La nueva Ley de Universidades y la universidad que hay que hacer…

La universidad autónoma pública necesita un revolcón. A raíz de la discusión de una nueva Ley que rija el subsistema de educación universitaria, el país entrará en un conflicto que hay que enfrentar. Una Ley de Educación Universitaria supone un nuevo marco legal con el cual desafiar el accionar de una universidad que, hoy por hoy, está paralítica y enajenada, que mira hacia otro lado, que no le interesa transformarse y que se empeña en un oposicionismo recalcitrante como única forma de relación con el gobierno actual.

     Se supone que en las universidades se concentra una buena parte de la intelectualidad nacional, entendiendo como “intelectuales” a aquellas personas que hacen de la producción de pensamiento, de reflexión, de crítica y de argumentación su “forma de trabajo” permanente. De igual manera, lo hacen con conciencia plena de que esta actividad se dirige hacia la mejora de la sociedad en la en que se vive. Por el contrario, esta actividad, la cual debería asumirse desde la mayor humildad, se toma, por muchos profesionales de nuestras universidades, como un derecho distintivo y discriminante, como si fuéramos seres de otro “nivel”.

     La universidad venezolana, de la cual formo parte y de la que aun puedo sentir un bastante orgullo, en su esencia, perdió mucha de su vitalidad. Pero por sobre todo, malogró la capacidad de autoevaluarse y transformarse. En la actualidad, la universidad es el reducto de casi todos los vicios que pueden ser criticados de la cuarta y de esta quinta República. Es un monstruo inmóvil que gradúa años tras años a profesionales con niveles de conciencia y solidaridad vergonzosos.  Miremos algunos de nuestros desperfectos:

