Presentamos a nuestros lectores la traducción este artículo del New York Times aparecido el 29 de agosto sobre China. Este es el cuarto texto que enviamos y pusimos en nuestra página web en poco tiempo, dada la importancia que tiene el fenómeno China. Este último trata sobre el fortalecimiento de la economía estatal o sea del capitalismo de Estado Chino. Hace dos semanas otro serio medio de opinión de la gran burguesía, la revista “The Economist”, hizo un debate objetivo sin ningún prejuicio sobre las ventajas que llevaba China en la recuperación gracias al control estatal de la economía y mismos los avances tecnológicos que se han hecho. Una especie de "verdadero keynesianismo".
Estos estudios y datos objetivos de voceros muy serios de la prensa imperialista es muy bueno tenerlos presentes a la hora de hacer un análisis marxista de la situación económica y la misma situación mundial, ya que la situación en China tienen grandes implicancias en ella.
Una gran parte de la izquierda marxista tiende a ignorar en sus análisis el fenómeno chino. Otros sectores vinculados con posiciones oportunistas, lo ensalzan como “un nuevo modelo” y hablan de las grandes ventajas de la economía mixta del socialismo con el mercado.
Son dos errores opuestos. Por un lado, no se puede ignorar la importancia que tiene y tendrá -como mínimo en la próxima década- la China. Esto sería esconder la cabeza como el avestruz ante el desarrollo capitalista en ese país. China ya se ha convertido en la segunda potencia mundial, con inversiones muy fuertes en África y América Latina, poseedora de las reservas en dinero más grande del mundo y de la mayoría de los títulos de la deuda americana.
Por el otro, hay que desmitificar toda idea de que en el modelo Chino haya algún resto de socialismo o vuelta al socialismo.
Lo que hay en China es una combinación u asociación entre grandes empresas extranjeras y el capitalismo de estado chines representado en una fuertísima burocracia estatal del Partido Comunista -donde ya hay miembros que son grandes propietarios directamente burgueses- y otros una capa -o clase burocrática- íntimamente ligada a la explotación capitalista. Es, a todas luces, un modelo francamente reaccionario.
En esta introducción no tenemos el tiempo y la intención de
desarrollar el papel que juega
China y jugará en los próximos años. Solo queremos remarcar algunos ejes que
seguramente son polémicos en la izquierda marxista y que intentaremos
desarrollar en futuros textos.
1.- Contra la opinión de que China terminaría siendo una semi-colonia de los países imperialistas y por lo tanto sería arrastrada rápidamente a la crisis cuando esta estallase, la realidad está demostrando la capacidad de la burocracia para conducir el capitalismo en China.
2.- Que gracias a ello hoy juega un papel fundamental para que la economía mundial no entre en una crisis mayor o en un colapso.
3.- Que por el desenvolvimiento chino hará que Asia cumplirá en todo el próximo período –como mínimo una década- un papel fundamental en la sustentación del capitalismo imperialista, como lo pronosticaba el famoso teórico marxista Gunder Frank antes de su muerte. Y que por lo tanto no se trata de ningún fenómeno progresivo.
4.- Que para asegurar ese desarrollo China necesita expandir sus inversiones de la misma forma que lo hace el imperialismo, para poder contar con nuevos recursos naturales que aseguren su crecimiento. Este es el papel que cumplen sus poderosas inversiones en países de África, y en México, Argentina, Brasil y otros países sudamericanos donde ha empezado a haber una fuerte presencia de las empresas y los capitales chinos.
5.- Que esta política del capitalismo de estado chino en definitiva generará en el futuro nuevas y grande contradicciones en el interior de China que repercutirán en el resto del mundo, pero sería un error de pronóstico creer que estallarán en un corto plazo.
China Fortalece Empresas Estatales para Alimentar el Crecimiento
Por Michael WINES, New York Times.
Pequín –
Durante décadas de crecimiento rápido, China progresó al permitir que empresarios privados -anteriormente anulados- pudiesen prosperar, muchas veces a la costa del antiguo e ineficiente sector estatal de la economía.
Ahora, en las regiones ricas de carbón de la provincia de Shanxi, en las siderúrgicas del corazón industrial del norte, o las compañías aéreas, muchas veces son las empresas estatales chinas que están en marcha.
Como el gobierno chino se ha enriquecido, y está preocupado con la sustentación de su crecimiento, ha bombeado dinero público en empresas que espera que actualicen la base industrial y empleen más personas. Los beneficiarios son los intereses estatales, que muchos analistas supusieron que gradualmente se debilitarían frente a la concurrencia del sector privado.
