El componente universitario está ausente en el proceso revolucionario bolivariano

Carta abierta a la ministra de Educación Superior, Yadira Córdova

EL COMPONENTE UNIVERSITARIO COMO SOPORTE FUNDAMENTAL DE LA LIBERTAD Y SOBERANIA TECNOLOGICA Y CIENTIFICA, ESTA CASI AUSENTE EN EL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO.

Apreciada Ministra, empecemos por hechos ocurridos hace un año para sustentar el contenido de esta misiva, en la que intentamos desglosar algunos de los principales  problemas  de la Educación Superior en nuestro país, por considerarlos causantes de que ese componente fundamental de la Libertad y Soberanía tecnológica, esté casi ausente en el proceso revolucionario bolivariano.

El 22 de Diciembre de 2010 fue aprobado por la Asamblea Nacional un proyecto de Ley de Educación Universitaria (LEU) presentado por el entonces Ministro de Educación Superior Profesor Edgardo Ramí-rez, que fue duramente criticado por las autoridades de las universi-dades nacionales autónomas, porque según ellos se perdería la auto-nomía de esas casas de estudio, argumento que luego se diluyó entre dimes y diretes de la Rectora de la UCV y los estudiantes revolucionarios.   

Esa ley enviada a la Presidencia de la República para su promulga-ción, fue vetada por el Comandante Presidente Hugo Chávez Frías du-rante el primer Consejo de Ministros en enero de 2011. Porque, según él, tenía debilidades y era necesario someterla a un amplio debate. En verdad la ley tenía demasiados defectos. El Ministro de Educación fue inmediatamente sustituido por usted, en ese momento Rectora de la UBV.

Un año ha trascurrido de esos acontecimientos y de la Ley de Educa-ción Universitaria no se ha hablado más.  ¿Por qué no se ha discutido más el problema universitario? Las explicaciones que pudieran darse ahora tienen poco valor.

Es necesario retomar el camino de la discusión del problema o mejor dicho, de los problemas de la Educación Superior en Venezuela que son muchos, para encontrar soluciones a los mismos y cerrar esa brecha que anula en buena parte nuestros esfuerzos por ser un país libre. Esa es nuestra intención al dirigirnos a usted en forma pública.

La LEU tuvo la virtud de poner sobre el tapete tres visiones del proble-ma universitario que demuestran que no tenemos claro lo que significa Educación Superior. La primera bastante extendida entre “moros y cristianos”, es que todo se resuelve con una ley. Las autoridades de las universidades autónomas y una buena porción del profesorado de esas instituciones, que se agrupan en las filas de la oposición al go-bierno revolucionario, creen que todo se solucionaría si  se respeta el concepto de autonomía universitaria expuesta en la Ley de Universida-des vigente, haya disponibilidad de un sustancial aumento del presu-puesto universitario y se continúe con la práctica de falta de diafanidad en el manejo del mismo. Es decir, esquivando la contraloría social. Otros incluyendo a los universitarios diputados de Asamblea Nacional y al sector estudiantil revolucionario, parecieran creer que esos proble-mas se resuelven cambiando la metodología para elegir  las autoridades universitarias.
Pensamos que todas son visiones simplistas de la solución de los pro-blemas de la Educación Superior en Venezuela, porque la mentalidad de la casi totalidad de los universitarios venezolanos, de todas las cla-ses sociales y signos políticos, está mediatizada por una carga cultural neocolonial  que no nos deja pensar con lucidez,  y a nuestro modo de ver, ello constituye la rémora más importante a nuestro desarrollo co-mo nación independiente y soberana. Es necesario hacer un esfuerzo ciclópeo para deshacernos de esa carga cultural subyugante que anida en nosotros y  convertirnos en pensadores libres y creadores.

Apreciada Ministra, la Educación Superior en Venezuela adolece de una serie de defectos que no se repararan sólo con la promulgación de una ley. Es necesario abrir una amplia discusión sobre el tema, pa-ra convencernos de que es indispensable una reestructuración total de las instituciones donde se deben formar los profesionales, técnicos y científicos que  necesita el país para lograr nuestra definitiva indepen-dencia.

Tocaremos someramente algunos de los defectos de nuestra Educa-ción Superior, que son reales problemas, para sustentar nuestra afir-mación anterior de que no se resolverán solamente promulgando una ley.   

Es verdad que tenemos más de dos millones de estudiantes en el sec-tor universitario, eso es bueno, pero… ¿Cuántos de esos estudiantes en el futuro inmediato, se transformarán en los profesionales que el país necesita para garantizar su independencia y soberanía?   

