Elaborado por:
Miguel Ángel “Lucho” González
Egresado de la Misión Cultura
Docente de Música
Febrero 2010
Las controversias o discrepancias surgidas en torno a las funciones de los docentes de cultura en las instituciones educativas no son nuevas, motivado al tipo de trabajo artístico cultural, donde el fruto es una obra artística, y el proceso de su logro es en base a actividades que son de difícil valoración, máxime si la persona responsable de dicha valoración no tiene sensibilidad cultural y no comprende del todo el proceso de cambio que se vive en el país, o tal vez, no acepta dicho proceso de cambio.
Pero es que estas discrepancias se han acrecentado en torno a los lineamientos emanados de las autoridades educativas por motivo de la conmemoración del Año Bicentenario del 19 de abril de 1810 y la profundización en cuanto al estudio y difusión de nuestro acervo cultural que tiene su expresión práctica en los lineamientos referentes a la Interculturalidad y Diversidad Cultural.
Todo este proceso de cambio, por no decir revolución, que nos invita a revisar nuestra historia, contada hasta ahora desde el punto de vista de “los poderosos” o “vencedores”; y que nos llama a revivir nuestra cultura, hasta hace poco en manos de grupos elitéscos, se fundamenta en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y se operatiza en la Ley Orgánica de Educación, el Reglamento de la Ley Orgánica de Educación, el Reglamento del Ejercicio de la Función Docente y en los planes y estrategias emanados del Ministerio del Poder Popular Para la Educación.
El problema se presenta al momento de poner todo esto en práctica en las instituciones educativas, que a su vez deben estar vinculadas con su comunidad.
En esta disertación me referiré principalmente a aquellas instituciones donde están presentes docentes del área de cultura.
Ante la presencia de este personal de cultura, yo observaba dos tendencias de trabajo:
* Los que se dedicaban a la función de promoción cultural y formación de agrupaciones
* Los que se dedicaban a la función de docencia artística en el aula de clases.
Yo estaba entre los que defendían la función docente en el aula porque me preocupaba que en las instituciones educativas los grupos culturales se constituían como un fin en sí mismos y no como el resultado de un proceso de formación cultural, es decir, se “seleccionaban” sólo a aquellos individuos que resaltaban por sus condiciones naturales o por tener una formación previa adquirida desde sus hogares.
Así la mayoría de la población estudiantil era “excluida” de los grupos culturales, sin la mínima oportunidad de descubrir su potencial artístico cultural.
Ya en este punto es bueno aclarar que ese potencial cultural no se refiere únicamente al canto, baile o teatro, sino que existen muchas otras manifestaciones artísticas culturales, como por ejemplo: dibujo, pintura, escultura, manualidades, artesanía, gastronomía, poesía, declamación, oralidad, periodismo gráfico, periodismo escrito, periodismo televisivo, fotografía, escultura, además de las subdivisiones de muchas de las áreas nombradas.
En todo caso, el docente debería ser capaz de acompañar al estudiante, a su estudiante, en ese proceso de “descubrimiento” de su potencia integral, que puede manifestarse no sólo en aspectos artísticos sino también por otras vías, como el deporte, y porque no, el camino de la formación espiritual.
En fin, y retomando el tema inicial, lo que viene a continuación es respecto a dos preguntas que me hicieron el 04-02-2010, al respecto de esta controversia en cuanto a las funciones del docente de cultura en la institución educativa. La primera de ellas me la formuló una subdirectora. La segunda pregunta, me la formuló una docente luego de conocer mi opinión sobre los factores que influyen en las deficiencias al cantar el himno en las escuelas y que son imputables al docente. Las preguntas fueron las siguientes:
1. Si el docente de cultura no da clases en el salón directamente con los estudiantes, de acuerdo a un horario establecido, entonces, ¿Quién les enseñará a los niños a cantar el Himno Nacional, el del estado, el del municipio o el de la escuela?
2. ¿Es obligatorio, o mejor dicho, indispensable, que el docente tenga un nivel musical para poder cantar el Himno?
La respuesta a la primera pregunta lleva a plantear la función del docente integral en el campo cultural, la cual en mi opinión debe tener cuatro elementos, en el mismo orden de importancia que los menciono: Motivador; Impulsor; Propiciador y Facilitador inicial.
Pero como va a cumplir este papel, o en todo caso, como va a ser ejemplo para sus estudiantes, un docente al que nunca lo ven: Ni cantando, Ni tocando, Ni Bailando, ni haciendo un dibujo, Ni actuando, Ni hablando en público, Ni usando un micrófono para hablar en público, ni declamando, ni leyendo un buen libro, ni recomendándoles un buen libro, ni comentándoles un buen libro que este leyendo. Esta lista de “nis” es mucho más larga.
Pero peor aún es cuando los estudiantes, que lo captan todo”, “no ven” estos buenos ejemplos pero si observan algunos “anti testimonios” de sus docentes en la misma escuela o en la comunidad.
