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Parecería un absurdo hacerse esta interrogante, pero por más evidente que sea la respuesta, no todos la asumen. Darle contenido histórico a la desigualdad es hacer visible la organización política de las relaciones humanas y reconocer los proyectos políticos hegemónicos en marcha, lo cual nos ayudará a entender el problema.
Después de la caída de las dictaduras burocráticas de la ex-URSS y de sus países satélites, el imperio capitalista lograba un extraordinario avance en la consolidación del sistema global de explotación imperial. Los Estados Unidos se consolidaron como potencia dominante a escala planetaria y se profundizó el avance y consolidación de la agenda neoliberal en los países sometidos a la explotación y la dominación neo-colonial.
Uno de los triunfos históricos del capitalismo, y una de las derrotas más impresionantes para los explotados y explotadas, fue la brutal imposición de un modelo civilizatorio que tiene su expresión discursiva en la tesis absurda del fin de la historia. Al volverse sentido común esta tesis, se nos hace casi imposible pensar en otras posibilidades de organizar la vida colectiva, de pensar que el mundo podría ser distinto a como es.
Uno de los aspectos centrales de la dominación es la Naturalización de las relaciones sociales, es decir, la idea que sostiene que la sociedad capitalista es la expresión natural y más avanzada de la experiencia humana. Esta ha sido una constante en el proceso de voraz conquista mundial desde hace 300 años con el inicio de la llamada “modernidad”. Es decir, se naturaliza el orden de la sociedad capitalista y la cosmovisión liberal se convierte en el prisma por medio del cual se valorará toda la experiencia humana, siendo entonces, y a partir de este modelo, que se evalúa toda forma de organización colectiva y se descalifica toda experiencia histórica distinta como “primitiva” o “atrasada”, según se acerque o no a la vida liberal. El problema, según esta lógica, es que los esclavos no se parecen a los amos. Esto ha sido parte esencial de los argumentos que le ha proporcionado legitimidad a la misión civilizatoria del sistema colonial/imperial capitalista. El Eurocentrismo constituye el supuesto sobre el cual se construye un discurso que naturaliza las actuales tendencias de la dominación y que consisten en la legitimación, profundización de la polarización social entre una minoría privilegiada de la especie humana (0,002%) y las grandes mayorías excluidas y sometidas a la explotación capitalista en el planeta. El llamado “orden establecido” no es más que la imposición de la explotación y la profundización de las más grandes desigualdades sociales que la humanidad haya conocido jamás.
Al Naturalizarse el Capitalismo y hacerse sentido común la hegemonía del pensamiento liberal, el sistema de explotación se torna invisible. ¿Quién puede describir lo que no puede ver? Es por esto que la discusión acerca del capitalismo y de la lucha de clases, ha desaparecido del discurso político, incluso entre los más “progresistas”. Es este concepto y no otro, el que más facilita la comprensión de los cambios sociales pasados y futuros, por lo que es evitado por muchos como si fuese una vulgaridad, o un tabú. Al neoliberalismo se le pretende entender e incluso cuestionar desde la perspectiva que le da sustento y legitimidad, lo cual es imposible. Con argumentos liberales no se puede rebatir el liberalismo.
Decíamos más arriba que las tendencias históricas evidencian un proceso de agudización de las contradicciones sociales existentes entre UNA MINORÍA cada vez más pequeña pero cada vez más rica y una GRAN MAYORÍA cada vez mayor y más pobre. Esto le da otro sentido al problema y da luces para afinar la lucha y así lograr la liberación de la dominación capitalista. Es decir, lo que se quiere mostrar en este análisis es que los explotadores siempre han constituido una minoría en relación al resto de la sociedad. Al parecer no se ve problema alguno para entender esta evidente verdad. ¿Pero como debemos entender este aspecto de la realidad? ¿Cómo razonaremos a partir de este principio? Podemos hacerlo como liberales, como “demócratas”, y habremos de hablar y entender el problema entre una “mayoría” y una “minoría”. Si argumentamos como liberales tendremos que decir: la mayoría es la que toma las decisiones y la minoría se somete y nada más (pensemos en la praxis que se genera, por ejemplo, en la Asamblea Nacional), renegando así del carácter de clase del Estado; o podemos razonar y entender el problema como marxistas, como revolucionarios, como socialistas y, es entonces, que habremos de fundamentarnos en la relación que hay entre los explotados y los explotadores. No hablaremos de “cantidad” sino de “calidad”, lo cual significa develar las relaciones históricas de dominación y de explotación. Habremos ahora de ver el papel y el lugar que se ocupa en el proceso de producción y de reproducción de la dominación.
La Democracia debe entenderse como una forma de Gobierno y no como una cosa pura, inmutable, abstracta, eterna, para seres humanos que no tienen clases ni intereses. La clave para descubrir el asunto la encontraremos en el carácter de clase del Estado. La burguesía, “los explotadores”, controlan el Poder en esta sociedad capitalista y el Estado no es más que una parte del Poder. La burguesía transmuta el Estado para preservar y resguardar su dominio, porque este es el instrumento de opresión en contra de los explotados. En esta sociedad dividida en clases no puede haber democracia “pura” mientras existan explotadores que dominen sobre las grandes mayorías explotadas y oprimidas. Inevitablemente la democracia, con el adjetivo que sea, será una democracia para los explotadores mientras haya explotación. La democracia capitalista lo que busca es mantener el llamado “orden”, que no es más que el orden de explotación y de dominación. Es democracia para la burguesía y no para los que hemos sido explotados y estamos convertidos en esclavos asalariados del capital.