Hagamos algunas consideraciones: En 1998 egresaron de las univer-sidades venezolanas (incluyendo once privadas) 3.045 abogados, 1606 médicos, 533 ingenieros civiles y apenas 135 ingenieros petro-leros. En el año 2000 se graduaron, según los registros de Impreabo-gado, un poco más de 6.000 abogados. Para el año 1998 había 33.680 estudiantes inscritos en las escuelas de Derecho de las univer-sidades, todas con cursos diurnos y nocturnos, situación que hasta hoy no ha cambiado. Si sumamos a esos estudiantes los inscritos en derecho que tenemos en la UBV y en las otras universidades creadas por el gobierno revolucionario, obtendremos un número que supera ampliamente al número de estudiantes en las diferentes Escuelas de Ingeniería y en las Escuelas del sector Salud, incluyendo los estudiantes de MIC.

Ahora bien, eso ocurre en el momento que necesitamos, no para mañana o pasado mañana, sino para hoy, miles de ingenieros de las diferentes ramas y otros profesionales, para impulsar la minería y el desarrollo industrial y agro-pecuario. Así, como también necesitamos, más de 30.000 médicos de Atención Primaria y otros miles de especialistas para los CDI y los Hospitales, junto a 100.000 enfermeras y un ejército de técnicos, para poder cumplir con el mandato constitucional de establecer un sistema de salud eficiente y gratuito para todos los venezolanos.

Es duro decirlo y aún más duro aceptarlo, pero hay una cuota impor-tante de “Profesores” en las universidades con evidente incapacidad de expresarse coherentemente y de escribir el idioma español correctamente, lo cual pone en evidencia una grado de incultura inaceptable en un universitario y que compromete el éxito del proceso enseñanza-aprendizaje. El hecho de que el número de libros de texto publicados por los Profesores universitarios sea tan escaso es un indicativo de tal situación.    

Para la inmensa mayoría, Docencia es pararse ante un auditorio lleno de estudiantes a repetir lo leído en libros de texto o de revistas, sin ninguna reflexión o análisis crítico de actualidad.

A falta de libros ajustados a nuestros requerimientos académicos, la venta de tesis transcritas de las clases magistrales, se ha convertido en un lucrativo negocio en desmedro de la asistencia a clases. No es necesario ir a clases. Todo el proceso académico se orienta a que el alumno responda preguntas en los exámenes. En muchos casos sólo se necesita marcar con una equis las respuestas correctas para lograr aprobar un examen. Es decir, ni siquiera se necesita saber escribir.

El tema del presupuesto universitario sale a relucir en cualquier discusión donde se plantee cambios en la estructura académica. Las universidades malgastan sus recursos en una gorda e ineficiente burocracia y en el mantenimiento de estructuras académicas cuya vigencia es discutible. Es difícil encontrar información al respecto. Sin embargo, tenemos la distribución del Presupuesto de la UCV, publicada en “30 años de Presupuesto de la Universidad Central de Venezuela 1960-1990”, donde se indica que en 1970 las Dependencias Centrales consumían el 12,16% del presupuesto, porcentaje que subió a 19,51% en 1980 manteniéndose en ese nivel hasta 1990, no tenemos datos posteriores.  De ese porcentaje las Direcciones de Personal y de Administración absorbían más del 15%, lo cual es mayor que el porcentaje del presupuesto dedicado a las facultades de Agronomía y Veterinaria juntas.

En relación al mantenimiento de estructuras académicas de vigencia discutible, debemos mencionar las Escuelas de Farmacia donde se forman actualmente profesionales que van a trabajar como vendedores de medicamentos patentados y anticonceptivos en las farmacias del país, lo que puede considerarse un despilfarro económico y humano. Estas Escuelas deben reorientar la formación de sus profesionales para desarrollar la industria farmacológica nacional.

Las Escuelas de Filosofía, Geografía, Historia, Sociología, Letras y Estudios Internacionales tienen pocos estudiantes por la dificultad de sus egresados de encontrar trabajo. Sin embargo, mantienen una costosa estructura burocrática que es incompatible con las necesidades académicas. Partiendo de esa verdad, es recomendable hacer desaparecer la estructura burocrática de esas Escuelas que consumen una buena parte del presupuesto universitario y crear sólo Departamentos para que formen esos profesionales.

