La Revolución Bolivariana en la Coyuntura. Aportes y desahogos para la militancia

 

1.La Justificación:

Hace siete años buena parte de la oficialidad del gobierno y agentes que hoy se desgarran las vestiduras por algún tipo de socialismo indefinido, no se hubieran atrevido a hablar de socialismo, “pero el pueblo va trochando en busca de la canción”, y hoy el movimiento práctico de la lucha nos muestra con claridad el socialismo como único horizonte posible frente a la barbarie. En el fondo, es el mismo escenario que allanaron los pueblos durante mucho tiempo, ahora con un asidero teórico y científico, que no es más que la sistematización de la experiencia misma de la humanidad.

Es Bolivariana, porque necesariamente toda revolución tiene un lugar, un momento y un sujeto concreto (así lo demostró Marx), por lo que en la táctica nos toca relacionar la aspiración general con la cultura y la historia local (formación económico-social y superestructura). Bolívar tiene en nuestro pueblo un lugar privilegiado. Pudo haber sido un simple burgués en ascenso que librándose del yugo colonial, generó el consenso entre clases (mantuano, pardos, indios, etc.), suficiente como  para abrirle paso a la burguesía. Pero Bolívar quiso más y lo pagó caro. Sucre lo acompañó y también lo pago. El pueblo los parió y lo pagó muchísimo más caro. En Colombia dicen los guerreros y las guerreras, que el conflicto comenzó con el asesinato del mariscal Sucre en Berruecos. Al final, la burguesía las pagará todas juntas. Y sí, coincidiendo con varios y varias, el último Bolívar, superó su formación liberal y burguesa, fue, a todas luces, un pre-socialista.

Bolívar es para los pueblos latinoamericanos en la lucha anti-colonial, lo que Lenin para la lucha anti-capitalista. En la etapa del capitalismo imperial, Bolívar y Lenin, son un dúo infalible. Por eso decía Alí: “que Dios te bendiga y Bolívar y Lenin te guíen…”

2.Los Desafíos:

Los desafíos de la Revolución Bolivariana no tienen precedentes, tampoco sus avances. En este momento de cambios sociales, el pueblo trabajador ha podido resistir la reacción imperial y lacaya. Ha sabido sortear el boicot económico, el ataque político y las condiciones supremamente difíciles que le impone la democracia burguesa, en la que la minoría poderosa condiciona todo resultado electoral a través de su propaganda calculada y diseñada por expertos pagados, a través del financiamiento extranjero y toda la institucionalidad internacional. Ha sabido generar alternativas al Estado Burgués, para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de la mayoría.

Sin embargo, el imperio teje su cerco y la Revolución aún no ha logrado despojarse de la institucionalidad burguesa, que sigue sujetando todo avance revolucionario a los parámetros burgueses, a las reglas burguesas, a las leyes burguesas y a los estereotipos burgueses. La lucha entre dos Estados en conflicto, a diferencia de lo que pueden decir, algunos teóricos, no ha sido y no es, pacífica. Ha sido de una violencia controlada por el Estado. Impidiendo no solo una revolución violenta que no se sabe aún segura de triunfo en un contexto tan hostil y en medio de un entorno internacional tan contradictorio que lleva al aislamiento de cualquier pretensión revolucionaria, sino también en alguna medida, mayores avances.

En ese sentido, el liderazgo y la dirección política del Compañero-Comandante, ha sido acertada. Pero a lo hecho, pecho: Los campesinos y las campesinas asesinados, los obreros y las obreras procesados por la justicia burguesa, los asesinados por sicarios pagados por la burguesía impune, dejan claro que la lucha no ha sido pacífica. Quizás no haya sido abiertamente violenta y cruenta, pero pacífica, pacífica, nunca. Tanto es así, que el Presidente en su ofensiva por transformar el Estado (del cual el es parte), no solo ha impulsado los gérmenes del nuevo Estado Socialista (consejos del poder popular en lo comunal, en el campo, en el centro de trabajo y en el ámbito educativo), sino que ha constituido las milicias populares, la reserva, las milicias campesinas, demostrando a quien le confía el futuro de la Revolución: al pueblo en armas.

