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    Educación y Movimiento Estudiantil
Por la emergencia de una propuesta revolucionaria
Contra el curriculum como forma de dominación (I)
Por: Luis Enrique Millán
Fecha de publicación: 15/07/08
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      Los tres escritos, puestos a consideración de los lectores de Aporrea, forman parte de un trabajo realizado con el objetivo fundamental de acceder a una definición del currículum que ponga en evidencia dos elementos fundamentales: 1) La necesidad de construir una alternativa revolucionaria en función de la claridad sobre el instrumento de clase que supone la opción en uso; 2) La reconstrucción del movimiento histórico del concepto de currículum –desde una perspectiva dialéctica-, la cual pone en evidencia al proyecto político detrás de las intenciones de despolitización del mismo. Para tal fin, en la primera entrega, se inicia con una “desmitificación” de la dialéctica marxista; se continúa en la segunda entrega apuntalando un “concepto del Concepto” como forma de la unidad entre la teoría y la práctica, necesario para arriesgar una definición marxista del currículum, la cual es, forzosamente, una definición de carácter estructural-capitalista y de denuncia; en la tercera y última entrega se esboza una intención de reconstrucción genealógica del concepto de currículum a la luz de la definición planteada.

Introducción

                      -¿Pero no lo comprendéis? ¿No tenéis ojos para ver algo que ha necesitado dos milenios para alcanzar la victoria?... No hay en esto nada extraño: todas las cosas largas son difíciles de ver, difíciles de abarcar con la mirada.

                (Nietzsche, 1978, pág. 40) 

 La intención principal del siguiente escrito podría considerarse partidaria de un intento de reformulación de la dialéctica marxista en los términos puestos en escena por Ludovico Silva (Silva, 1975), con lo que, la acción de denuncia ante una concepción del currículum que funciona como elemento de penetración ideológico, acción que se erige desde un rastreo histórico del concepto de currículum, pretende ser principalmente un concreto a partir del empleo de un concepto de dialéctica vivo, político, que genere polémica y que reavive el debate sobre la actualidad y vigencia del marxismo, desde esta perspectiva, el trabajo tiene dos objetivos: aportar a la lucha política sobre el currículum como una forma específica de la acción de clase por la emancipación de nuestros pueblos, es decir, “politizar al currículum” en la dirección de la acción política de clase, como objetivo; y, además, aportar para la construcción, no definitiva y menos específica que el objetivo anterior, de un concepto de Dialéctica, en la misma línea de acción clasista, popular, anticapitalista y antiimperialista, propia de un marxismo nuestro-americano.

      Al respecto es necesario poner en claro lo que se entiende en este trabajo por “politizar” y por aportar para la acción; para así poner tales productos fuera del alcance de comprensiones arbitrarias, neutras o caprichosas. Tales acciones quedan enmarcadas en lo que Althusser llama la práctica teórica y la práctica política, al respecto:

Diremos, muy esquemáticamente, que los medios de trabajo teórico que constituyen su condición misma: la teoría y el método, representan el lado “activo” de la práctica teórica, el momento determinante del proceso. El conocimiento del proceso de esta práctica teórica, en su generalidad, (…), constituye una primera elaboración teórica de la Teoría, es decir de la dialéctica materialista. (…)

Y aquí comprobamos, una vez más, que esta práctica política, que tiene su materia prima definida, sus instrumentos y su método, que como toda práctica, produce transformaciones (que no son conocimientos, sino una revolución en las relaciones sociales), puede existir y desarrollarse sin la necesidad de hacer la teoría de su propia práctica, la Teoría de su “método”. (Althusser, 1970, págs. 142,144).

     Según Althusser, en ambos escenarios, independientes en su avance de la reflexión Teórica, se hace presente como herramienta, se pone en acción, la dialéctica marxista. Al respecto de las mismas nociones:

Pero, ¿Cuál es a este respecto la especificidad de la práctica política? Esa práctica tiene por objeto específico el “momento actual”, como decía Lenin, es decir, el punto nodal en que se condensan las contradicciones de los diversos niveles de una formación en las relaciones complejas regidas por la sobredeterminación, por sus diferencias de etapas y su desarrolle desigual. Ese momento actual es, pues, una coyuntura, el punto estratégico en que se fusionan las diversas contradicciones en cuanto reflejan la articulación que especifica una estructura con predominio. (Poulantzas, 1977, p.39).