Dirían los liberales: ¿Que sentido tiene plantearse hoy en día el abatimiento del orden burgués si se tiene la mayoría?, ¿Por qué el proletariado tiene que tomar el poder mediante una forma que no sea la “democrática” si “somos mayoría”? Si un proceso revolucionario tiene hondas raíces en las masas populares, entonces, según esta lógica, ¿para que usar la violencia revolucionaria?
Veamos que decía el mismo Marx al respecto de la “democracia capitalista” que no es sino otra cosa que la dictadura de la burguesía:
“Si los obreros sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su dictadura revolucionaria (…) para vencer la resistencia de la burguesía, estos le darán al Estado una forma revolucionaria y transitoria”.
El mismo Engels aporta una visión clara y meridiana al respecto:
“El proletariado en partido victorioso si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener el dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios (…) ¿habría acaso durado un solo día la Comuna de París, de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses?”(4).
“El Estado Social, de Derecho y de Justicia” que se consagra en nuestra Constitución es un Estado Liberal, un Estado Capitalista. La democracia sea representativa, participativa o protagónica es democracia capitalista y nada más. Algunos argumentarían que “se tiene la mayoría en la Asamblea Nacional” (circunstancialmente) y controlamos muchas de las instituciones del poder estatal, por ello no se debe de ejercer ningún camino “violento” teniendo la mayoría. ¿Por qué decimos que hay que derrocar a la burguesía como clase? Marx y Engels lo explican claramente:
1. Para aplastar la resistencia de la burguesía.
2. Para inspirar terror a los reaccionarios.
3. Para mantener la autoridad del pueblo en armas contra la burguesía.
4. Para que el proletariado pueda someter por la violencia a sus adversarios.
Si vemos a la democracia “como institución en sí misma” se le encubre de su carácter burgués. Se incurriría en el gravísimo error de los demócratas burgueses de confundir la igualdad formal, por la igualdad real. Es decir, la igualdad abstracta que legitima la desigualdad concreta. ¡Que falsedad más repugnante de este régimen capitalista! Considerar que en la democracia burguesa “todos y todas somos iguales”. Es un cuento de niños que ya ningún obrero u obrera conciente sigue creyendo.
Nosotros como marxistas, revolucionarios y socialistas consecuentes al lado de la clase obrera, tampoco caeremos en el sectarismo que caracteriza a gran parte de la izquierda (aunque hoy la mayoría es oportunista). La Asamblea Nacional es un parlamento reaccionario y burgués por esencia, pero decimos que hay que tomar el parlamento por los diputados obreros y ser los mejores diputados revolucionarios de la clase trabajadora. No creemos que “Venezuela ahora es de todos”. Nosotros tenemos intereses claros y definidos: son los del Proletariado. Igual con los sindicatos, que sabemos que tienen hartas limitaciones históricas, pero somos campeones en la lucha sindical, lo cual se ha demostrado en la UNT y otras luchas en donde hemos dado la batalla. No hacerlo sería desconocer una realidad histórica, realidad en la que viven y están organizados millones de seres humanos. Debemos tomar todas las instituciones y todos los espacios que le sirvan al pueblo en la construcción de su propio futuro como actor fundamental; debemos construir una alternativa de izquierda, comprometida con la clase trabajadora que lleve a cabo la lucha en contra de la burguesía y el imperialismo, que acompañe al pueblo en su lucha contra los Mendoza, Branger, Saboia, Cisneros, Boulton, y demás especímenes; contra las empresas transnacionales como NOVARTIS, TEXACO, EXXON-MOVIL, CARGIL, MONSANTO, MITSUBICHI, NESTLE, REPSOL, MICROSOFT; y empresas privadas “nacionales” (algunos celebran que tengamos esbirros locales) como POLAR, MENDOZA, BOULTON, COPOSA, ALFONSO RIVAS, SINDONI, 1BC.
Si logramos una conquista democrático-liberal con el avance que significa la democracia participativa y protagónica para la lucha clasista y popular, debemos y estamos obligados a ir más allá. Es por esto que desde OIR planteamos la construcción de un Partido Revolucionario que conscientemente se plantee la toma del poder para la construcción del Socialismo genuino en nuestro país por, para, y del Proletariado e impulsar la revolución mundial. Pero no nos engañamos. Como revolucionarios reconocemos y actuamos sólo en la cruda realidad: la clase trabajadora vive su peor crisis histórica. Tal como lo expresó León Trotsky con lucidez extraordinaria: “LA CRISIS HISTÓRICA DE LA HUMANIDAD SE REDUCE A LA CRISIS DE LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA” Es hora ya de hacer justicia histórica al respecto. El reto es épico. La supervivencia de la especia humana esta juego. Debemos estar a la altura de las circunstancias que se nos presentan para vencer a la burguesía y cambiar el mundo.
*Militante de Opción de Izquierda Revolucionaria (OIR) y miembro del colectivo estudiantil Actívate!-UCV
oir_2001@yahoo.com
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