Las Escuelas de Bioanálisis producen unos profesionales para trabajar en hospitales y clínicas realizando exámenes de laboratorio que en su mayor parte son realizados más eficientemente por máquinas computarizadas. Los análisis especializados que se realizan en esos centros de salud, sería preferible que lo realizaran egresados de la Facultad de Ciencias. La  eliminación de las Escuelas de Bioanálisis traería grandes  beneficios, en primer lugar porque se ahorraría una buena parte del presupuesto universitario que pudiera ser empleado para desarrollar proyectos de investigación, y en segundo lugar, sus estudiantes al ser trasladados a la Facultad de Ciencias tendrían una perspectiva más amplia de desarrollo individual.

Para un buen grupo de docentes, Ciencia es recolectar datos sobre problemas ya resueltos en otros países y concluir que en nuestro país el fenómeno estudiado tiene las características ya descritas con anterioridad.
     
Pero lo más triste es que no se incentiva la investigación científica. En primer lugar no hay una política de desarrollo de la actividad científica con objetivos definidos, y en segundo lugar,  es ridícula la cantidad de dinero dedicada a proyectos de investigación.

Una pequeña muestra de lo que ocurría en la  UCV diez años antes que llegara al Poder la Revolución Bolivariana, sirve para corroborar lo dicho. El Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) el organismo financiador y supervisor de la mayor parte de la investigación científica que se realiza en la UCV tenía para 1989 asignado 86.3 millones de bolívares lo que era igual al 1,96 % del presupuesto universitario. Creemos no equivocarnos si dijéramos que ese porcentaje no ha variado mucho desde entonces.

Si pudiéramos tener las cifras actualizadas correspondientes a los gastos burocráticos y de nómina del CDCH y de las Comisiones Científicas de las Facultades, llegaríamos a la conclusión de que es desproporcionado el gasto en la burocracia que administra la investigación científica si lo contratamos con los logros científicos.

 Para el año 1989, en la Facultad de Ciencias apenas se trabajaba en 27 proyectos científicos financiados por el CDCH, con un montante de 6.6 millones de bolívares. En esa Facultad había, en ese entonces, un plantel de 186 profesores entre titulares y asociados los cuales por ser doctores debían  estar capacitados para dirigir cada uno un proyecto de investigación;  además, se contaba con 271 profesores desde instructores hasta agregados  que necesitaban hacer un trabajo de investigación cada uno, para poder ascender en el escalafón. En otras palabras, esa Facultad debiera haber tenido en ese momento no menos de 100 proyectos de investigación. Iguales consideraciones debemos hacer con otras Facultades.

La Facultad de Ingeniería con 161 doctores tenía 6 proyectos de investigación con 1.7 millones de bolívares.

La Facultad de Agronomía con 103 doctores apenas un proyecto con Bs. 82.576,oo.

La Facultad de Medicina con 391 doctores, dos hospitales, dos Escuelas de Medicina, y  6 institutos de investigación, apenas tenía 12 proyectos con 4.1 millones de bolívares. Sería interesante se conocieran los aportes de conocimientos frescos de esos Proyectos de Investigación. Sin embargo, no estamos exagerando cuando decimos que los resultados no fueron muy alentadores.

¿Ha cambiado ese panorama desolador en los últimos 22 años? Desde luego que no.

 Hay un problema crónico que nunca se menciona, porque toca estrechamente a la calidad académica de las instituciones, nos referimos a la repitencia. En la Venezuela revolucionaria, no debiera haber estudiantes repitientes, porque encarece mucho la educación superior. En la UCV , por ejemplo, el 50% de los estudiantes son repitientes.

Este problema tiene dos causales: el ingreso sin orientación previa y la baja calidad de la docencia que se imparte. El ingreso de los estudiantes a la educación superior no es una decisión que se le puede dejar solamente al estudiante, nadie sabe de sus propias capacidades y dones “a priori”.  Parte del fracaso estudiantil se debe a  que los estudiantes no conocen de sus capacidades y habilidades, algunos abandonan y cambian de carrera, pero muchos se dan cuenta de que escogieron la carrera equivocada cuando ingresan como profesionales al mercado de trabajo y tienen que encarar la realidad laboral.

La estructuración académica de las carreras que actualmente se cursan en las universidades, tienen  el defecto de ser un tubo donde se juega al todo o nada. Por ejemplo, si un joven por las razones que sean, tiene que abandonar los estudios aún en el último año de la carrera, carece de credenciales para optar a un trabajo en su área de conocimientos.   