     De igual manera, como otras coordenadas, se asume también lo que Nicos Poulantzas denomina “lo político” y “la política” (Poulantzas, 1977), siendo la primera considerada como la superestructura jurídico-política del Estado y la segunda como las prácticas políticas de clase (lucha política de clase). Ambas referencias son claras como límites del campo de acción en el que se inserta la discusión sobre currículum, al identificar en él un elemento de “lo político”, como un concreto de la lucha de clases, con toda la intencionalidad propia de un instrumento ideologizador de las clases dominantes, es entonces, este aporte, un elemento de “la política” como práctica política con compromiso de clase, como un documento de acción contra-ideológica, como un documento de acción política.

      Se pondrá en escena, desde una perspectiva de exposición dialéctica, al Currículum como Concepto, esto es, considerando al Concepto como una herramienta concreta, como unidad política de la práctica y la teoría. Se hará el intento de deslinde de las definiciones con apariencia neutra, y se pretenderá un enfoque de movimiento y vida histórica, en un movimiento con ritmo a ratos de deriva, pero con un fino hilo de continuidad que resalta en un mar de rupturas, a tal respecto se harán referencias a escritos específicos, sin pretender la erudición vacía o la saturación, imposible de rastrear, de citas y autores. Desde tales referencias en las cuales se acarician suficientemente posturas renovadoras, se monta el andamiaje para la acción desde algunas nociones inmediatas, cuyo uso se proyecta en estrecha relación con serias problemáticas políticas actuales, como por ejemplo, la Reforma como complejo proceso político a concretarse en Venezuela, la Educación Popular, el Concepto de Universidad, entre otros.

      El objetivo entonces, no es filosófico, aunque recurre a la filosofía como a una gran cantera de analogías y metáforas. De aquí se desprende una valoración del pensamiento que pretende sistema absoluto. Desde una postura marxista y con directa referencia a la última de las Tesis sobre Feuerbach escritas por Marx, se acompaña la necesidad de transformar la realidad, ya no de contemplarla, que es la misma emergencia del hombre y la mujer prácticos, fundamentos de un avance hacia un socialismo y un comunismo como proceso de emancipación humana. Tampoco está circunscrito exclusivamente al ámbito pedagógico o al académico, a pesar que pretende impactar a la maraña de indefinición que encierra al concepto de Currículum y disolver la aparente indiferencia de dicho constructo ante la realidad política, se descuentan así posibles confusiones en torno al objetivo del trabajo, sólo para centrarse en la principal meta: proyectar el conflicto actual sobre el Currículum en el plano de la lucha clasista y el desenmascaramiento de los avances de las políticas reaccionarias, es así entonces, el presente trabajo, antes que nada, un documento polémico y político enmarcado en la acción política de clase. 

La Dialéctica como desmitificación de la dialéctica

     El primer movimiento del trabajo realizado se plantea como una combinación de las nociones de reacción y acción, justo en ese orden y justo desde la más sencilla interpretación. Se reacciona a la violencia de las “leyes universales” de la dialéctica impuestas por la tradición marxiana, especialmente la marxista-leninista, y en el mismo instante, se acciona en la dirección de apalancar ciertos elementos que permitan reconstruir sobre los espacios ganados una suerte de permanencia, permanencia que debe reclamarse como provisional, provisionalidad propia de la constante revisión y afinación a la luz de la acción. No se pretende el retroceso de lo universal y absoluto con nuevas universalidades absolutas, el gran reto es, así planteado, el combate contra la tradición que paraliza, con las armas propias de la actividad viva, constante, abierta a distintas percepciones y a la incorporación para la acción desde los distintos frentes de lucha contra las diversas formas de opresión del mapa mundial capital y su política para con los pueblos en condición de desventaja.

