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    Energía y Petróleo para el Pueblo

Seamos conscientes de que el petróleo se acaba
Por: José Pinto
Fecha de publicación: 31/07/05
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Si consideramos a México como parte de Norte América, según la clasificación del informe actual de energía de la BP 2005, es asombroso ver que el 6,7 % de la población mundial (Norte América) consume el 27,2 % de la energía primaria mundial, muy cerca del consumo de Europa (incluye la URS) con un porcentaje de población que casi lo duplica, 11,4 %, con un consumo del 29 % y también del Asia y el Pacifico con un consumo del 31,2 %, con un 56,8 % del total de la población mundial. Estas tres grandes áreas devoradoras de energía consumen el 87,4 % del total de la energía primaria.



Sur América, Centro América y el Caribe, los cuales representamos el 8,5 % del total de la población mundial, consumimos el 4,7 % de la energía primaria mundial, siendo Venezuela un consumidor de apenas el 0,7 % de la energía, el Medio Oriente con un 4 % de la población mundial, tiende a consumir el mismo 4,7 % de energía y África con el 14 % de la población mundial, consume solo el 3,1 %, lo cual señala además un déficit de consumo que se traduce en un marcado subdesarrollo.



Analizando las cifras sobre las reservas probadas mundiales de petróleo convencional, de acuerdo al reporte reciente (2005) de BP, para fines del 2004, las mismas suman un total de 1189 billones de barriles, siendo las cifras mayores las del Medio Oriente con 733,9 billones de barriles ( 61,7 %), le siguen bastante lejos Europa y Rusia con 139,2 billones de barriles (11,7 %), África con 112,2 billones de barriles (9,4 %), Sur América, Centro América y el Caribe con 101,2 billones de barriles (8,5%), de los cuales gran parte pertenecen a Venezuela, con 77,2 billones de bls. (6,5 %), cifras que nos hacen ocupar el 6to. lugar entre los países del mundo con mayores reservas probadas, y en la cola tenemos a Norteamérica, con 61 billones de barriles (4,8 %), de los cuales el territorio de USA solo tiene 29,4 billones de barriles (2,5 %). Finalmente las reservas conjuntas de Asía y del Pacífico están en el orden de los 41,1 billones de barriles (3,5 %).



De acuerdo a esas cifras, la relación de reservas/producción actuales revelan que el tiempo restante de producción luce bastante crítico para Norteamérica, a quienes solo le quedan unos 12 años promedios de producción, estando USA cerca de ese promedio con 11 años. Al Asia y Pacífico le restan 14,2 años, a Europa y la URS le restan unos 22 años, al Continente Africano 33 años, a Sur América, Centro América y el Caribe le quedan en promedio 41 años, con la particularidad de que a Venezuela le restan 71 años (no considera la extracción de 231 billones de reservas de crudo pesado y extra pesado de la faja petrolífera del Orinoco, donde somos número uno en reservas mundiales) y finalmente, al gigante del Medio Oriente le resta un mayor tiempo de consumo de reservas de 82 años.



Todas estas cifras aunque solo ser refieren al combustible fósil petróleo convencional, reafirman lo que ya todo el mundo sabe, que estamos en el comienzo de una gran crisis energética, y aunque los niveles de reservas se han incrementado en un 17 % desde el año 1994, también es cierto que la producción es 20 % más alta y con una tendencia a seguir subiendo, sin probabilidades de mayores nuevos descubrimientos y con la tendencia general de declinación de producción. El resto de las fuentes de energía provenientes del gas, carbón, recursos hidráulicos, nuclear y otras fuentes, hasta ahora no vislumbran cubrir los déficit actuales de energía que se generan bajo los patrones actuales de consumo mundial.



