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1. La inseguridad y la acción conspirativa de las corporaciones mediáticas
El tema de la inseguridad ciudadana o “inseguridad” a secas, se ha convertido , por obra de las grandes corporaciones mediáticas ( Globovisión , RCTV ,Venevisión, El Universal, El Nacional, etc.) en un recurso de uso frecuente por parte de éstas, en su acción saboteadora y conspirativa contra el gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.
El día 25 de julio del año en curso, con motivo de los 31 años del asesinato del camarada Jorge Rodríguez se llevaba a cabo en la ciudad capital un nuevo homenaje al compatriota que murió por buscar la revolución que con ferviente deseo vemos aproximarse en el horizonte, no obstante los factores adversos que a diario aparecen para obstaculizarla. Dicho evento contó la asistencia del alcalde mayor Juan Barreto Cipriani, quien como de costumbre fue acechado por periodistas opositores que nuevamente tuvieron ocasión de contradecir cualquier esfuerzo realizado en el desempeño de sus funciones, por toda autoridad bolivariana que se cruce por su camino, no importa cual sea. Sin embargo, con respuestas muy precisas el camarada Juan Barreto supo encarar el bombardeo de quienes lo entrevistaban. Comenzó por dejar en claro que el problema de la delincuencia es una cuestión que parte de hechos reales, que, sin embargo, son manipulados por los medios de comunicación privados con el objeto de adelantar campañas de desprestigio cuya finalidad es alarmar a la población sin contribuir de ningún modo a solucionarlo, y antes por el contrario, tornando la situación más grave, por el efecto emocional resultante de la magnificación perversa de los hechos.
Juan Barreto expuso además varias razones que a su juicio explicarían, en buena medida, el fenómeno delincuencial. Entre las causas de la amenaza a la integridad física y moral de los individuos señala aquella tristemente famosa ley vacatio del anterior gobierno de Rafael Caldera que permitió la liberación automática de miles de presuntos delincuentes, y recordó que aquel hecho, pese a su gravedad, no motivó campañas mediáticas como las que se desatan en la presente época contra el gobierno y su proyecto para la construcción de una nación nueva. Lo que dijo JB en ese sentido se relaciona con algo que no debemos perder de vista los sectores democráticos que de manejara tajante y manifiesta nos diferenciamos de los grandes propietarios que todavía monopolizan una inmensa parte de los medios de producción (SIDOR, la industria de alimentos y bebidas, las tierras urbanas, el sistema bancario y asegurador, etc.,etc.) y de l@s arribistas que en diferentes niveles le son funcionales al sistema de explotación y empobrecimiento moral y material que buscamos superar en Venezuela, hoy epicentro de la liberación humana: La lógica según la cual operan los medios de comunicación de derecha en su empeño por desestabilizar el gobierno nacional consiste en el intento permanente de producir en el pueblo venezolano un gran estado de zozobra que propicie su caída, a partir de la simplificación de la realidad, ya sea Por esa razón, lo más importante sin duda de lo que expresó JB es el haber señalado que medios de comunicación privados, proceden de forma cartelizada cuando llevan a cabo sus conocidas campañas deformadoras. través de mentiras absurdas, o mediante la exageración de situaciones que hasta cierto punto pueden tener una base real, pero el ciudadano común no puede percibir por sus propios medios de qué forma ocurre ello. Ello se debe a que son precisamente corporaciones, y a su manera de proceder es común a la de cualquier gran corporación empresarial, mediática o no.
No podíamos dejar de referirnos a un argumento muy puntual que expusiera JB el 25 de julio. De acuerdo a su parecer, una causa importante de inseguridad es el hecho de que el marco legal vigente continúa eximiendo de cualquier tipo de sanción a las personas que no hayan sido capturadas in fraganti durante la comisión de algún hecho delictivo. Lo que explica, según sus palabras, que much@s sean liberad@s pocas horas después de haber sido detenid@s, a pesar incluso de haber sembrado el malestar en la comunidad por su actividad hamponil. Y aquí la idea no es alabar simplemente la gestión del camarada Barreto por estar con el presidente Chávez, ni tampoco emitir una opinión favorable o negativa sobre su política de seguridad ciudadana en una urbe donde solo vive una parte de los venezolanos. Se está haciendo referencia a un asunto polémico que amerita cuanto antes la discusión y la comprensión de tod@s. A pesar de ello l@s periodistas de derecha lo mantuvieron oculto, y tuvo que esperar a que, de manera accidental e inesperada, saliera a la luz pública cuando lo que se pretendía era bombardear sin piedad a uno de los alcaldes identificados con el proceso bolivariano.
