principal | EncontrARTE | autores | foro | contacto | nosotros | archivo
    Por los Derechos Humanos, Contra la Impunidad

El precio de la libertad
Por: Gabriela García Alifano
Fecha de publicación: 07/07/08
imprímelo mándaselo a
tus panas
Todos hemos visto con beneplácito el encuentro entre Yolanda Pulecio y su hija Ingrid Betancourt. No hacen falta detalles para narrar quiénes son estas mujeres, ni por qué la importancia de ese abrazo que sentimos como propio y que cerraba un ciclo de seis años de separación. Hasta el más desinformado ser humano supo quiénes eran ellas y pudo sentirse realmente conmovido al ver lo que sucedía hasta ese instante: Ingrid y Yolanda, fundidas en una misma mirada.

Cuando todo parecía acabar con ese final feliz, nadie podía imaginar que en realidad todo comenzaba. Bastó ver a la recién liberada de la mano del Ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, para empezar a sospechar que la fiesta era en realidad un show y que detrás de esa fuerza militar patriotera, estaba la bota de los rangers. La Dra. Betancourt está libre, pero veamos a qué precio.

Primera Impresión

A una belleza natural como la que tiene Ingrid Betancourt, no le hacen falta demasiadas ornamentaciones para que se note. Sin embargo, puede llegar a ser sumamente contrastante intentar descubrir esos rasgos femeninos, detrás de un traje militar. Y no es que nunca hayamos visto a una mujer con una vestimenta como las del ejército o las de la guerrilla, pero uno tiende a pensar que una persona venida de la política y de una estructura familiar de clase alta y pudiente; preferiría utilizar un atuendo más allegado a sus condiciones de vida en medio de la selva –como la vimos en esa foto que recorrió el mundo- o bien uno propio. Pero Ingrid sólo utilizó las botas de goma guerrilleras y decidió uniformarse más al estilo del ejército colombiano. Con unas espectaculares trenzas que no se sabían dónde empezaban ni dónde acababan –y seguramente así le habrán demorado hacerlas, buscando entre principios y finales- se coronaba una cara que a pesar de unas leves ojeras, irradiaba pura tranquilidad y bienestar; difícil de imaginarla pocos meses antes en un estado crítico de salud. Delgada, pero con cachetes rozagantes, transitó exultante y presurosa hacia el pódium de la oralidad. A tal punto que allá relegados, atrás o al costado, quedaron su actual marido Juan Carlos Lecompte y –aunque un poco menos- su madre Yolanda.

Discurso elocuente

En el aeropuerto militar Catam y frente a las cámaras y micrófonos nacionales e internacionales, parecía que la Dra. Betancourt continuaba aquel día de campaña electoral de febrero de 2002 cuando fuera secuestrada. Sólo que esta vez, su alocución se zambullía en lo más políticamente conservador de la sociedad colombiana. Agradeciendo en primer lugar a todas las instancias divinas, lo hizo del mismo modo, con el presidente Álvaro Uribe Vélez y su gobierno; los que dicho sea de paso, están atravesando actualmente una crisis que cuestiona -desde las instituciones judiciales- la legitimidad de la administración uribista. Realizada la santificación y con un discurso estructurado para la ocasión, más que dimensión política de la ex candidata, se evidenció su carácter de “aliada subordinada” al presidente, a través de una minuciosa selección en sus puntos a abordar, alcance y proyección durante todas y cada una de las palabras que pronunció. Ingrid había llegado ante ciertos ojos como ícono mediático de la lucha por la libertad y la paz; pero allí en el aeropuerto, ratificó con su vivo ejemplo, que las directrices para la liberación bien pueden estar fundadas en un plan que con guerra quiere supuestamente conseguir la paz. Es difícil imaginar, tras largos años de separación de sus seres más queridos, cómo una persona puede ser capaz de relegarlos a un segundo plano y prestarse a un rejuego político y mediático, para hacer una arenga de claro alineamiento con el ejército y el estado colombianos. Sólo se explicaría si estuviéramos hablando de una persona muy vanidosa con su carrera o de una mercenaria. Ciertamente nadie se podría sentir feliz, retenido bajo ninguna circunstancia -incluso es hasta lógico tener rencor hacia los captores-, pero lo que no es aceptable es sentirse profundamente agradecida con quien te liberó habiéndote puesto en peligro; y no con quienes igualmente intentaron tu liberación por una vía negociada y pacífica. Aplaudir la estrategia que “a modo de las de Israel” se implementó como dijera Ingrid Betancourt, es una bofetada no sólo para los presidentes venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa; sino para todos aquellos que sufrimos los atropellos del Imperio con sus continuos ataques, sus guerras preventivas y sus bombas GBU 12 Paveway II. Parece que a la Dra. Betancourt se le han olvidado las navidades de 2007, cuando una comitiva internacional y la comunidad global, vieron frustrada por cuarta vez la posibilidad real de liberación unilateral, porque no era –como en esta ocasión- oportunamente conveniente para el gobierno de Uribe. A tal punto llegó su cinismo, que en medio de la orquestada rueda de prensa del pasado 2 de julio, presionó a doña Pulecio para que expresara públicamente su agradecimiento al presidente colombiano por el operativo. La pobre señora, no tuvo más opción que hacerlo y tragarse las profundas diferencias que al igual que a su yerno, la habían enfrentado al hombre de mayor jerarquía en la nación -luego de Bush, por supuesto.

