¿Los de 50, de 20, o la muerte fastidiosa?

Todos los mecanismos conspirativos con que cuenta la maquinaria comunicacional, política, económica, psicológica, ideológica, propagandística, pseudocientífica y cultural, del imperialismo, han sido empleadas en Venezuela, no para dar un golpe de Estado, que ya lo dieron, sino para tumbar a su pueblo trabajador de una condición de felicidad que había alcanzado mediante el proceso de la Revolución Bolivariana.

La medida de sacar de circulación o desmonetarizar el valor del billete de 100 bolívares es un acierto del presidente constitucional de la República Nicolás Maduro, y administrador de la hacienda y de la política del Estado, dado que las mafias habían sacado de nuestras fronteras, un poco más de 26 billones de billetes de 100, para realizar una múltiple operación al cambio legal del diferencial bolívar-peso, en el Banco de la República de Colombia, y la consecuente compra en el otro diferencial peso-dólar obteniendo la astronómica cifra de 260 billones de dólares que luego son revendidos en la misma Venezuela a razón del precio especulativo del Dólar Today. Para simplificar mejor la operación de la multiplicación, podríamos decir que si con un billete de 100 bolívares las mafias obtienen 10 dólares con 26 billones de esos billetes obtienen 260 billones de dólares ¿Qué tal? Esto en lo que se refiere a la última emisión o seriado de nuestro banco emisor; desde el 2.000, las mafias han instalado con el fraude del diferencial cambiario, un robo que les da más dividendos que el narcotráfico, y el lavado.

El acierto del presidente Maduro, fue precedido de gravísimos errores: primero, lanzar la medida sin sacar de inmediato el nuevo cono monetario; falla aprovechada por la conspiración imperialista, coordinada con la MUD, y la complicidad de la banca privada, e individualidades de la pública; situación que obligó al ejecutivo a dar una prorroga a los billetes de 100; las mafias aprovecharon la improvisación para repatriar parte de la billonaria cantidad que tenían acaparada en varias regiones del mundo, principalmente en Colombia.

Ahora, las mafias ya tienen cerros de billetes de 50, y de 20 bolívares para seguir con el jugoso robo de la solidez de nuestra moneda; montañas de billetes en Maicao, Cúcuta y en otros países. Estamos en las manos de las mafias que actuaron, actúan, y parece que seguirán actuando con la imprescindible complicidad interna, de la contrarrevolución escuálida, pero muy especialmente, por individualidades muy poderosas de la contrarrevolución roja, rojita.

Cómo si no fueran suficientes males para la Venezuela que trabaja, los ladrones disfrazados de empresarios y comerciantes, que no producen nada, y especulan hasta el delirio con los productos importados con la divisa preferencial, continúan con su liberación de precios, aumentando todos los días su robo para cada producto indispensable para la alimentación. Esto demuestra que no hay una guerra económica sobre el pueblo trabajador venezolano, sino que lo que realmente estamos recibiendo, la clase obrera, es una coñiza económica, que nos conducirá sin remedio a una muerte fastidiosa.

La liberación de precios no puede ser contestada con aumentos de sueldos, que significan rebaja de salarios frente la hiperinflación inducida, y sin control. Ahora los ladrones, disfrazados de empresarios y comerciantes, están invirtiendo sólo el 3% de sus ganancias netas en pagos de salarios a sus trabajadores, mientras que hacen 3 años, pagaban el 9%; una modificación sustancial en la composición orgánica del capital. Es urgente prohibir la liberación de precios, y nacionalizar el comercio exterior ¿Por qué nosotros tenemos que pagar 1 millón de bolívares por lo que fue importado por mil bolívares, con la divisa preferencial? ¿Por qué no tomamos las medidas adecuadas para neutralizar, de una vez por todas, a las mafias imperialistas que han construido la miseria en el seno de la clase obrera venezolana?

¡Cuán ricos somos, y al mismo tiempo, qué tontos somos!


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Eduardo Mármol


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