     Un problema generalizado en las filas de acción anticapitalista y antiimperialista se hace presente, al menos, desde dos fenómenos distintos, el primero tiene su fundamento en la incomprensión de las formas de desarrollo de lo histórico y político. La deficiente o ausente incorporación de elementos históricos, que generalmente inducen a historiografías inconexas donde no se muestra la vida de los acontecimientos y su organicidad, o el alcance de las rupturas y discontinuidades, donde lo continuo y lo discontinuo son dos formas de lo histórico. No permite esta forma de incomprensión la conexión coherente, y oculta con ello los avances históricos de los proyectos capitalistas y de opresión. Tal deficiencia pone en peligro la interpretación, la identificación de la intencionalidad de ciertos elementos a lo interno de programas políticos reaccionarios, y esto, afecta de manera definitiva la asimilación de las ideas revolucionarias y también la militancia en contra del avance de la reacción.

El segundo fenómeno, en íntima relación con el anterior descrito, se muestra en las distintas concepciones de lo dialéctico, ya no como desarrollo de lo histórico, sino como forma presente de movimiento. El presente como proceso, idea tomada de Paul Sweezy (Sweezy, 1953), es un espacio problemático de acción política, donde la ausencia de herramientas de comprensión hacen retroceder a la crítica revolucionaria hacia espacios mecanicistas y pragmatistas, donde inclusive, tal deficiencia, hace conectar los esfuerzos de denuncia y acción revolucionaria con ideas animistas y pseudo-religiosas de la dialéctica, las cuales comprometen la lucha, la crítica y la reflexión, por no mencionar los intentos de des-politizar y enfriar los espacios de acción. Los fenómenos mencionados arriba tienen una naturaleza mucho más compleja, la cual, ciertamente, es necesario descifrar; sin embargo, si algo tienen en evidente relación, es que son solidarios con visiones de la dialéctica que en muchas ocasiones detienen el esfuerzo de análisis, el desarrollo de los razonamientos y las confrontaciones en los espacios ganados con mucho esfuerzo. Forman parte, en una gran cantidad de casos, del desánimo como respuesta a la paralización del debate y el error en la crítica. Una visión nueva y viva es necesaria, con ella también las necesarias rupturas. Contra la visión manualesca de la dialéctica  y con toda la rebeldía latinoamericana se levanta el genio y comprensión de Ludovico Silva:

Esto es lo que se resisten a admitir los dogmáticos de toda laya, empeñados, como avestruces, en esconder la cabeza para no ver la realidad, como si con este caso eliminasen la realidad. ¿De qué han servido, en el terreno de la investigación científica de nuestro tiempo, las tres leyes de la dialéctica? Ni siquiera los científicos oficialmente marxistas han podido aplicarlas. (. . .). La ley de “la unidad y lucha de opuestos” de que nos hablan manuales como el de Rosental debe su importancia a que “está determinada por el hecho de que la ley enunciada refleja la naturaleza objetivamente contradictoria de las cosas y de los procesos del mundo real”, según reza el manual. Apartando el grave error epistemológico implicado en la teoría pseudomarxista que concibe a las leyes y a los pensamientos en general como “reflejos” de lo real, salta a la vista el absurdo idealista de esa “naturaleza objetiva de las cosas”. Si tomamos en serio tal enunciado, tendremos que concluir que Marx era un desaforado metafísico, o cuando menos un extraño filósofo panteísta. (Silva, 1975, pág. 37)

     Como se explica al comienzo, el avance se hace desde una combinación de acción y reacción. La primera reacción es en contra de las visiones de las dialécticas pretendidamente marxistas y eurocentradas que atrapan a Marx en una religiosidad pasmosa, al respecto, es necesario poner al alcance elementos decisivos de la visión que el mismo Marx tenía sobre su actividad de investigación, esto con la intención de desmitificar a la dialéctica como un “deux ex machina”. Estos elementos han pasado desapercibidos por la gran mayoría y en su ignorancia está comprometida la fortaleza creativa del pueblo que lleva, no sólo una pelea física a favor de su emancipación, sino también una pelea argumentativa y de acción teórica, más que dialógica, multilógica. En los escenarios de discusión y de acción-teórica como unidad de lucha, se imponen las ideas manualescas (Silva, 1975) que detienen el debate y lo perpetúan como muerte de la acción, dejando de lado que el esfuerzo crítico, fruto de la acción investigativa revolucionaria,  requiere de la acción directa sobre lo real. Escribe Marx en el Postfacio a la segunda edición de El Capital:

