respaldó la organización de los Comuneros en París durante la revolución de 1871). De hecho, la propia revolución bolchevique fue obra de organizaciones de base de los trabajadores, los famosos “Soviets” o “Consejos” de obreros y campesinos. Pero los rusos le quitaron progresivamente el poder a los soviets, luego de la revolución, y se lo entregaron al Partido único, el cual comenzó a dirigir el nuevo Estado “socialista”.

Los rusos dejaron de lado la idea marxista de construir un sistema económico-social basado en el cooperativismo y en el federalismo, a partir del poder real de los trabajadores sobre los medios de producción y la existencia de una organización miliciana que respaldara dicho poder con la fuerza de las armas. En la URSS no se construyó un cooperativismo sino un capitalismo de Estado. No se mantuvo el armamento miliciano del pueblo, sino que se construyó un ejército profesional, imitando a los estados burgueses. Los obreros no conservaron el poder; el partido único centralizado se convirtió en el verdadero poder; dentro del partido, el comité central; y en el comité central, el buró político era en definitiva quien dirigía la “revolución”. Los obreros no mandaban, mandaba el “cogollo”.

En la práctica, la URSS fue un Estado ultracentralizado, en el cual se mantuvieron categorías económicas capitalistas, como la división social del trabajo, las relaciones mercantiles, inversiones extranjeras, estímulos materiales a la productividad, diferenciación enorme de salarios, cálculo económico basado en la teoría del valor, privilegios a los especialistas en la dirección de las industrias, y finalmente apropiación de la plusvalía, creada por los trabajadores, por parte de una minoría social que dominaba amparada en el control del Estado. El régimen monopartidista, sin mayores libertades reales para la población, terminaba colocándose como una variedad de totalitarismo o fascismo.

Por todo esto, los pueblos de los países socialistas no hicieron nada por evitar que sus regímenes cayeran a partir de 1989. Si los obreros hubieran tenido realmente el poder en la URSS y demás países socialistas, dichos regímenes no hubieran sido derrocados tan fácilmente.

Todas las revoluciones que a lo largo del siglo XX se denominaron socialistas se realizaron en países en los cuales el campesinado era la mayoría de la población, con una economía agraria predominante, en los cuales no existía ni un proceso de industrialización capitalista desarrollado (salvo en algunas ciudades rusas) ni un régimen parlamentario burgués. Tal fue el caso de las revoluciones en Rusia, China, Vietnam, Yugoeslavia, Albania y Cuba. En todas ellas la revolución cumplió básicamente tareas democrático-burguesas, fueron dirigidas por partidos integrados por intelectuales de la clase media que se hacían llamar Partidos Comunistas, que utilizaban un discurso de ropaje marxista, y en los que la fuerza social fundamental fueron los campesinos. Todavía no se ha presenciado una revolución triunfante en los países capitalistas de mayor desarrollo, como pensó Marx que ocurriría.

Varios teóricos marxistas que fueron críticos ante la experiencia rusa, como Rosa Luxemburgo, Antón Pannekoek, Antonio Gramsci, Herman Gorter, Karl Korsch, Paul Mattick, entre otros, defendieron la acción autónoma de la clase obrera, oponiéndose a las tésis que subordinaban a los trabajadores a la dirección de una élite que controlaría todo el proceso de cambio social. Para ellos, la verdadera lucha de los trabajadores por su emancipación del capital aún no ha comenzado. Las revoluciones campesinas del siglo XX sólo fueron “escaramuzas precursoras”, como dijo Pannekoek hace unos 50 años.

“Cuando se habla de fracaso de la clase obrera, se habla de un fracaso ligado a unos objetivos demasiado restringidos. La verdadera lucha para la emancipación todavía no ha empezado... Lo que se ha convenido en llamar movimiento obrero de estos últimos cien años, no ha sido más que una sucesión de escaramuzas precursoras” [15]. 

EL SOCIALISMO DEBE HACERSE ESPECÍFICO EN AMERICA LATINA:

“Profesamos abiertamente el concepto de que nos toca crear el Socialismo Indoamericano, de que nada es tan absurdo como copiar literalmente formulas europeas, de que nuestra praxis debe corresponder a la realidad que tenemos delante ... No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América ni calco ni copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al Socialismo Indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”.
José Carlos Mariátegui.

En América Latina han surgido significativos aportes a la propuesta socialista. El peruano José Carlos Mariátegui introdujo la tesis de que el socialismo en Latinoamérica tenía que integrarse a las realidades de nuestros pueblos indígenas. Al mismo tiempo, consideró la incorporación de los campesinos como fuerza revolucionaria fundamental, junto a la clase obrera [16] . El socialismo indoamericano de Mariátegui revive en el siglo XXI con las rebeliones indígenas de Bolivia, Ecuador, Perú y México.