Falta acotar que cuando lo que se quiere es llevar a cabo la remoción de los cimientos más profundos de un orden social injusto (eso es lo que yo entiendo por Revolución), los problemas que de él se derivan deben ser asumidos en toda su dimensión. No podemos amoldarnos a los enfoques parciales de la hegemonía mediática que sólo habla lo que le conviene. Para un revolucionario la verdadera seguridad va más allá del tema la delincuencia. Involucra todas las garantías para desarrollar una existencia digna: Contar con una actividad laboral que nos conduzca al crecimiento personal y no sólo a la supervivencia diaria; asegurar nuestro bienestar para cuando seamos mayores, y la oportunidad de acceder a salud, educación y viviendas de óptima calidad para cada uno de nosotros y nuestras familias. Eso es a lo que se le llama Seguridad Social. Cuando tod@s tengamos acceso a esos derechos, la inseguridad ciudadana prácticamente habrá desaparecido.
La razón por la que me dediqué a reproducir las afirmaciones interpretadas con anterioridad(por cierto, no está demás señalar que todo lo que Barreto manifestara en aquel momento no se agota aquí), es que en términos generales, comparto las opiniones del alcalde caraqueño sobre las distintas materias abordadas en dicha oportunidad. No obstante, Barreto emitiría también una opinión con la cual no puedo ser tan complaciente.
2. El Conflicto armado colombiano y su relación con el fenómeno delincuencial en Venezuela
Una de las causas por la cual la inseguridad no desciende hasta el suelo, como ocurrió con el alfabetismo, es según palabras de JB la siguiente: El impacto negativo del conflicto armado colombiano sobre Venezuela. Sin embargo me quisiera detener un poco en el tema de la guerra que padece la vecina Colombia. JB dio a entender que quienes suelen emitir comentarios en contra del gobierno bolivariano, específicamente en lo respectivo al tema de la inseguridad ciudadana, pasan por alto los efectos causados en Venezuela por parte del conflicto armado colombiano, como la presencia de presuntos ex - combatientes de la derecha fascista colombiana (es decir las autodenominadas “AUC”) desmovilizados mediante un arreglo que viene adelantando el gobierno colombiano con estos grupos asesinos durante los últimos tres años. Adicionalmente relataba como en la comunidad de Ojo de Agua se encontraron 134 colombianos con antecedentes penales durante el desalojo preventivo de un grupo de familias asentadas en una zona no apta para la construcción de viviendas.
Lo que se acaba de señalar corresponde a una realidad objetiva, que quien la pone de manifiesto, en este caso el funcionario abordado por los periodistas en cuestión, simple y llanamente se limita a servir de canal, y no es otra cosa que un suceso avalado en su momento por las autoridades correspondientes, por lo tanto no amerita mayor discusión.
Posteriormente Barreto asevera que se están presentando delitos inéditos en Venezuela, a raíz de la influencia que estaría ejerciendo el conflicto colombiano sobre nuestro país. Lo de “delitos inéditos” hace alusión seguramente al sicariato, y al parecer a otro tipo de crímenes que no se mencionaron. Esta última idea si despierta cierta inquietud que a mi parecer, requiere un poco más de perspectiva.
En la génesis de fenómenos tan desafortunados como la existencia de asesinos a sueldo sobre todo a nivel urbano, confluyen procesos muy complejos. La prolongación del conflicto armado en Colombia a lo largo de décadas, viene desarrollando una gama muy diversa de expresiones de violencia entremezcladas desde hace ya varios años, con otro problema de carácter mundial (no es un problema inscrito de manera exclusiva en la nación colombiana) que todos conocemos: El narcotráfico. Este último a su vez, ha coincidido con otras formas de criminalidad en medio de una suerte de retroalimentación con las mismas, hasta producir si se quiere, la proliferación de algo tan atroz, repito, como el fenómeno de quienes hacen de la muerte un negocio, algo que verdaderamente no se ha a generalizado en la sociedad a venezolana, aunque ya se han presentado varios casos.
