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    Educación y Movimiento Estudiantil

Como no volvernos un currículo
Por: Carlos Pérez Mujica
Fecha de publicación: 06/04/08
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Apenas si comienzan a mostrarse los primeros atisbos de lo que se ha dado en bautizar como el “currículo bolivariano” y ya los fuegos fatuos marcan la pauta de la discusión.

Los estereotipos sembrados con saña por los medios de comunicación en nuestra sociedad se confirman y se reproducen dentro de algo tan delicado como ha de ser la discusión acerca de la visión que debe orientar nuestro sistema educativo.

Pensar como Indira Gandhi que el camino es la libertad es dejar a criterio del azar el destino de la nación, es permitir que cada quien empuje hacia donde le parezca, es dejar que cualquiera nos hale hacia algo que desea que nosotros hagamos por él.

Aunque no lo querramos los niños y niñas de nuestra patria están sometidos desde que nacen a una presión social por parte de sus padres (y madres) para que sean la imagen de lo que ellos anhelaron o anhelan alcanzar. Pero además están expuestos constantemente a la presión que ejercen, tal vez sin darnos cuenta, la publicidad, el entorno social en medio del cual les toca desenvolverse y por supuesto la presión que imprime sobre ellos la propia institución que trata de educarlos.

Todos desean que cada uno de ellos sea “distinto”, que al momento de realizar sus elecciones se comporte como un ser “individual”, que sea capaz de tomar sus decisiones él mismo, de establecer su propio destino, pero terminan inmiscuyéndose de tal manera que tuercen las preferencias del individuo hasta en función de los deseos que la persona pretende alcanzar, del sexo que quiere profesar, de las aptitudes que debe tener, reunir o manifestar.

La educación es uno -cuidado si no el más importante- de los pilares básicos para evitar las desigualdades sociales. Y si bien la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela garantiza la igualdad, como hemos visto, las prácticas sociales, la mentalidad de algunos de nuestros compatriotas y las actitudes asumidas por algunos de nuestros conciudadanos, no se pueden cambiar o enderezar esgrimiendo el imperio de las leyes.

De entrada descalifican la iniciativa de cambio aduciendo que la reforma está orientada a implantar en los tres niveles básicos de la educación venezolana una visión claramente sesgada y a su manera de entender distorsionada que “responde a los intereses políticos del oficialismo”(1). Aunque al menos también reconocen a regañadientes que desconocen los principios, las motivaciones, el contenido y la orientación de la reforma.

Alegan pitonisos que, al finalizar los años de educación básica, el estudiante tendrá sembrada en su cabeza una versión “oficial” banalizada por la repetición de la historia política de nuestro país, desconociendo olímpicamente los antecedentes de esta práctica que a lo largo de la historia sufren los pueblos: “La historia la escriben los vencedores”.

Pienso que un buen punto de partida para la discusión seria del asunto, sería el reconocer abiertamente, la discriminación que aún persiste en nuestra clase media hacia lo que representan los amplios sectores populares que pueblan nuestro país, para luego por medio de acciones concretas intentar eliminarla.

Los estereotipos sembrados en el inconsciente de nuestra población muestran a diario su rostro dentro del sistema educativo y como al parecer jamás fueron captados, naturalmente nunca fueron corregidos.

Es así como estas nuevas generaciones de jóvenes estudiantes “combatientes por la libertad” que se gestan dentro del vientre de nuestras universidades -la mayoría de ellas públicas, sufragadas con los dineros del Estado-, ven con desagrado el hecho de que el ingreso a las mismas sea lo más abierto posible. Ellos piensan, por que es lo que les ha sembrado el sistema en la parte más primitiva de su cerebro, que pertenecen a una estirpe de dioses herederos del derecho divino a ingresar de manera expedita al Olimpo Universitario, al cual obviamente sólo los elegidos, los que se les parecen física e intelectualmente, o los que imitan su comportamiento, su manera de vestir y de hablar tienen derecho a pisar.

El recinto universitario, no importa que éste se financie con los recursos que generan y le pertenecen a todos los venezolanos debe ser, según su criterio, para el uso exclusivo de algunos pocos privilegiados. Y esos pocos elegidos son el resultado de un proceso de selección que se inicia desde el mismo momento en que sus imberbes traseros comienzan a empollar la madera de los pupitres que en los primeros niveles educativos les han sido asignados.

La historia, la cultura, la política y hasta la ciencia que se enseñan en nuestras instituciones educativa están fundamentadas en los valores que pertenecen a la cosmovisión de las hasta ahora clases dominantes. Y la interrelación que se ha establecido entre los muchachos provenientes de clases sociales diferentes, se ve distorsionada día a día por el factor económico y por la presión mediática que, nos indica como debemos movernos, vestir, comer o hablar para ser personas aceptadas, verdaderamente deseadas.