Pero vale decir, que aún no estamos en condiciones ni de concretar la revolución, ni de defenderla plenamente. La organización revolucionaria, aún no garantiza la completa conquista de los medios de producción económica y mucho menos la transformación del Estado. Por eso, la tarea de fraguar el partido de la Revolución, es una tarea urgente. Algunos creen que la plataforma con el potencial es el PSUV, otros que no. Dialécticamente, algunos creemos que hay que apostarle al PSUV como espacio de unidad con potencialidad revolucionaria, sin dejar de construir el núcleo de cuadr@s revolucionarios y los movimientos o frentes populares, que garanticen el logro de esa tarea tan compleja. Pero cabe una posibilidad, que el  mismo Presidente ha planteado, cuando ha anunciado que si el PSUV no fuera el espacio, el mismo renunciaría y crearía otra referencia popular. Así de complejas están las cosas. Desde un punto de vista marxista, la realidad no está dada, hay tendencias y hay tesis que han sido sistematizadas a lo largo de la historia, pero el método marxista es práctico-verificativo, es decir, la historia está por hacerse. Qué tendencia prevalece, es lo que debemos atender, pero sobre todo, lo que debemos luchar. Así es el marxismo vivo.

3.El Estado:

El Estado, tal como lo ha conceptualizado el marxismo, es una herramienta de dominación, para sustentar la dominación de una clase sobre otra. Por eso, los esclavos eran referidos como objeto (no personas sujetos de derecho), por las leyes esclavistas y todo el aparataje del Estado, que estaba al servicio del diez por ciento de la sociedad que disfrutaba la dictadura, la monarquía y la democracia, durante el régimen esclavista. Otro tanto tenemos durante el régimen feudal, en el cual, el régimen absolutista, al margen de toda ley humana, requería implantar y mantener a sangre y fuego, la idea de que el Rey era la autoridad de Dios en la Tierra. Reino y papado, junt@s, se encargaron de defender su contubernio y entrenar a las masas, y ante el fracaso, estaba la caballería para actuar.

En nuestro caso, dada la formación económico-social, a partir de la colonización vivimos simultáneamente diversas formas de opresión mientras en el mundo, el esclavismo de negros e indios (pueblos intensivos y de convivencia menos expansionista), sirvió para amasar las fortunas que permitieron la acumulación capitalista y el paso del feudalismo al capitalismo, tras el florecimiento del comercio y la conversión de los comerciantes (burgueses, que ocupaban la zona comercial: Los burgos), en capitalistas que invirtieron en el desarrollo tecnológico. La libertad burguesa (formal), no es sólo una conquista de los pueblos y la incipiente clase trabajadora, sino un logro dirigido por la burguesía, pero además una necesidad del capitalismo. En su lógica de externalización de los costos de la producción, costaba más, mantener a un esclavo, que a un obrero hoy en día, y la industria requería mano de obra que no podía mantenerse pastando en los campos.

En Latinoamérica, la revolución industrial, requería del dominio colonial de las riquezas naturales, es decir, de la fuente de materia prima que permitiese cubrir los insumos de la producción. Es por eso, que nadie puede creer, que el camino de la Pachamama, ha sido absolutamente diferenciado del camino que el mundo como totalidad ha seguido. Esas teorías solo buscan aislarnos de una verdad evidente: La humanidad es una, y a los países colonizados, impedidos por el poder mundial, nos legaron un papel distinto que el de las potencias, alimentadas con nuestro trabajo y nuestras riquezas. Pero el sistema es uno, toca ver que papel le dieron a cada actor en la gran trama.

Esta trama ha requerido de un gran administrador, el Estado que ha mutado en sus elementos (leyes, órganos represivos, aparatos ideológicos, etc.), pero que en definitiva, ha sido el garante de que la dominación se mantenga. Por eso toda revolución triunfante ha tenido que derribar el poder del Estado para instaurar otro poder y resguardar otro modo de producir la vida (modo de producción).

4.Transición al Estado Socialista:

Sería una tarea harto compleja, exponer y condensar las distintas experiencias de transición, pero podemos decir, que en rasgos esenciales. El Estado socialista que adviene tras el derrocamiento de la burguesía, sigue siendo un Estado de dominación, solo que una dominación cualitativamente distinta. Se trata de la dominación de la burguesía, que no ha sido derrotada “por las buenas”, ni ha entregado pacíficamente la fortuna amasada con el sudor de trabajadores y trabajadoras (obreros/as, administrativos/as y técnicos-profesionales).

