El "Manifiesto de Carupano" (1814) aportes para comprender la dimensión del líder de la Revolución Bolivariana

El primer párrafo del “Manifiesto de Carúpano” pareciera ser  una especie de reclamo que lanza Bolívar a sus compañeros de luchas que pretendían detenerlo y juzgarlo en la ciudad de Carúpano, por el “fracaso” de sus responsabilidades presentadas durante el desarrollo de la II República; cuando señala:

”… dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto y se presenta inocente a exigir de sus propios compañeros de infortunio una recta decisión sobre su inculpabilidad.”[1]

Rememora los triunfos obtenidos durante el desarrollo de la “Campaña Admirable”, a los cuales considera una expresión de justicia. “La victoria conducida por la justicia fue siempre nuestra guía,”[2] al mismo tiempo reconoce la valentía de los valientes soldados neogranadinos que lo acompañaban en tan intrépida campaña, hasta su entrada triunfar en Caracas; ciudad que tuvo que abandonar junto a la mayoría de sus pobladores ante las envestidas sanguinarias de José Tomás Boves.

Reconoce que la lucha por la Independencia se da entre los integrantes del mismo pueblo; las filas realistas para ese tiempo estaban integradas mayoritariamente por pobladores de los llanos y del resto de ciudades circundantes a éstos, que se habían incorporados al ejército de Boves; convirtiéndose en los vencedores de dicha contienda. “Así, parece que el cielo para nuestra humillación y nuestra gloria ha permitido que nuestros vencedores sean nuestros hermanos y que nuestros hermanos únicamente triunfen de nosotros”.[3] 

Estos enfrentamientos entre los mismos connacionales tienen su origen en las rivalidades y los odios que se fueron gestando entre ellos hasta convertirlos en seres humanos sanguinarios, y con una perfidia mucho mayor que la de los españoles; desconociendo que esa causa los conduce a  la nada, al reforzamiento de su esclavitud, situación que no logran evidenciar.

“No os lamentéis, pues, sino de vuestros compatriotas que instigados por los furores de la discordia nos han sumergido en ese piélago de calamidades, cuyo aspecto solo hace estremecer a la naturaleza, y que sería tan horroroso como imposible pintaros. Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramando vuestra sangre, incendiando vuestros hogares, y os han condenado a la expatriación. Vuestros clamores deben dirigirse contra esos ciegos esclavos que pretended ligaros a las cadenas que ellos mismos arrastran;”[4]

En medio de esa contienda las muestras de heroísmo y de lealtades entre los patriotas fueron elevadas; lo que sería injusto condenarlos y atacarlos por los giros que pudieren haber tomados esos acontecimientos. “Sed justos en vuestro dolor, como es justa la causa que lo produce.”[5] El odio, los resentimientos, no pueden conducir a “…considerar a vuestros protectores y amigos como cómplices de crímenes imaginarios, de intención, o de omisión”[6]. Pues, han emprendido una obra de libertad, que es imposible alcanzar en un país que no está preparado para el establecimiento de un gobierno diferente al despotismo y a la anarquía que sembraron los españoles; de ahí que

“La destrucción de un gobierno, cuyo origen se pierde en la obscuridad de los tiempos; la subversión de principios establecidos; la mutación de costumbres; el trastorno de la opinión, y el establecimiento en fin de la libertad en un país de esclavos, es una obra tan imposible de ejecutar súbitamente, que está fuera del alcance de todo poder humano;”[7] 

En consecuencia, los resultados que se obtuvieron durante esa etapa “…no ha sido por efecto de ineptitud o cobardía; ha sido, sí, la inevitable consecuencia de un proyecto agigantado, superior a todas las fuerzas humanas”[8]. Lo que no minimiza la valentía y el heroísmo de los patriotas, es más; se puede decir “…nada es comparable a la grandeza de este acto y aun cuando la desolación y la muerte sean el premio de tan glorioso intento, no hay razón para condenarlo, porque no es lo asequible lo que se debe hacer, sino aquello que el derecho nos autoriza.”[9]

Compara la naturaleza de los proyectos políticos que se enfrentan, el levantado del lado español y sustentado por los patriotas.