El objetivo final de la misión educativa es la de formar personas para la vida, no personal para la industria. Pero sin embargo todo nuestro sistema educativo reacciona a los caprichos, deseos e intereses de El Capital. Se habían olvidado hasta ahora los planificadores y con ellos los padres y representantes de los educandos, que el objetivo de la enseñanza es edificar conciencias, individuos como no, pero sujetos con integridad personal, personas con principios, seres a quienes les preocupe su propio bienestar pero sin olvidarse de la fortuna de los otros.

Si algo de bueno tiene la actual polémica, es el haber atraído la atención sobre un tema que ha debido ser siempre de interés capital par todos los ciudadanos. Formar personas con capacidad de ser libres implica otorgarles el conocimiento para decidir como ser y que hacer, lo que no implica el darles licencia para menospreciar a los demás, para sentirse superiores a los demás.

Hasta ahora el sistema educativo había estado produciendo partidarios, su idea jamás fue la de formar ciudadanos, pero como sus ideólogos ostentaban el poder y disfrutaban de sus beneficios, no se habían dado por enterados de las enormes carencias que se habían generado y acumulado.

Para que la educación pueda transformarse en la verdadera promotora de la tan nombrada igualdad de oportunidades y llegue a generarla en la práctica, debe en primer término, aceptar como cierta las aspiraciones de formarse, de crecer espiritual y profesionalmente que albergan todos los individuos, y en consecuencia asimilarlo a su discurso elaborándolo y construyéndolo sin hipocresías. No será fácil realizar transformaciones autenticas.

Aunque es sencillo encontrar dentro de nuestras universidades docentes que concuerden con nuestra postura, es realmente difícil ver concretada en la práctica la verdadera igualdad de oportunidades. El simplismo con el que se ha asumido el análisis de este asunto parte de una lectura errónea de la constitución de nuestra sociedad. Aunque colmada de recursos, nuestra nación no es el país rico que nos han tratado de mostrar.

Mientras la educación siga proponiendo el mismo modelo en donde la identificación se convierte en una vulgar imitación de las pautas sociales y del estilo de vida establecidas por el hegemón, las semejanzas establecidas entre el yo y el modelo ordenarán las pautas para el tratamiento hacia los otros por la senda de la discriminación. Y mientras la moral social lo avale, los individuos de clase media acabaran encontrando la seguridad y la coherencia que ellos necesitan para reforzar sus actitudes y comportamientos en el modelo establecido.

La urdimbre primaria del cambio es la discusión abierta y franca alejada del constructo bipolar en que desean embarcarnos. Insisto, esta reestructuración curricular es sólo un primer paso en la consecución de un verdadero cambio revolucionario, que debe apuntar a la formación del docente, de un individuo que marque el camino, que excluya de si mismo su sentido actual de pertenencia a un sistema que lo mira con recelo por asumirlo como un subalterno, como un instrumento descartable, como un mal menor al que se puede manipular para reproducir sus valores insertándose en la conciencia del docente como el virus que se instala en el ADN de una célula poniéndola a su servicio para reproducirse con los recursos del hospedero hasta destruirla.

Existen actualmente vertientes del funcionamiento de nuestro sistema educativo que permiten es más, que justifican el abordaje de la problemática bajo el enfoque de la Lucha de Clases, pues tanto la preparación del docente como la formación del educando cierran el paso dentro de la escuela al campo de la diversidad. Generan intersecciones con otros tópicos delicadísimos que ameritan la necesaria profundización del debate en nuestra educación. Temas como el del racismo, el de la discriminación de género, el del apartheid sexual, el de la segregación de los discapacitados, el del rechazo a los que viven en la miseria, en la pobreza y en la marginalidad resultan imprescindibles de abordar. Si realmente intentamos democratizar nuestro quehacer pedagógico, debemos formar maestros que no colaboren con el discurso discriminatorio en forma inconsciente y lo decimos así porque damos por descontado que haya quienes siendo docentes, practiquen la segregación conscientemente (ojala y no nos equivoquemos), es decir no podemos obviar por más tiempo estas cuestiones.

Debemos crear y aceptar una conciencia de que nuestra nación es heterogénea, que nuestro tejido está formada de diversos grupos sociales y que estos en tanto grupos sociales diferentes, tienen entonces similitudes que nos acercan y diferencias que nos separan, pero que como seres humanos debemos afianzar nuestro proceder hacia la búsqueda de un modelo en el que las divisiones sociales y las diferencias de origen no conduzcan a desechar nuestras experiencias ni limiten nuestras oportunidades.

Debemos incluir en la discusión el término coeducación, en donde los padres, el hogar, el entorno familiar y comunitario y no sólo el maestro, tengan un peso específico en la construcción y conducción de los saberes que han de recibir los alumnos, sin menospreciar a priori sus conocimientos heredados, transmitidos en el seno del hogar de generación en generación.

