Respuesta a Diana Carolina Pérez: Sí son comparables

En relación a unos comentarios efectuados por Diana Carolina Pérez en este medio, sobre un artículo mío en el que señalaba los logros educativos de Corea del Sur, expongo mis consideraciones en este derecho de réplica. Para empezar le señalo que mi primer apellido es Fuenmayor y no Toro, pues en Venezuela utilizamos la forma española y no la anglosajona de colocar los apellidos.

En 1945, Corea se libera del yugo japonés, año en que Venezuela se liberó, según los “revolucionarios” del trienio 1945-48 (muy parecidos a los actuales), de los yugos militares post gomecistas. Luego del trienio vino una “oprobiosa” dictadura, brutal para muchos, lo que tiene ciertas similitudes con el caso coreano. Estos hoy, sin embargo, están muy por encima de nuestro pueblo en materia educativa. Y están muy por encima también de sus hermanos de Corea del Norte, con quienes deberían ser perfectamente comparables y que no viven en una democracia capitalista, “pequeño detalle” que es necesario no olvidar.

¿Que Corea del Sur es un aliado estadounidense? Sí. Lo dejé muy claro en el artículo, precisamente para señalar que algunos no ven sino ese aspecto y pasan por alto aspectos que son fundamentales para cualquier pueblo como la educación, la salud, la alimentación, la vivienda, que tienen que ser tomados en cuenta a la hora de efectuar análisis. Los yanquis, como los llama nuestra crítico, son aliados de Vietnam en relación a las pretensiones de China sobre el Mar del Sur, lo que no descalifica a los vietnamitas ni los convierte en arrastrados capitalistas, sino que demuestra que tienen como prioridad, al igual que los coreanos, los intereses de su nación por encima de cualquier otro objetivo y, por lo tanto, no son víctimas de las ideologizaciones absurdas, que nuestros “revolucionarios” de hoy tienen como guía.

No oculté en mi artículo los posibles efectos perversos de la política educativo-competitiva de los surcoreanos, los señalé explícitamente, y mencioné las acciones gubernamentales tomadas para enfrentarlos, las cuales no pareciera que provienen de ninguna dictadura atroz. Lo que sí me llama la atención es que sea la BBC el sitio donde Diana Carolina Pérez se alimenta de informaciones sociales de las distintas naciones del mundo. En Venezuela también existe prostitución masculina, evidente en las calles, a pesar de que no somos un país “virtual y computarizado”, causas que según los “científicos” de la BBC explicarían la prostitución masculina en Corea del Sur. Por otra parte, la prostitución femenina o masculina no desmerita los logros educativos de ningún país.

No pudo Diana Carolina Pérez dejar de sucumbir, como muchos otros, en la utilización de la descalificación del adversario en la discusión que ella misma inició. Ante la falta de argumentos concretos relacionados con el tema educativo, decide decir que pasé “sin pena ni gloria” por la OPSU. Simplemente le recomiendo leer: 1) Proyecto CINDA. Educación Superior en Iberoamérica 2006; 2) Logros y tensiones en las políticas públicas de educación superior en Venezuela (1999-2004), CENDES, Venezuela visión plural, edit BID & Co, Caracas; 3) Proyecto Alma Mater para el Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación Universitaria en Venezuela, Cuadernos OPSU, 2003, entre muchos otros, si es que realmente quiere informarse sobre la materia, para lo cual además estoy a sus órdenes completamente.

En su desespero, Pérez recurre a inauditas afirmaciones que no vienen al caso sobre rectores de la UCV y de la ULA, que ni siquiera coincidieron con el lapso en que fui director de la OPSU. No entiende que mi artículo se refiere a toda la educación, desde el preescolar hasta el postgrado, pues el área educativa es mejor abordarla de esta manera. Sobre que he debido intentar la aplicación de programas alternos en las universidades, para mejorar la calidad, de nuevo Pérez peca de desconocimiento; se ve que no lee mucho sobre la materia. Le vuelvo a recomendar las lecturas antes indicadas, para que vea que no fueron simples intentos, sino seis años del desarrollo de un programa claro y concreto, que luego fue descontinuado en forma negligente.

Afirma que seguramente FAPUV y los sindicatos adecos dirían que la evaluación de profesores es inconstitucional y que atenta contra los derechos de los docentes. Aquí, la crítico Pérez descubrió el agua tibia. Por supuesto que estos sindicaleros se opondrían a cualquiera de estas medidas, lo extraño y absurdo es que también se opongan, como lo hacen, los organismos gremiales “revolucionarios”. Y también es inconcebible que las distorsiones y corruptelas que afirma ocurren en los concursos docentes en las universidades “autónomas y democráticas”, como las llama, se produzcan con mayor intensidad y desenfado también en las gubernamentalmente controladas y antidemocráticas.

La crítico de mi artículo parece tener una fijación con la rectora actual de la UCV y con la UCV misma, pues las acusa de todo lo imaginable, demostrando un odio que debe tener alguna causa concreta no tan ideológica ni política, quizás más terrenal, que habría que averiguar. Eso de desear que se aplique una prueba de determinación de drogas en la UCV, imagino que a la autoridades y a los profesores, que son el objeto de su animadversión, y de expresarse como lo hace sobre “operación colchón”, relaciones amorosas sórdidas y su influencia en lo académico, es realmente para preocuparse, no por la UCV sino por la autora del escrito.