  1. La mayoría de nuestras universidades autónomas están siendo dirigidas por profesores que no hicieron la más elemental carrera académica. No sólo que no se preocuparon por investigar, escribir, asistir a congresos, dictar conferencias, realizar talleres, dirigir equipos de investigación, dirigir tesis de posgrados, dar clases de posgrados o trabajar con su comunidad. Muchos ni siquiera fueron buenos docentes, pero además, han desdeñado toda su vida universitaria tal labor. Recuerdo que cuando el actual rector de la Universidad del Zulia estaba en campaña para su elección, en la página web que se elaboró para tal campaña, se puso en el link “Meritos académicos”, ¡¡¡sus trabajos de ascensos!!! Era lo único que había hecho… Y ese es el rector actual. Esta situación genera cuerpos directivos que, de hecho, no les interesa desarrollar y apoyar la producción de conocimiento útil y pertinente. Es que ni saben qué es eso. Muchos menos se van a preocupar por estar concordancia con las necesidades actuales de un país que lucha por encontrar un camino (entre errores y aciertos) diferente para su desarrollo.
  2. El apoyo a la investigación en las universidades, puertas adentro, es mínimo. La investigación se mantiene por el trabajo tesonero de profesores que no claudicamos. Conseguir que te cambien una lámpara, tener un espacio medianamente digno, te arreglen un aire acondicionado, una computadora, conexión a internet, supone incalculables sacrificios administrativos. Por ejemplo, hace más de dos años, en la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, Cantv colocó las instalaciones para banda ancha de internet en todos sus espacios. En estos momentos, están los puntos en todos los espacios de dicha Facultad, pero nunca han funcionado porque falta un “algo” que nunca termina de aclararse qué es y que nunca termina de comprarse para que, finalmente, funcionen. Pero en la Facultad nadie se ha preocupado por ello. Ningún profesor ha reclamado ni impulsado ninguna campaña para que este servicio se convierta en una realidad. Para recursos académicos como estos siempre existe la excusa perfecta: “el presupuesto no alcanza”. Para asesores y carros nuevos para las autoridades rectorales o subalternos, el presupuesto sobra.
  3. Los profesores a dedicación exclusiva y tiempo completo deberíamos estar en las universidades, por lo menos, de 7 a 12 de la mañana y de 2 a 6 (o cualquier otro horario de ocho horas) ¡¡¡todos los días!!! Esto supone hacer permanencia para la atención del alumno y para el desarrollo de otras actividades académicas (dictar talleres, dictar conferencias, realizar nuestros proyectos de investigación, realizar actividades administrativas, etc.). Para eso se nos paga, mal, pero se nos paga. Sin embargo, raramente los profesores universitarios cumplen esa jornada. Y hablo del profesor regular, sin cargos administrativos. No es anómalo el profesor que apenas terminada su clase, se retira de la universidad. Esto evidencia que las universidades autónomas no tienen el más mínimo control sobre su personal. Esto no quiere decir que no haya mecanismo de control. No. Lo que ocurre es que los que existen son pura escenografía. La Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, por ejemplo, tiene los tres turnos (matutino, vespertino y nocturno); sin embargo, en el turno nocturno, aunque en las carpetas de asistencia aparecen nombres de profesores, asignaturas y alumnos, los salones están vacios. Como consejero de la Facultad de Humanidades, me he cansado de advertir de la necesidad “repoblar” (con alumnos, profesores, actividades académicas y culturales) el turno nocturno. La estrategia en el Consejo de la Facultad ante mi propuesta ha sido hacer silencio y pasar al siguiente punto de la agenda.
  4. Nuestras universidades poseen un pésimo y vergonzoso sistema bibliotecario. Creo que debe ser el peor de Suramérica. Recientemente estuve en Bogotá y visité bibliotecas universitarias y no se llegaba a estos niveles. Sin embargo, se invierte mucho en carros, en viajes, en guardaespaldas, en asesores, pero es casi nula la inversión en el mantenimiento y actualización de un sistema bibliotecario digno de una universidad medianamente seria. A ninguna de nuestras autoridades universitarias les interesan los libros. Si tuvieran para gastar aunque sea cien bolívares, lo gastarían en cualquier cosa, menos en libros. De cada 10 veces que voy a la biblioteca de mi facultad a buscar un libro, por clásico que este sea, 9 y media no está. Otro lado de la misma tragedia está en que las universidades públicas invierten millones de bolívares fuertes en sistemas de becas para formar recursos humanos en el exterior. Es un sistema de becas que, sin temor a equivocarme, sólo lo posee la universidad venezolana. Ninguna otra universidad latinoamericana lo tiene! ¡Ninguna universidad latinoamericana hace una inversión tan enorme en formación en el extranjero y sin embargo, nuestras universidades no están entre las mejores del continente. Se envían a profesores a estudiar doctorados en el extranjero y se les paga el sueldo y un complemento en dólares. Yo mismo soy producto de este beneficio, pero ¿qué hacemos los profesores una vez reincorporados en nuestras facultades? ¿Cómo desarrollamos investigación en universidades sin insumos, ni materiales, sin bibliotecas? ¿Ha investigado la universidad la correspondencia entre inversión – retribución en estos casos? 
  5. Muchos profesores universitarios, que son altamente críticos con las políticas del gobierno bolivariano, que salen a marchas y vociferan sobre la necesidad de la lucha por la “democracia”, casi nunca tienen disposición para asumir la misma postura dentro de la universidad por temor a represalias. La universidad venezolana actual es el espacio menos crítico, menos plural y menos tolerante que se pueda imaginar.
  6. A la universidad le cuesta transformarse. Todo intento por hacerlo, se vuelve lento, difuso y espeso. Ya sea modificar el currículo o los reglamentos, la universidad venezolana no es dinámica, no responde con la  celeridad requirida. Cada acción se convierte en una “comisión”  y cada “comisión”, en reuniones y más reuniones para “recomendar” al CU decisiones. Finalmente, el CU puede o no aceptar las recomendaciones. Si afectan algunos intereses, seguro serán negadas.
  7. La universidad autónoma vive mirándose el ombligo. Por eso pervierte prácticas que deberían ser liberadoras. Es eso lo que han hecho con el “Servicio Comunitario”. Nunca lo entendieron y lo despojaron de su esencia social y solidaria. Por eso lo han convertido en un simple requisito administrativo que molesta al alumno.
  8. El gobierno universitario es totalmente antiparticipativo. Todas las decisiones se toman por una línea de verticalidad aplastante que va enterrando la discusión. Lo llamativo es que existe una comunidad universitaria que está reclamando ser escuchada y tomada en cuenta para el caso de la nueva de Ley de Educación Universitaria, pero puertas adentro, las Normas y Reglamentos son creados y aprobados de la forma más antidemocrática posible y casi clandestinas. Y nadie lo discute ni lo enfrenta. El modus operandi sigue siendo “nombrar” una comisión que se encargue de redactar las “normas o los reglamentos X” y después el CU las discute y aprueba. Es cierto que se suelen enviar a los departamentos para que los profesores los lean, pero los profesores rara vez muestran interés en presentar sus puntos de vista. Y sin embargo, nunca he escuchado ni visto a ningún miembro de nuestra comunidad universitaria protestando o pidiendo ser escuchado o tomado en cuenta en estos casos. Todas las normas y reglamentos que rigen el comportamiento interno de nuestras universidades responden a este patrón.
  9. El CU de nuestras universidades es un órgano plenipotenciario que hace y deshace. Allí los decanos se comportan como un “club de amigos”: nunca se critican o se enfrentan. En la Universidad del Zulia, por ejemplo, se practica una reunión de decanos antes del CU para cuadrar los intereses en el llamado “núcleo de Decanos”. Por tanto, dedican poco tiempo a vigilar que sus facultades se desarrollen o estén en condiciones óptimas. La mayor parte del tiempo se la pasan de reunión en reunión para “cuadrar” votos y preservar sus intereses. Por otra parte, el CU ejecuta y legisla. La concentración de poder que materializan los Consejos Universitarios se mimetiza en otras instancias inferiores, por ejemplo, en los Consejos de Facultad. Esto genera relaciones verticales, abuso de poder, clientelismo, mafias y demás aberraciones. Fui miembro de la Comisión de Becas, Permisos y Año Sabáticos y renuncié a ella porque el Consejo de la Facultad no estaba en la obligación de respetar las decisiones que tomaba la Comisión. De este modo, si nosotros decidíamos que a un profesor no se le podía conceder el año sabático porque lo había solicitado de modo extemporáneo, el Consejo de la Facultad decidía que sí, y se lo concedía. Del mismo modo, tenemos que la distribución del presupuesto universitario no se discute con la comunidad universitaria, ni tampoco el de las facultades. Muchos menos se elaboran planes académicos en los que participemos todos los miembros de la comunidad. Los Centros de Investigación y los Departamentos, pese a ser los espacios en donde realmente se hace la vida académica-administrativa de la universidad, se han convertido en cascarones vacíos. No poseen mayor poder de incidencia en las políticas universitarias. No poseen presupuestos. No controlan a sus profesores ni a las investigaciones. En el caso de LUZ, ni siquiera se convoca a la Asamblea de profesores una vez al mes, como lo establecen los reglamentos. Y ¿qué profesor ha protestado por esto?
  10. En los últimos años, ¿qué problema de envergadura nacional ha sido resuelto por el conocimiento de las universidades? ¿Cómo es posible que el analfabetismo haya sido erradicado con un método cubano? ¿o que nuestros estudiantes de medicina no vayan a Barrio Adentro? ¿Cómo es posible que nuestros arquitectos no ofrezcan alternativas viables, plausibles, útiles y ecológicas para recomponer nuestras caóticas ciudades? La Extensión, en muchas de nuestras universidades autónomas, se ha “privatizado”, al convertirla en “cursos”, “seminarios” y “talleres” pagos. Es decir, que se usufructúa los espacios universitarios (mantenidos con dinero de la nación) para quitarle dinero a la comunidad circundante.