Este Estado reprime con más o menos fuerza, las conspiraciones burguesas y sus intentos por restaurarse en el poder. Es por eso, que lo que para la mayoría en el socialismo es una oportunidad y una conquista social, para la burguesía ya despojada de sus privilegios, es una restricción y una dictadura. Esto lo hemos visto de alguna forma, cuando hemos tenido suficiente control del aparato del Estado –que aún no es socialista, ni lo controla absolutamente el pueblo- y se ha instruido a las fuerzas armadas que detengan a líderes de la oposición que conspiran abiertamente, o se ha limitado la realización de alguna protesta, guarimbas, pataletas, etc.

Sin embargo, y pesar de los chillidos de la oposición, esto no ha sido precisamente, fuerte. Por el contrario, como vivimos una transición, son los líderes de la oposición los que gozan de privilegios, se fugan de la cárcel con complicidad del Estado o son liberados bajo negociaciones.

En todo caso, lo que en el socialismo el Estado no permite bajo ninguna circunstancia, es la posibilidad de que una minoría se apropie de una producción que es cada vez más social y en la que interviene cada vez más trabajo colectivo o colectivizado (materia prima de América, con trabajo tailandés, y distribución de varios países, con comercialización de cadenas y franquicias en todas partes del mundo, cuyo beneficio es aprovechado hasta el extremo por una minoría).

En Venezuela, al igual que la transición Chilena, la lucha de clases por el derrocamiento de la burguesía (lucha política) y las conquistas sociales y económicas (lucha económica), ha pretendido llevarse a cabo ocupando parcialmente poderes del Estado (legislativo y ejecutivo sobre todo). Estos poderes en el marco de una revolución abiertamente violenta hubieran sido suprimidos y reconfigurados a la luz del control popular, al margen de los medios de influencia de la burguesía. Por ejemplo, en Cuba, la propaganda electoral, no es permitida, sino que las candidaturas son informadas y amparadas por el currículum y la trayectoria de los aspirantes a cargos. En ese sentido, se evita que se imponga el circo electoral burgués con su propaganda manipuladora financiada desde el extranjero.

Nosotros y nosotras, voluntariamente o por la vía de los hechos, hemos asumido otra estrategia, hemos preferido convivir con el enemigo en el Estado, distribuyéndonos los espacios y disputándolos, en el marco de sus reglas. En la cual, la absoluta neutralidad de la porción del Estado que controlan fuerzas revolucionarias, terminarían amparando una competencia desigual, en la que la formación de doscientos años, junto a la libre expresión de los medios de masas (prensa y televisión) de la burguesía, junto al boicot, hablarían electoralmente y todo quedaría perfectamente legitimado, mediante la democracia formal-electoral. Sin que eso valorara, oportunidades de los electores, cantidades de centro de votación por sectores y localidades, origen de los recursos electorales, medios de difusión a disponer, ideología dominante en el sentido común, etc.

Con ese panorama, la revolución ya ha debido dar los resultados que mostró la experiencia chilena hacia el socialismo. Pero la dirección política del líder, ha sido fundamental, ha sabido legitimar desde el punto de vista internacional, la lucha político-electoral, a la par que ha socavado las bases de la dominación ideológica a través de la propaganda, el discurso y oportunidades de educación progresista, ha sabido generar una conciencia de clase impresionante y ha vulnerado en los momentos justos, la institucionalidad burguesa, a pesar de los reclamos. Por ejemplo, ha utilizado las cadenas presidenciales como un medio de combate al sentido común y los prejuicios de la ideología capitalista.

Quedan cosas por hacer, en la práctica y en la legalidad que forma parte del Estado. Sin leyes revolucionarias legitimadas por la lucha popular a través de distintos medios, seguiremos actuando para complacer a la burguesía y disputando el poder en su terreno. Por eso, aunque las leyes no hacen la realidad, si las leyes no se ajustan a la realidad social, se convierten en un freno, que terminará favoreciendo la perpetuación del orden heredado.

