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Colombia, nación hermana que aún se resiste a la tolerancia política, que aún mantiene estructura política colonial y principios jurídicos del oscurantismo, se erige hoy como el mejor aliado del imperio yanqui, plataforma militar para la contención del pensamiento revolucionario de los pueblos de América del Sur. Un Gobierno democrático, por ser resultado de elecciones libres, pero que en la práctica reúne todas las características de las modernas dictaduras.
La persecución, secuestro y asesinato de líderes revolucionarios, campesinos, estudiantes protestatarios, líderes comunales que reclaman por sus derechos civiles y humanos, han creado y mantenido una ventana abierta para las salidas violentas, como las guerrillas FARC y ELN. Por ello nadie que no conozca esa realidad puede involucrarse para solicitar el cese de esa alternativa de lucha.
La situación colombiana no acepta mediaciones de otros países, la lucha por el poder es a muerte frontal, allí no hay respeto de leyes ni tratados, nada de eso existe. Las organizaciones internacionales controladas por los E.E.U.U., nada hacen para intervenir, todo es declarativo y mientras tanto muchos son los muertos en las manos de los paramilitares, ejercito ilegal del oficialismo para aniquilar sus adversarios.
Pero dentro de estas guerrillas coexisten los representantes infiltrados del capitalismo narcotraficante, quienes han asumido posiciones de control dentro de la organización e impulsado decisiones que deterioran la imagen y los principios del movimiento guerrillero colombiano, el secuestro y el narcotráfico como fuente de recursos para financiar el sostenimiento de la organización, no dejan ver con claridad que buscan en ese maltratado país hermano.
Esos aliados del imperio y del gobierno colombiano, desde el secretariado de las FARC parecen ponerse en coordinación con Uribe Vélez para sacarle las “patas del barro” cada vez que este las mete hasta el fondo, cuando no encuentra modos de ocultar su relación con los paramilitares, con el narcotráfico y la corrupción neogranadina. Son demasiadas las coincidencias para poder creer en ellas. Pero lo cierto de esto es que las FARC deben depurarse si de verdad pretenden alcanzar el apoyo popular y canalizar el deseo de justicia, equidad y paz del pueblo hermano.
Uribe Vélez se jugó una carta marcada con los secuestrados por las FARC, necesitaban movilizarlos desde los puestos seguros donde se encontraban y para ello requerían de la intervención de algún líder con ascendencia sobre los guerrilleros, todo apuntaba hacia nuestro comandante Hugo Rafael Chávez, quien sin pensarlo dos veces aceptó el rol sin sospechar que era un actor de una película cuyos escritores estaban puliendo el final.
Hoy son triunfadores ante un pueblo cuya ignorancia parece ser grande, cuya memoria disminuye con cada taza de chocolate colombiano acompañada de una buena dosis de TV mediática y donde su conciencia está adormecida con los kilos de sustancias estupefacientes que la hermana nación produce. Hoy la diputada Ingrid neo-liberada está mas cerca del palacio de Nariño que hace unos años cuando provocó su secuestro, crónica de una presidencia anunciada, según pudiese escribir nuestro escritor colombiano “el Gabo”.
Por ello, en materia de la política colombiana, debemos orar por que la guerrilla tome su sendero, canalice las inquietudes revolucionarias, siembre conciencia y una sus esfuerzos con los grupos de avanzada que aún se atreven a utilizar el camino electoral para acceder al poder político. Que aprovechen y exploten las debilidades de la apoyada oligarquía y minimicen las fuerzas militares que la protegen. Porque para Colombia, por ahora, no hay salida por el camino del libre ejercicio de los derechos políticos y civiles, es decir por la denominada democracia, son demasiados grandes los tentáculos existentes en todas las instancias del poder, el control sobre la estructura del estado de la oligarquía parece inquebrantable.
* Militante del Batallón “Paraíso Unido”
bielostj@gmail.com
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