Pero Ingrid fue por más: prácticamente se presentó como “la candidata” que con rasgos latinos e instrucción europea de la más alta, de la francesa, podía venir a contarnos la “tosca” experiencia vivida junto a las FARC-EP. Con esa misma suspicacia y en cierta medida autoridad, invitaba a dos lenguas, a que los guerrilleros se desmovilizaran en aras de la paz. Seis años en el corazón de la selva, no le han alcanzado para entender que el reclamo guerrillero y la dimensión que estos tienen de la paz, no pasan únicamente por el canje humanitario entre el gobierno y la guerrilla –que ha venido siendo sólo unilateral; sino que responde a un programa que con errores y aciertos, busca una transformación profunda en una Colombia sumida en el narcotráfico, la corrupción y la parapolítica.



Operativo Jaque: Goliat contra David

Decía esa misma tarde la Dra. Betancourt, que el operativo había sido “perfecto, impecable”. Pero a medida que van transcurriendo los días, la coartada oficial nos va enseñando cierta incuria. La ficción que advertimos en Jaque, sólo puede ser comparada con la de un pasaje bíblico, de allí que las hipérboles que nos mostraron nos sirven para tener una visión crítica de lo que estuvimos observando, cual espectadores de cualquier programa de gran rating. La derecha preguntaba –Radio Caracol, CNN, AFP- e Ingrid contestaba o más bien ratificaba. No hubo espacio para nadie más. La perfección radicaba en lo partidario del encuentro, en su orquestación y predeterminación. Los elogios de la ex candidata presidencial opositora al actual presidente, confirmaban el rol desestabilizador de Colombia para la región: el porta avión yanqui en Latinoamérica que sirve para acecharnos con el cambio de curso que por estos días pretende realizar la IV Flota de los Estados Unidos desde las aguas azules de los océanos hacia aguas marrones de nuestros ríos interiores; para catapultar la candidatura presidencial del candidato republicano Mc Cain en pro de los estrechos vínculos de colaboración que supuestamente combaten el terrorismo y el narcotráfico; y para dar un “estate quieto” a los gobiernos que desde una alianza económica –todavía de mercado- como la que propone el MERCOSUR, planifican una nueva configuración regional más equitativa e incluso independiente o tímidamente antiimperialista.

Pero a nadie debe sorprender la estrecha vinculación con el Imperio para los preparativos de este operativo, en los que Ingrid no tuvo ni la digna posición de David ni la vanidosa fortaleza de Goliat. No es la primera ni única vez que los Estados Unidos tienen potestad para actuar en Colombia con voz y voto. Desde la aplicación de la doctrina Respice Polum en la presidencia de Marco Fidel Suárez (1918-1921), se estableció una alianza estratégica entre los dos países. En los gobiernos de Pastrana y Uribe, con Planes como el Colombia o el Patriota, se reforzó esta asociación para internacionalizar el conflicto colombiano, mediante un esquema de “intervención por invitación” que admitía la injerencia norteamericana en asuntos domésticos como la supuesta lucha antidrogas y contrainsurgente.

Mucho se ha especulado, que tras el rescate- y no liberación que ya había estado pactada- de estos quince rehenes, el destino de las FARC-EP está ceñido a su propia claudicación. Pero las FARC-EP vienen luchando desde el año ’64. Han atravesado un proceso de victorias y derrotas de un proyecto que se ha defendido hasta con las armas, porque las continuas disputas entre conservadores y liberales no han podido sosegar el conflicto interno que existe en el país. Así mismo se han instituido como fuerzas beligerantes de hecho, porque el conflicto colombiano ha supuesto partes contendoras, las cuales han constituido gobiernos regulares para los territorios que dominan. Las FARC-EP, según las estadísticas oficiales, dominan más de un tercio del territorio nacional, que gobiernan y administran según reglas establecidas en consenso con la población. Son una guerrilla, pero con ideología y proyecto político, que ha venido avanzando en un proceso de negociación pacífico fracturado con la llegada de Uribe y su pandilla. Recordemos que la proeza que actualmente desarrollan todas las fuerzas insurgentes del país, radica precisamente en enfrentarse no sólo al poderoso Goliat que hoy puede representar el militar gobierno colombiano; sino que además lo hacen contra sus grandes aliados imperiales que no tienen escrúpulos a la hora de conformar opinión –porque cuentan además con toda la tecnología- como tampoco en travestir al mismísimo Papa si fuera necesario, como lo hicieron con la Cruz Roja Internacional para violar y traicionar los acuerdos que preveían un diálogo pacífico y un canje humanitario. El manoseo en torno al Operativo Jaque, nos toca de cerca a todos.

Al día de hoy, habrán muerto o asesinado a varios líderes y combatientes de las FARC-EP, pero la guerrilla hace rato que decidió cambiar Colombia; así como David decidió salir a pelar, porque más que aferrado a la vida, estuvo aferrado a una convicción. Y triunfó.


gabygalifano@yahoo.es
Articulo leido aproximadamente 454 veces

Gabriela García Alifano


Eugenio Paccelli mantuvo silencio cómplice con la política antijudía y asesina de Hitler
Válido rechazo a la eventual canonización de Pío XII
Iván Oliver Rugeles
Lo enterraron moribundo
Jose A. Meza Mena
Obama: Una raya más al tigre
Xurxo Martínez Crespo
No estamos blindados
Sergio Delgado
¿Quiénes son los beneficiados?
Del 9/11 al 25/11 “Septiembre Negro” (II)
Basem Tajeldine
Copyleft 2002, Aporrea.org