Nuevos datos del Banco Mundial muestran que la proporción de la producción industrial de empresas controladas por el Estado chino ascendió en el año pasado, contrastando con la idea de una lenta, pero aparentemente e inevitable eclipse. Además, la inversión de las empresas controladas por el Estado disparó, impulsado por cientos de mil millones de dólares de gastos del gobierno y empréstitos de bancos estatales para combatir la crisis financiera global.
Ellos se juntan a una serie de otras señales que están alimentando el debate entre los analistas sobre la China, que se denomina socialista, pero es frecuentemente considerada en el Occidente como brutalmente capitalista, y que está en verdad buscando mejorar el control del gobierno sobre algunos sectores de la economía.
La diferencia puede importar más hoy de que antiguamente. China sobrepasó a Japón para volverse la segunda mayor economía del mundo este año, y su modelo de desarrollo dirigido por el Estado es extremadamente atrayente para los países pobres. Mismo en el Occidente, muchos admiran la capacidad de China en construir una infraestructura de primer mundo y transformar sus ciudades en ejemplos admirables.
Hasta entonces ansiosos en aprender con Estados Unidos, los líderes chinos, durante la crisis financiera reafirmaron su creencia en su propio abordaje más estadista de la gestión económica, en que el capitalismo privado desempeña apenas un papel de apoyo.
"Las ventajas del sistema socialista", dijo el primer ministro Wen Jiabao, en un pronunciamiento en marzo, "nos permiten tomar decisiones de forma eficiente, organizar de forma eficaz y concentrar los recursos para realizar grandes iniciativas."
Estatal versus Privado
La cuestión del control del Estado con relación al sector privado es contradictoria en China. Después décadas de reformas económicas, muchas grandes empresas estatales enfrentan una competencia real y se espera que actúen provechosamente. Las mayores empresas privadas, muchas veces logran su financiación de bancos estatales, coordinan sus inversiones con el gobierno y sus principales ejecutivos se encuentran en los cuadros consultivos del gobierno.
Los líderes chinos también no enfatizan públicamente distinciones ideológicas agudas sobre la propiedad. Pero ellos nunca relajaron el control estatal sobre algunos sectores considerados estratégicamente vitales, como finanzas, defensa, energía, telecomunicaciones, ferrocarriles y puertos.
El Sr. Wen y el Presidente Hu Jintao también son vistos como menos sintonizados con los intereses de los inversionistas extranjeros y el propio sector privado de China con relación a la generación anterior de líderes que abrieron camino para las reformas económicas. Prefieren aumentar la influencia y alcance económico de las empresas apoyadas por el Estado, en el tope de la jerarquía.
"China siempre tuvo una grande política industrial. Pero, en un espacio de algunos años parecía que China estaba alejándose de una política industrial activa e intervencionista en favor de un abordaje sin interferencia", dice Victor Shih, un científico político de la Universidad Northwestern, en una reciente entrevista por teléfono.
El Sr. Shih, entre otros, cree que las reformas de la década de 80 que descontrolaron el sector privado de China y las reformas de los años 90 que desmantelaron grandes secciones del sector estatal, serán parcialmente deshechas.
"El problema es que las reformas de los primeros 20 años, de 1978 hasta el final de los años 90, realmente no alcanzó el poder del gobierno", dijo Yao Yang, un maestro de la Universidad de Pequín, que dirige el Centro de Pesquisa Económica de China. "Entonces, después que las otras reformas fueron concluidas, realmente encontramos el gobierno expandiéndose, porque no hay ningún sistema de pesos y contrapesos en su poder."
Buceando sobre el Papel del Gobierno
No existen estadísticas totales para catalogar la influencia del gobierno sobre la economía. Así, este cambio es parcialmente deducido de las medidas no precisas como la cuota de financiación en la economía suministrada por los bancos estatales que aumentaron fuertemente durante la crisis financiera, o la lista de las 100 mayores empresas chinas que cotizan en bolsa. Con la excepción de una, todas son propiedades mayoritarias del gobierno.
La estadística que muestra un pequeño aumento en la cuota de producción industrial imputable al sector estatal lo que es considerada por algunos analistas como una respuesta a la crisis mundial, al revés del inicio de una tendencia. El economista sénior del Banco Mundial en Pequín, Louis Kuijs, dijo que el crecimiento extraordinariamente rápido del sector estatal probablemente irá a moderarse con el fin del estímulo de los de los gastos del gobierno.
"Cuando el proceso de crecimiento se normalice nuevamente, la tendencia tradicional para los gastos en declinación del EE van a asumir nuevamente", escribió en un mensaje de e-mail, usando la abreviación de empresa estatal. "Yo no creo que los principales líderes tuvieron una estrategia para invertir esa tendencia."
El Primer Ministro Wen Jiabao, a la izquierda, se reunió con empresarios en Pequín, en marzo. En un discurso pronunciado este mes él citó las ventajas de un sistema socialista.
