Durante años y décadas los productores rurales
han asistido, con pasividad, fatalismo y hasta resignación, la reiteración
de las siguientes distorsiones que ocurren en las cadenas
agroalimentarias:
---suben los
precios de los insumos agrícolas y, como consecuencia, los costos de
producción de sus cultivos pero los precios que los agricultores
reciben en la venta de sus cosechas no aumentan en la misma proporción; lo
mismo ocurre en la producción ganadera
---cuando sus
cosechas son abundantes bajan los precios que los agricultores reciben por
sus productos, pero tal reducción no necesariamente determina una rebaja en los
precios que los consumidores finales pagan en los
supermercados
---los
precios de los fertilizantes y pesticidas aumentan supuestamente porque
subió el precio del petróleo y el valor del dólar, pero cuando estos dos
últimos vuelven a sus niveles normales, los precios de dichos insumos
agrícolas no disminuyen,
---bajan los
precios que los intermediarios les pagan por el trigo, por la soja/soya, por la
leche y por el ganado porcino vivo, pero ellos nunca ven que en los
supermercados bajen los precios de la harina y del pan, del aceite y de la
margarina, del queso y del yogurt o del jamón y de las salchichas.
Alguien se está apropiando de estas ganancias y ese
alguien nunca es el productor rural.
Como
consecuencia de estas desfavorables relaciones de intercambio, los agricultores
se ven obligados a entregar una creciente cantidad de sus
cosechas para poder adquirir una misma cantidad de insumos y de servicios;
porque el poder de compra de sus "commodities" es cada vez menor. Aqui
reside una muy importante causa del empobrecimiento de los productores
rurales que es necesario corregir y que, afortunadamente, ellos
mismos pueden hacerlo.
Los agricultores están defendiéndose pero aún les falta hacer....... lo más
importante
Para
contrarrestar el deterioro de sus ingresos, provocado por esta expropiación
de sus ganancias, los agricultores están aumentando la escala de
producción, incrementando los rendimientos por unidad de tierra y de animal
y reduciendo los costos por kilogramo producido; es decir, están
adoptando medidas adecuadas que deberían incrementar sus ingresos. Sin
embargo, el premio por esta mejora en la eficiencia, en vez de beneficiar a
quienes realmente lo merecen ( los productores rurales), es absorbido
por los crecientes eslabones de las cadenas
agroalimentarias. Porque, desde que los insumos salen de las fábricas hasta que
los alimentos llegan a las estanterías de los supermercados, existen cada
vez más y más fabricantes de nuevos insumos, prestadores de nuevos
servicios, intermediarios, procesadores de materias primas agrícolas,
consultores de mercado y agentes de comercialización, empresas de
publicidad, etc. Casi todos estos integrantes de las cadenas
agroalimentarias, viven de las riquezas producidas por los
agricultores. Como existen cada vez más eslabones "chupando" algo
de la sangre del productor rural es evidente que este se vuelve económicamente
cada vez más "anémico".
Desafortunadamente,
esta creciente expropiación ya es tan familiar a los agricultores en
sus relaciones de intercambio, que ellos creen que están
condenados a convivir con ella y que no pueden hacer nada para
eliminarla. Ni siquiera se dan cuenta de que es,
exactamente, este proceso “expropiatorio” la principal causa de la
falta de rentabilidad y del generalizado endeudamiento de
los productores rurales. Ellos ya han caído en una especie de conformismo
fatalista. Las pocas veces que protestan es para mendigar, sin éxito, que
los comerciantes e industriales les ofrezcan mejores precios o para
reivindicar, también sin éxito, que los gobiernos suavicen su
empobrecimiento concediéndoles créditos subsidiados, refinanciando y
finalmente condonando sus deudas.
¿Y
por qué ocurre todo esto? Entre otras razones, porque los productores
rurales se hacen cargo apenas de la etapa pobre y más riesgosa
del agronegocio ( producción ) y delegan a terceros la etapa
rica (procesamiento y comercialización). Es decir, "regalan"
al sector agroindustrial, comercial y de servicios, la crema del
agronegocio. Ellos lo hacen sin darse cuenta que, antes de la siembra,
durante el ciclo productivo y después de la cosecha, existe una excesiva
y creciente cantidad de instituciones y personas que les proporcionan
servicios y productos, algunos necesarios y otros sencillamente
prescindibles o reemplazables. Tampoco se dan cuenta que algunos de estos
servicios y productos que son realmente necesarios, podrían ser producidos
y/o ejecutados por ellos mismos, ya sea en forma individual o grupal. Sin
embargo, los agricultores no lo hacen porque piensan que no son
capaces de asumir como suya la ejecución de algunas de las actividades de
la etapa rica del negocio agrícola. Si lo hiciesen se
apropiarían de un porcentaje más elevado y más justo del precio final que
los consumidores pagan por los alimentos.
