Petróleo y Energía en la era Trump

La política energética de Trump, de ser consecuente con su propuesta electoral, tiene entre sus objetivos la “independencia” energética de los EEUU. Para lograr esto se plantea reducir las importaciones de petróleo -especialmente de los países OPEP y/o países “hostiles”- y en paralelo estimular aún más la producción de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) para satisfacer la demanda interna e incluso exportar, dándole especial apoyo a la explotación de hidrocarburos no convencionales como el shale oil y el shale gas (petróleo y gas de lutitas), de las cuales considera puede ofrecer unos 2 millones de empleos[i]. En función de esto declara que la soberanía energética es tanto una estrategia económica como un objetivo de la política exterior norteamericana.
 
Por otra parte piensa que la promoción de las energías renovables y las políticas que buscan combatir el calentamiento global reducen la competitividad de la industria Norteamérica por lo que ha planteado reducir o incluso eliminar la Oficina de Protección Ambiental[ii], cancelar el Acuerdo Climático de París y dejar de financiar los programas sobre el Calentamiento Global de las Naciones Unidas. Trump se nos presenta  entonces, como un presidente hostil con el medio ambiente toda vez que su propósito es proveer de energía barata al consumidor norteamericano y crear nuevos empleos por la vía de combustibles fósiles en ambos casos, para lo cual necesita eliminar o reducir regulaciones ambientales que encarecen la energía. Por esta razón quiere reimpulsar la producción de carbón, el más barato de los combustibles fósiles pero a su vez el más contaminante.    
 
Para entender estas propuestas nacionalistas, proteccionistas y de hostilidad hacia el medio ambiente de Trump es necesario entender que ha pasado en los últimos años con la matriz energética en el mundo y especialmente en los EEUU. En este sentido vemos las energías renovables cuadruplicaron su peso dentro de la matriz energética global entre los años 2000 y 2015, gracias a que las materias primas -entre ellas el petróleo- registraron precios altos permitiendo a las grandes compañías de energía invertir en tecnologías verdes históricamente más costosas -por lo menos hasta ahora- que los combustibles fósiles. Es decir, lejos de pensar que el crecimiento de las energías renovables y/o alternativas es producto de la conciencia ambientalista de empresarios y líderes políticos, la razón de peso para explicar su progreso ha sido el petróleo caro de los últimos años. En otras palabras, fue rentable invertir en ellas. Por esta razón Obama estimuló su uso mediante el Clean Power Plan y se concretaron importantes acuerdos como el de París en diciembre de 2015. 
 
 
 
Pero no sólo las energías renovables se hicieron más rentables sino que los hidrocarburos no convencionales, como el shale oil y shale gas en los EEUU, las arenas bituminosas de Canadá, el pre-salt en Brasil, entre otros, fueron desarrollados gracias al último boom de los precios que permitió tanto la rentabilidad de estos hidrocarburos como desarrollar tecnologías para bajar sus costos. Esto explica la llamada shale revolution en los EEUU que cambió el curso de su balance petrolero y gasífero. EEUU venía descendiendo de manera importante su producción petrolera hasta que en el año 2008 empieza a revertir dicha tendencia disputándole en la actualidad la supremacía a Arabia Saudita y Rusia con una producción que ronda los 10 millones de barriles diarios, de los cuales unos 4 millones provienen de la producción del shale oil. En cuanto al gas natural se estima que EEUU para el año 2017[iii] se convierta en exportador neto gracias también al desarrollo y explotación de los yacimientos de lutitas.

 
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Visto todo lo anterior se entiende como la política de autosuficiencia energética promovida por Trump, no es producto de la ideología nacionalista sino que es una posibilidad que se viene desarrollando gracias a las condiciones de acumulación de capital a nivel mundial que propiciaron los altos precios de las materias primas de la última década e impulsaron la producción en los EEUU. Dicho de otra manera, dejar de importar petróleo implica la posibilidad de satisfacer esa demanda internamente -por ello la promoción del shale oil- o en su defecto desde la región, para lo cual ha anunciado que retomará el proyecto de construcción del oleoducto Keystone XL[iv] -el cual transportará unos 800 MBD de petróleo no convencional desde Alberta, Canadá-  paralizado desde 2008 por razones tanto ambientales como económicas. Cabe desatacar que EEUU importa más del 50% de su petróleo de Arabia Saudita, México, Venezuela y Canadá, pero sólo este último país ha incrementado sus envíos en los últimos años. 
 
