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Ocurrió el miércoles 27 de junio, en la U.E. Privada “Francisco de Miranda, ubicada en la avenida Gran Mariscal de Cumaná (al lado de la redoma de la antigua PTJ). A la niña Andrea Valentina Salmerón Bermúdez, de 6 años de edad, la encerraron en la Dirección del plantel y la sometieron, bajo acusación de haberse “robado” un “plastiquíto” de un teléfono celular, a una “requisa” en su ropa, zapatos y morral personal, y hasta la auscultaron en sus partes íntimas. Actuaron allí, en concierto, una maestra y la subdirectora del plantel; pero con el pleno conocimiento de la directora, quien antes del ultraje había acusado a la niña con la frase: “¿Otra vez tú, Andrea?”...
Según los padres de la niña, Milagros Bermúdez y Fausto Hernández, ese acto de “sadismo” fue el corolario de toda una campaña de acoso contra la “criaturíta” por una sola causa: Fausto y Milagros son reconocidos militantes del chavismo en Cumaná. Ello pudiera sonar a especulación si no ubicamos exactamente los hechos que lo prueban: Resulta que sus compañeritas de clase, a quienes suponemos no expertas en política, le espetan en su cara lo siguiente: “¡Estás enferma, porque estás con el bicho ése que llaman Chávez, y con el Alcalde (refiriéndose a Enrique Maestre) que destruye la ciudad!”; entre otros señalamientos cargados de prejuicios.
Ciertamente, la directora del plantel es una connotada militante de la oposición, y dos de las madres de las niñitas “acusadoras”, son arquitectas que acusan al burgomaestre local de lo mismo que pregonan sus hijas.
Lo cierto es que Andrea Valentina llegó a su casa, palabras más, palabras menos, con una sola expresión: “¡Mámi!…, ¿hasta cuando debo soportar yo esta situación?”... “¿Por qué tu no me defiendes?...”. De inmediato los padres se fueron a la Defensoría del Pueblo, al Consejo Estadal de Protección y a la Zona Educativa, donde cursan actualmente los procedimientos de rigor.
En nuestra investigación hemos determinado que esto no es casual. Viene con toda esa nueva arremetida de odio contra Chávez y contra todo lo que le huela, después de la salida del aire de RCTV. Y en ese ambiente de neofascismo que se respira en Cumaná, hay un factor muy poderoso que se suma: Los últimos arrebatos verbales del gobernador Ramón Martínez contra Chávez y el proceso bolivariano, vienen siendo asumidos por “su tropa” como una ruptura definitiva, lo que en la lengua de sus más radicales (que son bastantes) se convierte en una arenga, inclusive, de muerte. La gobernación del estado Sucre es hoy un “reguero” de rumores, desinformaciones y denuestos contra el gobierno nacional, peor que si se tratara de la Alcaldía de Chacao.
Esta última alusión la hacemos por una sencilla razón: Ramón Martínez tiene –sin que ello sea un pecado- dentro de su estructura de gobierno, a muchísimos antichavistas radicales y, además, con él coexisten connotadas figuras de la oposición –que tampoco sería un pecado-, quienes le piden a gritos que salte definitivamente hacia la otra acera y se caiga a tiros con el jefe del Estado.
Yo digo entonces: Si desde las mismas entrañas de un gobierno regional “aliado” se lanzan sapos y culebras contra la revolución bonita, ¿qué demonios vá a esperar la oposición para ponerse en la cola y empezar a disparar sus cañones?... O sea, pues, y espero me entiendan, la fidelidad en otrora de Ramón Martínez con Chávez, de alguna forma “jugaba” al freno de las pasiones; pero una vez que éste se soltó el moño con sus tesis de “anti-pensamiento único”, “referéndum anti-centralismo” y “socialismo democrático y vida”, unidas a sus arengas de “incendiar la pradera como en 1811”, los fanáticos propios (“ramoncistas”) y ¿extraños? (opositores) se ubicaron, cual Ku Klux Klan, en la trinchera del odio con sus capuchones blancos, su hoz en la mano y una sola consigna: ¿Dónde está el tal Chávez ése para sacarle las tripas, y a los que lo siguen también? Si no me creen, entrevisten a una empleada de la gobernación que se llama Sol, y se les engrincharán los pelos.
Bueno…, a la niña Andrea Valentina Salmerón Bermúdez no le sacaron las tripas, pero le sacaron algo peor: Su inocente derecho a no sentirse jamás ultrajada y asediada, y mucho menos por quienes están llamadas a cuidarla y protegerla. Lo más probable es que el daño psíquico y moral causado a la niña sea irreparable. ¡Horror, hermanos!...
(jeramedi@yahoo.es)
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