El Presidente y el paquete de las vacas argentinas

Era una mañana fría de abril, cuando el Presidente de la Corporación Venezolana  de Alimentos (CVA)  Carlos Gonzales, un joven dinámico y despierto decide visitar las instalaciones de la Unidad lechera de propiedad social El Cobre (UPS Cobre), “Campaña Admirable”, ubicada en el aun bucólico pueblo de El Cobre.

Quería conocer muy de cerca la dinámica del proceso lechero dirigida por una multinacional Argentina,  que garantizaría y daría seguridad alimentaria a nuestro pueblo, permitiendo así llevar leche gratuita a  las escuelas campesinas que por ser fronteras se sienten y están olvidadas. Se aunaba al paquete Argentino, la propuesta del Gobierno Nacional del suministro de alimentos subsidiados, el asesoramiento técnico, el financiamiento, la innovación tecnológica y las redes societarias al sector lechero. Ello creaba expectativas, pero también creaba compromisos. Todo se enmarcaba en la estrategia de una toma real del poder, cumpliendo por otra parte el precepto fundamental de la visión marxista, como es el asunto de exterminar el plusvalor; mecanismos basados en el desarrollo de nuevas relaciones de poder, posibilitadas en la organización popular y el conocimiento tecnológico.

Sin embargo, hubo un “pero”,  esta nueva voluntad del Presidente  Chávez, era sostenida en una empresa rental lechera, de origen argentino, encargada de montar parte del paquete, paquete que por ningún lado traía la palabra socialización, sólo renta. Entendiendo el discurso del Presidente Chávez, algunos tomamos las aldeas y buscamos en pocos días, romper las viejas ataduras coloniales  mediante la creación de los consejos de obreros y la red comunitaria lechera.

Esos días, junto con el coordinador regional de la CVA, nos batíamos en cada aldea con la idea de la refundación de la república, como revolución cultural y productiva, la cual supone valores dirigidos al cambio de las relaciones de producción capitalista. Ante esa propuesta humana y creativa, hasta el fantasma de la oposición se diluía ante hermosa idea, nuestros campesinos andinos no son revolucionarios, pero tampoco pendejos y se sumaron al discurso del Presidente sin importar lo que antes pensaban de él.

La organización comunal, la red social local y nacional, nacía así, como nueva forma de relaciones de producción, medida de articulación, medio eficaz de defensa y respeto a la diversidad social y ambiental, por lo que fue aceptado con facilidad por todos los aldeanos sin excepción  de color político, nació así, una red social que hizo esfuerzos para surgir como colectivo o cuerpo estructurado de opiniones concertadas. La red productiva- social de organización, no sólo respondía a la teoría crítica de la tecnocracia, sino que se articulaba con la base axiológica de la Carta Magna, y más particularmente en sus diversos mandatos sobre educación, trabajo, participación y protagonismo social.

La dinámica ambiental, la dependencia externa de los suministros básicos para la agricultura, la reducción de litros de agua por segundo de sus caudales, los cambios políticos que insisten  en la búsqueda de estrategias sostenibles, mostraban a cada aldeano, la necesidad de diversificar los cultivos más allá de tubérculos y hortalizas, se sumaban sin preámbulos a una visión política nacional que buscaba la sostenibilidad social, ambiental y económica.

Estos andinos con caras de pendejos, estaban claros, que la dependencia de mercado de las hortalizas, con consumidores exclusivamente de los estados centrales y de un superávit petrolero, hace vulnerable su producción y por ende la economía del Valle.

Pero todo sistema tiene su entropía natural, sus amenazas y sus debilidades. La entropía revolucionaria le gana a la sindéresis revolucionaria. Esa temprana mañana de abril empezaría a caerse los sueños, ya que la realidad caraqueña pesa más que el sueño revolucionario. Todos los obreros empleados de UPS El Cobre, y mirones como yo, ante la solicitud del Presidente de la CVA, nos parábamos firmes y cantábamos el himno como deber y sentido de la organización roja rojita, luego se nos enconminó a tomar una escoba para ayudar a limpiar el lugar.

El primero en tomarla fue el Presidente Nacional de la CVA; mientras departía ordenes, amablemente me atendía, en ese ínterin hacia mis esfuerzos para resumirle las 280 páginas de una investigación, entregada un mes atrás, en donde concretaba y explicaba el asunto del paquete argentino, paginas que orientarían al Presidente Chávez en su próxima visita, la cual se realizaría en septiembre del 2010. Todo iba bien, su sonrisa caraqueña se esbozaba en sus labios, dio las gracias por el trabajo entregado, pero como yo se que el poder no permite leer, tomé la escoba y le seguí para explicarle el asunto.