“… A la antorcha de la libertad, que nosotros hemos presentado a la América como la guía y el objeto de nuestros conatos, han opuesto nuestros enemigos la hacha incendiaria de la discordia, de la devastación y el grande estímulo de la usurpación de los honores y de la fortuna a hombres envilecidos por el yugo de la servidumbre y embrutecidos por la doctrina de la superstición”[10]

Le da dimensión humana al papel que desempeñan los jefes militares y los administradores de justicias, los magistrados, en el sentido de que su autoridad no está en la dimensión de controlar o detener las emociones y cambios de carácter que puedan darse entre los hombres;

“…no estando en la esfera de las facultades de un general o magistrado contener en un momento de turbulencia, de choque, y de divergencia de opiniones el torrente de las pasiones humanas, que agitadas por el movimiento de las revoluciones se aumentan en razón de la fuerza que las resiste”[11].

Asimismo, puntualiza la necesidad de evaluación constante de cada uno de los hechos que se suscitan, y el desentrañamiento de las posibles causas que pudieron darle origen

“…Y aun cuando graves errores o pasiones violentas en los jefes causen frecuentes perjuicios a la República, estos mismos perjuicios deben, sin embargo, apreciarse con equidad y buscar su origen en las causas primitivas de todos los infortunios: la fragilidad de nuestra especie, y el imperio de la suerte en todos los acontecimientos.”[12]

El Libertador se nos muestra como un hombre humilde y crítico consigo mismo, reconoce sus errores y los asume

“…muy distante de tener la loca presunción de conceptuarme inculpable de la catástrofe de mi Patria, sufro al contrario, el profundo pesar de creerme el instrumento infausto de sus espantosas miserias; pero soy inocente porque mi conciencia no ha participado nunca del error voluntario o de la malicia, aunque por otra parte haya obrado mal y sin acierto. La convicción de mi inocencia me la persuade mi corazón, y este testimonio es para mí el más auténtico,”[13]

Actúa con gran equilibrio; aun cuando no comparte las acusaciones y señalamientos que se le realizan, no los debate públicamente, sino que –guardando su investidura- señala que su defensa debe darse ante un tribunal que tenga la autoridad suficiente para juzgarlo.

“He aquí la causa porque desdeñando responder a cada una de las acusaciones que de buena o mala fe se me puedan hacer, reservo este acto de justicia, que mi propia vindicta exige, para ejecutarlo ante un tribunal de sabios, que juzgarán con rectitud y ciencia de mi conducta en mi misión a Venezuela.”[14]

Se nos muestra sin odio ni rencores, a pesar de los ataques y descalificaciones de que fue víctima. Reafirma su ecuanimidad y ponderación en el tratamiento que debe dársele a las acusaciones que se vertieron sobre él. “…Es justo y necesario que mi vida pública se examine con esmero, y se juzgue con imparcialidad. Es justo y necesario que yo satisfaga a quienes haya ofendido, y que se me indemnice de los cargos erróneos a que no he sido acreedor.”[15]

Defiende la designación que se le dio: Libertador; la asume en su totalidad y no está doblegado a desistir de ella, muy por el contrario, la defiende como signo de orgullo y dignidad humana, de hombre consagrado a lograr la construcción de la libertad como un bien preciado de los pobladores del Continente,

“Yo os juro, amados compatriotas, que este augusto título que vuestra gratitud me tributó cuando os vine a arrancar las cadenas, no será vano. Yo os juro que libertador o muerto, mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya protestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros, por la senda del occidente, regada con tanta sangre y adornada de tantos laureles hombres”[16]

Reivindica la nobleza y la solidaridad del pueblo granadino y su disposición a emprender la lucha por la libertad. “Esperad, compatriotas, al noble, al virtuoso pueble granadino que volará ansioso de recoger nuevos trofeos, a prestaros nuevos auxilios, y a traeros de nueva la libertad, si antes vuestro valor no la adquiere.”[17]

Considera que nuestra búsqueda de libertad está asociada a la exaltación de lo humano y sólo puede ser emprendido por los hombres que se consideran libres en toda la dimensión de la realización de su ser. “No comparéis vuestras fuerzas físicas con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la constancia.”[18]


[1] Simón Bolívar. Manifiesto de Carúpano, 7 de septiembre de 1814. Pág. 1. Documento PDF.

[2] Ibid. pág.1.

[3] Ibid. pág. 2.

[4] Ibid. pág. 2

[5] Ibid. pág .2.

[6] Ibid. pág. 2.

[7] Ibid. pág. 2-3.

[8] Ibid. pág. 2.

[9] Ibid. pág. 3.

[10] Ibid. pág. 3.

[11] Ibid. pág. 3.

[12] Ibid. pág. 4.

[13] Ibid. pág. 4.

[14] Ibid. pág. 4.

[15] Ibid. pág. 4

[16] Ibid. pág. 4-5

[17] Ibid. pág. 5.


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