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La conmemoración de la masacre de Cantaura ha permitido la realización de actos en Caracas y entrevistas por los medios de comunicación, poniendo en el debate la conducta asesina del viejo estado democrático-burgués.
He vuelto a ver, luego de 25 años, al Cámara, Alejandro Velásquez Guerra, aunque solo sea a través de la televisión. El Cámara fue el único miembro de la comandancia del FAS que logró sobrevivir a la masacre de Cantaura.
Recuerdo que en el año 80, al Cámara le tocó protagonizar una difícil situación vivida por la guerrilla. Acababa de ser capturado el comandante del frente (Pedro Véliz, hoy al servicio del imperialismo), y la unidad en la cual estaba el cámara se encontraba acampada detrás de unas viviendas campesinas en una zona cerca de Cumanacoa (Estado Sucre). El ejército tendió un cerco militar y fue detenido el oficial que había quedado al mando de la
unidad guerrillera. Ese combatiente, Manuel Saudino, se pasó al enemigo a las pocas horas de ser detenido, lamentablemente. Su detención se produjo a la vista del Cámara y del resto de combatientes de la unidad guerrillera, los cuales estaban ocultos en el monte.
Esa unidad guerrillera estaba conformada por otro combatiente con experiencia, ya fallecido, Nelson García (El Titiritero), de origen zuliano, y por cuatro camaradas nuevos que acababan de llegar de Caracas. En una situación tan difícil, el Cámara optó por replegarse a zonas más seguras. Ordenó dejar los morrales, y marcharon exclusivamente con sus armas.
Les tocó escabullirse silenciosamente por una garganta o quebrada cuyas lomas a los lados estaban ocupadas por las fuerzas enemigas. Marcharon durante varios días, pasando hambre y lluvia, hasta que lograron contactar de nuevo con el grueso del frente guerrillero, después de varias semanas.
Fueron trasladados en vehículos hasta los llanos guariqueños, y fue allí, en un lugar cerca de Santa María de Ipire, cuando lo conocí. Usaba una subametralladora Thompson calibre 45, de la época de la segunda guerra mundial. El Titiritero usaba una carabina 30-30 con mira telescópica (de las que se usaban en la revolución mexicana). Y los nuevos
cargaban escopetas de un solo tiro.
El cámara logró salir de Cantaura, en octubre de 1982, al mando de una columna de combatientes, la cual en su retirada combatió varias veces con el enemigo. Varios revolucionarios perecieron en los combates que libraron mientras rompían el cerco militar (si mal no recuerdo, seis camaradas). Según información que nos suministraron luego de los balances respectivos, algunos de esos camaradas fueron capturados heridos y rematados en el mismo sitio.
Recuerdo que de una segunda columna, al frente de la cual estaba el primer comandante, Roberto Rincón, no se tuvo nunca información, pues todos sus integrantes
perecieron mientras trataban de superar el cerco militar. Un total de 17 compañeros murieron en esa segunda columna. Esta fue la versión que conocí en esa época. Del campamento en el cual se encontraban y que fue bombardeado poco antes del amanecer del 4 de octubre de 1982, no hubo compañeros muertos, y sólo hubo algunos heridos leves, los cuales tuvieron fuerzas para incorporarse y marchar en alguna de las dos columnas en que se partió el frente guerrillero mientras se retiraban del lugar.
He visto con atención las versiones que se han venido explicando en la televisión sobre cómo y porqué ocurrió la masacre. Creo que existen tergiversaciones al respecto. Al mismo Cámara, cuando lo presentaron en VTV en estos días, prácticamente no lo dejaron intervenir.