Y ahora que menciono comunidad, surge otra interrogante: ¿cómo los docentes y directivos de las instituciones, le pueden hablar a los estudiantes de historia local y amor a la comunidad cuando nunca hacen vida activa en la comunidad, ni siquiera la conocen y menos tienen sentido de pertenencia?. Todo esto es más grave cuando ocurre a un docente que trabaje en la misma comunidad donde vive.
Ahora bien, los lineamientos emanados desde la División de Cultura de las Zonas Educativas, señalan que el papel del docente de cultura está dirigido a motivar, impulsar, organizar, propiciar y ser facilitador para los docentes de la institución y la comunidad en general para así impulsar el crecimiento cultural de nuestra sociedad.
Completando la respuesta a la primera pregunta, sí los docentes de aula no están en condiciones de enseñar a cantar a nuestros estudiantes los himnos y canciones nacionalistas, entonces la situación es más grave de lo que yo pensaba. Estos himnos y canciones deberían ser parte fundamental de la educación de todo venezolano, docente o no, pero es indispensable en aquellos que tienen en sus manos la formación de los nuevos republicanos, sembrando en ellos el amor por la patria.
Y comparando el caso de las áreas culturales, con otros programas implementados en el sistema educativo, entonces los mismos no se podrían desarrollar por falta de “especialistas” que se dediquen al trabajo en aula, de acuerdo a un horario. Así por ejemplo:
o Para el programa de seguridad vial, la escuela no cuenta con fiscales de transito dedicados a trabajar con cada grado y sección.
o En cuanto al programa de Huerto escolar, en la escuela no se observan peritos o ingenieros trabajando en cada salón.
o En relación al programa de salud escolar, el mismo se lleva a cabo sin contar con médicos o enfermeras dedicados a trabajar directamente y en forma continua con los niños.
En todos estos casos, el docente recibe lineamientos, información y adiestramiento para desarrollar dichos programas con sus estudiantes.
¿Cómo hacían los docentes de antes, cuando no era tan marcada la “parcelización” de la educación” y no contaban con “especialistas”?
Pero el ejemplo más palpable y actual de esta situación lo tenemos en el “Plan Canaima”. El docente debe prepararse para poder interactuar con sus estudiantes en el uso de la computadora y de todas las nuevas alternativas de educación y comunicación, máxime cuando ya nuestros estudiantes desde la más tierna edad, están haciendo uso de estas nuevas tecnologías, aunque en muchos casos desvirtuadamente. Nuestros estudiantes manejan el internet, el chat, email o correo electrónico, el facebook. El twester, procesadores de texto, hojas de cálculo, power point, editores de video y audio. ¿Cómo podría interactuar un docente con sus estudiantes en este campo del conocimiento sino está capacitado y actualizado?
Esta situación da pie a la segunda pregunta formulada, en cuanto a la necesidad o no de que el docente tenga un nivel en el área musical para cantar y guiar bien a sus estudiantes en la interpretación del Himno Nacional.
Mi respuesta es que el docente debe tener una preparación mínima indispensable en canto, lenguaje musical y la ejecución de un instrumento (por ejemplo cuatro o teclado) para poder cantar bien el Himno Nacional y otras canciones nacionalistas.
Idealmente estos conocimientos deberían ser en el campo del canto, el lenguaje musical e instrumental, es decir, un docente que ejecute un instrumento y cante. Pero si no es así y el docente, no conoce de lenguaje musical, al menos que tenga conocimientos básicos de un instrumento para que le sirva de guía y entone adecuadamente los himnos y canciones nacionalistas. O en todo caso, que al menos le guste el canto, así él mismo crea que no canta bien, para que apoyado por otros recursos, por ejemplo, pistas grabadas en CD, enseñe e incentive a sus estudiantes para que canten bien y con alegría el Himno Nacional.
Pero ante una limitante, el ser humano tiende a ver una amenaza y no una oportunidad de crecimiento, y por el ello muchos responden: “Yo no sé nada de eso”; o “yo no sirvo apara eso”. O en algunos casos, es el temor al cambio y al compromiso.
Aquí va la contra respuesta. Esforcémonos para superar nuestras limitaciones, trabajemos por nuestro crecimiento personal y profesional, no sólo en el área cultural, sino también en las nuevas tecnologías, y en algo que es mucho más importante: en el área de las relaciones interpersonales, el fortaleciendo espiritual y en el compromiso comunitario.
Es por ello que finalizo con algunas expresiones que no son mías, pero que nos dan algunos puntos de referencia sobre nuestro accionar docente:
o Ser docente no es una profesión, es un apostolado.
o Ser docente no tiene horario, el docente lo es las 24 horas del día los 365 días del año.
o Ser docente no se limita a los espacios de la escuela, se es docente en cualquier sitio que nos encontremos.
o Ser docente requiere mucha formación, pero mucho más vocación.
o Ser docente no es ser perfecto, pero si marchar por el camino del mejoramiento continuo.
No tengamos miedo ante los retos. La misión parece muy ardua, pero afrontémosla con fe y valentía, para crecer como seres humanos y brindar una educación integral y de calidad. Nuestros estudiantes lo merecen y la patria lo requiere.
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