Hay otras opiniones que argumentan que los funcionarios siempre tuvieron la intención de crear un sector público vibrante que se elevaría arriba del sector privado en las industrias importantes, mismo cuando liquidasen todo o cerrasen las empresas estatales con perjuicio, que drenaron capital del presupuesto del gobierno y del sistema bancario.
Una alerta reciente sobre el creciente papel del Estado, de Arthur Kroeber da Dragonomics, una empresa de previsiones económicas con sede en Pequín, fue "que la percepción ha alcanzando la realidad."
En algunos aspectos de este debate las diferencias son pequeñas. Todos concuerdan que China conduce una economía bifurcada: en cierto nivel, un sector privado fuerte y competitivo domina industrias como las fábricas volcadas para la exportación; ropas y alimentos. Y en niveles más altos como finanzas, comunicaciones, transporte, minería y metales, los llamados altos comandos, el gobierno central reivindica la participación mayoritaria y medidas de control de su gestión.
Sin embargo, los dos puntos de vistas del futuro de China son muy diferentes. Aquéllos que ven poca evidencia de un sector estatal en expansión, generalmente creen que China tiene una década o más de crecimiento fuerte antes de la maduración de su economía. Es de ellos la visión de que la intervención estatal, ni más ni menos es apenas lo suficiente para empujar una economía en desarrollo en dirección a la prosperidad.
Los escépticos tienen una visión más sombría: creen que las distorsiones y costos, en grande parte debido a la intromisión del gobierno, resultaron en mala acumulación bruta de capital y que va a acabar empujando las tasas de crecimiento para bajo bien antes de 2020. Lo que motiva su pesimismo, dicen los escépticos, es que en China, como Japón una década, se cree en una estrategia económica de cima para bajo que desafía la teoría convencional occidental.
Los escépticos apuntan también para una creciente influencia política y financiera de los gigantes estatales de China, 129 grandes conglomerados que responden directamente al gobierno central, y millares de otros menores conducidos por las provincias y ciudades.
Mientras ningún colapso público ocurra, la mayoría de los especialistas dice que el paquete de estímulo con el vasto volumen de 4 billones de yuans (US $588 mil millones de dólares) que China bombeó para nuevas autopistas, ferrocarriles y otros grandes proyectos fue para las empresas estatales. Algunas de las mayores empresas utilizaron el flujo de dinero para reforzar su posición dominante en los mercados actuales o para entrar en nuevos.
En el año pasado, muchas de las 129 empresas del gobierno central mudaron forzosamente para la industria inmobiliaria de China, con cientos de mil millones de dólares en proyectos de construcción y de negocios con tierras. Los gigantes estatales del acero redujeron inversiones para invertir en sectores privados más rentables y muchas veces más eficientes.
"En 2009, hubo una enorme expansión del papel del gobierno en el sector corporativo", dijo Yasheng Huang, el principal analista de capitalismo del estilo de China, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, en una entrevista por teléfono. "Están produciendo yogur. Están en el mercado inmobiliario. Algunas de las empresas estatales ahora están se expandiendo hacia abajo, organizándose como unidades verticales. “Están actuando en una escala mucho mayor."
Intereses Locales
A nivel local, los gobiernos crearon 8.000 empresas estatales de inversión en 2009 solo para canalizar los dólares gubernamentales para negocios e iniciativas industriales, dijo Huang. Basta un ejemplo: un fabricante de autos particular chino, Zhejiang Geely Holding Group, publicó noticias en el mundo entero en marzo, cuando él concordó en comprar la marca sueca Volvo de la Ford. Gran parte del precio de adquisición de US $1.5 mil millones de dólares no vino de las relativamente modestas ganancias de Geely, sino de los gobiernos locales en el nordeste de China y del área de Shangái.
Geely retribuyó este mes, anunciando que va a construir su red de la Volvo y una fábrica de montaje en un distrito industrial de Shanghái.
Las razones para la presión del Estado para una mayor participación en los negocios varían. El control estatal del abastecimiento de energía es crucial para el crecimiento de China y la adquisición de carbón de Shanxi va a aumentar la producción, garantizar el combustible para algunas unidades estatales y dar a Pequín nueva autoridad para controlar los precios del carbón. Empresas de minería estatales también argumentan que ellas tienen un histórico de seguridad superior a sus concurrentes privados más propensos a accidentes.
En otras áreas el Estado parece ser más mercenario.
Veamos las telecomunicaciones. Al adherir a la Organización Mundial del Comercio, China se comprometió la apertura de su mercado de comunicaciones a joint ventures extranjeras para servicio de telefonía local e internacional, e-mail, pager, y otros negocios. Pero después de ocho años, ninguna licencia fue concedida, en gran parte porque los requisitos de capital, los obstáculos reglamentarios y otras barreras tornaron tales iniciativas impracticables, según Estados Unidos. Hoy, la telecomunicación básica de China está creciendo, y es prácticamente un 100 por ciento controlada por el Estado.