Primero que todo, el FAS era un frente guerrillero. Precario en armas y en número de combatientes, pero era una unidad militar, alzada en armas contra el régimen puntofijista. En el lugar donde se encontraba acampado el frente no se iba a realizar reunión alguna. No estaban allí los miembros del Comité Político Nacional ni del Secretariado de Bandera Roja
(salvo los que eran miembros de la comandancia del frente). Tampoco estaban allí estudiantes ni dirigentes sociales que hubieran subido al frente para algún tipo de reunión política. Todos los que estaban en el frente había optado concientemente por incorporarse a la lucha armada contra el bipartidismo adeco-copeyano. No había nadie engañado, ni haciendo picnic de fin de semana.
La información que tuve, como cuadro de Bandera Roja para ese entonces, era que el frente se había congregado para proceder a la toma militar de la ciudad de Cantaura, o de un sector de ella. Esa era la razón de que todos los combatientes se encontraran en el mismo sitio. El ataque fue un lunes de madrugada, y las unidades guerrilleras habían llegado allí el
viernes anterior.
Nunca se nos dijo que el ataque militar había sido producto de una delación. El documento oficial que circuló a todos los niveles del Partido Bandera Roja dejaba claro que en esa zona existía con anterioridad una labor de inteligencia del DIM, debido a que ese mismo lugar había sido usado por la guerrilla en otras oportunidades. Una de esas veces, cuando se produjo la fuga de la Cárcel de La Pica, el 14 de agosto de 1977, los revolucionarios fugados y el Frente Guerrillero que recién se formaba, tuvo como sitio de
concentración posterior a la fuga, el mismo lugar en el cual ocurriría la masacre de Cantaura, cinco años después.
El individuo que mencionó Alexis Rosas en VTV (no he podido obtener aún el libro publicado sobre la masacre), Norberto Rabanales, fue un combatiente del antiguo Frente Guerrillero Antonio José de Sucre (dividido de Bandera Roja en 1976), que se había pacificado junto con Carlos Betancourt en 1979. Cuando fui miembro del FAS en el año 80, se nos informó que Rabanales, y dos de sus hermanos (hombre y mujer), estaban trabajando para la Disip. Esa información me la dijo tanto el catire Roberto Rincón como el negro Ventura, José Luis Domínguez, quién era hermano de los Rabanales (el negro Ventura fue herido en el asalto a un camión blindado en 1981, y posteriormente falleció). Por ello me parece un cuento bastante extraño que ahora se diga que Rabanales era integrante
de la comandancia del FAS en el momento de la masacre de Cantaura.
Quisiera al respecto conocer la versión del Cámara, para ser estrictos con la verdad histórica.
De todos modos, no sería nada raro que hubiera algún tipo de infiltración, no tanto en la comandancia del frente, sino a nivel de la dirección de Bandera Roja, algunos de los cuales trabajan hoy a sueldo de la CIA. Por cierto, uno de los jefes de Bandera de esa época,
sospechoso de ser agente infiltrado del enemigo, ocupa hoy puestos relevantes en el gobierno bolivariano.
Sobre Cantaura cada quien se cree con derecho a hablar pistoladas sin conocer nada sobre ello. Hoy mismo estaba escuchando a Nicolás Maduro diciendo cosas sobre Cantaura, que en el mejor de los casos se pueden calificar de inexactas. Entre otras cosas,
Maduro responsabilizó por la masacre a Gabriel Puerta. Creo que eso es equivalente a responsabilizar al Ché Guevara por todos los revolucionarios muertos en las dos columnas guerrilleras exterminadas por el ejército boliviano en 1967. Podríamos decir en todo caso que
algunos de los líderes de Bandera Roja (incluyendo a Puerta) terminaron siendo unos farsantes, como lo fueron también los líderes de la izquierda venezolana que se alzó en armas en los años 60 (Teodoro, Pompeyo, etc).
Ciertamente la estrategia de lucha armada ejecutada por Bandera Roja podría calificarse hoy de equivocada. Pero no estaba más equivocada que la estrategia parlamentarista de conciliación de clases que ejecutaba el resto de la izquierda venezolana. Por algo, cuando el pueblo decidió alzarse el 27 de febrero de 1989, la izquierda ni cuenta se dio de ello, ni la que estaba en la lucha armada ni la que supuestamente desde el parlamento hacía un trabajo revolucionario con las masas.
