Mérida en Positivo (y II)

En el pasado reciente, le ha correspondido a Mérida, como ciudad y estado, el tener que lidiar con eventos que son reveladores de los procesos de contradicción histórica que se vive en el país con mayor o menor intensidad y que es necesario tener a buen recaudo de la memoria colectiva para poder comprender la historia que gestándose en el día a día y en el fragor de la confrontación de estos días, pareciera encontrar caminos para la justificación de cualquier acción en el esfuerzo por hacerse del poder constituido en el ámbito nacional (ya pasado el 7-Octubre) y en lo regional que está por dirimirse en poco menos de un mes. Veamos como la contradicción histórica contribuye a lo que hemos denominado la Mérida en Positivo.

Antes de abordar algunas de las contradicciones históricas que se revelan en Mérida, es menester esbozar algunas líneas en torno a la Mérida en Positivo, esa etiqueta con la cual abrimos un espacio para comentar algunos aspectos asociados al modo como en Mérida se ha andado en el proceso de transformación venezolano desde una posición que entiende la acción política como el esfuerzo por conjugar una política de inclusión y respeto de la diversidad y que se empeña en la búsqueda de espacios para concertar acciones y discursos que permitan la reconstitución de un fundamento común para pensar el bienestar de todos. En esta reconstitución se entiende que anterior al derecho existe la condición de vulnerabilidad y fragilidad humana que demanda la solidaridad, complementariedad y co-responsabilidad en torno no sólo a lo público como infraestructura, sino quizás con mayor hincapié, lo público desde la propia concepción de individuo, ciudadano y las propias instituciones del estado. Es evidente, que Mérida en Positivo es un espacio de reflexión desde la transformación social de Venezuela como necesidad histórica pero además como proyecto político-civilizatorio que contribuya con la construcción de un hombre y mujer nuevos.

¿Qué ocurre cuando algunos sectores de la sociedad con formación intelectual por encima del promedio y autocalificados de tolerantes y democráticos al momento de perder una elección deciden descalificar al vencedor y al mismo tiempo pedir un diálogo incluyente? ¿Qué significa la política en este caso? Esta situación conocida a nivel nacional y de forma exacerbada a través de las denominadas redes sociales, adquiere en la ciudad de Mérida una condición singular: la puesta al servicio de los intereses subalternos de las instituciones, con marcado enfasis en la que se denomina el alma mater: la Universidad de Los Andes. Práctica recurrente desde hace ya muchos años, la Universidad se ha ido convirtiendo en un elemento enajenante y enajenado de la realidad de la ciudad de Mérida, del estado y del propio país. Obviamente, la condición universalista de la universidad ya no se discute, porque sencillamente le queda lejos.

La ULA ha sido escenario de una forma de ceguera que es particularmente enfermiza porque se supone que su misión esencial es arrojar luces para que podamos discernir sin pasiones, ni falsas creencias, la realidad que se nos muestra. Acá el asunto no se trata de ser complacientes con el gobierno de turno, sino de aproximarse críticamente a la realidad que le toca en toda su complejidad y desde todo tiempo. Pues bien, la universidad no se aproxima, se aleja, se encierra en sus propias paredes. Paredes hechas con los recursos de todos y para el cultivo de los intereses trascendentales de la humanidad se han convertido en muros para el lamento, para lamerse el orgullo herido de no ser invitados porque sencillamente, para algunos universitarios, ellos son "mucho" para una sociedad de ignorantes.

Ahora bien, ¿Adónde hay que enviar la invitación para que una universidad se ocupe de pensar críticamente la sociedad en la cual se inserta? ¿A cuáles intereses tributa una universidad que no discute, sino que amenaza? ¿Cuáles son las referencias éticas de una universidad que demanda exclusividad en el acceso de los recursos que son de todos? Sin duda, cuando se enuncia acá la universidad no ablamos de una estructura monolítica. Nos referimos a la resultante de las fuerzas que al interior de la universidad la han secuestrado en su mediocridad y el terrorismo. Esa resultante no sólo avasalla a los miembros individuales, víctimas en mayor o menor cuantía, de los arrebatos irracionales y desquiciados de las fuerzas que se dicen legítimas cuando escasamente la legalidad les arropa un mínimo de verguenza. La universidad se ha enajenado y es enajenante por la sencilla razón de que es incompetente para asumir la tarea de ser espacio para el diálogo crítico en la sociedad en la cual se encuentra. Por ello, la descalificación por la vía de acusar de ignorante a una mayoría del país y a una minoría circunstancial en lo local, es doblemente contradictoria.

