Topolitología*

De la Universidad y Mercosur

En las descripciones que realiza Jacques Derrida en la razón ser de la Universidad, hace referencia, al modo francés, de una de las funciones, la categoría investigación, donde se denomina investigación finalizada a todos aquellos resultados susceptibles de tener una aplicación. Y fundamental, a todo lo que se hace de manera desinteresada, el logro de un conocimiento, al uso de la razón para la localización de una verdad, pero hasta ahí, sin ninguna aplicación utilitarista. Ambas nociones, que han estado en permanente tensión siempre, dan lugar a frecuentes discusiones intrauniversidad. El término finalizada emite ya un significado, en desventaja con la palabra fundamental, que tiene una proyección más intensa. En esta época, ambos conceptos tienen que nivelarse, complementarse o cohabitar; sino la Universidad corre el riesgo de equivocar el papel que la sociedad le ha reservado: el diagnóstico y solución de los problemas del país. A este debate disipativo Derrida lo denomina deconstrucción, referido al hecho de cuestionar todo lo que ocurre dentro de la Universidad. Jorge Larrosa es más drástico. Dice que el modo positivista y el de la teoría crítica, paradigmas que han dividido el saber universitario, están agotados, ya se dijo todo lo que se tenía que decir sobre eso. Entonces es el momento de pensar la Universidad de otra manera.

La entrada de Venezuela al Mercosur es, sin duda, un gran éxito político. Pero hay que ir ya a la consolidación de ese gran paso, donde el protagonismo le corresponde al desarrollo económico-social y  la oportunidad para que la Universidad cambie su rumbo. Partiendo de la hipótesis, cien por ciento factible, de la irreversibilidad de este proceso que ya dura más de doce años, hay que examinar, y planificar, lo que se va a hacer. Se proponen, bajo la dirección de un plan rector universitario, tres megaproyectos: El petroquímico, el agroalimentario y el del redimensionamiento poblacional.

El petroquímico tiene que disolver esa lógica inapropiada de la exploración, la extracción y la comercialización del crudo. El negocio está aguas abajo de este procedimiento. La industria petroquímica, en una relación de funcionamiento Universidad-empleados del sector respectivo, tiene un porvenir brillante con la diversidad de productos, para la exportación, derivados de ese proceso. El razonamiento de una gasolina más barata que el agua no le hace ninguna gracia al desarrollo interno. A las transnacionales de la producción automotriz sí. Un transporte masivo público, eficiente, y el sistema ferroviario nacional, soluciones reales para destrancar el nudo del precio del combustible. 

El agroalimentario, tal vez sea el más importante porque es parte de un problema mundial, y donde nosotros tenemos las grandes debilidades. Aquí convendrían cuatro polos: el de la ganadería; el agrícola, el avícola y el piscícola. El punto de partida pasa por desmontar todo ese paradigma del pasado; el que estuvo bajo el control de los seudoproductores, los mismos que quebraron los bancos de esa vocación como el ICAP, BANDAGRO, los que han vivido siempre con financiamiento oficial, de dinero sin retorno, los beneficiarios de maquinaria agrícola, convertida en cementerio, a los que se les dio ganado importado, que enviaron a los mataderos sin ningún remordimiento, claro no les costó nada. Esos personajes no pueden participar, algunos de ellos dentro de las Universidades, a quienes se les reconoce su capacitación técnica, de alto nivel, pero carentes de algún tipo de ética. Nuestro hábito de consumo de carne y leche precisa tratar el tema ganadero con mucho interés. Hay ventajas, la Escuela de Agronomía Núcleo Monagas de la UDO, única acreditada en Mercosur, representa un aval, con destacados profesionales y con investigaciones, finalizadas, en el área. Creemos que es necesario poner pausa a los estudios sobre las razas nobles, de gran producción lechera, para adaptarlas a nuestro ambiente tropical, con grandes costos que después se quiere endosar al consumidor, como investigación finalizada está bien; pero lo deseable sería ir al mejoramiento del rebaño nacional (muy escaso por cierto), ya adaptado a nuestras difíciles condiciones climáticas; y a la vez hacer la debida conexión con ese importante aliado, Brasil, donde existen grandes avances en la ganadería tropical, de modo que podamos aprovechar esa sinergia, nadie ha dicho que sea fácil, pero hay que hacerlo y empezar ya. Lo agroalimentario hay que manejarlo con la ecuación Universidad-comunidad-instituciones públicas.

El redimensionamiento poblacional: las motivaciones para que la gente se venga a las grandes ciudades y las causas por las cuales la gente abandona los campos hay que pararlo enseguida. La inexistencia en algunos casos, y los malos servicios, unido a la precaria y confusa asistencia al trabajo rural empujan las familias a los grandes centros poblados, donde se desplazan desde su papel de productores (aunque sea a nivel de subsistencia) a la mendicidad. Hay que hacer los esfuerzos que sean para recuperar el sentido atractivo, con gran calidad de vida para la ruralidad. Cierto que se ha avanzado bastante, pero en lo puramente formal, legal, con leyes y la Misión Agrovenezuela, los resultados están por verse. El concepto de desarrollo ha estado siempre asociado a la noción cuantitativa, cuando en realidad debe irse más bien a lo cualitativo. Al aprovechamiento de capacidades y recursos que garanticen un modo de vivir sano, sobrio, de plenitud, donde haya la satisfacción de necesidades como las de salud, educación, espirituales. Tal vez uno de los componentes más relevantes que contiene el concepto de desarrollo, están referidos a la creatividad, a la capacidad de para aprovechar las oportunidades que vayan en beneficio de los habitantes. La manera tormentosa, hacinada, del consumismo y del despilfarro, que suponen las aglomeraciones urbanas, incitan la agresividad y bloquean cualquier rasgo afectivo. Se conoció un modelo sobre el uso de la tierra, de las actividades agropecuarias, que operaban de modo concéntrico, en función de un polo único. Se trataba de las unidades elementales de producción, los conucos, y los mercados receptores de las poblaciones. Casi todo se hacía de modo artesanal. La aparición de nuevos patrones de consumo, de otros hábitos de vida ha rebasado esa vieja dicotomía campo-ciudad. Las funciones  de áreas rurales han tomado giros distintos, lo que puede estimular que para el futuro se tengan posibilidades de potenciar lo rural-urbano con beneficios equitativos. Hoy se concibe la ruralidad como un espacio donde la familia, asentada en esos espacios, coincida en puntos de encuentro en lo que se refiere a lo político, lo económico, lo productivo, lo natural. Deconstruyamos las ciudades y veremos qué pasa.

*Es una metáfora derridiana referida al hacer universitario de forma razonada, pero sin ninguna consideración concreta.

Docente UPT Sede Punta de Mata

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