Veamos la industria aérea. Seis años atrás, el gobierno central convidó inversionistas privados a entrar en el negocio. En 2006, ocho transportadoras privadas surgieron para desafiar las tres mayores controladas por el Estado, a Air China, China Southern y China Eastern.
Las compañías aéreas estatales inmediatamente comenzaron una guerra de precios. El monopolio estatal que suministró combustible para aeronaves se recusó a abastecer transportadoras privadas, en las mismas condiciones generosas de las tres grandes compañías. El único sistema de reserva informatizado de China, que un tercio es actualmente controlado por las tres compañías aéreas estatales, recusó a reservar vuelos para los concurrentes privados. Y cuando la mala gestión y la crisis económica de 2008 llevaron a las tres mayores privadas a dificultades financieras, el gobierno central compró acciones para auxiliarlos: cerca de US $1 mil millones para China Eastern, US $430 millones para China Southern; US $220 millones para a Air China.
Una compañía transportadora de pasajeros privada que quedó es a Spring Airlines, una empresa iniciante tenaz conducida por un fundador tan austero que divide una oficina de 9 metros cuadrados con su director ejecutivo que la usa para reuniones de negocios.
Este fundador, Wang Zhenghua, sobrevivió en parte, construyendo su propio sistema de reservas computadorizado. Él canceló nuestra entrevista marcada. Pero en el noticiero chino, fue cáustico sobre los subsidios estatales dado a sus concurrentes. "Ahora, con la inyección de 10 mil millones de yuan" para China Eastern y China Southern, "todo está un caos", dijo a Biz Review, una revista china.
Empresarios de China tienen un dictado para tales maniobras: "guo jin, min tui", o "los avances del Estado, los reculadas del sector privado."
Empresas estatales en China han agarrado lo mejor de la economía para sí, “dejando el sector privado beber la sopa, mientras las empresas estatales están comiendo la carne”, dijo en una entrevista Cae Hua, vice-director de una organización del estilo Cámara de Comercio en la provincia de Zhejiang, .
El Primero de la Fila
El Sr. Cai dice que cree que China precisa de sectores administrados por el gobierno para competir globalmente y administrar el desarrollo interno del país. Pero el dijo que localmente, sus ventajas, ser el primero de la fila para las financiación de bancos estatales-, ser el primero de la fila para socorro del Estado cuando se queda en apuros-, ha creado una "desigualdad profunda" con los concurrentes privados.
Algunos analistas argumentan que los conglomerados estatales, construidos con dinero del Estado y que favorece la concurrencia global, ya se volvieron centros de poder político por derecho propio, capaz de distanciarse de los mismos esfuerzos de Pequín para controlarlos.
De las 129 grandes empresas estatales, más de mitad de los presidentes y presidentas y más de un tercio de los directores fueron nombrados por el departamento de organización central del Partido Comunista. Una puntuación o más una cuenta en el Comité Central del partido para elegir el Politburó vigente. Controlan no apenas la fuerza vital de la economía de China, sino también un sistema de patrocinio corporativo que permite trabajos de los ejecutivos con remuneraciones más elevadas con relación a los equivalentes líderes del partido.
Los líderes de China buscaron ocasionalmente en el año pasado contener excesos especulativos por parte de las empresas controladas por el Estado en el sector inmobiliario, empréstitos y otras áreas. En mayo, el Consejo de Estado, un órgano político de alto nivel, por veces, comparado al gabinete de los Estados Unidos, emitió órdenes para dar a las empresas privadas una mejor ventaja en contratos con el gobierno, para carreteras y puentes, las finanzas y hasta mismo servicios militares, que ahora va casi que exclusivamente para las empresas estatales. Prácticamente las mismas reglas fueron emitidas cinco años atrás, con poco efecto.
Sin embargo, es difícil argumentar con éxito, dicen otros economistas, y el éxito de China es demostrado por su estrategia de arriba para abajo. Potencias asiáticas, como Corea del Sur y Japón construyeron sus economías modernas con fuerte ayuda del Estado. Muchos economistas concuerdan que el gerenciamiento perspicaz del Estado puede ser mejor de lo que las fuerzas del mercado en la obtención de una nación en desarrollo permaneciendo en pie por sus propios pies.
Especialistas de ambos los lados del debate tienen apenas dos preguntas. Una de ellas es cuánto tiempo el control estatal de vastas áreas de la economía irá a generar este crecimiento.
La otra es que si la estrategia parara de funcionar, si la China será capaz de cambiarla.