El Presidente y la cebolla

Misión Agrovenezuela, mecanismos disfuncionales, no sé como debiera titularse el asunto a que nos refiere este artículo. La cuestión radica sobre la reflexión que hacia un campesino a uno de los tecnócratas de este gobierno rojo rojito, en relación al mercadeo de la cebolla y el desconocimiento del Presidente sobre este particular; palabras más, palabras menos esta fue la conversación presenciada por mí en los gélidos paramos de El Zumbador. El campesino reposto “Ustedes pretenden, que porque nos dieron el crédito, le vendamos la cebolla al gobierno, pero quieren sólo la cebolla de talla única, mientras la chiquita y la grande, pretenden que la botemos. Pues mire que Clemente prefiere devolverles toda la plata del crédito y vender al intermediario en la Plaza Bolívar de El Cobre, ellos pagan más barato, pero a la larga nos sale mejor, porque compran todo: cebolla, grande, chiquita, mediana y algo gana uno. Ustedes quieren comprar únicamente la cebolla pareja, la de buena talla; ni que nosotros nos fuéramos a tragar la otra. Los que ustedes llaman capitalistas, nos seguirán jodiendo, pero ustedes al mercadear, cuando van a utilizar el mecanismo de pago se comportan como usureros, son peores que ellos. Ustedes pueden usar esa cebolla que nos rechazan, de muchas formas y maneras. Los camioneros zarandean la cebolla, la grande la manda pa´puerto la cruz, la mediana pa´caracas y la chiquita pa´siembra o pa´sus ferias, ustedes pueden hacer más que ellos, la pueden industrializar y no fregarnos a nosotros. Clemente les va devolver su crédito.” El tecnócrata sólo dijo: eso fue lo que el Presidente aprobó, el campesino respondió: El Presidente lo único que sabe de esto, es las mentiras de ustedes, él no diferencia en el plato, si la cebolla es chiquita o grande, el saborea la mala gerencia, nosotros seguimos saboreando la pobreza”.

El tecnócrata le replicó. “Ustedes son desagradecidos y debe ser así, porque pendenciar con la ignorancia es difícil, usted tiene casita por el Presidente, tiene crédito gracias al Presidente, le van a poner postes de alumbrado, por el Presidente, ¿qué más quieren?”.

El campesino lo miró con ojos de sacar la cuchilla y le pidió: dígale al Presidente si lo ve, que yo produzco es cebolla, ajo porro, papa, frijol y de ahí saco mis poquísimas comodidades. Cuando siembro, siembro el potado o saco completo, los bueyes no me aceptan que yo les de tragar por pedazos y de paso, no comen cebolla grande, ni chiquita. Cuando usted vea al Presidente, dígale, que la cebolla y la papa chiquita, sabe igual que la talla grande y que gracias por el crédito, que al igual que Clemente, yo, les devuelvo la plata; la casita y los postes si me los quedo, ¡ah! y que nos quedamos esperando los títulos de tierra, que nos iba dar el INTI.

Mientras el tecnócrata tomaba rumbo a las nieblas, en su 4x4, la papa grande de más de un kilo y la cebolla menuda se perdía en los barbéchales o en sacos en la troja, ya nadie la compraría, ya que se le había vendido al gobierno el lomo y sólo hueso no compran los ferieros. Los reales ganados con sudor y lagrimas del bajar y subir cerro, de muchos campesinos, no se veían completos ni eran parecidos a lo perfilado en el discurso del Presidente. Para el campesino no existe el comodín de los  90 días de aguinaldo, ni seguro social, que se le da a un trabajador de la ciudad, para tapar sus huecos económicos; los 90 días y mi seguro, hubiesen podido estar en la cebolla menuda y gruesa, pero esta se quedó en los barbechos o en la troja. Antes de que el ingeniero tomara rumbo le dijo: menciónele al Presidente, que desde estos altos vientos le mandamos saludos,

¡Aaah! Y que muchas gracias por la casita, por el tendido de luz, pero que no nos jodan con lo de la cebolla.


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