      Mientras escribo estas líneas me entero de que en la ULA se reunió el CU con urgencia para discutir sobre la nueva ley de Universidades. Un “experto” jurídico propone quitarle la tapa a la vieja Ley y asumirla como norma jurídica. Según las informaciones de la nota recibida, este Consejo Universitario se concentró en buscar la fórmula de bloquear la Ley, las vías en que se podían oponer a la propuesta en discusión, en encontrar los mecanismos para desconocerla, si se aprueba. Escucharon bien. No se reunieron para proponer tal o cual artículo, para colaborar en la redacción de la propuesta, para criticar lo criticable y apoyar lo apoyable. No. Y esta conducta no puede ser otra cuando viene de una universidad que ha tenido más de un año para convocar a miles de “expertos” jurídicos como el anterior y que trabajaran en proponer artículos para la inevitable nueva ley. Pero no lo hizo.

        Una nueva Ley de Educación Universitaria debería abrir las puertas para que mucha de esta realidad se transforme. Tengo mis dudas, pero algo es mejor que nada. Por ejemplo, en el actual proyecto retrocede al exigir sólo título de Licenciado para ingresar al subsistema. Todas nuestras universidades tienen ya estudios de posgrado. En las universidades europeas no se puede ingresar sin ser Doctor. El proyecto de Ley exige maestría para el grado de Asociado y Doctor para el titular. En la actualidad, casi siempre, en nuestras universidades, se exige por lo menos Maestría para optar a un concurso de oposición. En esto, el proyecto retrocede en calidad. También debería ser más exigente para la permanencia y ascensos para todos los miembros de la comunidad (profesores, estudiantes, empleados y obreros). De igual modo, dado el clima de “rebatiña y pase de facturas” que impera en muchas universidades, debería ser más transparente y preciso en la conceptualización de los tipos de faltas. Del mismo modo, parece que no corrige el hecho de que en nuestras universidades autónomas ganan igualito el profesor que investiga, publica, da clases, trabaja en extensión universitaria, etc. y el profesor que únicamente da clases y se va a su casa.

      Cambiar parece ser la constante del mundo vivo. Somos el producto de un largo y permanente proceso de cambios biológicos, sociales, históricos. Somos cambio indeclinable. La universidad no debería olvidar esto.

    (*) Profesor de LUZ

    [email protected]


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