Creo que alguien que jamás tomó un fusil para combatir a un régimen oprobioso como lo era el bipartidismo, tiene poca moral para venir a hablar ahora acerca de los errores de quienes participamos en la lucha armada. En esa época, vivíamos las consecuencias de la aplastante derrota sufrida por la revolución chilena. Todos los países del cono sur
(Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia) vivían feroces dictadura que no ofrecían alternativa alguna que no fuera la resistencia armada. En Centroamérica, el triunfo de la Revolución Sandinista y el crecimiento de la guerrilla salvadoreña colocaban a la lucha armada como el único camino seguro hacia la Revolución. No tenía de extrañar que en Venezuela, la juventud revolucionaria (yo tenía 21 años cuando me incorporé al frente) se identificara con la lucha armada como el camino de la liberación de los pueblos.
Viendo por VTV a los camaradas que compartimos esos años de difícil lucha revolucionaria, me vino una imagen contrastante con estos patiquines de cafetín que se llenan ahora la boca como “líderes” de esta revolución bolivariana. Algunos de estos patiquienes, provenientes de fuerzas de izquierda, pero de una izquierda que hace bastante tiempo que había renegado de toda posibilidad revolucionaria, que había renegado del marxismo, que se incomodaba cuando le hablaban de socialismo, y que prefería que los denominaran “demócratas”. Ahora resulta, en estas carambolas de la historia, que semejantes patiquines han terminado siendo los próceres de la revolución.
Pobre revolución esta, si sigue siendo dirigida por estos personajes que llevan el verbo encendido en la boca, pero que en sus brazos y pies lo que llevan es su proyecto personal, eso sí, a nombre del proceso.
Para finalizar, quiero puntualizar lo siguiente. Casi todos los responsables y ejecutores de la masacre de Cantaura deben estar vivos y muy probablemente viviendo en el país. Tal vez algunos de ellos hasta sean funcionarios de este gobierno bolivariano. Creo que si alguna vez se comienza a hacer justicia en este país, hay que investigar a fondo la masacre de Cantaura, y establecer las responsabilidades intelectuales y materiales de quienes ejecutaron ese feroz asesinato.
Es cierto que un sector importante de la oficialidad militar comparte, apoya y dirige este proceso revolucionario. En 1982 las cosas eran diferentes. Durante todo el régimen puntofijista, las fuerzas armadas le sirvieron como guardia petroriana. El ejército actuó como asesino del pueblo en innumerables y repetidas ocasiones. El que ahora las cosas hayan
cambiado no implica que los crímenes del pasado se vayan a perdonar. Los militares y civiles responsables de la masacre deben pagar sus crímenes, aunque sea aclarando ese detalle ante la historia (para el caso de los ya fallecidos). Lo mismo ocurre con la masacre
del 27 y 28 de febrero de 1989. Allí también hay militares responsables del asesinato de cientos de ciudadanos indefensos en Caracas y sus alrededores (hasta el mismo Acosta Carles, del cual tanto habla el presidente Chávez, murió cuando comandaba una ofensiva
militar contra los habitantes indefensos de un barrio caraqueño).
Creo que no se puede seguir obviando lo que tarde o temprano la historia nos reclamará. Bienvenido el que se incorporó tarde a la lucha revolucionaria. Pero los
crímenes del pasado no se borrarán jamás por los buenos actos del presente. Si ese fuera el caso, pues habría que perdonar también a Henry López Sisco, asesino de revolucionarios que hoy disfruta de un carguito en la gobernación del Zulia (aunque estoy seguro que sigue haciendo su trabajo como agente del imperialismo).
Hasta la victoria siempre, y saludos Cámara, espero vernos pronto.
Rolando. 6 de Octubre de 2005
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