Su cara caraqueña y temperamento cambiaron cuando hice énfasis en las relaciones tecnológicas y el negocio de Argentina, como relación capitalista imperante. Apresuradamente entre el escobazo y el polvo que dominaba el lugar le explicaba que ese trabajo entregado días atrás, era un abordaje  inter e intradisplinario apoyado en la teoría del análisis crítico en su visión antropológica y etnográfica, como instrumento de caracterización y análisis complejo de las relaciones existentes, para lo que se establece periodización para el análisis histórico del Valle, cubriendo  desde el año 1600 al 2010.

Para menguar su ahora cara seria y precipitada prepotencia centralista, mostré el acierto de esa instalación lechera como estrategia de la diversidad de rublos, la cual no sólo se convierte en seguridad alimentaria, sino en diversidad cultural y dominio de tecnologías diversas. Convirtiéndose la diversidad en la producción de rublos de importancia crítica, ya que ella y su interconectividad provee al factor humano de potencial colectivo, que se reflejará en el bienestar de la cuenca, haciéndose la ganadería una lógica de la diversidad, lo que permitiría mayor sostenibilidad ante cambios fortuitos del mercado capitalista que dominaba la producción de hortalizas.

Ello no menguó su disgusto, contrario aligeró su molestia de lo del “paquete argentino”. No reculé y le hice énfasis, en cómo, la estrategia y principio de biodiversidad se hace también importante en la parte de la producción lechera, probar con las experiencias de razas, manejos y saberes establecidos ya en la zona, que ese paquete argentino no cabe en el valle. Hice énfasis en que los aldeanos presentan reservas, dudas profundas, en la aceptación de animales de alta genética de marcaje lechero provenientes de Argentina y que  de hecho no querían recibir, ni regaladas, esas vacas, ya que  la mayoría de medianos y pequeños productores, no poseen en este momento las condiciones adecuadas, niveles de ingresos para el abordaje de esta tecnología genética y que un crédito no iba a romper de la noche a la mañana la cultura de la semilla. En ese instante me quitó la escoba y se la dio a un gordo del estado Lara que desde hace rato nos miraba, con ganas de darme un coñazo.

Este informe, jamás llegó al Presidente, ya que en su visita hecha en septiembre del 2010, mostraba su cara de mal gusto y no logró encontrar explicaciones de por qué esta lechera se encontraba enclavada en unos cerros que sólo producían papa y cebolla.

Jamás el Presidente supo, que en un sitio denominado Portachuelo, ubicado en la aldea La Vega del Municipio, un miembro de la red de unidad de producción socialista y sujetos de este estudio, tenía animales seleccionados localmente, adecuados para la sobrevivencia a pendientes de 50 y 60 %, producción de 15 litros diarios y partos anuales.

Esa experiencia, este conocimiento, este saber, esta tecnología lograda localmente, no cabia en los cálculos de dólares que implica la importación de vacas argentina, ayer uruguayas, ninguna de ellas adaptada a las condiciones de manejo de la localidad, costosa en su alimentación y de dificultad para reproducirse, pero beneficiadoras de movidas ocultas.

Es importante entender que todo aprendizaje y cambio social-pecuario lleva un paso que no puede aligerarse con paquetes genéticos y financiamiento inmediato.        

Como dice el camarada Carlos Lanz: Promovemos una concepción humanista, donde la economía, la ciencia y las tecnologías, tiene que estar al servicio de los seres humanos. Por ello, la tecnología por más productiva que sea, si genera desempleo, depreda el ambiente y crea mayor dependencias, debe ser rechazada, revisada, desagregada y adaptada a nuestras necesidades, so pena de profundizar la exclusión social.

El secretario privado de nuestro actual vicepresidente, no entendería jamás, lo manifestado por mi amigo Peña: el enfoque clásico sobre innovación tecnológica omite en su análisis que el surgimiento de las innovaciones tecnológicas no es un fenómeno lineal y simple, olvidan que estas surgen de realidades particulares y su transferencia se encuentra sujeta a condiciones locales que nada tienen que ver con escenarios de competencia perfecta, sino que se concreta a través de procesos de asimilación, adaptación y aprendizaje altamente maleable, manipulables e imperfectos por ser la tecnología, a fin de cuentas, un factor endógeno al sistema productivo.

Días después, la red, el consejo de obreros fueron desarticulados, hoy la UPS El Cobre, es una empresa capitalista del Estado Nacional. Quitada la escoba, mi acto revolucionario del día, quedaba pasmado.

 


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