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En el mes de diciembre del año 2003 en el diario Últimas Noticias se publicó una entrevista al inefable, hoy ex-rector Gianetto, y entre otras exquisitas "verdades", el inestimable rector afirmaba que:"los pobres se autoexcluyen de la Universidad porque tienen baja autoestima y como piensan que los van a rechazar no solicitan cupos" ... palabras más palabras menos esta eminencia soltó aquella perla sin que nadie se inmutara, ni dentro del gobierno revolucionario y en las universidades mucho menos.
Ese rector fue el mismo que un año antes aperareció en El Nacional un viernes 12 de abril, en pleno golpe de estado, declarando el apoyo de la Universidad Central de Venezuela a la dictadura naciente y convocando al reinicio de clases para el lunes 15, pues ya el país había alcanzado la Libertad como también lo proclamó TELCEL ese mismo día.
Hoy este y otros personajes, lo de Fuenmayor no sorprende, se creeen con la suficiente autoridad moral para formar una alharaca mediática por la supuesta amenaza de violación de la autonomía por parte del actual gobierno. Los mismos que el 11 de abril arrodillaron a la UCV y la pusieron al servicio de un régimen de facto que al derogar la Constitución derogaba su autonomía.
Todos sabemos que el argumento de la cacareada autonomía universitaria no es más
que una pantalla conveniente y útil a los intereses de aquellos que desde siempre han utilizado la universidad como un pequeño feudo en el que pueden reproducir patrones de poder y control que los perpetuen en una pequeña dictadura interna que algunos convienen en llamar universidad.
Eso explica por qué cuando el país se mueve en una vertiginosa oleada de democratización del poder político, de socialización del derecho a la tierra, de acceso a la riqueza socialmente generada, de masificación de la cultura y la salud... estas universidades tradicionales se han convertido en el último reducto de la facción más reaccionaria de la élite para negar dentro de sus espacios de poder (Claustros universitarios) la posibilidad de que este estallido de democratización pueda llegar a rozarlas.
Las declaraciones de Gianetto con el que iniciaba este artículo es expresión de ello. Para estas elites la progresiva y grosera exclusión de los pobres de nuestras universidades públicas (que mantemos con un petróleo que ellas quieren privatizar) no es el producto de una intencionada política de ingresos que valoriza el orígen socio-económico del bachiller: ¿Cuánto ganan tus padres?, ¿Dónde vives?, ¿Dónde estudiaste?, sino que sencillamente los pobres se autoexcluyen, es decir, no es que la universidad los margina sino que el pobre se automargina, lo cual no puede explicar cómo ese mismo pobre (rechazado por las universidades tradicionales) ha atiborrado las ofertas de estudio de las Misiones Educativas del gobierno.
Algunos han pretendido estigmatizar estas misiones educativas descalificándolas, pero en los mismos argumentos que usan para descalificar a la Misión Sucre, se percibe el esnobismo y el racismo oculto de quien se considera superior. No sé por qué me vienen a la mente los enardecidos discursos del Ku Klu Klan para cazar negros en Alabama, o la persecusión y asesinato , en pleno siglo XXI, de inmigantes en la educada Europa Occidental.
Desde la década de los ochenta las universidades se han movido hacia un proceso de progresiva elitización del ingreso que ha permitido que los bachilleres de liceos privados tengan privilegio de ingreso a las universidades públicas por encima de los bachilleres graduados en los liceos públicos. Las estadísticas así lo demuestran.
Es realmente patético que a un bachiller pobre se le niegue su ingreso a la Simón Bolívar (según el ministro Moncada sus aulas estan vacias durante las tardes) o a la UCV porque es estigmatizado por su origen, pero igual lo culpamos a el o a ella del rechazo a su solicitud de ingreso, es decir, tienen "baja autoestima" (léase realmente bajos ingresos) y luego no vienen. La víctima del sistema termina en victimario, el inocente termina en culpable (el estudiante excluido es culpable de no ingresar) y todo se reduce en un problema sicológico de autoestima pero nunca se ahondará en las causas estructurales de una universidad profundamente racista y elitesca.
No es causal entonces que algunas facultades de la UCV se hayan convertido en verdaderos guetos. En teoría el gueto es el espacio que usa la sociedad para encerrar al excluido (negro, judio, gitano, leproso, pobre ) por considerarlo inferior y por ello lo encierra para que viva sin contaminar al resto de la sociedad. Pero estas facultades son pequeñas sociedades elitescas que a su vez excluyen al que no satisface sus elevados parámetros de cofradía. Casualmente estas facultades fueron las mismas que se unieron al paro del 9 de abril del 2002 y de diciembre del mismo año, y es desde allí en donde se rechaza y aborrece con más ahínco a los pobres y por ende al proyecto político que proclama su necesaria e impostergable inclusión.
Mientras los poderosos de siempre defienden sus pequeños feudos de poder, llámese Universidad o Latifundio (es lo mismo: grandes extensiones de tierras en pocas manos) pareciera que las universidades estan involucionado hacia la Universidad Colonial, aquella en donde sólo el hijo del amo, dueño de tierras y esclavos, podía comprar su ingreso a la Universidad.
El hijo del amo transmutado hoy en jeans de marca y BMW, no puede dejar de sentir un miedo atávico y cierto asco ante la amenaza del actual "rrrrrrrégimen" de democratizar el acceso a la educación superior y amenazarlo con compartir "su feudo" del siglo XXI con el tatara-tataranieto de su antiguo esclavo.
Ahora entendemos quiénes estan ofendidos y por qué... de allí su consigna:
¡¡¡Con mi feudo...perdón... Con mi Universidad no te metas!!!
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