5.Militantes infiltrados en la Transición:

La definición más clara que tenemos de Chávez, es la de ser un infiltrado del pueblo en el Estado. Este infiltrado, con trajes formales, grandes comidas, aduladores, asesores que halan hacia estereotipos comunicacionales y una estética complaciente a la burguesía, ha sabido romper con todos esos lastres para mantener la firmeza y el corazón del pueblo a su lado. No tengo nada contra los sectores de ultra-izquierda, muchos con compañeros y compañeros aliados, pero hay que decirlo, quien pretenda desconocer esta voluntad y este compromiso, está destinado a hacer la revolución desde los libros.

Por eso, siendo leales a esa voluntad y entendiendo el mundo desde su complejidad y no desde nuestra subjetiva simplicidad, hay que decir, que tenemos una misión un tanto incómoda, quienes militamos y tenemos algún tipo de labor relacionada al Estado (cosa de lo más común en Venezuela, con un Estado que administra buena parte de la vida productiva).

Esta labor es de suprema importancia, por cuanto, neutraliza las pretensiones del enemigo, pero además, permite consolidar referentes revolucionarios, por aproximación. Dicho así, las políticas más avanzadas del gobierno bolivariano (en términos de cambiar las relaciones de poder y dar cada vez más poder al pueblo organizado y consciente), no han sobrevenido de la nada. Han sido sistematización de pequeños y humildes avances en espacios concretos, que venidos en ensayo han podido mostrarse como los más efectivos alcances revolucionarios. Eso no ha sido obra de decretos, sino luchas concretas. Para ejemplo, tenemos los Consejos Comunales, que pasaron de ser administración de los recursos vía FIDES y LAEE por las comunidades, para ser administración directa de recursos del Estado por las comunidades, como espacio síntesis de la clase trabajadora. También tenemos la lucha de los obreros y las obreras en SIDOR, que acabó con la propiedad capitalista trasnacional y con la hegemonía política de la burocracia obrera, que en vez de apoyar esta lucha, ordenó desde el Ministerio ¿del Poder Popular? para el Trabajo, reprimirla. La cuenta acabó  cero para la trasnacional, despido para el ministro y SIDOR nacionalizada. La lucha mostró el camino de la dignidad.

Para esto no ha bastado la construcción popular de base, que para la Revolución es lo más importante, sino la vocación de poder entendida como vocación de disponer el poder para el pueblo y no para fines individuales. De tal forma, que construir desde otra lógica estos referentes, defenderlos de la contrarrevolución y el reformismo que roba toda esencia revolucionaria a cualquier cosa que hagamos, es una misión de lo más importante.

Sin embargo…

6.El Otro Poder:

6.1 La(s) Vanguardia(s):

No puede haber transformación del Estado sin pueblo consciente y organizado. Primero en sus formas primarias, en núcleos pequeños que pasen de la actividad reivindicativa que se conforma con migajadas, para proponerse las tareas revolucionarias. Creo hasta la última fibra que las revoluciones no son posibles sin vanguardias. La historia así lo demuestra. El problema es cómo entendemos la vanguardia y cuáles son las características. Las vanguardias que sustituyen al pueblo, que creen que la vanguardia misma es el pueblo, en el fondo no creen en él. Sin embargo, tampoco existe un pueblo en abstracto que no tenga a quienes se levantaron primero, quienes entendieron primero, quienes se arriesgaron primero, quienes se entregaron primero. Yo mismo, mientras escribo soy en buena medida resultado del trabajo de otros y otras, parte de esa vanguardia del pueblo venezolano y latinoamericano. No puedo decir, que de los veinte millones de habitantes humildes, porque eso sería mentir, pero sí de sus sectores más conscientes y orgánicos. A veces, esas vanguardias se desvían, a veces se entregan, a veces la misma desesperación y el dolor, los convierte en presa de la desesperanza. Sin embargo, no solo no juzgo esa condición tan difícil, sino que creo que eso no niega la idea de la vanguardia misma, como la descomposición de la URSS, no niega el socialismo. La vanguardia no se puede auto-nombrar, decía Ernest Mandel, que la vanguardia se representa en aquellos que en período de reflujo o estancamiento, no se entregan, sino que perseveran con claridad y fe a toda prueba en el camino. Y por supuesto, como todo en el socialismo, no puede ser individual, ni individualista.