Mediciones de drogas bien podrían realizarse en cualquier centro de educación media, para evitar las consecuencias futuras de adolescentes adictos y como parte de la lucha contra el tráfico de drogas en estos centros, que recientemente ha adquirido cierta notoriedad.

Por fin regresa al tema y se introduce correctamente en el campo de los aspectos culturales de los orientales, recobrando de nuevo la sindéresis y efectuando algunos argumentos parcialmente ciertos. Puede ser cierto lo de la inexistencia de huelgas en Corea del Sur, lo cual tampoco tiene que ver con el desarrollo de su educación, pero olvida Diana Carolina decir que la ausencia de huelgas no sólo ocurre en Corea del Sur, país “cochino” capitalista, sino que de hecho está también presente en Corea del Norte, que no es precisamente capitalista; tampoco hay huelgas en Cuba, “paraíso” socialista. Estas contradicciones, que deberían llevarla a ajustar sus hipótesis, le pasan desapercibidas.

Lo que dice luego Diana Carolina Pérez es como para aplaudirlo de pie, pues la sindéresis alcanzada se mantiene y valientemente afirma que en China, Japón o Corea, los padres de los alumnos “no les aplauden sus payasadas como lo hacen en nuestras latitudes, donde muchos profesores deben aprobar a sus alumnos por el miedo a la violencia escolar” o a las presiones de los directores. Esto es algo sobre lo que quería escribir desde hace tiempo y no lo había hecho, para no parecer “hipercrítico” como algunos me creen o que se reforzara la tesis de algunos de que soy enemigo del régimen del presidente Chávez.

Se contradice Pérez cuando señala que “el sistema educativo coreano funciona porque va con su cultura” y que aquí “nadie se va a calar ese estilo de vida”, para luego afirmar que “eso no quiere decir que aquí no se estudie y nos sacrifiquemos por progresar”. Bueno… ¿En qué quedamos? ¿Nos sacrificamos o no nos la calamos? Yo no he dicho que copiemos el estilo de vida de Corea del Sur, como no quiero que se copie el estilo de vida de Corea del Norte, muy similar en lo riguroso al del sur, pero poco exitoso, lo que niega el argumento central de Diana Carolina de que el éxito se debe al acoplamiento con su cultura. ¿Y por qué Corea del Norte no ha tenido el mismo éxito educativo?

Tampoco quiero que se copie el modelo educativo cubano; quisiera un modelo educativo venezolano, que no parta de que nuestros compatriotas son flojos, vagabundos, sinvergüenzas, groseros, altaneros, incumplidos, y que por tanto “no se van a calar” eso de andar estudiando en lugar de andar de ociosos, porque estas características no son genéticas sino producto de los valores desplegados por quienes rigen la sociedad y de la formación recibida y eso es educación.

Por supuesto que nuestra educación deja muchísimo que desear, para no golpear a la gente en la cara diciéndole que no sirve. Y lo que pretendí con la comparación fue traer un ejemplo de país exitoso en el campo educativo, informando sus características, para ver si se le abría el entendimiento a quienes tienen sobre sus hombros esta responsabilidad. La misma Pérez señaló a la violencia escolar como grave, por lo que no debería disociarse y alternarse entre aceptar y defender lo indefendible. Sobre el analfabetismo, le aconsejo consultar el último censo.

A pesar de las diferencias, que no las niego, Venezuela sí es comparable con Corea y en la comparación sale muy por debajo de esta nación. Es un país capitalista como lo es Corea, además de tener las similaridades que mencioné al principio de esta réplica. No somos pro estadounidenses en el discurso, pero le compramos a EEUU la mayoría de las cosas que utilizamos, formamos empresas mixtas con compañías estadounidenses, a quienes les entregamos inconstitucionalmente el 40 por ciento de nuestro petróleo. Por lo que en la práctica el gobierno es pro estadounidense y por tanto comparable con Corea del Sur.

No entiendo que Pérez diga que estamos construyendo algo donde el ser humano es lo fundamental y luego haga afirmaciones como si el uso masivo de computadoras estuviera reñido con ese supuesto objetivo. El problema es que entre el discurso gubernamental y su práctica hay un abismo total. No es permitiendo la delincuencia, ni facilitando la acción de los pranes, ni haciendo permanente la inseguridad jurídica, ni dejando que los estudiantes no cursen matemática porque no hay profesores, ni aprobándolos porque en el pasado fueron excluidos, como hacemos del ser humano lo primordial. No es con lugares comunes como el del “hombre nuevo”, que el ser humano será lo esencial. Es dándole educación, alimentación, vestido y calzado, vivienda, seguridad personal, recreación, atención de salud, seguridad jurídica, amor y disciplina, como formaremos un ser humano distinto al que lamentablemente tenemos. Y eso se hace con realizaciones prácticas durante décadas y no con promesas demagógicas incumplidas permanentemente.

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