A la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez

A la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez.

Sociólogo Pedro José Fuentes Villegas

Facilitador Núcleo Valera.

Quiero expresarles que esta carta fue hecha por mampuesto y de verdad deseo provocar sus críticas o molestias hacia mi persona -o hacia mis ideas- da lo mismo; pero es insostenible guardar otra vez más silencio, más pasividad bobalicona, cuando la universidad que nos alberga, en la cual laboramos, la que lleva el nombre de Simón Rodríguez; la están acabando, unos por acción y otros por omisión, (cada quien juzgará de cual lado está). La universidad se está cayendo a pedazos y nosotros con ella.

Siento la tentación de adjudicar todo lo que pasa al Rector Mariña, pero me quedaría corto al no señalar aquellos o aquellas que están detrás de bastidores, quienes mueven los hilos. Esto no significa que deje de reconocer responsabilidades de aquel y de su “equipo” --llámense equipo aquellos que están pero no se ven. Con esta gestión rectoral, la universidad ha descubierto que además de la docencia, investigación y extensión anexa el “turismo académico”, como otra de sus importantes funciones. Ya son comunes los viajes de grupos de “selectos” académicos por Bielorrusia, el sur de Francia, Sudamérica, entre otros pueblos menuditos del tercer mundo y de nuestro país. Viajes sin resultados o al menos sin ninguna información que satisfaga las expectativas de la comunidad universitaria y de los núcleos de provincia, especialmente.

Los núcleos están abandonados a su suerte. La situación administrativa local es deficitaria. Los presupuestos reales no se concilian ni con las necesidades de funcionamiento y mucho menos con los aportes del nivel central. La cacareada plataforma tecnológica es un bluff. La infraestructura y dotación de mobiliario es precaria e insuficiente. Se están creando montones de sillas, mesas, archivos, material de oficina en desuso sin tener los núcleos la capacidad operativa de repararlos, por ausencia de presupuesto para la compra de materiales y para la contratación de personal. Los convenios con instituciones que puedan ayudar a estos menesteres, son un terreno vedado para las autoridades locales, sólo el rector puede firmarlos. Se argumenta, que el problema administrativo es presupuestario, no lo creo en parte. La universidad dispone de entes o fundaciones que como cajas negras no rinden cuentas a nadie. La institución gasta gran parte de su presupuesto en alquileres de oficinas que albergan cuerpos burocratizados (Torre Colegio Médico, en Santa Fe) y ahora han decidido ¿Quiénes? comprar una infraestructura en el este de Caracas, en vez de construir en El Valle, en terrenos propios cerca de los sectores populares, donde funcionan partes de los entes centrales administrativos.

La investigación en la universidad es una entelequia. Se habla, se habla, se sigue hablando y la investigación como proceso orgánico, orientada por políticas institucionales coherentes con el modelo de transformación sociopolítico, no existe. Ya no hay investigación, sólo “doctorados y postdoctorados”. Los centros de investigación aplicados a la producción de alimentos no generan sino unas cuantas ñemas, chivos, cabras y gallinas y de ninguna manera colaboran con las políticas de estado en la satisfacción de necesidades de las grandes mayorías. La política de publicaciones es lastimosa, no publica. Las investigaciones que suelen realizar compañeros de los diferentes núcleos es un esfuerzo que esta burocracia viajera no ha sabido valorar. Investigación que no se publica, no es. Este importante grupo de trabajos no han gozado de la crítica honesta y necesaria que premia la investigación científica. Sólo algunos elegidos gozan de publicar en revistas “arbitradas” y “especializadas”, los demás no existen.

Señalaba en párrafos anteriores, la tentación de adjudicar toda la responsabilidad al rector Mariña y a sus allegados, pero sería injusto. Gran responsabilidad la tenemos nosotros: facilitadores, gremios, grupos de opinión, participantes, administrativos y obreros. No hemos podido articular diferencias para la construcción de un proyecto universitario revolucionario. Vegetamos de mezquindad en mezquindad. La discusión política que apuntale la construcción del socialismo es difusa, casi llega a ser un rumor. Debemos comenzar por reconocer nuestras flaquezas, de involucrarnos con compromisos institucionales y políticos que vayan más allá del tiempo de dedicación. Aprovechemos las circunstancias para iniciar el verdadero proceso de revolución universitaria.

Pienso, que por no escribir, corro el riesgo de aquel personaje del poeta Gilbran, quien tuvo que beber agua de un pozo para ser loco como los demás. Asumo, que tal vez con esta carta soy el único que ve gigantes donde sólo hay molinos de viento. En fin, cada loco con su tema.

Por lo demás, mis señas son: Pedro José Fuentes Villegas, C.I: 3.859.425

(*)Sociólogo
Facilitador Núcleo Valera.

Correo: [email protected]

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