Acerca del papel de la Universidad en el desarrollo nacional

Como premisa de partida debemos establecer que la Universidad en general y particularmente la Universidad Latinoamericana debe superar tanto la concepción medieval como la concepción neoliberalizante de la educación y el desarrollo nacional.

La Universidad fue enclaustrada entre la mera docencia, la investigación y la extensión y en tal sentido fue separada de la realidad nacional y de los grandes problemas que afectan o traban el desarrollo de la sociedad. Así, la Universidad se erigió en un lugar de privilegiados para fundar privilegios sobre la base de privilegios ya establecidos como la llamada autonomía universitaria.

La educación concebida como educación bancaria cuyo modelo de clase magistral castra la posibilidad de la búsqueda de la verdad y el afianzamiento de los valores del hombre y la sociedad desde el mismo momento en que se le cierra el paso a la educación liberadora y dialogizante, toda vez que ésta permitiría la discusión profunda sobre el modelo de producción dominante, el cual reproduce la Universidad desde sus propios diseños curriculares.

La investigación, por su parte, se ha convertido en la vía para alcanzar laureles dentro de los fríos espacios universitarios, pero que no aporta, en la mayoría de los casos, soluciones a los grandes problemas nacionales ni sirven de apalancamiento para los cambios profundos que las sociedades de hoy día demandan, devoradas ellas por un sistema de acumulación de riqueza basado en el gran capital, y las investigaciones que llegan a trascender dichos espacios lo son para servir igualmente al sistema de dominación imperante, aún a costa de la soberanía de los propios países, cuyos inventos los ofrecen como geniales aportes, como ocurrió con la llamada orimulsión en Venezuela; y finalmente la extensión ha sido entendida como la ramificación, en términos de infraestructura física, de esa misma Universidad pero arrastrando consigo su esquema y modelo de reproducción de las relaciones del sistema. Frente a tan perverso orden han surgido, paralelamente, las Universidades privadas que pretenden erigirse como alternativa, sobre todo ante la demanda de ingreso en las Universidades Públicas, para impulsar otro daño más a la sociedad que no es otro que tratar la educación y el conocimiento como una mercancía, dando paso a la macdonalización de la Universidad. Ahora bien, cabe preguntarse lo siguiente ¿responde la Universidad actual en Venezuela a los retos que plantea nuestro desarrollo?. Una mirada rasante a lo que ha sido la Universidad tradicional indica sin vacilación de ninguna índole que esto no está ocurriendo, amén de que no ha sido siquiera capaz de vestirse de negro, de indio, de campesino, de pueblo como enseñaba el Ché Guevara.

La República Bolivariana de Venezuela impulsa un Proceso Revolucionario profundo, de cambios sustanciales y estructurales en procura de un sistema de gobierno que sea capaz de dotar a nuestro pueblo de la mayor suma de felicidad posible, la mayor de suma de bienestar y la mayor suma de seguridad social, lo cual choca abiertamente contra los agentes del gran capital criollo e internacional que ven en el modelo de democracia participativa y el modelo socialista de producción un enemigo en su lógica depredadora y consumista, generar cambios que conlleven inclusión, atención por los desposeídos en tiempos en que las democracias han sido desprovistas de contenidos políticos y que los mejores gobiernos son aquellos que sirven a los más rancios intereses, es hoy día una afrenta y es considerado antidemocrático.

El Primer Plan Socialista de la Nación señala pues cuales son las grandes líneas de desarrollo nacional, del cual han estado apartadas las Universidades Nacionales, y un claro ejemplo lo constituyen el Revolucionario Programa MISIÓN SUCRE, al cual las Universidades autónomas tradicionales le dieron la espalda, escudadas en una hipócrita y acomodaticia autonomía, obligando al Estado Revolucionario a celebrar convenios con otras Universidades, incluso privadas, para validar los estudios y Programas de Formación, en el marco de una política de municipalización de la educación universitaria. A esto se le suma el tipo de profesional que egresa o gradúa la Universidad tradicional, desprovisto de toda conciencia de clase, con sus honrosas excepciones. En definitiva, la Universidad debe formar parte consustancial e inexorable del proceso de desarrollo nacional y trabajar en función de las grandes líneas de desarrollo nacional, y no podía ser de otra forma, lo contrario sería aceptar que son una santa sede dentro de la organización y el territorio nacional, y sólo un proceso revolucionario es capaz de plantear este debate con seriedad a la población, pues a fin de cuenta como decía el Ché “La Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo”.


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