La primera contradicción radica en la negación de su dimensión didáctica. Un universitario, cualquiera sea su vinculación con la universidad, debiera reconocer en todo otro, pero incluso con mayor empeño en aquel que es su adversario, no sólo a un interlocutor sino además, en potencia a un compañero en la tarea de aprender y comprender el mundo. Más aún, si posee la ventaja de mayores capacidades intelectuales está llamado por razones de humanidad y de ética, convertirse en faro para iluminar las sendas del entendimiento de aquel que se encuentra en desventaja. Catalogar a alguien de ignorante y en consecuencia despreciable, deja muy mal parado a todo aquel que se encuentra en la práctica de la educación no importando que arista ocupe.

La segunda contradicción es centrar el supuesto diálogo en el reconocimiento de una condición de primacía para quien se dice que ostenta el saber. Esta aseveración en los albores del siglo XXI que encuentra al planeta tierra al borde de un colapso en todos los ordenes y en buena medida acelerado por los "avances" de la ciencia y la tecnología debiera provocar la risa sino fuera por la gravedad del asunto. En la conducción de una sociedad, en particular una sociedad como la venezolana que por encontrarse a la periferia de los centros de poder es espacio propicio para que los efectos colaterales de estos avance se manifiesten con mayor crudeza e intensidad, es necesario que la ciencia y la tecnología hagan el esfuerzo por centrar sus esfuerzos en constituir a esta sociedad en el centro de su reflexión y de sus empeños. No se trata de un ejercicio de nacionalismo rancio y trasnochado (epítetos que usan algunos para mostrar su "universalidad" y "trascendencia"). Es un asunto de sobrevivencia: El hecho de estar inmersa Venezuela en las zonas de desborde del conflicto civilizatorio que ha propiciado la modernidad industrial y la postmodernidad financiera, hace que seamos una sociedad vulnerable no sólo a los eventos extraordinarios de una naturaleza en desequilibrio sino además, a los vaivenes de las grandes economías que no tienen precisamente en las sociedades periféricas su foco de atención.

Ahora es evidente que estas contradicciones que pudieran resumirse en la contradicción de la práctica educativa y la contradicción civilizatoria de occidente encuentra en la Mérida del presente, un claro ejemplo de esta oscura desidia e indiferencia que busca con ciego anhelo ser una universidad de prestigio a pesar de tener lunares que mancillan su historia desde lo académico hasta su propio entorno físico y espiritual.

A quienes han conducido la universidad a ser reducto de la violencia, de cualquier cuño; de haber permitido el ascenso a las más altas posiciones a partir de formas inapropiadas de conducir lo universitario. A quien ostentando el poder para convocar ha apartado y marginado es evidente que estas contradicciones han sido el espacio propicio para su ascenso y avance. Eso debiera ser evidente para todos los que diciéndose universitarios o, al menos considerando con un nivel de instrucción elevado, se animen a mirar la universidad desde una perspectiva universitaria incluyente, crítica y venezolana.

De lo anterior, la trayectoria que se ha gestado desde la universidad hasta la alcaldía y con aspiraciones de la gobernación se entiende como natural a la luz de las contradicciones que hemos dibujado. De más está decir que estas contradicciones en la gobernación de un estado no sólo se amplificarían hasta lo indescriptible sino que además pondría a toda la colectividad con terribles y groseras diferencias a ser víctimas de la discriminación y del terror.

Lo positivo de esta situación dramática es que podemos verla y vivirla. No se trata de una hipótesis posible sino de una realidad casi cómica sino fuera una tragedia. Los merideños que viendo esto permanecen indiferentes bien debieran revisar hasta donde llega esa ceguera de la que se es culpable.

A Mérida en Positivo, esto lejos de ser un tema electoral constituye un asunto de importancia vital para preservar la dignidad del gentilicio merideño. Pero, por si las dudas, ya la trayectoria busca apropiarse incluso de esto. El slogan electoral habla de votar por el orgullo merideño.. claro, se entiende si el destino de lo merideño es finalmente la basura. ¿Será una estrategia electoral o un simple error ortográfico?... o es acaso ¿la forma más ingenua y rápida de entrar en el basurero?

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