Allá como que no saben nada de los créditos socialistas

Presidente Chávez en el Bicentenario como que no le paran ni una…

El pasado jueves me encontré con mi amigo Pancho en la Panadería de la esquina, en ese momento estaba engulléndose un mini pan de jamón, medio litro de chicha, dos marrones grandes y un gran dulce de manzana. Sabiendo que el amigo Pancho, desde hace varios meses hace un intenso esfuerzo por hacer dieta y bajar de peso, lo cual ha ejecutado con notable disciplina prusiana, le pregunto extrañado que si se dio por vencido y le está dando rienda suelta a todo lo que su estómago le pide, a lo que él contestó:

“No chico, nada de eso, la dieta va lo que pasa es que hoy estoy angustiado, diríamos estresado, desde ayer que fui al Banco Bicentenario para averiguar sobre los créditos de la banca socialista que tanto ha hablado el Presidente Chávez, pero salí decepcionando, porque esa gente me miraron como a un loco, ellos no saben nada de eso, y yo que tenía tantas ilusiones, ahora me siento en el aire, como que se me abrió la tripa porque desde ayer he estado en una sola comedera, tu sabes hay que drenar”. Aunque sea pa´dentro pensé yo, viendo como un angustiado Pancho devoraba de tres, cuatro, cinco mordiscos, el almibarado dulce de manzana, el cual iba aderezando en su boca con largos tragos de café, antes de que desaparecieran por la promesa espaciosa de su largo tubo digestivo. Quizá ese pasajero ataque de gula de mi amigo Pancho, ayudaría darle el peso existencial que en ese momento estaba necesitando su vida, y compensarle la sensación gravitatoria de estar en el aire, era su manera muy particular de volver a pisar tierra, y abandonar ese inefable estado de angustiosa ligereza que el escritor Milán Kundera definió hace tiempo ya, como: “La Insoportable Levedad del Ser”.

El gordo Pancho resumió su frustración diciendo: “lo que está jodiendo a este país es que el Comandante Presidente dice una vaina y los que están abajo hacen otra, dijo despertando toda mi comprensión periodística del caso”.

Pancho siempre ha mostrado resistencia a ir a los bancos porque los asocia con las pesadillas, cada vez que va a uno a cambiar un cheque o hacer un depósito cree que debe convertirse en todo un escapista para disponerse a librarse lo más rápido posible de esa asfixiante especie celda transitoria, por eso tuvo que hacer un gran ejercicio de entusiasmo durante varias semanas para ir al Banco Bicentenario a solicitar un crédito-algo que hasta ese día creía era un asunto que sólo lograban los ricos-; sobretodo tuvo mucha motivación cuando un par de meses atrás, vio al presidente Chávez ordenar que los intereses de la banca nacional socialista fuera de 5%, que no se pidiera inicial porque quien pide crédito es porque no tiene ni uno. Eso había sido en plena cadena nacional, en un acto de entrega de carros financiados por el entonces recién estatizado Banco de Venezuela, donde regañó a uno de sus directivos porque a una médico le estaban cobrando 24% de interés anual, y el presidente Chávez había dicho que la banca socialista debía ser una banca humanitaria, orientada a la justicia social y no inspirada en los valores del capitalismo salvaje que rigen a la banca privada: “A cada quien según su necesidad”, había recalcado el Comandante-Presidente.

El diálogo entre el Gordo Pancho y la gerente de esa sucursal del Banco Bicentenario, de un lugar el cual el no quiere acordarse, fue más o menos como aquí sigue:

--Si, dígame señor….en que podemos servirle?

--Buenas tardes, me llamo Francisco…., pero todo el mundo me llama Pancho – y agregó-: yo tengo una cuenta aquí y estoy interesado en conocer el tipo de créditos, esos preferenciales socialistas que está otorgando el banco?

--Aquí sólo otorgamos un solo tipo de crédito señor Pancho, créditos con garantía, según lo establece nuestro directorio, bueno si usted posee una vivienda, o una propiedad que interesa al Banco para aceptarla como garantía, y usted puede acceder a un crédito.

En ese punto el gordo Pancho recibió su primer balde de agua fría, porque él vivía en una vivienda que había heredado su mujer de su madre, pero como suceden siempre con este tipo de asuntos domésticos nunca habían arreglado los papeles, porque ahí habían vivido desde que se casaron hace 22 años.

--Y cómo funciona ese crédito señorita, preguntó Pancho?

--Bueno usted tiene que traer una serie de recaudos, entre ellos un balance personal demostrable sobre sus ingresos, declaración del Impuesto sobre la Renta sobre esos ingresos, referencias bancarias.

--Dígame cuanto debe uno ganar de verdad, verdaíta, sinceramente para acceder un crédito.

--Depende de que tipo de crédito estemos hablando señor Pancho, crédito consumo, hipotecario, mejora de vivienda, para vehículo o de inversión para el área manufacturera.

--Para mejora de vivienda, por ejemplo, dijo Pancho tímidamente.

--Financiamos hasta 150 millones, sobre factura presupuesto presentadas en las que se debe indicar el tipo de gastos y adquisiciones.

--Ahh, muy bien señorita, ahora dígame que posibilidad tengo yo de que ustedes me echen una ayudita y me aprueben un crédito de unos 50 millones que yo con eso tengo ufff y me sobra hasta para comprarme unos mueblecitos nuevos.