Un eficiente
productor de aves, cerdos y leche debe ser, en primerísimo
lugar, un MUY eficiente productor (no comprador) de
forrajes/alimentos para sus animales
El
ejemplo más evidente, de esta excesiva dependencia que
los agricultores tienen frente a los agroindustriales y
comerciantes, es el caso de las raciones balanceadas. En la ganadería
lechera, gran parte de dichas raciones podría ser suprimida si los ganaderos
supiesen cómo cultivar pasturas de alto rendimiento, si supiesen
"cosecharlas" racionalmente a través de un correcto pastoreo rotativo y si
supiesen almacenar los excedentes para utilizarlos en los períodos
de escasez. Muchos productores rurales además de dedicarse a la avicultura,
a la porcicultura o a la ganadería de leche producen, o podrían
producir, en sus propias fincas o en tierras arrendadas, casi todos los
ingredientes que coincidentemente las grandes empresas industriales utilizan en
la fabricación de las raciones balanceadas ( maíz, sorgo, soya,
alfalfa, leucaena, gliricidia, yuca, camote, granos de girasol y de
algodón, ramio, etc.). Sin embargo, en vez de producir/fabricar ellos
mismos sus propias raciones, venden estas materias primas al primer
intermediario que aparece en sus fincas, quien, a continuación, las vende a la
industria fabricante de raciones. Ésta después de procesarlas, agregarles los
componentes del núcleo vitamínico-mineral y de empaquetarlas en bonitos
envases, las vende a un segundo intermediario que las transporta de
vuelta, muchas veces al mismo municipio del cual salieron
dichas commodities. Desde allí un tercer intermediario vende las
raciones, en muchos casos, a los mismos agricultores que
produjeron los ingredientes con los cuales fueron fabricadas las raciones
que ahora regresan a sus fincas de origen. Esta distorsión es
sencillamente inaceptable, máxime porque, afortunadamente, ella podría se
corregida o eliminada por los propios productores rurales.
Son
los agricultores quienes pagan los altísimos costos de los "paseos" de las
cosechas que venden y de las raciones que compran
Es
redundante afirmar que en este largo recorrido, de ida y de
vuelta, que en muchos casos es de centenares y hasta de miles de
kilómetros, de hecho son los productores rurales quienes están pagando
los fletes y peajes, los impuestos en cada una de las varias transacciones,
las ganancias de todos estos intermediarios, agroindustriales y comerciantes, la
costosa publicidad que los fabricantes de raciones difunden a través de los
medios de comunicación y los generosos sueldos de los ejecutivos de las
transnacionales que fabrican las raciones. Gran parte de estos gastos
podrían ser sencillamente evitados/eliminados pues más del 90% de los
ingredientes de las raciones, ni siquiera necesitarían
salir de las tranqueras de las fincas en las cuales fueron producidos;
porque podrían ir desde los campos de cosecha directamente a los
aviarios, a las pocilgas y a los establos de la producción lechera,
pertenecientes a los mismos agricultores que produjeron estas
materias primas. Si a esto le agregamos el hecho de que el componente
alimentación responde por el 80% del costo de producción en la avicultura y en
la porcicultura y por el 50% en la ganadería de leche, queda muy claro el
"porqué" de la falta de rentabilidad en estas tres ramas de la producción
animal; lo que no gana cada productor rural, lo ganan algunas decenas de
no productores rurales. Reitero, esta irracionalidad debe
y puede ser extirpada de los procedimientos de los agricultores.
Entonces
¿cuál es la solución de fondo para disminuir esta expropiación? Reducir la
dependencia que los agricultores tienen de los otros integrantes de las cadenas;
o cuando esto no sea posible, volverlos menos vulnerables a la excesiva
expropiación de dichos eslabones. ¿Cómo hacerlo? Organizándose con
propósitos empresariales de modo que ellos mismos, asuman en forma
gradual, la ejecución de algunas actividades de la
etapa rica del agronegocio. A propósito, es lo que ya
están haciendo, con gran éxito, varias cooperativas especialmente en el sur de
Brasil. Son cooperativas agrícolas que están transformándose en cooperativas
agroindustriales. Incluso los agricultores que no pertenecen a ninguna
cooperativa podrían organizarse en pequeños
grupos para producir, ellos mismos, algunos insumos o por lo
menos adquirirlos de forma grupal. Estos grupos podrían constituir sus
propios servicios (de vacunación e inseminación artificial, de siembra,
pulverización y cosecha, de asistencia agronómica y veterinaria, etc.).
También podrían realizar en conjunto las inversiones de mayor costo,
hacer una pré-industrialización/procesamiento inicial y comercializar sus
excedentes con menor intermediación, etc. A propósito, se sugiere leer el
libro "Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del
agricultor" que está disponible en la nueva
Página Web http://www.polanlacki.com.br/agroesp
(especialmente los capítulos 5 y 11 ). Allá están descritas varias
medidas, sencillas y de bajo costo, pero altamente eficaces, para disminuir esta
expropiación, y por ende, mejorar los ingresos de los
agricultores.
Y
para concluir:
1.
Una reflexión en forma de pregunta: ¿Por qué ningún fabricante de insumos,
comprador de commodities agrícolas, agroindustrial que las
transforma o intermediario que las vende y revende, se dedica a la etapa de
producción agrícola y ganadera como tal? La respuesta es obvia y elemental:
porque es mucho más rentable, más cómodo y menos riesgoso dedicarse a la etapa
rica que a la etapa pobre del agronegocio; todos los integrantes de las cadenas
agroalimentarias ya se han dado cuenta de esta constatación, menos los
agricultores
2.
Una advertencia: Aunque sea importante, no es suficiente que los productores
rurales se integren a las cadenas agroalimentarias. Ellos deben tener como
objetivos de corto, mediano y/o largo plazo el propósito de "adueñarse" de
algunos de los eslabones de dichas cadenas, como por ejemplo: fabricar sus
propias raciones, comprar insumos y comercializar las cosechas en conjunto,
incorporarles valor y hasta exportar en conjunto.
3.
Una sugerencia a los productores rurales que se dedican apenas a la etapa pobre
del agronegocio y que ejecutan todas sus actividades en forma
individual (comprar insumos, hacer inversiones caras y comercializar sus
excedentes): abran los ojos antes que sea demasiado tarde.
Críticas y contribuciones al artículo serán muy bienvenidas a través de los
E-mails: Polan.Lacki@onda.com.br y Polan.Lacki@uol.com.br