Nuestro desamparo: Carta a mis colegas profesores

 Los profesores hemos perdido terreno, inclusive al interior de la universidad; por nuestro marcado desinterés en la academia, una visión reduccionista de las transformaciones que ha experimentado nuestro país, y una posición enchinchorrada en títulos doctorales que nos siguen hablando de un acendrado tercermundismo. No hablo de tal o cual profesor o profesora que, sin soberbia intelectual, aman buscar la verdad de las cosas, desentrañar el conocimiento y navegar por el fabuloso mundo de las ideas y la razón. No. Hablo de nosotros como grupo social, como gremio, como actores de este entramado social que se llama la Universidad de Los Andes.

 Lo que le acaba de ocurrir al colega Belandria, es otro síntoma de nuestra decadencia como factor determinante en la vida universitaria. Por haber permitido la manipulación de los concursos de oposición, para favorecer a nuestros allegados. Por habernos hecho la vista gorda con coordinadores de programas de doctorado...sin doctorado. Por haber favorecido el entronamiento de grupos de poder, sin prestigio, sin trabajo intelectual reconocido, sin un proyecto universitario a largo plazo...simplemente porque se oponen irracionalmente al gobierno (nos guste o no, es el gobierno legítimo de Venezuela). Y por haber convertido el Consejo Universitario y la Apula en la sucursal de un partido político.

 Somos los mayores responsables de esta situación (aún cuando no los únicos), y yo asumo toda la responsabilidad que me toca en este asunto. Cuando veo a representantes profesorales en el CU defender al patrono (las autoridades de la ULA), y no a sus agremiados, entonces hemos perdido el rumbo. Cuando no se entiende que somos trabajadores, como de cualquier otro sector, y no “apóstoles” de cartón, petrificados en una supuesta “excelencia” y “trascendentalidad”, donde los que trabajan deben pedir permiso a los que no lo hacen (luisbeta dixit), entonces vamos mal. Cuando se desprecia participar en el PEII Nacional o los proyectos de la ONCTI, para “no hacerle el juego al régimen”, escondo la cabeza para no ver la verguenza ajena (nosotros sí participamos, sin ningún cargo de conciencia, en el PPI de CAP y el CONADES de Caldera). Cuando mostramos debilidad ante la piratería y la mediocridad, de profesores y estudiantes, dejamos de ser profesores universitarios. Cuando nos creemos “distintos” a los demás venezolanos, sólo por pertenecer al gremio profesoral de las universidades autónomas, sin la debida humildad, talento y trabajo perseverante, entonces, sencillamente, nos merecemos lo que estamos padeciendo.

 No puedo pedirle a nadie que esté de acuerdo con el gobierno de Chávez, como sí lo estamos nosotros. Pero lo menos que puedo esperar, es que los profesores de la oposición sean responsables con quienes comparten sus ideas, orientando y educando a esa masa desconcertada que no sabe interpretar los tiempos presentes, acumulando odio y una frustración potencialmente autodestructiva. Tengo, además, el derecho de reclamarle a la Apula haber banalizado la lucha gremial, reduciéndola a una retórica vacua antigobierno, desperdiciando muchas oportunidades de sentarse, sin el puñal en la espalda, a defender y reclamar nuestros derechos legítimos.

 Quienes quemaron el carro del profesor Belandria no son chavistas ni escuálidos, son delincuentes, y como tal deben ser tratados. No entiendo el porqué los cuerpos de policía no actúan contra estos antisociales (sean estudiantes o no); pero también entiendo que esto se ha convertido en un búmeran para aquellos que vociferaban acerca de la “violación” del recinto universitario por este “gobierno tiránico”. Cualquier jefe de policía en Mérida lo piensa diez veces antes de actuar cerca de la Universidad de Los Andes. Y eso lo saben los encapuchados.

 Nosotros, dentro de nuestras posibilidades, estamos luchando día a día haciendo con honestidad nuestro trabajo. Ojalá pudiéramos hacer un alto en esta contienda política agotadora, para enfrentar a los delincuentes, a los incapaces con poder, a los cabalgadores de horarios y a los vividores de esta, nuestra universidad. Porque ellos sí son enemigos del pueblo venezolano, vístanse como se vistan, y digan lo que digan.

 Lo que sí estoy convencido es que estamos totalmente desamparados por el gremio; cuyos personeros están más preocupados por aparecer en los diarios, que de defender, con inteligencia y responsabilidad, nuestros derechos laborales.


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