Las carreras hay que estructurarlas de tal forma que su no culminación le permita al estudiante optar por una actividad profesional afín sin mayores complicaciones.        Por ejemplo, la carrera de medicina debe estructurarse en tal forma de que a diferentes niveles se logre el título de enfermero, paramédico, técnico en diferentes áreas de la salud y médico.

El Estado debe asumir la responsabilidad de crear todos los mecanismos para que la escogencia de la carrera a estudiar por el estudiante se aproxime lo más posible al éxito total: una carrera sin altibajos y un ejercicio profesional de óptima calidad.  

Estos datos son suficientemente ilustrativos de la magnitud del problema, que a todas luces es consecuencia de que las universidades no cumplen, ni nunca han cumplido con los artículos 2, 3 y 4 de la vigente Ley de Universidades.

Artículo 2. Las Universidades son Instituciones al servicio de la Nación y a ellascorresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribucióndoctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.

     Comentario: Los problemas nacionales más apremiantes han sido y son Seguridad, Educación, Salud y desarrollo industrial. Ninguna de las universidades contribuye doctrinariamente al esclarecimiento de los mismos. Lo doctrinario se refiere al conjunto de ideas u opiniones filosóficas, políticas, etc., sistematizadas por un grupo humano con relación a un problema. Nuestras universidades carecen de la necesaria fortaleza institucional (explicable en las de más reciente fundación) para emitir y sustentar opiniones que esclarezcan los problemas nacionales.

Artículo 3. Las Universidades deben realizar una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir esta misión, sus actividades se dirigirán a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a completar la formación integral iniciada en los ciclos educacionales anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y progreso.

Comentario: Somos un país cuyo presente y futuro está en la minería. Pero vivimos en un mundo convulsionado por una crisis energética, una crisis alimentaria y la perspectiva de una crisis acuífera. Entonces la función rectora de las universidades venezolanas debe orientarse a la enseñanza y la investigación científica, fundamentalmente en petróleo, gas, metalurgia, agricultura, ganadería y como preservar nuestro patrimonio ecológico.
Nadie en este país conoce los proyectos de las universidades públicas y privadas, en esas materias, por lo que no es extraño que todas estén muy lejos de las expectativas y  aspiraciones del Estado venezolano.

Los objetivos de la educación superior en el proceso revolucionario bolivariano, deben estar orientados a medir fenómenos físicos, químicos, biológicos, sociales, políticos y económicos que afectan o pueden afectar el desarrollo individual o colectivo de la población venezolana. El objetivo final de tal actividad, es diseñar mecanismos para controlar la evolución de dichos  fenómenos, para que tengan una incidencia positiva en el desarrollo socio-económico del país.

Por ello, haciendo uso de la autonomía universitaria en el seno de esas instituciones, debe promoverse el debate de las diferentes interpretaciones que generan esas mediciones. Ello implica, que también deben ser centros de entrenamiento para medir, interpretar y controlar fenómenos que están ocurriendo y que afectan la vida económica, social y política del país. Es decir, que los institutos de educación universitaria deben cumplir con dos papeles fundamentales: crear conocimientos y entrenar científicos. La formación de profesionales para la industria, el comercio y la política, es un subproducto de estas funciones. De cada promoción los mejores deben ser captados para convertirlos en científicos, el resto debe  formar parte de la legión de profesionales que van a conformar el liderazgo en el  sector público. Hay que poner especial atención en esto: LIDERAZGO EN EL SECTOR PÚBLICO NO EN EL PRIVADO.

Esto es, que el Estado debe crear las condiciones para que las instituciones de educación superior avancen en todos los órdenes y  puedan señalar el camino del desarrollo del país sobre bases científicas. Por ello no debe haber contradicciones entre las universidades y el Estado.

En la actualidad, las instituciones de educación superior en Venezuela, no miden los fenómenos que afectan la vida del venezolano, nos aprendemos de memoria las mediciones e interpretaciones de los fenómenos que afectan a los países desarrollados y aceptamos, sin discusión las extrapolaciones que se hacen de los mismos a nuestro país. Poniéndose de manifiesto una gran contradicción entre las aspiraciones de la inmensa mayoría de la población (representada en este momento por el Gobierno revolucionario)  y los objetivos de los Institutos de Educación Superior. Mientras los objetivos del gobierno revolucionario y del sector popular que lo apoya son cambiar las estructuras socio-económicas y diseñar políticas autóctonas en función de ejercer nuestra soberanía y consolidar nuestra independencia, los objetivos de la mayoría de los Institutos de Educación Superior es producir profesionales al servicio del neocolonialismo y debilitar las acciones independentistas. Los Economistas, Contadores Públicos, Administradores, Abogados, Docentes, Médicos, Farmaceutas, Ingenieros, Veterinarios, Comunicadores Sociales, Enfermeras, etc., son formados para servir al sector privado del país. Por ejemplo la medicina privada, mercantilista, en la que se forman nuestros médicos, técnicos y enfermeras en las universidades autónomas, nos ata de pies y manos a las transnacionales farmacéuticas y fabricantes de equipos médicos y obstaculiza el establecimiento de un sistema único de Salud al servicio del pueblo.