--Veamos –dijo estirando su mano hacia una calculadora- 50 millones a un financiamiento de tres años que es el máximo plazo que da el banco, a ver, a ver….bueno, le quedarían un total de 36 cuotas a 1.940 bolívares fuertes mensuales. En ese momento al gordo Pancho no solamente se le cayeron las alas del corazón, sino que sintió que las de su barriga también, su tensa panza mantenida en el mayor resguardo posible para no perder la elegancia de la ocasión, empezaba a soltarse, doblegando primero la pretina del pantalón y derramándose impunemente hasta sus rodillas.

Pancho es empleado de una institución del Estado, donde devenga un total de 2.490 bolívares fuertes al mes, más cesta ticket, con los casi hace los tres millones al mes, por eso vio que su suma mensual no calificaba, y la posibilidad de crédito se le hacía tan lejana como una estrella fugaz. Pero igualmente se lanzó a preguntar:

-Qué otros requisitos debo cumplir para el crédito y en cuento tiempo me lo aprueban.

--El crédito se aprueba en un lapso de siete a 15 días máximo, pero para serle sincera señor Pancho un crédito de este tipo requiere de unos ingresos promedios de unos 7 mil bolívares fuertes al mes, además la presentación de un fiador de que debe ganar 30 por ciento más que el solicitante del crédito, es decir necesita un fiador que gane unos 9 mil y pico bolívares fuertes.

Aquí fue donde le empezó Pancho a sudar la gota gorda, y a sentirse un poco fatigado, como mareado. Miró desconcertado a su entorno, buscando un símbolo revolucionario, una bandera tricolor con 8 estrellas, una foto del Che, o un afiche de uno de los Ministerios Para el Poder Popular que se encargan de la economía, pero fue infructuoso, no encontró nada que le devolviera la confianza y que le hiciera sentir que no estaba en el lugar equivocado

-¿Cómo? Dijo, sin poder ocultar su sorpresa -, y qué sorpresa había sido para Pancho que no conocía a nadie que ganara esa cantidad de dinero, el más cercano era su hermano Carlos odontólogo de un clínica Popular en Santa Rosalía, que además se las daba de millonario porque decía que ganaba 5 palos al mes, cinco mil bolívares fuertes al mes, además era un superescuálido, de resto no tenía a nadie más.

--Además señor Pancho con el crédito para mejora de vivienda no puede comprar muebles, para ello tenemos el crédito al consumo para línea blanca o marrón, explicó la gerente.

Anonadado y aún sin reponerse del shock anterior, el amigo Pancho ingenuamente volvió a preguntar, contrario a lo que le decía su instinto desde su voz interior: vámonos pa´l carajo, aquí no hay nada pa´ti: --Y cómo funciona ese crédito, inquirió un Pancho como con cierta insistencia infantil.

--Igual que el de mejora de vivienda, contestó la gerente.

--Y para carro?

--El de vehículos, es uno de los créditos que no requiere garantía porque el vehículo mismo es la garantía bajo la reserva de dominio. Financiamos hasta el 80 por ciento del valor del vehículo, no financiamos IVA, ni seguro, es decir si el carro cuesta 100 mil bolívares fuertes, usted debe cancelar 20 mil bolívares fuertes más IVA, más inicial del seguro, más papeleo. Necesita unos 30 mil bolívares fuertes para que se apruebe un crédito como ese.

La baja de azúcar comenzó a descompensar la humanidad del gordo Pancho, que rápidamente empezó a sentirse asfixiado, con escalofríos recorriéndole todo el cuerpo. Como pudo le dio las gracias, salió del banco y se sentó justo al lado y pidió un jugo de patilla con mucha azúcar, para compensar la baja calórica, se sintió como si le hubieran dado una paliza, pero una muy vergonzosa paliza, buscó en su recuerdo un evento similar, y sintió lo vivido por él en el Bicentenario, como la célebre pelea del barloventeño Vicente Paul Rondón contra el superpesado George Foremann que en un minuto lo dejó hecho un trapo.

Restablecido el gordo Pancho dio media vuelta y se alejó del Banco que antes había sido una sucursal del Confederado, no sin dedicarle una última mirada y comprobar que de revolucionario sólo tenía el nombre, pero no había ni banca revolucionaria, ni sensibilidad social, las últimas palabras de la gerente habían sido: “porque no va al Banco del Pueblo, quizá allá tengan algo adecuado para usted”.

Desde hacía tiempo el gordo Pancho que se había deslastrado de todo sentimiento de exclusión con las políticas de participación del presidente Chávez, sintió miedo, tuvo como una regresión involuntaria a los tiempos de la Cuarta República que tan solapadamente sigue manteniendo sus valores discriminatorios en una banca bicentenaria creada para honrar los 200 años de Independencia de retorno del poder al pueblo. Algo que se diluía día tras día en las oficinas de gerentes sin ninguna formación revolucionaria que parecen más yupiees del IESA BOY, que funcionarios del poder popular, por suerte la crónica del gordo Pancho encontró esta ventana, pero cuantas historias quedan guindadas en el vagón del Metro, o son abandonas con toda su miseria en la parada del autobús de regreso a casa, cuando gente como el gordo Pancho dan la media vuelta con el saco de las ilusiones devorado por el capitalismo salvaje que al parecer sigue controlando la banca socialista del Estado.

Como extrañó el gordo Pancho, y fue lo que más le dio nostalgia, que cuando entró al banco no vió ni un sólo aviso sobre la banca socialista, ni retratos de su Presidente-Comandante, nada rojo, rojito, también echo de menos el que saliera algún ejecutivo de cuenta con la consabida franela, o camisa roja y le dijera adelante pase usted, camarada en que podemos ayudarle para que obtenga un crédito de interés social. ¿Todavía harán falta transformaciones como esta para qué en verdad gente como el gordo Pancho sienta que Venezuela es de todos?

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