Es necesario sentar claridad en que la violencia colombiana hunde sus raíces en la injusticia social. Una injusticia social institucionalizada, a la que la sociedad colombiana no ha podido encontrar salida, no porque hasta el presente momento haya faltado quien efectúe un diagnóstico pormenorizado de tan dramática situación. Quienes ya lo han hecho se cuentan por miles. Y no estoy exagerando. Abundan los estudios sobre violencia rural y urbana, movimientos guerrilleros, paramilitarismo, sicarios, pandillas, etcétera, y desde los más variados enfoques: Históricos, siglo a siglo, y por distintas décadas; antropológicos, sociológicos, desde el punto de vista del Derecho, los Estudios de Género, la Psicología, la Psiquiatría, y otras disciplinas del conocimiento; escudriñando las diferentes regiones que integran el país; analizando casos particulares e incluso comparando lo que sucede en una región o zona con lo que sucede en otra, o tomando como base el problema de manera global. Excelentes departamentos de Historia, Sociología , Politología, e incluso de Economía, han alcanzado renombre gracias a las obras especializadas en el tema de la violencia que han emanado de su seno, no sólo en Colombia sino a nivel internacional. Mientras se produjo aquel esplendor académico el pueblo colombiano se desangraba y era condenado al éxodo. Para colmo ha debido cargar la cruz de la estigmatización por todo el mundo, en vista del papel que le reservó el imperio: Colombia país productor y exportador de drogas ilícitas… Y de mujeres y hombres talentosos sin oportunidades, cabe señalar.
Es necesario enfatizar que no existe dificultad alguna en la definición de las causas objetivas de la violencia en Colombia. Su raíz es clara. Es la inequidad como principio fundamental del actual orden social colombiano. No obstante el proceso que en algún momento conducirá a la superación de la violencia, y por la misma vía el de la pobreza a la que están condenados la mayor parte de los colombianos es sin duda complejo. Podemos estar seguros de que se construirá con la ayuda de todos los aportes intelectuales que sepan recoger la experiencia de decenas de años de lucha popular y de exterminio de los débiles.
En lo concerniente al proceso de transformación social que se está viviendo en Venezuela, quien se considere revolucionario no puede asumir la violencia como un virus que le es transmitido a nuestra nación por la simple llegada de personas colombianas a territorio nacional. Con esto no se pretende negar la participación de personas colombianas (algunas de hecho con antecedentes penales en su país natal) en hechos punibles de distinta gravedad.
Lo prudente es evitar caer en conductas de tiempos pasados cuando la desunión con nuestros hermanos de la antigua patria grande bolivariana era cosa de todos los días, a la par de contínuas expresiones de subordinación al país del norte y su “american way of life”. Los oligopolios de la comunicación crearon la matriz de opinión aquella de la “colombianización de Venezuela” al interpretar de ese modo al aumento significativo de los casos de secuestro, la proliferación de personas indigentes pidiendo limosna o acostados en las calles, o la presencia cada vez más frecuente de vendedores ambulantes en los
semáforos y de personas dedicadas a cuidar carros en todo lugar donde se estacione un vehículo particular.
En el país, al parecer, persiste la idea de que aquí todo es importado. Hasta los problemas, lo cual, desde el punto de vista de este humilde servidor, tiende a trasladar las responsabilidades al vecino, cuando realmente lo que necesitamos en primer lugar, es conocer a fondo el funcionamiento de nuestra propia sociedad. Si no lo hacemos, es más, si las instituciones más directamente relacionadas con tales problemas, no lo hacen, y se limitan a atender los problemas sociales de manera superficial e improvisada, los mismos persistirán y tenderán a agravarse. En esto quiero ser muy explícito con los gobiernos fronterizos, tanto estadales como municipales, pues muchas veces se olvidan del espíritu que orienta al proceso transformador que estamos viviendo, incluso algunos que dicen ser “rojos rojitos” como el que más.
Pero volvamos brevemente a la dimensión cultural y subjetiva del aspecto que me interesa enfatizar en el presente artículo. Hay algo llamativo en ciertas ideas tradicionales relacionadas con nuestros vecinos más próximos, vuelvo a referirme al caso de nuestros hermanos colombianos. Si por un instante apelamos a la memoria histórica de nuestro pueblo, podemos dar por seguro (y esto va a propósito del tema de la xenofobia y el racismo, el cual ha venido tomando relevancia durante las últimas semanas en el país) que jamás encontraremos preocupación alguna a nivel nacional, por la migración europea de aquellas oleadas que tuvieron lugar principalmente en la segunda mitad del siglo pasado. Jamás se leyó, o se escuchó nada parecido a una presunta “italianización”, “lusitanización” o “re-hispanización” de Venezuela. Sabemos muy bien que Venezuela ha sido tradicionalmente un país receptor de refugiados por motivos de diversa índole (políticos, económicos, etc.), y de personas que simple y llanamente buscaron condiciones favorables para sí y para sus familias.