La Teoría de la Dependencia, formulada por varios teóricos latinoamericanos en los años 60, permitió explicar desde el punto de vista marxista que el proceso de desarrollo económico del capitalismo mundial era el causante de nuestro subdesarrollo. Por tanto, superar la dependencia y el subdesarrollo económico implica que nuestros países rompan con los lazos de dominación que desde hace siglos mantiene sobre nosotros el centro de poder del capitalismo mundial. La riqueza de los países industrializados fue explicada gracias a la pobreza de los países dependientes. Las desigualdades en el mundo globalizado no son causadas por la mayor o menor capacidad de cada nación para desarrollarse. Las desigualdades entre los países han sido provocadas históricamente por los mecanismos de dominación que los imperios coloniales primero, y las potencias imperialistas después, impusieron por todo el mundo [17] .

Ernesto Ché Guevara introdujo la perspectiva de una lucha continental contra el imperialismo yanqui. El Ché consideró que no era posible derrotar al imperio en un solo país. Que el proyecto de revolución popular debía tener un carácter latinoamericano. Por ello se trasladó al centro de Suramérica, a Bolivia, con el fin de iniciar desde allí una lucha continental de liberación. De igual forma, el Ché enfatizó en la necesidad de superar las relaciones económicas capitalistas como garantía para la construcción de un verdadero socialismo [18] .

América Latina reúne un gran legado de luchas populares revolucionarias, en la que destaca la Guerra de Independencia liderada por Simón Bolívar. Es toda una corriente histórico-social de resistencia y lucha que nos define un camino a seguir, fundado en el nacionalismo y el antiimperialismo del cual Bolívar fue el precursor [19] .

José Martí enfatizó en el fundamento mestizo de nuestra cultura latinoamericana, en la especificidad de nuestro continente, en la necesidad de construir nuestros propios principios de organización social [20].

El Socialismo del siglo XXI debe considerar también a los nuevos movimientos sociales que han surgido en el mundo globalizado. Los llamados movimientos antiglobalización implican una diversidad de manifestaciones sociales y culturales que juegan papeles importantes en las luchas de los pueblos. Los movimientos ecologistas, los movimientos indígenas, los movimientos feministas, los movimientos de desempleados (como los piqueteros), son nuevas manifestaciones de la lucha social que se agregan a los tradicionales movimientos obreros y campesinos. En este sentido, la clase obrera ya no puede jugar el papel de dirigente exclusivo del proceso revolucionario, pues la sociedad capitalista se ha hecho mucho más compleja y diversa.

EL SOCIALISMO DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA:

Las ideas anteriores han sido reivindicadas de una u otra forma por el proceso revolucionario bolivariano, y el propio presidente Chávez las ha hecho suyas en numerosas ocasiones.

El socialismo bolivariano no puede ser jamás una imitación de las fracasadas experiencias del “socialismo real”. En ese sentido, podemos afirmar que la revolución cubana, construida sobre buena parte de los errores cometidos por los soviéticos, debe más bien aprender de nosotros, aunque sin negar los valiosos aportes que está haciendo y pueda continuar en el futuro.

La discusión teórica la concebimos como vinculada permanente y simultáneamente a la práctica social. No buscamos un nuevo cuerpo teórico, un nuevo dogma especificado en principios y leyes, sino que concebimos a la teoría como un proceso que se modifica en el desarrollo de la práctica revolucionaria de los pueblos que luchan. Estas ideas son apenas un punto de partida para el debate. No pretendemos haber resuelto todos los problemas referidos a la definición sobre el Socialismo que debemos construir en Venezuela y en toda América Latina.

El objetivo del Socialismo es alcanzar una sociedad que se fundamente en la cooperación solidaria entre personas libres e iguales. Debatir sobre el socialismo es debatir sobre las necesidades del pueblo venezolano. El desarrollo inmediato y futuro de la revolución bolivariana depende de las conclusiones a las que se llegue en este debate. Todos sabemos que dicho debate está dificultado por una dirigencia burocrática que en su mayoría adolece de conocimientos teóricos y que no desea abrir espacios de participación.

Invitamos a todos los colectivos populares organizados a lo largo del país, a los movimientos obreros, de estudiantes, de campesinos, a las cooperativas, comités de tierra y de salud, a las organizaciones populares en general, a asumir este debate, a exigir a nuestros dirigentes que definan su perspectiva sobre el socialismo. La nueva sociedad que construyamos tiene que ser delineada por el pueblo, combinando la reflexión teórica con la praxis revolucionaria.El Socialismo que nazca en Venezuela sólo puede ser posible si es producto de un esfuerzo colectivo. El Socialismo del siglo XXI no puede depender de un partido o de un grupo de partidos en particular, ni de dirigencias mesiánicas que supriman la verdadera participación protagónica del pueblo. La Venezuela Socialista será construida con la participación de todos. La democracia bolivariana será el mejor antídoto para evitar que aquí se reproduzcan los errores y los vicios que hicieron colapsar los anteriores procesos revolucionarios a nivel mundial.