 
 

 
Aun así, lograr la plena autosuficiencia energética no es una empresa fácil. Implica que la producción de petróleo en los EEUU, la cual es de las más costosas en el mundo bien sea por la maduración de sus pozos, la propiedad parcelada de los yacimientos, o los altos costos del shale oil y su rápido agotamiento -a pesar de los últimos aumentos de la productividad[v]- deberá competir en el mercado mundial y garantizar su rentabilidad. En otras palabras, abastecer el mercado interno con petróleo norteamericano significa que éste debe contar con un precio que garantice el retorno de las inversiones y así proveer de combustibles a un precio competitivo. Adicionalmente, las diferentes fuentes de energía compiten entre sí, y en los últimos años el gas natural ha venido quitando porciones del mercado norteamericano al carbón gracias a su mayor eficiencia energética y bajos costos[vi]. Es decir promover e impulsar los combustibles fósiles podría implicar una sobreproducción que sature aún más el mercado deprimiendo los precios y cuestionando la rentabilidad de los mismos.   
 
Por lo tanto podemos concluir que el nacionalismo petrolero –y energético- de Trump estará en función de los precios del petróleo, variable que no controla y que no vislumbra una recuperación sustantiva en los próximos años –la OPEPestima unos 60$ por barril para el año 2021- por lo que muchos de los productores norteamericanos de shale oil estarán muy cerca de sus puntos de equilibrio, frenando el impulso que sirvió de base al cambio en el balance energético de los EEUU y a la posturas nacionalistas derivadas de esta nueva realidad. A nivel internacional, de concretarse un escenario favorable de precios, podría afectar a países exportadores como Venezuela y Arabia Saudita que tendrían que desviar sus exportaciones a otros destinos. No obstante Venezuela cuenta con el sistema de refinación CITGO que le garantiza una colocación de por lo menos 700 MBD, pero que de concretarse el oleoducto Keystone le impondría una mayor competencia al tratase de crudo pesado en ambos casos. Del resto de los países OPEP, Irán podría ser otro afectado si Trump plantea nuevamente sanciones contra esta nación como anunció en su campaña. 
 
En resumen, la crisis que atraviesa EEUU que permitió la victoria de un personaje “anti-establishment” como Trump va acompañada de cambios recientes en la matriz energética y petrolera favorable a los EEUU que le sirven de base material a su discurso nacionalista y xenófobo. Por esto es que promociona la producción doméstica y condena la dependencia OPEP. Su éxito en esta política particular dependerá de cómo se comporten los precios de las materias primas, que son reflejo directo del desempeño de la economía mundial.  




[i] El plan de Trump contempla el arrendamiento de tierras federales costa afuera y costa adentro,   eliminar las moratorias en arrendamientos de carbón, y abrir los yacimientos de energía contenidos en  lutitas de los cuales se proyecta podría añadir unos 2 millones de empleos en los próximos 7 años. https://www.donaldjtrump.com/policies/energy
[ii] La Environmental Protection Agency es la agencia del gobierno de los EEUU encargada de proteger la salud y el medio ambiente. Trump sostiene que enfocará la Agencia para beneficiar a los combustibles fósiles que durante la administración Obama tuvieron mayores restricciones y regulaciones. https://www.greatagain.gov/policy/energy-independence.html
[iii] La EIA pronostica que EEUU se convertirá en exportador neto de gas natural a finales de 2017 http://www.platts.com/latest-news/natural-gas/washington/eia-sees-us-becoming-net-natural-gas-exporter-21958157
[iv] Obama rechazo la construcción del oleoducto Keystone por cuestionar su efectividad tanto en el abaratamiento de los precios de la gasolina en el mercado interno como en la creación de empleos estables. Adicionalmente el impacto ambiental de su construcción contradecía la política contra el calentamiento global que lideraba. 
De  todos es importante destacar que su administración gozó de precios suficientemente altos en las materias primas como para promover las energías renovables y aumentar las regulaciones ambientales para las fuentes convencionales
[v] Según la EIA la productividad  total de la producción del shale oil en los EEUU ha crecido a un rimo de 3% mensual desde 2015.
[vi] Para producir un megavatio-hora a partir del carbón se requieren 9,75 MMBTU mientras que a partir del gas natural se requieren 7,6 MMBTU. A raíz de los avances tecnológicos en la producción de gas natural  y a las restricciones  ambientales y económicas relacionadas al carbón que lo encarecían, el gas natural ha ido quitándole al carbón porciones del mercado de la generación de electricidad en los EEUU: en el 2006 el carbón representaba el 49% y el gas natural 20%, en 2015 la proporción fue de 33,2% y 32,7% respectivamente.  
 
 
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