Artículo 4. La enseñanza universitaria se inspirará en un definido espíritu de democracia, de justicia social y de solidaridad humana, y estará abierta a todas las corrientes del pensamiento universal, las cuales se expondrán y analizarán de manera rigurosamente científica.     

Comentario: En las universidades todo el poder  ha sido copado por la existencia de un régimen de dominación mediante manipulaciones politiqueras y el chantaje. Conducta que no es nada nueva. El poder visible o formal está en manos de  una suerte de oligarquía universitaria-politiquera, estabilizada por factores externos. Todos ellos, tienen en común la negación de la democracia institucional y que atentan contra un derecho humano fundamental, tal como es el derecho a la información que debe ser veraz y oportuna. La comunidad universitaria debe estar debidamente informada de cuanto ocurre en los recintos universitarios. 

Apreciada Ministra, la oportunidad para el debate que arroje luz sobre la solución a la tragedia académica venezolana ha llegado. El jefe del Estado y líder del proceso revolucionario Hugo Chávez Frías, dijo durante el acto de transmisión de mando realizado el 18 de Enero de 2012 en el patio de la Academia Militar, en Fuerte Tiuna,  que el centro de gravedad del gran debate y la batalla nacional de 2012 será el tema de la Independencia de la patria.

Sin duda será un apasionante debate porque el tema de la Educación Superior en Venezuela está firmemente asociado al de la Independencia de la Patria y la Soberanía nacional. Ambos conceptos son las dos caras de una misma moneda. Sólo podremos aspirar a tener una verdadera independencia cuando haya un ejercicio real de la soberanía por la población entera del país. Lo cual se traduce en la expresión altamente manoseada pero poco puesta en práctica del empoderamiento de las comunidades. Apenas hay la incipiente experiencia de unos pocos Consejos Comunales. Es indispensable estimular que las comunidades tomen decisiones en un ejercicio del poder real. Entre esas comunidades hay que incluir, sin lugar a dudas, a las comunidades universitarias.

El problema universitario no debe ser visto como un enfrentamiento entre las universidades autónomas y el gobierno. Definitivamente, son incongruencias entre el accionar del Estado venezolano hacia una sociedad socialista y el de las universidades autónomas, no autónomas y privadas apegadas al neocolonialismo. Es lógico, porque la inmensa mayoría de quienes dirigen las viejas universidades, los que han establecido los  lineamientos de las nuevas universidades y quienes han creado universidades privadas, al igual que su personal docente actual, han sido formados como profesionales en universidades al  servicio del neocolonialismo y es difícil despojarse de la mentalidad sumisa neocolonial y su enorme componente de baja autoestima.      

Una situación dramática, que sólo puede ser resuelta sobre la base de acciones contundentes. Los enemigos de la patria, haciendo uso del chantaje y la maniobra politiquera y mediática tratan de mantener la anarquía  existente y alejarnos así de la posibilidad  de adquirir soberanía en el terreno científico y tecnológico.

El fracaso de la Educación Superior en nuestro país se debió a que no había correspondencia entre el planteamiento ideológico y la estructura funcional de las Instituciones de Educación Superior. En 1957 se aprobó una Ley de Universidades con un planteamiento ideológico de avanzada, pero conservando las Instituciones estructuras y conceptos funcionales de la época napoleónica.