La asimetría social ha sido considerada hasta ahora como la piedra angular del edificio social, de modo que cualquier intento de cambio para subsanar ese descuido se constituye en un cisma catastrófico catalogado de entrada como subversión, como inicio de la destrucción social. Ancestral temor ese que nos hace ver que, el diferente a nosotros resulta peligroso y amenazante.

Existen actualmente varias teorías pedagógicas que conceptualizan acerca de la cuestión curricular, pero ya vemos como en nuestro país esa discusión resulta novísima, y en el campo de la docencia hay una tendencia a asimilar el concepto de curricula como sinónimo de programas escolares, excluyendo de la discusión gran cantidad de aristas del problema que son fundamentales. ?Quien se ha preocupado por definir la reforma curricular, por conocer su evolución, por entender los códigos internos del currículo, por develar las ideologías que lo han sustentado hasta ahora, por descubrir las motivaciones que llevan a su cambio, las derivaciones que tiene en el currículo la aplicación de un determinado pensamiento dentro del marco de una reforma curricular?.

Sin ambages se apuesta por el fracaso de esta iniciativa de reforma, por la negación absoluta a cualquier tipo de cambio, se le intenta satanizar bajo el estigma de la creación de un “pensamiento único” dentro del modelo educativo al cual hay que salirle al paso, atacarlo y derrotarlo, como si con ello cancelaran el hasta ahora arrollador proceso de empoderamiento que está protagonizando el pueblo venezolano.

No se han dado cuenta los que hoy dan muestra de ignorancia atrevida que, el currículo resulta ser un puente entre los principios establecidos o asumidos por una nación para lograr su desarrollo y la puesta en practica por parte de sus ciudadanos; es un intento por comunicar los principios esenciales de la propuesta educativa del país esperanzados en la obtención de un hipotético resultado positivo para la sociedad.

Estas relaciones de poder o de ostentación del poder a lo largo de la historia han sido cambiantes y su análisis revela la existencia de diversas maneras de concebir los destinos de un Estado en un mismo tiempo y por parte de diferentes actores político-sociales.

Pero a su vez la dominancia de una tendencia o de una manera de ver sobre los demás enfoques es lo que ha determinado la evolución del currículo escolar y de su contenido programático. Esto denota por que el currículo no sólo implica la toma de decisiones meramente educativas, si no que también lleva consigo decisiones políticas, económicas y sociales. Implica también el conocimiento de quien elabora la propuesta de cambio, quien la pone en práctica, lo que se incluye en dicha reforma y sobre todo lo que no se inserta dentro de la nueva propuesta curricular.

Al examinar las anteriores propuestas curriculares venezolanas, si podemos denominarlas así, impresiona que muy posiblemente no haya muchas objeciones que poner a la manera en que fueron confeccionados los objetivos y contenidos en ellos presentados, pero definitivamente podremos observar también que los mismos son de una generalidad tal que dejan librados a la buena fe de los docentes que vayan a ponerlo en práctica la problematizacion de algunos asuntos que resulta de vital importancia controlar. Las diferencias lingüísticas que se presentan con el uso y abuso de nuestras lenguas madre, las características e intereses de la cultura infantil actual influenciada por los avances y la popularización de las nuevas tecnologías, el trato hacia lo que queda de nuestras etnias autóctonas, el respeto hacia la mujer y lo femenino, la inserción de la pobreza y de su producto colateral, la marginalidad, como fenómeno emergente y preponderante, el problema de la inclusión de los discapacitados (físicos o psíquicos) al disfrute pleno de sus derechos ciudadanos, el trato decente al creciente grupo de ciudadanos que llegan a la vejez pero que desean continuar formándose.

Estas son las cosas alrededor de las cuales debería estar girando la discusión actual acerca de la reforma curricular y sin embargo es lo que menos hemos escuchado. La hegemonía ideológica como ya lo había apuntado Antonio Gramsci señala que la doctrina dominante en una situación histórica y/o social puede llegar a organizar las rutinas y los significados de estas hasta convertirlos en el sentido común de una sociedad, lo que quiere decir que esa ideología impone de manera sutil unos valores, unas razones, unas posibilidades de acción e incluso unos modos de organización y de actuación a una sociedad, cuya respuesta errónea puede contribuir a sostener situaciones de injusticia que, llegan a ser percibidos por el colectivo como inevitables, naturales y sin posibilidades de modificación.

La verdadera preocupación que debe existir en este momento entre todos los ciudadanos, debe girar en torno a la obtención final de un diseño educativo que impulse el verdadero desarrollo de la nación por medio de la generación de ideas y procedimientos propios, que nos deslastren de la dependencia intelectual y tecnológica que hoy día nos avasalla. O inventamos o erramos (2).



(1): Petkoff Teodoro. “Vueltos un currículo”. Diario Tal Cual. Martes 01 de abril de 2008.

(2) Rodríguez Simón. “Inventamos o erramos”. Monte Ávila Editores. Caracas. 1981.

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Carlos Pérez Mujica


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