Los venezolanos tenemos que interesarnos en visualizar esta situación y mirar hacia el pasado, donde las políticas energéticas y de paternalismo de Estado fueron un rotundo fracaso para la economía del país y así planificar mejor nuestro futuro. Creo que la participación de las transnacionales en el negocio del petróleo y el gas, es importante donde sea necesario, pero siempre considerando nuestras reales necesidades y la de nuestros hermanos del Sur, para que fortalezcamos nuestras economías e integración, y en un futuro cercano formemos un frente victorioso ante las pretensiones colonialistas de la voraz economía del norte. En las Empresas Básicas del Estado debe haber una real participación del pueblo a través de la Cogestión, la gestión y el control obrero, que aseguren el desarrollo endógeno de las regiones. Los recursos petroleros deben sembrarse realmente en nuestro suelo: podemos desarrollar industrias de capital privado, pero éstas deben multiplicar el desarrollo de actividades conexas que aprovechen las potencialidades de cada región, no podemos permitir que sus inversiones sigan dirigidas hacia el norte, apalancando solamente el crecimiento de sus industrias y el bolsillo de unos pocos empresarios venezolanos; ya basta de engañar al pueblo con espejitos, convirtiéndolo en grupos que solo se conformen con ser unos asalariados del capital privado. Se debe impulsar el desarrollo de los Biocombustibles y otras nuevas tecnologías que han venido siendo trabajadas por Brasil y Argentina, lo cual nos permitirá reducir el consumo y preservar las reservas de los combustibles fósiles, impulsar nuevos mercados de cara al Sur y contribuir con el mejoramiento del ecosistema mundial. Se debe rescatar el aprovechamiento de la Orimulsión con un valor comercial mejorado, a fin de desarrollar Centrales Termoeléctricas menos contaminantes del ambiente en nuestro país e inclusive en los pueblos más pobres de Latinoamérica; con su valor de comercialización mejorado ya no estaríamos convirtiendo petróleo en Carbón, rescatando su valor estratégico para el país y el de un desarrollo sustentable para los pueblos suramericanos, que a la larga será la renta más importante. Aunque no presentamos las cifras del Carbón, las cuales también son mostradas por el informe 2005 de la BP, debemos decir que, comparativamente con los monstruos del Carbón, Asia, Europa/URS y Norteamérica, en Venezuela prácticamente no tenemos carbón, y competir con ellos sería una pelea de “palomas contra gavilanes”, donde evidentemente las primeras quedarían desplumadas; de manera que en cuanto a este recurso, debemos mas bien desarrollar una política de preservación, contribuyendo además a conservar las reservas forestales que descansan sobre ellos.



Existen expectativas de que tenemos unas reservas mayores a las presentadas en el informe de la BP, bajo las premisas de: –la existencia en la Faja del Orinoco de 235 mil millones de crudos pesados y extrapesados, aun no caracterizados en su totalidad y –con un Factor de Recobro que se puede llevar a un 20 %. Si esto resultara cierto, requeriremos de grandes inversiones y tecnología con suma urgencia para extraer y comercializar estas reservas.



Como venezolanos deseamos que todo esto sea real, pero debemos caminar sobre bases sólidas aunque apuntemos a la materialización de tales expectativas, no queremos un día despertarnos y darnos cuenta de que solo era un sueño, cuando podría ya no haber mucha abundancia de petróleo, con unos costos de extracción a un precio que muchos no podremos pagar y con una economía aun no diversificada. En tales circunstancias, el transporte y todo lo que se relacione con el petróleo será muchísimo mas costoso, tal como los productos del campo, que además necesitan de fertilizantes, productos de fumigación y equipos de labranza que derivan del petróleo. Los lubricantes, las pinturas, los medicamentos, los cosméticos y algunos alimentos obtenidos mediante la transformación del petróleo, serán más escasos y costosos.



Los ciudadanos venezolanos tenemos que adueñarnos realmente de la industria petrolera, de PDVSA, participando en la toma de decisiones que impliquen un riesgo de nuestra soberanía, bajo la premisa clara de que nuestro petróleo debe ser sembrado en nuestra patria, que asegure nuestro desarrollo y el de nuestros hermanos latinoamericanos. No podemos seguir dándole la espalda al negocio petrolero, la industria petrolera no pertenece a unos meritócratas, pertenece al pueblo.
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José Pinto


La caja de Pandora de la Energía Nuclear: ¿También en Venezuela?
Gustavo Fernández Colón* y Elías Capriles**
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