Educación y libertad

Las sociedades levantadas sobre una estructura donde existen grupos sociales que niegan la posibilidad de ser de otro colectivo humano, son sociedades donde la opresión está presente. La cultura de la dominación se ha encargado de diseminar la insensibilidad, calculada con precisión para aletargar, cuando no suprimir por completo, la consciencia de los seres humanos, haciendo de las mayorías una masa inerte, alejada de la realidad que le rodea, alienando a hombres y mujeres de sus raíces, aquellas que le constituyen y justifican como pueblo.

Necesario es invertir este escenario para concretar los anhelados cambios sociales, aquellos que perseguimos los venezolanos desde hace más de quinientos años, porque a partir de la invasión europea hasta nuestros días, se ha solidificado en nuestra razón, una aceptación de la dominación, pues hemos asumido que para ascender socialmente en imprescindible apoyarnos en la degradación de otros, y lamentablemente nuestras vidas están llenas de ejemplos que comprueban esta realidad histórica.

Paulo Freire consideraba vital descubrir ante los ojos del oprimido esta lógica de la dominación, la esclavitud velada que debía desaparecer en la medida que los desfavorecidos se comprometieran en la praxis, a la extinción de las relaciones humanas de la desigualdad por medio del proceso educativo, sostenido a través del tiempo para construir un proceso de permanente liberación y descubrimiento humano. Es precisamente la elevación de la sensibilidad y la consciencia social, la intención de las letras comprometidas.

Es aquí donde hay que entender muy bien la estructura de clases sociales que pervive en nuestro país, y como ha evolucionado en los últimos tiempos, cuando una parte importante de los venezolanos, gracias a la gestión de la Revolución, ha experimentado cambios favorables en su nivel de vida, pero que aún no entienden con amplitud como se traducen en su vida diaria conceptos como la independencia, la multipolaridad mundial o la defensa y preservación de la naturaleza; grandes objetivos nacionales que tienen su repercusión en cada una de nuestras acciones diarias.

Definitivamente nuestros problemas tienen un origen ético, y es precisamente ese el inicio de la resolución de tragedias como la delincuencia, la afectación inmensa que en nuestra población causan el alcohol, las drogas y el juego. Hace muchos años, Uslar Pietri llegó a afirmar que “si las revistas hípicas se editaran en inglés, más de la mitad de la población sería bilingüe”. Triste afirmación, más aún si se traslada a nuestro tiempo, cuando parecemos estar más afectados por los anti-valores transmitidos durante tantos años.

Necesario es, claro está, proporcionar a los venezolanos las viviendas y la infraestructura; el nuevo sistema comercial y la ampliación de su capacidad adquisitiva; pero sin una sólida base ética y moral de la población, todos esos avances se traducirán en consumismo, desorden, y por supuesto, más explotación, alimentando así el germen del sistema capitalista.

La educación y la cultura serán la cura y el blindaje perdurable, contra la degradación de nuestro espíritu y austera moral colectiva.

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