Le diré la verdad sobre la enfemedad del Comandante Sr Fuenmayor

Sabemos la verdad, tarifado de los gringos.

En Venezuela la enfermedad denominada CANCER convive con nosotros, sobretodo con el pueblo llano. Por cierto, desde unos años para acá nosotros, los del pueblo llano, hemos tenido la oportunidad de prolongar la vida gracias a los diagnósticos posibles en los barrio adentro, CDI, centros de diagnóstico integral, entre otros. Pero le decía, que nosotros, lo pata en el suelo, la gran mayoría de Venezolanos, hemos convivido con el cáncer y hemos enterrado a algún familiar o amigo  muy cercano por dicha enfermedad. Sabemos que a pesar del sufrimiento terrible de la persona que lo padece, ésta puede llegar a su fin con plena conciencia. Es decir, esa miserable enfermedad nos es común, lamentablemente.

Hemos aprendido en los últimos años que el CANCER es una enfermedad provocada por los laboratorios industrializados que hacen los alimentos, para que los laboratorios farmacéuticos, puedan hacer sus cobres vendiéndonos después los medicamentos, eso lo sabemos. Así como sabemos que hoy en día, se inocula directamente a las personas que les molestan  a los poderosos del mundo. Todo eso lo sabemos nosotros, señorito.

Todos nosotros sabíamos  que el presidente estaba muy mal, cuando lo vimos despedirse y dejarnos a Nicolás, para que nos amparara. Sabíamos que el retorno de su cuerpo era difícil. No lo íbamos a decir a nadie, ¿para qué? ¿para que se burlaran de nosotros antes de tiempo?

Nicolás y Ernesto jamás nos mintieron, recuerdo que lloramos a moco tendido el 31 de diciembre porque entre el pueblo y el presidente hay un código, enorme de comunicación. Nicolás fue claro y nos dijo: el comandante presidente está en un momento muy duro con una infección respiratoria. Yo estaba en un campo del Estado Trujillo y allá me decía todo el mundo, ¿como va a ser posible que nuestro comandante se nos vaya a ir?, y lo lloramos como a ningún familiar.

Luego seguíamos oyendo las partes emitidas por Nicolás, sabíamos que la cosa no estaba bien. Ciertamente nunca perdimos la esperanza de que él mejorara, como cuando tenemos a un familiar muy grave, hay esperanza, pero nosotros sabíamos que el comandante estaba mal. Cuando vimos las fotos con sus dos dignas hijas, vimos su mirada. Con la esperanza a flor de sueños rogábamos a Dios que mejorara pero veíamos los ojos del comandante en esa fotografía y sabíamos que sería la última imagen. Nicolás y Ernesto no tenían que decirnos que el presidente se moriría: primero porque ellos compartían con nosotros nuestra esperanza y nuestra oración y segundo porque nosotros tenemos un lenguaje que, quienes nos adversan, no lo pueden entender. Pero todos en nuestra razón colectiva, sabíamos que el comandante no podía seguir acompañándonos con su cuerpo. Lo que más nos condolía durante todos esos días era ver desnudos los corazones de tantos individuos mostrando su negrura, le gritaban al mundo cuan triste lo tienen.

Finalmente el espíritu del comandante se liberó del cuerpo. Entonces ciertamente nos dolió  hasta en los tuétanos, estimado doctor. A él no le dolió su cuerpo cuando su espíritu se liberó, pero el cuerpo de nosotros, su pueblo, se convirtió en pera de boxeo. El dolor mas profundo y terrible nos invadió. ¿Sabe por qué nos dolió tanto? Creo que Usted con todos los estudios que tiene, muy valiosos, no lo sabe, pero yo se lo voy a decir: nos dolió el cuerpo porque el alma se encuentra en la columna vertebral y nuestra alma agrietada se comprimió, aniquilando todas las terminaciones nerviosas. 

Ustedes querían verlo enfermo, nosotros no!, ustedes querían que él renunciara y se separara del cargo, nosotros no! ustedes querían que los morbosos del mundo entero se burlaran de su dolor, nosotros no!   Nosotros no íbamos a permitir que el presidente se nos fuera sin pena ni gloria. No señor, usted y todos los que así piensan, se volvieron a equivocar. Nosotros si le íbamos a rendir el homenaje a nuestro PRESIDENTE cuando le llegara la hora de liberarse. Nosotros sí tenemos conciencia de la gloria que es Chávez.

Así que nosotros sabemos que no nos mintió nadie, porque el primero que nos dijo la verdad fue nuestro comandante Hugo Chávez cuando con el código musical de patria, patria, patria querida tuya es mi alma tuyo es mi amooooooooooooooor!!!!! se despidió de nosotros y se multiplicó entre nuestras conciencias, sólo que ustedes no se dieron cuenta. Hoy ya no nos duele el cuerpo, porque se ha inflado nuestra alma y nuestra columna está erguida con la esencia clara y transparente para seguir construyendo la patria que el comandante Chávez parió.

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