Si queremos que la Educación Superior sea revolucionaria, tenemos que reestructurar todas las carreras en función de crear conciencia social en el nuevo profesional. Es decir, que el científico haga mediciones de los fenómenos que impiden el desarrollo de los venezolanos hacia una sociedad de iguales y determinar como controlar los hechos fenomenológicos. Por otro lado, los profesionales armados con un basamento teórico sólido, surgido en las universidades venezolanas, deben actuar sobre los fenómenos negativos y controlarlos para ponerlos al servicio de la colectividad.
Hay que partir de la idea de que necesitamos muchos profesionales en todas las áreas del saber en escala mayor. El cupo estudiantil en la universidades venezolanos no tiene  sentido, porque somos un país con carencias profesionales en todos los campos y hay la necesidad de impulsar el desarrollo nacional a una velocidad cónsona con las necesidades de un país en un proceso de reafirmación de su independencia y soberanía. Es decir, que tenemos el reto de instruir al mayor número de jóvenes al más alto nivel en menor tiempo posible. Por lo tanto la metodología de la enseñanza en educación superior en Venezuela no puede seguir los esquemas restriccionistas de la educación superior en el mundo capitalista. El aprendizaje en la medición de fenómenos no es una tarea que debe estar circunscrita a un pequeño grupo de estudiantes en un aula o un laboratorio donde hay un docente “sabelotodo”. Es necesario masificar el aprendizaje poniendo a grandes grupos de  estudiantes en contacto virtual (películas, Internet, etc)  y  real (foros, seminarios, asambleas, visitas, pasantías) con las comunidades donde están presentes los problemas que han de ser resueltos.

 Un aspecto importante es determinar donde debemos poner el énfasis académico. No debemos olvidar que somos un país minero. Nuestra principal fuente de divisas es el petróleo y somos el país con las más grandes reservas petroleras en el mundo y el cuarto en gas. Por lo tanto tenemos la obligación de formar un ejército de profesionales ligados a la industria petrolera y del gas, que garantice nuestra independencia y soberanía sobre la primera fuente de riqueza del país.

Tenemos grandes extensiones de tierra aptas para la agricultura y la ganadería, y enormes reservas de agua en un mundo donde escasean cada día más los alimentos de la dieta diaria de los habitantes del planeta tierra. Es decir que hay que impulsar urgentemente la formación masiva de ingenieros agrónomos, veterinarios y técnicos agrícolas y ganaderos, todos consustanciados con el campo venezolano.

Somos un país con enormes reservas minerales que deben ser evaluadas y explotadas por nosotros mismos. Pero sobre todo es necesario desarrollar procedimientos para darle valor agregado a la producción minera y convertirla en productos de exportación. Debemos hacer un estimado del número de ingenieros petroleros, de gas, químicos, mecánicos, industriales, etc., necesarios en los próximos diez años para tomar las medidas pertinentes a la formación de ese indispensable ejército de profesionales en las universidades.      

Pero ¡Cuidado!, no podemos sólo producir profesionales del más alto nivel. Es necesario formar no menos de cinco técnicos por cada profesional. Por lo tanto, es deseable que la estructuración de los curricula permita a las universidades dar cabida a la formación de técnicos masivamente. 

Apreciada Ministra, finalmente y con todo respeto, nos permitimos sugerir para que el debate sea fructífero que se haga circular un papel de trabajo que debiera ser elaborado por el Ministerio de Educación Superior, donde se señalen los problemas cuyas soluciones deben ser aportadas  por las comunidades académicas. Como debemos aspirar a que participe en el debate la totalidad de los profesores, estudiantes, empleados y obreros de las comunidades académicas, hay que desechar el asambleísmo, todos sabemos de sus inconveniencias. En su lugar hay que promover reuniones de los profesores  en las estructuras académicas de  sus unidades de trabajo (Cátedras o Departamentos) con un registro de las intervenciones y  conclusiones.  Así mismo exigir que los estudiantes de un mismo curso académico, se reúnan divididos en grupos e igualmente se registren las intervenciones y conclusiones. Las reuniones del personal administrativo y obrero también deben hacerse con las mismas características por áreas de trabajo.

Se debe crear una instancia recolectora de los registros de las discusiones y conclusiones para hacer una síntesis y sistematización de los mismos para hacerlas del conocimiento de las comunidades académicas. El trabajo posterior para convertir ese material en proyectos de ley, reglamentos y normas para ser aprobados por las instancias correspondientes, es relativamente fácil.

En esa forma se lograría una participación masiva en el debate y  conclusiones valederas, al mismo tiempo que se aislarían los grupos de saboteadores del proceso revolucionario. Así mismo sería un punto de  partida para que las comunidades universitarias constituidas por profesores, estudiantes, empleados y obreros, comiencen a tomar parte en la toma de decisiones, como un preámbulo al ejercicio diario del Poder Comunitario en la Educación Superior.

 
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*Profesor Titular Jubilado de la UCV.

 


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