Maracaibo, marzo de 2005.

Roberto López Sánchez
Miembro del Movimiento 13 de Abril – Proyecto Nuestra América. Historiador. Profesor de la Universidad del Zulia. Maracaibo.


1 MORIN, Edgar (1994). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona. Gedisa.

2 MARX, Carlos (1973). Crítica del Programa de Gotha (1875). Obras Escogidas de Marx-Engels. Tomo III. Moscú. Editorial Progreso.

3 Esta idea la expuso Marx por primera vez como resultado de su análisis de la revolución europea de 1848, particularmente del proceso francés, en sus obras “La lucha de clases en Francia: 1848-1850” y “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”.

4 MARX, Carlos. (1973). La Guerra Civil en Francia. Obras escogidas de Marx-Engels. Tomo II. Moscú. Editorial Progreso.

5 ENGELS, Federico (1973). Introducción a “La Guerra Civil en Francia”. Obras Escogidas de Marx-Engels. Tomo II. Moscú. Editorial Progreso.

6 De marzo a mayo de 1871, los obreros de París asumieron el poder político por medio de La Comuna, en medio de una profunda crisis del poder burgués debido a la guerra franco-prusiana. A fines de mayo, la burguesía logró derrotar militarmente a los comuneros, y desató una brutal represión contra ellos, asesinando a miles de hombres y mujeres. La Comuna fue la primera experiencia en el mundo en la cual la clase obrera tomó el poder político.

7 LENIN, V.I. (1981). ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento. 1902. Moscú. Editorial Progreso. P.45.

8En la época de Lenin, el movimiento comunista marxista se autodenominaba como socialdemocracia.

9 Es decir, conciencia sindical o gremial.

10 ¿Qué hacer? P.35.

11 Estas afirmaciones de Carlos Kautsky fueron publicadas en la Revista “Neue Zeit”, 1901-1902, XX, I, p. 39. Según la cita que realiza Lenin en el ¿Qué Hacer?.

12 Circular enviada por Marx y Engels a los jefes de la socialdemocracia alemana el 17 de septiembre de 1879.

13 Un ejemplo significativo de hasta dónde llegó Lenin con su tesis sobre la preeminencia de la vanguardia sobre los trabajadores, fue la discusión contra el grupo dentro del Partido Bolchevique conocido como la “Oposición Obrera”. Dicho grupo planteaba que la economía debía ser dirigida por las organizaciones sindicales obreras, enfrentado a la tesis de Lenin de que la dirección económica debía recaer en el Partido Comunista. Lenin defendió la idea de que a dicho grupo se le debía responder con los fusiles, que la preeminencia del partido no podía ponerse en duda, que no podía existir “oposición” dentro del partido, y que sus dirigentes, como Shliapnikov y Alejandra Kolontai, debían ser enviados a “cultivar patatas”. El grupo la “oposición obrera” fue desmantelado, y aunque ninguno de sus dirigentes fue enjuiciado ni encarcelado, no se obtuvo información posterior sobre ellos, desconociéndose su suerte. Véase: LENIN. V.I. (1976). Discurso pronunciado en el X Congreso del PC (b) de Rusia. 9 de marzo de 1921. Moscú. Editorial Progreso.

14 LENIN, V.I. (1969). El Estado y la Revolución. Obras Escogidas. Moscú. Editorial Progreso.

15 BRICIANER, Serge (1976). Antón Pannekoek y los consejos obreros. Barcelona. Editorial Anagrama. P.376.

16 MARIATEGUI, José Carlos. (1982). Obras. Tomo II. La Habana. Casa de las Américas. P.165.

17 Existieron multitud de obras exponiendo la Teoría de la Dependencia. Una de ellas: BAGU, Sergio y otros (1982). Problemas del subdesarrollo latinoamericano. México. Editorial Nuestro Tiempo.

18 GUEVARA, Ernesto. (1968). El Socialismo y el Hombre en Cuba. En: Obra Revolucionaria. México. Ediciones Era. P. 631.

19 PIVIDAL, Francisco (1983). Bolívar, pensamiento precursor del antiimperialismo. Caracas. Editorial Ateneo.

20 MARTI, José (1979). Nuestra América. Obras Escogidas. Tomo II. La Habana. Editorial Política.


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Roberto López Sánchez

Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2014). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Actualmente integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia. Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología y del Diplomado en Consejos Comunales en la Facultad Experimental de Ciencias. También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Actualmente dirige el Diplomado en Formación Sindical con cinco cohortes graduadas. Ha publicado: ?Movimiento estudiantil y proceso político venezolano? (2007), ?El protagonismo popular en la historia de Venezuela? (2008), "Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI" (2009), y ?Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo? (2012), además de 40 artículos científicos y numerosas ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Actualmente dicta las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Dicta también el seminario ?Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política? en el programa de doctorado de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo.


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