Con
el nombre de 'Cuentas alegres' he traducido el encabezamiento de la
revista The Economist que llegó a mis manos hace cinco días, y que
parecería que yo lo hubiera conocido de antemano cuando, contrariando
mi estilo tradicional, puse al final de mi columna del domingo:
'continuará'. El título en inglés es Green dreams, que pensé traducir
por 'sueños biches', que no le dice nada al lector.
El escrito de The Economist consta de varias páginas. Su columna
editorial versa sobre lo engañoso que puede llegar a ser el negocio de
los sustitutos de los hidrocarburos (petróleos fósiles), negocio que se
ha convertido en el más apetecido y creciente de la Bolsa americana. Es
así como, con el nombre de "energía limpia", se ofrecen paraísos
bursátiles por las más acreditadas firmas de productores de sustitutos
que se han puesto en práctica en pequeña escala, pero es dudoso que lo
sean en las proporciones que se anuncian y se promueven. Algo semejante
a mi crítica sobre lo que puede suceder en Colombia con fuentes de
combustibles vegetales destinadas a producir etanol, en casos como la
yuca. Una sola cifra en Colombia ilustra la verdadera situación que
puede llegar a presentarse.
Según el informe 'Alcohol carburante a partir de la yuca', elaborado
por la firma Petrotesting Colombia S. A., que es la mayor autoridad en
la materia, una hectárea de azúcar en Colombia puede producir 2.400
galones de etanol, y la yuca solo produciría 1.216 galones por
hectárea, o sea, la mitad, vale decir que no rige competitividad
posible. Esto, contando con 25 toneladas de yuca por hectárea, lo cual
me hizo decir en el pasado escrito que se requerirían 35 toneladas para
hacer costeables los cultivos, lo cual fue, tal vez excesivo, ya que se
trataría de cifras récord en la mayor parte de las regiones nórdicas de
Colombia, en donde no hay suficiente irrigación. Por lo demás, para
nadie es un secreto que la tierra destinada a la yuca demanda alrededor
de un año de descanso para volver a ser cultivada sin arruinarla y, en
consecuencia, hay que calcular, un año sí y otro no, la utilización de
la tierra en yuca.
El análisis de la revista es aún más sutil, porque se refiere
principalmente a la generación de energía por medio del sol y por medio
del viento. Se inicia con la propuesta de utilizar el sol en el Valle
de Silicon, con una compañía que lleva por nombre Nanosolar y dispone
por el momento de un capital de 100 millones de dólares. Los
antecedentes norteamericanos son altamente ilustrativos. El 10 por
ciento de todas las inversiones se encauzan hacia los sustitutos de los
combustibles fósiles en las siguientes proporciones: el costo de la
energía eólica (del viento) ha bajado de 8 centavos de dólar a 3 entre
1990 y el 2006, gracias a mejores turbinas. La energía eólica es algo
que se viene ensayando con éxito en La Guajira colombiana.
El crecimiento en el mercado americano de la inversión en "energía
limpia" para el año próximo será de 63 mil millones de dólares. En el
presente año ha sido de 49 mil millones y en el anterior de 30 mil
millones. Sin embargo, las perspectivas no son tan halagüeñas en razón
de la competitividad, que haría bajar el precio de los combustibles
fósiles y procurarse subsidios aquellos de otro origen, como los del
viento, el sol y, seguramente, la yuca. La experiencia en casos
semejantes demuestra que, sin subsidios de los gobiernos en
determinadas coyunturas, se afecta la competitividad. No es la caña de
azúcar, en el Brasil, el ejemplo que serviría para refutar el
argumento, por su carácter enteramente coyuntural, como sucede en otros
casos de superación y autonomía de la empresa privada.
Tratándose no ya del etanol, sino del biodiésel, es posible que su
producción en Colombia, empleando como materia prima la palma, permita
coronar con éxito la sustitución de los hidrocarburos por el aceite de
palma, acerca del cual se rumora un descubrimiento revolucionario, que
permitiría producir a muy bajo costo el biodiésel. Para cumplirles a
los consumidores con una producción de combustible de origen vegetal,
vecina del 10 por ciento del consumo actual, se tendría que importar,
por un período de tiempo relativamente breve, el aceite vegetal de
consumo interno, que compite con el biodiésel, el cual sería el
principal sustituto de la competencia contra los fósiles.
Se ha anunciado el montaje y operación de siete plantas de biodiésel
para producir 600 mil toneladas/año, con una inversión que supera los
120 millones de dólares, pero en lo que yo insisto es en que para el
año 2007 al Gobierno Nacional no le será posible atender, a la vez, las
exportaciones existentes de aceite crudo y el consumo doméstico si se
va a producir biodiésel y sin subsidiar la importación del aceite que
se destina actualmente a la alimentación de los colombianos. Se calcula
en 716 mil toneladas la producción actual de nuestro suelo y, más o
menos, 500 mil toneladas son para el consumo interno y el resto para la
exportación. La caña de azúcar está lejos de ser competitiva si se
compara el galón con la producción del Brasil, cuyo costo es del 70 por
ciento con respecto a lo nuestro. En cuanto al precio del biodiésel,
aún no se tiene noticia de su precio de venta al público, pero sucede
algo semejante cuando el barril de biodiésel se vende en 101 dólares y
en Colombia nos hacemos la ilusión de venderlo al consumidor solamente
en 50 dólares para competir con los combustibles fósiles.
El miércoles último se cumplió, de acuerdo con lo previsto, la
subasta de la Empresa Ecogás, por la suma de 3,25 billones de pesos,
superando en un billón la cifra que servía de base al remate. Se temía
que Promigás, dueña de más de 3.000 kilómetros de gasoducto a través de
sus filiales (Transoccidente en un 56 por ciento; Transmetano, 97 por
ciento y Transoriente, 20 por ciento) monopolizara el mercado,
eliminando con su transporte, distribución y comercialización las
empresas menores, en contra de lo cual se pronunció el Contralor
General de la República, que formuló reparos semejantes a los de
nuestro escrito del domingo pasado, en el cual poníamos de presente la
inconveniencia de trasladar un monopolio de Estado a una empresa
privada como Promigás, que acabaría eliminando la competencia y
sustrayendo la inversión extranjera del mercado colombiano en materia
de gas doméstico.
Sin duda alguna, la advertencia del Contralor, inspirada en parte en
una comunicación del senador Hugo Serrano Gómez, debió desempeñar un
gran papel, puesto que la capacidad económica de Promigás bien hubiera
podido competir ventajosamente con la Empresa de Energía de Bogotá, en
la puja del 6 de diciembre.
Alfonso López Michelsen (Expresidente de Colombia).