6.2 El (los) Poder(es) Popular(es):

Ahora, la vanguardia no puede ser un fin en sí mismo, sino que debe ser primero, un aparato poderoso contra la derecha, que lo vea en el mismo plano, una primera fuerza de avanzada que va resistiendo mientras los pueblos se levantan. En segundo lugar, pero no menos importante, debe ser capaz de generar a su paso, auto-organización popular, construcción de un amplio movimiento popular que tenga voz propia para que no requiera de las vanguardias, y con una influencia tan grande que toque cada corazón pobre del planeta, pero además con una capacidad de síntesis unitaria, que le permita entender la lucha como una totalidad, en sus distintos frentes y ritmos. Una síntesis de unidad en la diversidad revolucionaria. Que pueda calcular desde una lógica no burocrática, ni corporativa, cada golpe que asesta al poder capitalista, como un campesino calcula cuando debe sembrar en sequía por si acaso llueve.

Deslindo aquí, sin juzgar esfuerzos, ni compromisos, del sectarismo, de la falta de humildad, de las revoluciones personalistas, de las revoluciones aisladas, donde mi causa es más importante que la revolución toda. Así sea por una causa muy justa, si mi perspectiva prevalece sobre la del conjunto de la revolución, eso es, de todas, todas, la ideología del enemigo, la ideología liberal. Los subjetivismos, es decir, el entender al otro desde mis prejuicios, desde mis inseguridades, desde mi formación y mi experiencia, sin considerar su proceso formativo y el diálogo necesario, esa tendencia perniciosa a ver a todo diferente como antagónico, sin explorar en su historia y sin valorar sus potencialidades, es terreno fértil para la infiltración enemiga. La CIA acostumbra a potenciar las diferencias y agudizarlas, tiene post-grados en eso. Cuidemos nuestro avance. Identifiquemos a los aliados, tanto a los circunstanciales como los estratégicos, y a los adversarios. Solo ese ejercicio nos permitirá sobrevivir a las vísceras y los subjetivismos. Nuestro pueblo, el más humilde y valioso combatiente, lo merece y lo exige.

7.La Ideología en nosotros y nosotras:

No me preocupa la ideología dominante a lo externo, pues, más que una dificultad es un objetivo a ser destruido. Pero en nosotros y nosotras, como movimiento revolucionario, la ideología dominante hace destrozos. Ya lo comentaba en párrafos anteriores por lo que no voy a llover sobre mojado. Pero en la relación incestuosa con el Estado, resta decir que si bien debemos asumir responsabilidad y garantizar las políticas revolucionarias para sumar agua a ese cántaro que se rebosa (ley de los cambios cuantitativos y cualitativos), también debemos saber diferenciar la lógica del Estado burgués, de la lógica revolucionaria. Poder diferenciar  qué cosas nos pone el Estado como traba, qué cosas son estratégicamente importantes, qué cosas son caprichos de alguna voluntad personalista que se asegura en el poder con efectismos, con pequeñeces, con cuidados burocráticos que le sirvan para atornillarse sin transformar nada. Ante ésta manera de cuidarse, nos diría Benedetti: “no te salves”. Debemos también poder diferenciar, cuál es el momento de romper con estás lógicas, cuál el de hacerlo públicamente, cuál el de hacerlo sobre la marcha por vías alternas, como militantes e infiltrados del pueblo, hasta qué punto sacrificamos un objetivo estratégico por uno táctico, y hasta qué punto este cuento no será una excusa para mantenernos cómodos con nuestros sueldos.

8.La Apuesta:

Algo es seguro, necesitamos políticas de unidad orgánica para que estas decisiones no terminen siendo iluminaciones individuales, sino caminos decididos colectivamente. Al decir del Ché en la carta de despedida a sus hijos: “un hombre (o una mujer), solo, no vale nada…”. Diría Núñez Tenorio: Democracia para la Unidad, Toda Unidad lo es solo, Democráticamente. Lenin antes, también dijo lo suyo, pero ya el enemigo ha convertido y satanizado tanto el Centralismo-Democrático, que hay quien pudiera acusarme de estalinista, sin siquiera preguntarse que es. Mejor lo dejamos así.

Hasta aquí esta sistematización que pudiera también ser –quién sabe- un desahogo.


(*)Militante del Colectivo Social SURCO, del PSUV y del Frente Popular Universitario.

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