Hace mucho más de 20 años los supermercados, lentamente, fueron adquiriendo el hábito de no tener sencillo. Desde el primer momento reclamé el mismo y, a regañadientes, lo obtenía. Cuando se convirtió en una rutina comencé a comentarlo y, ante mi sorpresa, la gran mayoría me dedicaban una expresión de sorpresa mientras repetían: eso se lo doy a un ciego para que no me vea…
Ante mis reclamos logré que el gerente del supermercado de mi comunidad colocara un letrero indicando que era un derecho del cliente recibir el vuelto completo, y posiblemente la sustitución de un cajero de la Banca de Ahorro donde me pagaban mi pensión de sobreviviente.
Respondiendo una vez la pregunta de porqué me tomaba tan en serio algo que podía ser insignificante por el monto, no tuve ningún repara en decirle que mi madre me explicó, siendo pequeña, que robar un bolívar o cien, era lo mismo: vale el gesto.
El robo callejero, ya sea de una cartera o un carro, nadie duda en llamarlo robo, y a los autor@s ladrones. Eso está bien.
Pero ¿por qué al empleado público, sea cual sea el cargo, que comete un acto de corrupción no se le llama ladrón…?
¿Por qué al empresario que sube los precios ilegalmente no se le llama ladrón…?
¿Por qué al médico o la clínica que cobra honorarios exorbitantes no se les llama ladrones…?
¿Por qué al prestamista, agiotista, usurero, que cobra intereses fuera de los establecidos no se les llama ladrones…?
¿Por qué al que copia una creación de otra persona para beneficiarse económicamente no se le llama ladrón…?
Hay muchos, demasiados, otros ejemplos. Mi pregunta final es ¿por qué no imitamos a nuestro querido y admirado Presidente y llamamos las cosas por su nombre….?
Intentaré, en otras oportunidades, poner ejemplos.
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