Claro está que el  método de exposición debe distinguirse formalmente del método de investigación. La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y si sabe hacerlo y consigue reflejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una construcción a priori. (Marx, 1975, pág. XXIII)

     Se hace evidente el gran error de concebir a la dialéctica como una solución mágica y extrahumana al hacer una pequeña reflexión a la luz de lo expresado por Marx. Al igual que Ludovico Silva, Manuel Sacristán se desprende de las percepciones religiosas, e igualmente manifiesta su comprensión de la dialéctica como método de exposición y como forma de dar vida a los datos arrojados por la investigación (Arnal, 2007). A la luz de esta primera reacción a la dialéctica como religión, contraponiendo el esfuerzo humano por la necesidad de la profundidad en la investigación y la incorporación exhaustiva de elementos históricos y presentes sobre los cuales es necesario descubrir sus “nexos internos”, se apuntalan elementos de lucha contra los dos fenómenos mencionados al inicio de esta parte del escrito, a saber, la confusión sobre el movimiento de la historia y la misma sobre el “movimiento” del presente. Ambos fenómenos participan de una profunda unidad, una cohesión que en momentos los hace parecer idénticos, los hace aparecer con vida propia, se entiende por tanto lo difícil de la separación “quirúrgica”, la pretensión de que son dos realidades distintas, por lo que es imperioso rescatar la discusión y la investigación del agotamiento analítico en la que muchas veces queda atrapada.

     Una consecuencia de este “agotamiento analítico” como visión de la realidad es la concepción falaz sobre los elementos separados por el razonamiento como partes integrantes y vivas de la realidad. A la par de esta concepción, la cual separa y devuelve a la realidad, como si fueran entes existentes, a los productos de tal operación, se presentan dos formas de falsa comprensión: una se puede denominar “ingenua”, propia de la falta de profundidad y disciplina en el estudio y la reflexión, lo cual ubica a ciertas nociones en un espacio de “imposibilidad de defensa” y en desconexión práctica, situación que se observa en la inseguridad de ciertas ideas y la facilidad con que ejercen su influencia otras ideas extrañas; y la otra, la “reaccionaria”, propia de un proyecto político de confusión y de desviación de la crítica y la acción teórica hacia pseudo-problemas y formas ideológicas de ocultación. Desde estas dos formas de comprensión se puede replantear el problema de los movimientos, tanto de la historia como del presente, identificando así uno de los terrenos de acción polémica.

     Una pretensión del proyecto político reaccionario y capitalista es la desconexión entre historia y presente o, que es lo mismo, una conexión conveniente entre lo histórico y lo presente como una forma de ocultación de los reales procesos. Al respecto, el manejo de lo histórico y lo presente como formas inconexas o como arbitrariamente conexas, oculta la unidad que a lo interno de las luchas sociales tienen la realidad presente y pasada, unidad que aporta elementos explicativos y de denuncia de los avances de las ideas nocivas a la liberación de los pueblos desde la perspectiva de las diversas opresiones.

     La unidad del movimiento de la historia y el movimiento de lo presente es ciertamente el espacio de posibilidad de la crítica que se pretende en el escrito. Si se hace summa de lo expresado hasta ahora, podemos decir, que el espacio configurado por el proyecto político de desconexión, uno de los frentes de avance del proyecto reaccionario, pretende hacer ver como desconectados los elementos históricos y actuales entorno  al debate sobre el currículum bolivariano, y es justamente contra la confusión como intención política, tanto contra la confusión ingenua, en donde se deben organizar los elementos de avance.

     Desde esta perspectiva se pone en evidencia un elemento central sobre el que se tendrá especial atención en el desarrollo de la investigación, y, a pesar que suponga una impresión de circularidad en su definición, es el elemento donde se apoya la unidad y pretensión de totalidad de la crítica hacia una concepción del currículum y la denuncia de su cualidad de herramienta al servicio de un proyecto político de colonización, de avance capitalista y de opresión. Tal elemento, el cual será desarrollado en la próxima parte, es el concepto del Concepto. 
 

     proyectsucre@yahoo.es

     Profesor UBV

     PFG Estudios Políticos y Gobierno

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Luis Enrique Millán


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