En el caso concreto y específico de Colombia, el recrudecimiento su guerra interna a partir de la implementación del Plan Colombia y su segunda fase (Plan Patriota), y la mera llegada a la presidencia de Alvaro Uribe Vélez, trajo como consecuencia directa que se haya disparado el desplazamiento de campesinos principalmente a las grandes ciudades colombianas, y, en segundo término, la afluencia de una parte de dicha población hacia naciones vecinas, caso de Ecuador y Venezuela, por ejemplo. Los colombianos que habitan en Venezuela, incluyendo aquellos que recientemente se han visto forzados a migrar debido a la represión del Estado de su respectivo país, son por lo regular trabajadores a los cuales se les extrae un plus - valor , tal y como sucede con la mayoría de los venezolanos.
Hay que agregar que muchas de las personas procedentes de Colombia cuentan con un importante grado de capacitación técnica y experiencia laboral que representan para Venezuela un beneficio neto. El Estado venezolano, en ese caso particular, no tuvo necesidad de invertir en materia de formación.
Un “opinador” de oficio al parecer con un sentido crítico mediocremente formado, declaró hace unos meses, en señal transmitida por un medio de comunicación de derecha, que Venezuela “ha venido desempeñando” la función “no asignada” de hacerse cargo de una
buena parte de los colombianos, facilitando así, según dijo, la labor que le compete al Estado vecino en materia social.
Aunque lo indicado por el personaje en cuestión, sea cierto, el comentario fue perverso, por decir lo menos. El autor de tan brillante opinión, antes de emitirla, debió tener en cuenta como razón elemental, que ningún análisis por deficiente que sea , incluye entre los problemas centrales de Venezuela el desbalance entre sus ingresos y el número de personas que la habitan. Lo que si tenemos es un gran desequilibrio demográfico, valga decir, evidente en las principales ciudades del país. Pero ese es otro asunto.
Venezuela continua ubicándose entre los países con menor población de América Latina, sin contar desde luego las islas del caribe y los países centroamericanos. Sin embargo sus ingresos anuales son equiparables a los de los grandes países de la región, es decir, Brasil, Argentina y México. Colombia en cambio cuenta con un ingreso percápita mucho menor, pero una población que casi dobla la cantidad de habitantes de Venezuela, unos cuarenta y tres millones de personas. Conclusión: A Venezuela no le sobra gente. No obstante, pareciera rondar por ahí el prejuicio de que sí le sobran colombianos, y ello resulta contradictorio, pues estamos hablando de un pueblo mestizo y mayoritariamente cristiano y católico como el de nosotros, que además comparte enormes similitudes culturales y geográficas: por citar solamente una, es importante saber que Colombia cuenta también con sus respectivas región caribe, andina, goajira, llanera y amazónica. La gran diferencia entre ambas naciones es el rumbo que a su turno cada una tomaría al separarse de la Gran Colombia.
Por muchos años se estimuló de manera constante, la división entre nuestros pueblos, y esa fue la forma más fácil de dominarnos. La negación de nuestras raíces autóctonas y el desconocimiento de pueblos semejantes a Venezuela era la regla en épocas pasadas. Sobra decir que ese pasado lo estamos enterrando ahora. En consecuencia , los prejuicios no sólo contra Colombia, sino contra cualquier pueblo de Latinoamérica contradicen el espíritu integrador del proceso bolivariano.
Reconozcamos la participación de personas de nacionalidad colombiana en actividades delictivas conforme lo han demostrado en repetidas oportunidades las autoridades venezolanas, para desgracia de una inmensa mayoría de colombianos trabajadores y honestos. Pero no por ello caigamos en la estigmatización de todo un pueblo. Es preciso tener en cuenta que el tema de la estigmatización se puede derivar también de razonamientos fáciles guiados por la simplificación de la realidad.
No perdamos de vista que ese el juego que han venido imponiendo los medios de comunicación privados, es decir, las corporaciones mediáticas.
El problema de la llamada “inseguridad ciudadana”, que por cuestión de principios prefiero definir como “delincuencia” puesto que el tema de la inseguridad no se reduce simplemente al crimen. Debe abordarse en su génesis interna amplia y compleja, como ocurre con otros problemas sociales (pobreza, corrupción administrativa, etc.), independientemente de que sean influenciados como de hecho ocurre, por factores exógenos. Lo vital a mi consideración particular, es enfocarse en las contradicciones que la misma sociedad incuba en su dinámica estructural y en sus particularidades históricas y culturales. Se trata ni más ni menos, amigos, compatriotas y camaradas, de la manera revolucionaria de resolver los problemas.
ghedmont@yahoo.es
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